| Cartas desde Palestina/3: Ahmad Maslamani, compañero, amigo |
|
|
|
| Escrito por Lidon Soriano | |
| jueves, 10 de enero de 2008 | |
La ciudad de Jerusalén esta inundada de banderas israelíes y estadounidenses para recibir mañana a la marioneta más absurda, peligrosa e ignorante de todo el guiñol, el más cretino entre los cretinos: George W. Bush. Sin embargo Jerusalén, ajena al burdo decorado de pacotilla, se ha volcado en la despedida de una buena persona, un trabajador incansable, fuerte como una roca y luchador empedernido, una persona realmente especial: el Dr. Ahmad Maslamani. En el funeral encontramos muchas caras conocidas: Jacoub, Abla, Mahmoud, Iman, Naim, Fatme, Sergio, Eilin... y la mujer de Ahmad destrozada y rota de dolor. Multitud de compañeros con quienes compartimos la misma lucha y también muchas alegrías, celebraciones, excarcelaciones. Humus, narguiles y conversaciones interminables sobre política local, regional, mundial, compartiendo principios, buscando caminos, perdiéndonos, reencontrándonos, pero siempre caminando. Por la misma autora leer también Carta desde Palestina/1:Jerusalén y Carta desde Palestina/2: Nablus.
49 años llenos de vida, llenos de energía incansable, se han ido de repente dejándonos a todos un poco huérfanos. Con su trabajo como director de los HWC, su ideología marxista y su solidaridad internacionalista nos ha permitido llegar a todos los rincones del país, convivir con sus gentes, aprender de ellas, entender su causa: la noble causa del pueblo palestino y sobre todo compartir momentos inolvidables.
Esta madrugada sus arterias no aguantaron más y su sangre llena de pasión ha inundado ese cerebro que no podía dejar de pensar, de buscar soluciones para su pueblo. Pero el Dr. Maslamani no ha fallecido de muerte natural, le han matado las interminables horas pasadas en los puestos militares de control, el muro que divide y encierra en guetos a su gente, los días, semanas y meses que sufrió la brutal investigación israelí. Le han matado la dificultad de movimiento en su propia tierra, los derribos de casas, los asesinatos de amigos y familiares..., en pocas palabras: la ocupación israelí. Tantos quebraderos de cabeza, tantos problemas por resolver, reuniones interminables mantenidas a base de nicotina y cafeína, decepciones, engaños sionistas de última hora que arrojan por la borda meses de trabajo... demasiadas gotas que han acabado colmando el vaso y... desbordándolo.
La comitiva se ha desplazado en coches hasta Wadi Joz y desde allí, flanqueado por palmeras, banderas palestinas y banderas del Frente Popular para la Liberación de Palestina, el Dr. Maslamani ha encabezado su última batalla. A lo largo de la mañana se ha ido uniendo más gente al funeral, casi un millar de personas acaba siguiendo a los jóvenes porteadores. Nos dirigimos hacia la ciudad vieja, concretamente a la mezquita de Al Aqsa, sin saber si vamos a poder entrar. Más que un funeral parece una manifestación, por lo tanto un acto ilegal. Las banderas palestinas están prohibidas por el gobierno israelí en Jerusalén, las del Frente Popular todavía más. Puede pasar cualquier cosa, pero la motivación, fuerza y dignidad de esta comitiva es imparable, un torrente que puede con todo.
Sé que repito muchas veces esta palabra, pero creedme, es lo único que se podía sentir entre todas esas personas: una energía y una fuerza inmensas, imposibles de encerrar en estas ocho letras. Dignidad es lo que ha representado durante toda su vida el Dr. Maslamani, Masla. Y es precisamente su dignidad y el respeto y amor de los suyos lo que le ha llevado a esta última pequeña gran victoria en su amada Palestina. La entrada en Al Aqsa no se ha llevado a cabo por motivos religiosos, ha sido un acto de reivindicación nacional: Al Aquds es Palestina, Jerusalén es Palestina, Akko, Bersheva, Nablús, Gaza, Masada, Yafa son Palestina. Ahmed no podía irse de otra forma: luchando y venciendo.
|
| < Anterior | Siguiente > |
|---|
Recibirás un Boletín con nuestras recomendaciones.