Un posicionamiento crítico más allá de los dolores propios y resentimientos
es descubrir las condiciones de posibilidad de los procesos de emancipación. Por
eso conocer hoy las relaciones internas entre los llamados movimientos sociales
y el gobierno es decisivo para continuar y profundizar la lucha emancipativa en
marcha que ya llevan en su etapa más intensa más de 7 años y que cambia de
rumbo el 18 de diciembre del 2005. Es decisivo –además- porque es lo que está
a nuestro alcance como actores del polo insubordinado y es lo que nos determina
desde nuestra propia interioridad. Por estos motivos es más importante que lo
que hace o deja de hacer el polo conservador, ya que ellos hacen lo que deben,
reconstruir el orden y cadenas de mando, el Estado y las relaciones de
dominación en función a su proyecto político.
Pero
aportar a la comprensión de las relaciones y procesos internos del movimiento
hoy es peligroso por la estrechez e inmadurez con la que se aborda el problema.
Pocos quieren ir mas allá de la visión quejumbrosas que remata en la búsqueda
de culpables internos a los cuales echar la culpa de todo, o del pragmatismo
sin esperanza que se resigna a trabajar sólo en la pequeña reforma dentro del
actual Estado para captar un poco más de excedente como mecanismo de
continuidad y construcción de poder partidario. Debemos ir más allá de estas
visiones que no logran posicionarse en una labor de crítica comprometida con el
proceso. O no hay crítica en un caso o la crítica no es comprometida en el otro,
ya que es desproporcionada y a veces mal intencionada[1].
Sólo se
podrá avanzar sustancialmente en el proyecto de emancipación si se da una
transformación completa del Estado, si se re-inventan instituciones que
legitimen estatalmente en el marco de un Estado Plurinacional[2]
amplias formas de democracia directa y auto-representación social, si se logran
autonomías territoriales indígenas amplias que sean el punto de partida de una
re-territorializacion del país basándose en la reconstitución de los
territorios ancestrales del mundo indígena para dar paso a la apertura de un
nuevo mapa institucional del país y el Estado, si se sigue con el proceso de
descolonización del Estado y la sociedad, si se profundizan todavía más los
cambios en la propiedad de los recursos (tierra, gas, biodiversidad,
industrias) para ser reapropiados directamente por la sociedad autoorganizada y
no por “el Estado” en abstracto. Estos cambios retroalimentarían -a su vez- la
producción de cambios sostenibles de las relaciones sociales y de producción
provocando una transformación total de la relación Estado-sociedad (Rene
Zavaleta llamaría a esto "cambio de Forma Primordial"). Sólo a partir de estos
cambios se podrán generar condiciones que a mediano plazo puedan constituir los
gérmenes de una nueva sociedad y un nuevo Estado. Este caminar hacia un cambio
en la forma primordial es lo que se estaría cerrando en Bolivia.
Veamos:
Lo
primero que debemos decir para evaluar la coyuntura es que el gobierno esta
siendo asediado por la construcción de un poder dual (un proto-Estado con
tendencias separatistas y secesionistas) asentado en las prefecturas y comités
cívicos de los departamentos de Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando que expresan
los intereses de los terratenientes, del capitalismo agrario y de las
transnacionales petroleras. Con mayor o menor intensidad a lo largo de estos
dos años del gobierno del MAS han estado conspirando desde los sectores de la
derecha más autoritaria y señorial para derrocar al gobierno, o al menos ir
preparando el terreno para este fin. El apoyo y sostenimiento del actual
gobierno es prioritario para el avance del proceso que empezó en su época más
intensa hace siete años, pero sostener y apoyar al gobierno no es un fin en sí
mismo, aunque es una parte del proceso.
