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sábado
11. oct 2008
ESTELA PDF Imprimir E-Mail
Escrito por J.Ibarrondo & L.K. García.   
viernes, 23 de junio de 2006

Estela aparenta ser una chica normal: tímida, discreta y reidora. Cuando la conocimos se mostró reservada y formal. Tal vez Estela hubiera sido simplemente eso, una chica normal y feliz, si no fuera por las excepcionales circunstancias que le tocaron vivir; si no fuera por un sistema que nos impide ser felices. Ahora es una mujer, una mujer admirable, también es un símbolo de la resistencia indígena y campesina en México. Sin embargo cuando la conoces, el símbolo deja paso a la persona; siempre preocupada por los que sufren, por la gente de su comunidad de donde no tuvo más remedio que salir obligada por un gobierno genocida.

            

La encontramos refugiada en una casa solidaria de la ciudad de Oaxaca y le pedimos que nos cuente su historia.

            

Le salen las palabras a borbotones, como si tuviera miedo de dejarse algo importante de su historia, una historia terrible pero esperanzadora, un relato que no es sólo el suyo sino el de miles de mujeres indias que, como ella, han sufrido y se han alzado, se han atrevido a levantar la voz.

           

«Mi historia empieza antes de que yo naciera, mucho antes. En mi comunidad ya en los años 60 y 70 la gente empezó a luchar por sus derechos. Por no perder su autonomía, su lengua, sus formas de organización.

En mi pueblo tenemos nuestra propia manera de gobierno, de justicia, de organizar las cosas. Por ejemplo para elegir a las autoridades pues hacemos tres asambleas: en la primera se reúne todo el pueblo y se proponen candidatos para presidente municipal y para síndicos, antes se escucha a los mayores que tienen experiencia y conocen las cosas.

               

Para poder ser elegido una persona tiene que haber cumplido todas las tareas comunitarias, estos trabajos se realizan por turnos y van desde ser topil (alguacil, pregonero) a cuidar la iglesia, agente municipal, haber hecho de mayordomo (las personas que organizan y pagan las fiestas) (aunque ahora eso de las mayordomías ya se está dejando porque sale muy caro para una sola familia sufragar todos los gastos de la fiesta y ahora pagamos entre todos los gastos de la fiesta) y todas las demás funciones comunitarias. Además no pueden tener antecedentes de delincuencia, ni haber tratado mal a su mujer, ni abandonarla con los hijos, ser una persona honesta, por ejemplo no tener dos o tres mujeres… todo eso tienen que cumplir porque al final son el mero cabildo.

                      

Esta primera asamblea es en agosto y allí se proponen, luego la gente piensa sobre los candidatos y en septiembre hay otra asamblea en la que como en las demás participan hombres y mujeres (antes sólo participaban puros varones pero a partir de 1984 las mujeres participan y pueden ser elegidas). Por fin el 7 de octubre, se vuelve a reunir la asamblea y allí se elige definitivamente el cabildo. De todas formas, si los elegidos se comportan mal, pueden ser revocados en cualquier momento por la asamblea.

               

A partir de los años sesenta, empiezan a llegar gentes al pueblo, no son indígenas sino mestizos, y compran tierras que eran de la comunidad. Ellos quieren imponer los partidos, las elecciones por partidos… eso es porque ellos controlan el PRI, que en esa época era el único partido. En realidad lo que querían era quedarse con los recursos de la comunidad, con los cafetales, la madera de los bosques… Traen pistoleros y acosan a la comunidad, violan a las mujeres en los caminos, matan a los dirigentes, roban las propiedades… Así que la gente se harta y en 1984 se decide expulsarlos. Se reúnen hombres, mujeres y niños, se derriba el edificio municipal y se les da 8 días para que se marchen.

                 

Antes en 1980 los pistoleros habían hecho una masacre en el pueblo, yo era muy pequeña entonces, pero me han contado y fue horrible: mutilaron a los comuneros, quedó gente sin brazos o sin piernas, mataron a muchos.

Entonces muchos de esos se meten a trabajar en la judicial, la policía y entran no más a matar pero conseguimos echarlos, se entra en sus tiendas donde vendían a precios abusivos, en sus propiedades donde se explotaba a la gente, eran como caciques pues; les sacamos las cosas y las apilamos en la cancha del pueblo y al final se van.

                   

El pueblo se vuelve a organizar, ellos mismos eligen a sus autoridades, reconstruyen el palacio municipal, se prepara para que no vuelvan los caciques y así tenemos como unos diez años de tranquilidad.

