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Eutsi - Pagina de izquierda Antiautoritaria
viernes
25. jul 2008
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Euskal Herria Anticapitalista PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Juan Ibarrondo Portilla   
domingo, 20 de febrero de 2005

Hace ya cinco años dejo de publicarse la revista “Resiste”, después de diez años de irregular, pero fecundo, trabajo de reflexión crítica, política y social.

Cinco años de acelerados cambios sociales y de enconamiento político en Euskal Herria, cinco años, por fin, que cambiaron el mundo.

A pesar de las sorpresas que nos iba ha deparar el quinquenio, hemos de señalar, que las principales líneas o tendencias hacia donde se dirigían las sociedades actuales, ya se podían entrever entonces.

LA ACELERADA INCORPORACIÓN DE EUSKAL HERRIA A LA POSMODERNIDAD CAPITALISTA.

Como hemos dicho, muchas de las tendencias de este proceso ya estaban en marcha. Lo que ha ocurrido es que se han desarrollado a marchas forzadas y se han hecho más visibles.

El imparable aumento del trabajo precario y la desregulación de las relaciones laborales eran ya muy visibles pero, hoy es el día, en que la mayoría de los trabajadores y trabajadoras jóvenes asumen con normalidad un modo de vida sin trabajo fijo.


Otro aspecto que ya se ponía de manifiesto es el descenso de importancia de las “labores productivas” en el volumen total de trabajadores y en la creación de riqueza, en beneficio de formas de “trabajo inmaterial”.

El llamado sector servicios continúa creciendo de forma importante mientras las tareas de la producción de “cosas” se trasladan a factorías de la periferia capitalista. Quizá sea la “operación Gugengein” uno de los símbolos más emblemáticos de este cambio. La transformación de la fisionomía y de la actividad económica de la principal metrópoli vasca se ha extendido rápidamente al resto del territorio. Las grandes empresas vascas se internacionalizan derivando una parte de su producción, cada vez más importante, a subcontratas situadas tanto en nuestro territorio como en otros lugares del mundo. ¿Cuánto cobran los 15000 trabajadores y trabajadoras de MCC en China?.


La investigación tecnológica ligada a la empresa, el sector financiero, la distribución y venta de productos e ideas, la producción simbólica ( diseño, industrias de entretenimiento)… son las actividades más pujantes de la nueva economía vasca. Además las labores de reproducción social entran cada vez más en la esfera capitalista. Así, asistimos a una explosión de trabajadoras y trabajadores sociales de todo tipo, y de ONGS semi profesionales subvencionadas por la administración o por fundaciones privadas.


Desde el punto de vista de los teóricos posmodernos y de los ejecutivos de la nueva economía el panorama es alentador. Demuestra la modernidad, o posmodernidad, de la sociedad vasca y la buena salud de su economía. Estaríamos, según ellos, a las puertas de la Disneylandia vasca, donde todos compraremos en Eroski ( con la calidad que tu exiges) y Caja Laboral nos dará los mejores intereses.


Sin embargo estos cantos de sirena no acaban de convencer y muchos sentimos que las cosas no están tan bien como las pintan. A pesar de las encuestas, que muestran a la población satisfecha con su nivel de vida, algunas inquietudes ensombrecen el horizonte.


VIENEN LOS EMIGRANTES

 


Porque, en este mundo maravilloso e “inmaterial” que se nos presenta, sigue haciendo falta cortar la cebolla, y los miles de objetos sofisticados con los que convivimos están hechos de piezas de plástico que alguien tiene que ensamblar. Se nos dirá que las máquinas cumplirán estas zafias tareas. Pero, en una sociedad donde la acumulación de capital es la norma, a veces, el esclavo da más beneficios que la máquina. Recuerdo un inquietante cuento de ciencia ficción que nos muestra una sociedad hiper tecnificada, donde los capitalistas interplanetarios descubren que la carne, la vida, es más barata para ciertas tareas que los robots caros y avanzados que poseen.


Hace cinco años ya sabíamos de la injusta división norte-sur. La diferencia está en que ahora el sur ya está aquí. La contradicción, una vez más, se hace más cercana, más difícil de obviar.


LAS MUJERES COBRAN MENOS QUE LOS HOMBRES.