Lo más
importante y profundo para analizar el rumbo que toma el proceso -además de
decir algo evidente, como que la derecha conspira- es analizar las relaciones y
procesos internos del polo insubordinado y su proyección en las diferentes
tendencias y visiones del Estado y el horizonte en el que nos movemos. El
camino de ir hacia el citado cambio de “Forma Primordial” es lo
que se estaría cerrando no solamente debido a la conspiración de la derecha
sino sobre todo debido a un fenómeno muy complejo pero que podría agruparse en
dos grandes procesos mutuamente relacionados y que sé retroalimentan
recíprocamente.
Abdicar
del avance auto-determinativo
En las
organizaciones sociales y movimientos sociales parece haber cundido la actitud
de abandonar la escena como protagonistas y actores colectivos de los cambios
que veníamos viviendo los últimos años[3]
y dar paso al Estado como protagonista fundamental, que a pesar de estar siendo
ocupado por un partido de base cocalera-campesina no ha cambiado en lo absoluto
-en su esencia más profunda y estructural- en estos dos años de el actual
gobierno.
Parecería
que en lo más profundo de la subjetividad de lo indígena y lo nacional popular
esta muy arraigado todavía el deseo de abdicar voluntariamente de procesos más
profundos de autodeterminación a partir de las estructuras colectivas y
comunitarias de rebelión. No se logra ir avanzando en la subjetividad de las
colectividades la idea de ir sustituyendo las formas vergonzosas de este Estado
falaz y aparente por formas de autoorganización expresada en semi-estructuras
que correspondan a ese contenido auto-determinativo.
Entonces
crece de manera natural la tradicional figura de la política liberal caudillista
latinoamericana de los individuos supuestamente imprescindibles, se profundiza
el culto a ciertas personalidades, se expande la aspiración de tener un gran
“dador” un gran “tutor”, alguien que te lo hace por ti, alguien o algunos a los
cuales les encomendamos que nos “salven”. Seguimos buscando, imaginando y
construyendo “salvadores”, “estrategas”, “grandes líderes” que en este tipo de
procesos siempre existirán para bien o para mal, pero cuando en el imaginario
de emancipación se convierte en fundamental la figura tradicional y
conservadora de los “salvadores” o llegan a ocupar el centro de la escena
sustituyendo la pluralidad autoorganizativa y los liderazgos colectivos que
fueron lo dominante y fundamental del proceso hasta el cambio de rumbo en diciembre
del 2005, es síntoma de que el proceso político cambió de rumbo
definitivamente.
Estos
procesos nos hablan de que se esta dando un replanteamiento general de la lucha
más auto-determinativa para encaminarnos por las rieles rígidas de las lógicas
estatales y los aparatos partidarios. Aquí constatamos que el autogobernarnos
en su sentido más profundo todavía no está en el “orden del día” de las
colectividades en lucha o al menos no logra postularse como una de las
corrientes fundamentales. El problema parece ser que seguimos queriendo
abdicar de nosotros mismos en beneficio de vanguardias y especialistas, de los
“sacerdotes de la política” como decía un compañero hace ya casi una década.
Lamentablemente esto es lo que se visibiliza con toda claridad hoy a dos años
de la ocupación del andamiaje del Estado por personas que estuvieron o están de
alguna manera vinculados con los movimientos sociales en niveles de dirección y
liderazgo.
El
fenómeno más ilustrativo de lo que planteamos es lo que parecería estar
ocurriendo en las direcciones, altas y medias e incluso en algunos sectores de
las bases de los llamados movimientos sociales y que algunos compañeros nos
comentaban recientemente. En las últimas movilizaciones, dirigentes medios y
nacionales de los movimientos no quieren movilizarse ni reactivar los múltiples
mecanismos de deliberación, decisión y acción colectiva que son fundamentales
para dar respuestas a la coyuntura y delinear el rumbo del proceso orientando y
dirigiendo al gobierno.