En 1996 me caso con Celerino y en ese año también es asesinado un regidor. Entonces el gobierno acusa a un grupo guerrillero el EPR (Ejercito Popular Revolucionario) de ser el causante y dicen que los comuneros de mi pueblo, San Francisco Loxicha, son del EPR y empieza una represión terrible. Detienen a 300 personas: maestros, autoridades municipales… matan a 45 personas, hay cientos de desaparecidos, las familias no pueden enterrar a sus allegados porque no aparecen los cadáveres».

                  

A partir de aquí el relato de Estela se vuelve más personal, empieza a desgranarnos su historia, una historia que le hará involucrarse en la lucha y le llevará a una larga marcha de denuncia en Oaxaca, Mexico, también a viajar al otro lado del atlántico, a Francia a Dinamarca… siempre amenazada y acosada.

               

« A mi compañero le empezaron a acusar de ser del EPR, porque él estaba en el consejo municipal, cuando detienen a las autoridades queda el consejo pero a muchos ya los habían detenido, entonces sólo quedaba él y mucha gente venía a la casa para que les apoyaran, con los desaparecidos, a ver qué se podía hacer. Y así fue que lo mataron, vinieron de madrugada como 50 federales rompiendo la puerta y lo destrozaron todo, disparando muy agresivos… le empezaron a pegar y se lo llevaron, también a mi hermano casi lo matan a palos. Por toda la vereda se escuchaba una gran balacera. En el camino encontré sangre y toda la cena que le hicieron vomitar, ahí le perdí la pista y nunca le volví a ver vivo.

              

Entonces decidí ir a Oaxaca a buscarlo. Cuando llegué a la ciudad, yo no sabía donde encontrar la cárcel, estaba muy perdida, llorando sin saber qué hacer. En ese momento, se me acercó una señora a preguntarme qué me pasaba. Yo le conté y fuimos a comprar periódicos; yo no sabía ni leer ni escribir, no sabía ni lo qué era un periódico. Ahí, encontré el teléfono de derechos humanos y me encontré con Angélica que trabajaba con derechos humanos, ella me acompañó a la procuraduría y allí nos dijeron que no sabían nada, que no se había detenido a nadie. Ya al día siguiente, se hizo un conferencia de prensa para denunciar la desaparición de mi esposo. Se abrió una investigación y a los pocos días dijeron que Celerino había muerto en un enfrentamiento armado porque decían que él era del EPR, pero yo había visto como había sido y hasta ahorita no lo han aceptado.

                       

Por fin consigo que me digan donde está el cadáver, en Poxutla, y allí me fui. Cuando llegué allí me dijeron que tenía que pagar para llevarme el cuerpo de Celerino, pero yo no tenía plata. Tenían el cuerpo allí medio podrido, lleno de sangre, todo golpeado, balazos bajos los sobacos, la mano no tenía piel, la espalda moreteada. Entonces me preguntaban me decían que yo tenía mucho dinero, me interrogaban por sus compañeros… que Celerino era el mero comandante, como le decía yo no tenía plata porque los federales se lo robaron todo en la casa. Así que me quedé a pasar la noche en la calle junto al lugar donde tenían a mi compañero, toda la santa noche estuvieron hostigándome a mí y a mi cuñada que estaba conmigo. La gente se me acercaba pero a mí me daba mucho miedo hablar con los hombres, hasta que se me acercó una señora que nos dijo si nos podía ayudar.

                      

Ella me dijo que qué bueno que lo encontraste porque mucha gente está llegando al pueblo buscando a sus familiares que han desaparecido, después se fue a buscar a más gente para que nos ayudaran y para recolectar dinero. Hicieron una recolecta en el mercado para poder pagar al ministerio público y para el viaje… y así fui como pude recogerlo, entonces los judiciales me seguían, me amenazaban… me daba miedo que pegaran a sus hermanos o a su papá de él.

                        

Volví a Oaxaca con la señora Angélica y vinieron otras mujeres de mi pueblo para que las ayudara a encontrar a sus familiares, yo tenía 24 años entonces. Así me empecé a involucrar más, no sólo con el caso de mi marido sino con el resto de desaparecidos. Me empiezo a informar sobre el porqué de lo que había pasado, yo creo que era coraje lo que tenía»

                     

Nosotros estamos sorprendidos por la crudeza del relato y por la entereza de Estela al relatarlo. Lo que nos iba a contar a continuación nos asombraría por la determinación y el valor colectivo de las mujeres de San Agustin Loxicha.

                

«Al principio la gente iba y venía de Loxicha a Oaxaca, pero cinco mujeres decidimos quedarnos permanentemente en el plantón, nos pusimos en huelga de hambre, y las mujeres de mi pueblo empezaron a venir porque era más seguro estar en la ciudad porque si no las podían matar en la comunidad. Además así podríamos denunciar mejor.

