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PLACERES DE TODO A 100 PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Sejo Carrascosa   
jueves, 26 de abril de 2007

Hay quien sigue empeñado en describir la vida de los fetichistas como angustiosa y deprimente. Muchos pensamos que puede ser muy al contrario y veamos un caso. Aquel día en que, después de follarse a su primo en el pueblo yendo a nadar a la charca, sin querer se llevó sus calzoncillos en la mochila y pasó los 4 días siguientes matándose a pajas mientras los olía o se los ataba a los huevos, no fue sino el principio de lo que iba ser una larga y satisfactoria afición de sofisticación sexual.

No había sido bastante, una infancia mariquita en un mundo machirulil, a partir de ahora sus aficiones también serían cuestionadas desde los sectores bien olientes y heteropensantes del mundo gay. Pero eso a él nunca le importó.

En los diferentes manuales de psicoanálisis, medicina y/o sexología que cayeron en sus manos descubrió un mundo de experimentación que él creía tan propio y particular como desconocido. Su afición crecía con su edad, y tras reventar un cajón con calzoncillos usados, luego fue llenando otro de calcetines sudados. El baúl estaba petado de zapas, botas y tacones, ya no le cabía ni un objeto más en la sección de estimuladores anales. El armario se encontraba atiborrado de todos tus modelos favoritos: militar, obrero sucio, deportista dopado y transpirado, látex, cuero, fornido leñador, bancario encorbatado, falda de tutú y los diferentes tops: los estampados y el bordado con lentejuelas.

Desde sus variadas y múltiples experiencias sexuales no pudo sino constatar que a todo el mundo le gustaba acompañar sus prácticas con diferentes parafernalias y artificios que hacían de cada polvo una única e irrepetible experiencia, y que lo que para él era una cosa natural, muchos lo vivían con miedo, vergüenza o discreción, también se dio cuenta que sus compañeros de sexo gastaban una fortuna en gadgets y escenografías. La chispa saltó de repente, surgió mientras disimulaba su erección viendo un escaparate de una ferretería: Montar una tienda de todo a 100 que fuera un vergel para los amantes del bondage y el spanking, un bazar sin límites para los amantes de los water sports, un paraíso de ferralla y cadenas, una cornucopia de modelos industriales, un sitio, en fin, en donde por poco dinero y suma discreción se avituallaran sus colegas de afinidad.

A partir de ahora no necesitas flagelarte con la fusta marca Dolce&Galbana, olvídate del enema de Versace, pasa de oler las zapas de Armani; en cualquier ciudad tienes la posibilidad, barata y reservada, de acercarte a un mundo excitante y sexual : el sabroso mundo del fetichismo.

Sejo Carrascosa

(Publicado en ZERO, Abril 2007)

 
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