Lo más
sorprendente es el argumento y la lógica con la que se borra esta vital
necesidad de la coyuntura: “Ya estamos en el gobierno, ellos van a resolver,
ellos van a hacer”. No les parece importante fortalecer las organizaciones y
mecanismos colectivos de deliberación y decisión autónomos, que fueron la clave
del proceso hasta hace dos años. Parecería que entre la mayoría de los
dirigentes de los llamados movimientos sociales el grado de conciencia no ha
sobrepasado este horizonte en el que los movimientos sociales son tan poderosos
ante el enemigo pero tan débiles ante sí mismos, en especial ante los
dirigentes que hoy ocupan el andamiaje del Estado.
En
algunos aspectos parecería que no se ha podido avanzar en grados más grandes de
profundidad auto-determinativa y descolonizadora en las luchas de los últimos
años. Parecería que todavía no podemos imaginarnos sin “salvadores” ni “grandes
líderes” a los cuales responsabilizar por nosotros mismos. Todavía no nos
imaginamos autogobernándonos a nosotros mismos -no desde el Estado- sino a
partir de nuestras estructuras de rebelión propias[4],
del ayllu, de la comunidad, de los sindicatos y órganos de poder propios, en
fin, a partir de nuestros mecanismos colectivos de deliberación y del intelecto
colectivo.
La
Subordinación y el Tutelaje estatal
La otra
faceta de este único proceso de cierre de una época y apertura de otra es la
manera en la que el Estado a través de los actuales gobernantes ha ocupado el
espacio antes ocupado por los llamados movimientos sociales y ha empezado a
ejercer un tutelaje y digitación de los llamados movimientos sociales bajo las
lógicas y practicas estatales de reconstrucción de cadenas de mando, el
reforzamiento de las jerarquías, construcción de obediencia y sumisión al Estado, en fin, forzando a calzar en sus tiempos y dinámicas a los llamados
movimientos sociales. Este es un factor fundamental que ha reforzado y
multiplicado las aspiraciones y deseos que han empezado a generalizarse en los
movimientos y organizaciones sociales de ser tutelados, dirigidos y
subordinados desde y por el Estado[5]
cerrando este ciclo de luchas y abriendo un ciclo largo de Estado que
reconfigura el escenario de lucha a formas típicamente liberales; construir aparatos,
planificar elecciones, en fin, entrar de lleno a formas liberales de la política
remolcando a los llamados movimientos sociales a su desaparición como actores
colectivos y plurales.
La
digitación discrecional que se ha ejercido y se ejerce sobre las organizaciones
y movimientos sociales, la funcionalización y uso como meros soportes de la
voluntad de Estado y la anulación de su filo más crítico al convertirlos en
grupos aislados de la sociedad civil, todos estos procesos están provocando una
sistemática monopolización de la representación de los movimientos y
organizaciones sociales por parte de un solo aparato partidario articulado al
Estado. Poco a poco se están produciendo relaciones de subordinación,
desorganización o aislamiento de los movimientos sociales, y últimamente hasta
relaciones clientelares y prebendales que ojalá puedan ser detenidas,
provocando la limitación pragmática del proceso de avance de la
auto-representación y auto-determinación social al proyecto político de
construir un “Estado Social” al estilo keynesiano de los años 60 para
fortalecer el denominado “Capitalismo Andino” bajo formas típicas de un
caudillismo liberal.
Ahora
todo el proceso de avance de la lucha de los últimos años que se expresaba como
pluralidad de formas políticas y organizativas, liderazgos colectivos y
complejos procesos de auto-organización de los movimientos sociales que fueron
y son el motor del proceso desde hace siete años parece detenerse y
desaparecer debido a las dos causas explicadas, pero principalmente debido al
proceso de seducción asimétrica que ejerce el actual gobierno desde la posición
de “jefes de Estado” y la injerencia burocrática que está destruyendo la
pluralidad, la creatividad y la autonomía de las organizaciones y movimientos sociales. Lamentablemente esta debilidad al interior del propio movimiento está
provocando el cierre de la crisis de Estado que vivimos desde hace unos años
sin grandes cambios estructurales.