                     

Me eligen para que vaya a denunciar a nivel nacional e internacional porque se vio que yo me movía bien en la ciudad y así pues me voy por todo México denunciando la represión contra nuestras comunidades. Fui a la ONU a Francia a Dinamarca. Con todo esto conseguimos que dejaran de matarnos aunque siguieron con las detenciones, cada vez había más gente en la cárcel. 136 personas había en la cárcel, ahora quedan no más 7.

                       

En el plantón llegó a haber 120 mujeres y unos 300 niños. Junto al palacio de gobierno, estuvimos 5 años todas las mujeres en plantón. Hicimos marchas, vino gente del DF y de otros lugares. Pero mucha gente que vive aquí en la ciudad, no entendía ni entiende la represión que se vive en las comunidades. Siempre luchando y siendo reprimidos por defender la tierra, los bosques, nuestras tradiciones.

                    

Cuando el 94, surge el levantamiento zapatista, mandamos comida y apoyo a los de allí porque era nuestra misma lucha, pero inmediatamente detuvieron al compañero que llevaba el apoyo y nos acusaron de ser zapatistas… nadie en aquella época podía decir nada de Chiapas porque inmediatamente, eran reprimidos.

                      

El plantón fue un lugar de refugio y también sirvió para que conociéramos muchas organizaciones sociales, y conseguimos víveres para ayudar a nuestra gente, mandaron caravanas desde el DF, los estudiantes, otras organizaciones campesinas. Todo esto fue muy útil porque en aquella época no se podía trabajar, los hombres mayores de 14 años se escaparon al monte, todos estaban escondidos… así que las mujeres tuvimos que afrontar todo el trabajo de abastecimiento, también puras mujeres reorganizamos la comunidad aquí en el plantón. Muchas fueron violadas por la judicial, por el ejército.

             

Hasta ahora las autoridades nunca han reconocido todo esto. Algunas mujeres volvieron al pueblo y plantaron la milpa y empezamos a poder cosechar, lograr víveres. Nosotras hicimos tres mayordomías, que recuperamos porque ya estaban casi perdidas. Buscábamos músicos, sacerdotes, payasos y organizábamos fiestas en la comunidad para que los hombres pudieran bajar del monte y hablar con sus familias. Llevábamos a personalidades, artistas… para que nos dieran cobertura porque si no nos mataban, así se pudo reconstruir la comunidad.

                       

Las leyes son papel mojado porque no se respeta la autonomía de los pueblos; ellos nos imponen las elecciones, por ejemplo si una autoridad se porta mal la asamblea lo puede revocar pero si entran los partidos esto no es así, el electo puede seguir, entonces el pueblo se opone y ahí está el conflicto, pero si la asamblea se debilita entonces ni modo.

                                  

Ahora hemos conseguido, sin embargo, que en más de 400 pueblos se respeten las autoridades comunitarias y no entren partidos. No sólo en Loxicha ha habido resistencia ni tampoco represión. Por ejemplo, en Xanica hubo una gran matanza. Las leyes se han conseguido por la lucha de las comunidades. En muchos lugares los andan matando todavía ahora. A veces, se utilizan paramilitares dirigidos por la policía. Cuando cae el PRI, las cosas no cambian nada, decían que venía la democracia pero no fue así. Veremos ahora con Obrador, pero normalmente esta gente cuando llega al poder se corrompe. Sólo de Loxicha hay 14 presos políticos, cientos de otros lugares, a veces aunque son presos políticos les dicen que son delincuentes comunes. Aquí en México no tenemos nada de democracia.

                         

En el 2000 hubo una amnistía pero para que les aceptaran, tenían que aceptar que eran guerrilleros, entregar armas, que habían matado a gente… era muy absurdo, mucha gente que simplemente se había escapado… muchos a los tres meses los vuelven a detener por los mismos cargos. Las comunidades están militarizadas, hay tres bases militares».

                      

Hasta ahora Estela nos cuenta serena, sólo cuando le preguntamos si a ella todo esto le ha servido para crecer como persona y aprender a nivel político, las lágrimas empiezan a caer por su rostro. Nos dice que se siente triste porque ella, gracias a la gente que la apoya, vive bien y le entra la tristeza porque el resto de su comunidad está tan mal.

                              

«He aprendido muchas cosas, entiendo un poco la situación política. ¿Pero de que me sirve si no lo puedo aplicar en mi comunidad? Ahora me buscan para matarme, dicen: ¿como puede ser que una pinche vieja pueda meter a la carcel a un judicial?».

                           

A los pocos días de realizar esta entrevista desconocidos quemaron un coche en la puerta de la casa donde está refugiada Estela, los bomberos evitaron que la casa y todos sus habitantes murieran entre las llamas.

                    

Oaxaca, México, junio de 2006.

                        

Juan Ibarrondo

Luis Karlos Garcia

 
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