Consideramos
que hay una mayor responsabilidad de los altos funcionarios de este gobierno ya
que son los que han empezado a imponerse como actores centrales con todas las
prerrogativas que un Estado como el que existe les otorga, porque creemos que
los funcionarios del gobierno son los mayores responsables de reconstruir los
mecanismos de obediencia y las cadenas de mando de un Estado que estaba en
crisis, porque son los mayores responsables de –con el poder muy grande que
actualmente tienen- desorganizar subordinar y desmovilizar los movimientos y
organizaciones sociales, aunque lamentablemente –como se explicó más arriba-
las organizaciones y movimientos sociales tampoco son víctimas absolutas de
nadie, también lo aceptan, lo toleran, lo permiten, lo reproducen, incluso en
algunos niveles, se benefician sectorialmente de ello y por lo tanto lo están
consolidando. En procesos tan dolorosos como el descrito siempre hay una
corresponsabilidad. Ambos actores internos del movimiento son responsables de lo
que está ocurriendo.
Luís
Tapia propone la misma idea de la corresponsabilidad del cierre de una época y
la inevitable desaparición del escenario de los llamados movimientos sociales:
“El MAS es responsable de haber llevado a varias de estas organizaciones a su
facetas más corporativa de sociedad civil, por lo tanto más conservadora, quitándole
la dimensión de fuerza política que más bien plantea problemas generales y
articulan fuerzas hacia reformas más globales en el país. Obviamente otra parte
de la responsabilidad está en las mismas organizaciones; y la explicación
estaría en la historia de estas organizaciones en tanto instituciones de la
sociedad civil, que las lleva a asumir, nuevamente, más esa faceta de
corporación que de movimiento social”[6].
¿Es posible un gobierno de los movimientos sociales?
Este
proceso de remolcar a las organizaciones a su faceta más corporativa y más
conservadora y por lo tanto a su desaparición como estructuras colectivas, es
el precio que los llamados movimientos sociales están pagando debido a que todo
el proceso de lucha se en camino desde hace dos años hacia formas liberales y
estatalizantes de la política. Todo lo mencionado nos ayuda a ver
claramente que si estrictamente no existen los movimientos sociales, menos en
su faceta colectiva de deliberación y decisión, mucho menos puede existir un
“gobierno de los movimientos sociales”.
En
palabras de Luís Tapia: “Creo que la actual red de alianzas que sostiene el MAS
en la configuración del gobierno y la Asamblea Constituyente no se puede
caracterizar como una alianza entre partido y movimientos sociales, sino entre
partido y organizaciones de la sociedad civil, de trabajadores que efectivamente
le dan una base amplia, pero le reducen o ya no contienen el filo crítico que
tenían cuando formaban parte de los movimientos sociales”[7].
O esta otra cita del mencionado balance que plantea el mismo tema insistiendo
en la conclusión de que no tenemos todavía un gobierno de los movimientos
sociales: “La configuración actual no se pude pensar, todavía, como un gobierno
de los movimientos sociales, en la medida de que, por un lado, el tipo de
inclusión es básicamente de instituciones corporativas de la sociedad civil y,
por el modo en que se ha dado, se puede ver que en tanto no se configure un nivel
colectivo de deliberación y de toma de decisiones colectivas, donde lo que
decida el ejecutivo haya sido también discutido y deliberado en los núcleos
públicos que configuraron los movimientos sociales y las organizaciones de
trabajadores en el país, en rigor, sigue siendo un gobierno de un partido –el
MAS-, que tiene una red de alianzas políticas, pero que no habría configurado
todavía –tal vez no ocurra-, un núcleo de cogobierno con estas organizaciones
de la sociedad civil y con los movimientos sociales”[8]
Como
vimos líneas arriba, es muy importante recalcar que no tenemos todavía un
gobierno “de los movimientos sociales” sino solamente una alianza entre un
partido y organizaciones de la sociedad civil y actuando en tanto sociedad
civil, no olvidemos que la sociedad civil es la forma política de actuación en
la esfera del egoísmo del sector de la sociedad civil al que se pertenece y por
lo tanto se actúa en tanto gobernado, respetuoso del sistema liberal y la mayor
parte de las relaciones y estructuras de dominación y obediencia al Estado. En
esta transformación del escenario político es donde podemos empezar a rastrear
la emergencia de conflictos al interior y en el seno mismo de los llamados
movimientos sociales: mineros-contra mineros, una provincia contra otra por
recursos estatales, etc. La sociedad civil actúa en una esfera muy
estrecha y sectorial y lo más importante y triste: desaparece la posibilidad de
que se planteen problemas generales y articular fuerzas hacia reformas más
globales en el país.
Los
movimientos sociales en Bolivia al cuestionar y poner en crisis el Estado y el
modelo neoliberal también cuestionaron y pusieron en crisis las estructuras de
la sociedad civil aunque se apoyaban en ellas para desplegar su accionar, para
luego disolverla en el movimiento social en marcha[9].
Hoy no se da ni lo uno ni lo otro, el Estado se reconstruye y la faceta de
sociedad civil se refuerza cambiando totalmente el escenario de las luchas y
creado mucha confusión y un replanteo radical del proceso. A pesar de todo
lo dicho, parecería que todavía no es imposible que se reconduzca el proceso en
la perspectiva de ir construyendo un co-gobierno entre el actual partido de
gobierno y estructuras colectivas de deliberación y toma de decisiones de
organizaciones de la sociedad civil y movimientos sociales que se reconstruyan
en una perspectiva autónoma e independiente de todo partido, pero en diálogo de
igual a igual con un gobierno afín.
Una reconducción
política del proceso solo será posible si este fenómeno que bloquea el avance
de las corrientes más auto determinativas –que tiene dos aspectos centrales,
como se explicó anteriormente- se van rápidamente debilitando gracias al
fortalecimiento de la pluralidad y la autonomía de las organizaciones y
movimientos sociales y a la irrupción desde abajo de un proceso de reconducción
del proceso apartir de las estructuras colectivas de deliberación y decisión de
los llamados movimientos sociales.
Nos referimos
a una reconducción desde abajo, desde las bases de los movimientos sociales y
basados en la reactivación de sus mecanismos colectivos de deliberación,
decisión y acción mas allá del Estado y de los actuales partidos y las lógicas
partidarias que empiezan a ser centrales en la política interna de los llamados
movimientos sociales.
Se está
cerrando un ciclo auto determinativo y plural por la confusión y
desmovilización de los movimientos sociales como fuerzas autónomas y plurales y
cerrando el horizonte de un cambio profundo que esperamos se pueda revertir en
los próximos meses.
Creo que
conocer y profundizar sobre las relaciones internas del movimiento emancipativo
es hoy por hoy peligroso, porque se están construyendo fronteras internas en
el movimiento bajo lógicas dicotómicas (la búsqueda de los malos que remata en
reafirmarse a sí mismo en el bando de los buenos), de lógicas que simplifican de
forma distorsionada el proceso y exacerban visiones unilaterales. No
estamos teniendo la madurez de vernos en la lógica de corrientes diferentes
pero igualmente comprometidas y corresponsables de lo que nos está pasando, o
más bien de lo que nos estamos haciendo por cuenta y riesgo propio. Esta es
muestra de inmadurez política y manifestación de que no pudimos construir un
horizonte claro de lo que es un cambio profundo y esa es responsabilidad de
todos. Tal vez por eso los llamados movimientos sociales no se plantean la
reorganización de sus mecanismos de deliberación y acción colectiva para pasar
a una nueva fase de cogobierno con el actual partido de
gobierno. Comprender esto y reorganizar nuestras prácticas cotidianas es a
su vez un acto organizativo, o más bien de reorganización y replanteo, porque
reorganizar nuestro caminar -para quien quiere ver mas allá de sus certezas que
siempre tienen un lado de estrechez- nos cambia a todos y esto es lo que
precisamente necesitamos y sobre todo es -como dice Zavaleta- un acto vital,
precisamente porque es el desafío más grande de la actual coyuntura. Infundir
más vida al proceso de cambios profundos y crear horizonte.
Debemos
tener la capacidad de recuperar, profundizar y aportar al legado de compañeros
que en el pasado nos dieron los elementos más importantes que nos permiten hoy
hacer una crítica profunda al proceso. Este desafío crítico que a la vez es un
acto transformador y organizativo tan urgente y vital es una responsabilidad
con nosotros mismos. Debemos contribuir con tal responsabilidad colectiva y
personal y seguir por el camino vital de tratar de ser expresión tendencial de
las potencias más auténticamente emancipativas (con mayor razón si son
minoritarias o casi inexistentes), más que de las tendencias “realistas” y sin
esperanza sin que por eso nos convirtamos en sectas cerradas que ya no dialogan
con compañeros que tienen otro balance y actúan de forma diferente.
Referencias
[1]
Una balance político que aporta elementos interesantes y novedosos de la
relación del gobierno con los movimientos sociales es el de Luís Tapia “Los
Movimientos sociales en la coyuntura del gobierno del MAS”. En Revista Willka.
Edición CADES. No 1 El Alto. 2007.
[2]
Postulado fundamental del documento “Propuesta para la nueva Constitución
Política del Estado. Por un Estado plurinacional y la autodeterminación de los
pueblos y naciones indígenas, originarias y campesinas” del pacto de Unidad de
las Organizaciones Indígenas de Bolivia (CSUTCB, CONAMAQ, CIDOB, CPESC,
Confederación de Colonizadores de Bolivia, Federación de Mujeres
Campesinas de Bolivia Bartolina Sisa, APG, MST, CPEMB) de cara a la
Asamblea Constituyente.
[3]
Luís Tapia explica este fenómeno a partir de la idea de que los llamados
movimientos sociales en los momentos pre-electorales, como por ejemplo a fines
del 2005 vuelven a adoptan su faceta, de manera cada vez mas pronunciada de
sociedad civil, de organización corporativa sectorial, que representa intereses
de grupo, de fracción, etc. y que por lo tanto negocian su inclusión en el
partido y las listas y dejan de actuar como movimiento social y esto se podría
constatar cuando se negocia con el MAS no en torno a núcleos programáticos sino
en torno a cuotas y a personas que serán incluidas en las listas. Ver: “Los
Movimientos sociales en la coyuntura del gobierno del MAS”. En Revista Willka.
Edición CADES. No 1 El Alto. 2007. Pág. 145
[4]
Contrapoderes Territoriales le llamaría Paolo Virno
[5]
Luís Tapia plantea al respecto: “Ahora se despliega esta estrategia de
centralidad del partido en relación a organizaciones y movimientos que se
tienden a subordinar en tanto han negociado su inclusión en las listas del
MAS”. “Los Movimientos sociales en la coyuntura del gobierno del MAS”. En
Revista Willka. Edición CADES. No 1 El Alto. 2007. Pág. 149
[6]
. Luís Tapia “Los Movimientos sociales en la coyuntura del gobierno del MAS”.
En Revista Willka. Edición CADES. No 1 El Alto. 2007. Pág. 150
[7]
. Luís Tapia “Los Movimientos sociales en la coyuntura del gobierno del MAS”.
En Revista Willka. Edición CADES. No 1 El Alto. 2007. Pág. 150
[8]
Luís Tapia “Los Movimientos sociales en la coyuntura del gobierno del MAS”. En
Revista Willka. Edición CADES. No 1 El Alto. 2007. Pág. 147
[9]
Para Profundizar la definición de Movimiento Social y su relación con sociedad
civil ver: Luís Tapia, Jorge Viaña, Bernardo Rozo y Sabine Hoffman “La
Recontracción de lo Público, movimiento social, gestión del agua y ciudadanía
en Cochabamba”. Editorial Muela del Diablo. La Paz 2006.
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