Se nos ha dicho que la más importante revolución del siglo pasado fue la emancipación de la mujer en las sociedades occidentales. Esta afirmación, aun siendo cierta en lo fundamental, no debe ocultarnos el retroceso que estamos viviendo en los derechos de las mujeres. Es en el mundo del trabajo donde se da con mayor fuerza este retroceso. Las mujeres trabajan en los peores puestos y cobran menos que los hombres por el mismo trabajo. A nadie se le escapan las implicaciones que tiene este hecho en el ámbito de lo privado y en la valoración social de la mujer. ¿Cuantos hombres trabajan, cobrando sueldos de miseria, en los hipermercados y centros comerciales?. Las promesas socialdemócratas o “modernas” de un mundo de igualdad entre hombres y mujeres hacen aguas en la nueva economía neoliberal imperante. ¿ Estarán las mujeres dispuestas a soportar esta situación mucho tiempo?. Mujeres plenamente cualificadas, que sin embargo tienen el “defecto” de quedarse embarazadas y no generar los suficientes beneficios a sus patrones.


LA EXPLOSIÓN DEL DESORDEN.

Con este título Ramón Fernández Duran presentaba, hace ya más de una década, un libro donde pronosticaba, con acierto, las características principales de la sociedad actual.

La presente obsesión por la seguridad, en los países ricos y entre los ricos de los países pobres, marca las políticas de la derecha neofascista en numerosos lugares.

El antiterrorismo, el militarismo creciente, el neonazismo, corrientes autoritarias en suma, nacen y se desarrollan en este clima de inseguridad en que vivimos. Ciertamente el empobrecimiento y las grandes diferencias sociales son la causa primera de esta situación pero no podemos olvidar que la espectacularización de la violencia a través de los medios masivos realimenta las tendencias de violencia individual y, sobre todo, justifica políticas autoritarias. Decía el pensador norteamericano Mike Davis que el coche bomba será la bomba atómica de los pobres. Los atentados del 11S le han venido a dar la razón, por lo menos a nivel simbólico.


Euskal Herria es un país paradójico en este sentido. Vivimos en una sociedad donde “la explosión del desorden” no ha alcanzado aún cotas tan altas como en otros lugares. Por otro lado, la violencia política continúa y es el centro de la atención mediática. No debemos caer en el error de relacionar estas dos formas de violencia en el sentido de decir que la segunda sustituye a la primera. Más bien lo que sucede es que la relativa riqueza de la sociedad vasca, los restos del estado del bienestar y la articulación asociativa del tejido social vasco sirven todavía de freno a las tendencias de desintegración social violentas. Paradójicamente en el mundo virtual del “espectáculo” sí que se da esta sustitución de la violencia social por la violencia política, dado el interés de los dueños de los medios por destacar y demonizar la segunda.


Sin embargo, ¿está la sociedad vasca libre de las tendencias desintegradoras violentas que ocurren en otras partes?. ¿Cuánto tardaremos en ver a un adolescente entrando a tiros en una ikastola, diezmando a profesores y alumnos?. Muy probablemente, si las políticas neoliberales de capitalismo salvaje continúan, será más pronto que tarde. Ese día las audiencias televisivas aumentarán los beneficios de las grandes cadenas, y los anunciantes estarán de enhorabuena.


FÁBRICAS DE ARMAS.

Uno de los sectores importantes de la economía vasca es la fabricación y venta de armamentos. Estos productos sirven para alimentar las numerosas guerras y conflictos periféricos en todo el mundo. Un negocio inmoral que dificulta a los países empobrecidos salir de su postración. Enriquece a capitalistas sin escrúpulos de aquí y a las elites corruptas de allá. No hay peor ciego que el que no quiere ver y la satisfecha población vasca ignora esta situación que tiene lugar en sus mismas narices. Un pueblo en el que los valores antimilitaristas se suponen fuertes y donde sus jóvenes fueron vanguardia de la lucha contra el servicio militar no debería asumir con tanta naturalidad este comercio de muerte.


LA DESTRUCCIÓN DE LA EUSKAL HERRIA RURAL

En la primera parte de este ensayo hablábamos de las transformaciones que se están dando en el tejido industrial vasco. Todos hemos visto cómo los hipermercados, parques temáticos o museos ( cada vez más parecidos) ganaban el terreno, físico incluso, de la industria tradicional. Y hemos visto también, cómo surgía un nuevo tipo de industria, junto con el crecimiento de los servicios capitalistas. Pero qué pasó mientras tanto con el sector primario. Por una parte, el sector cambia en la misma dirección que el resto de la economía, es decir se “terciariza”. Así vemos crecer el numero de actividades relacionadas con el agroturismo o el deporte de montaña. Por otra, los restos de la economía rural tradicional, ya muy tocados por la industrialización, han sufrido un nuevo ataque a su territorio ( de tierra) con la implantación de grandes infraestructuras de transporte y energía. También se produce la explosión de segundas residencias en el medio rural y la práctica del concepto de ciudad difusa. Además la aplicación de las nuevas tecnología a la economía rural (transgénicos incluidos) tiene implicaciones muy serias en nuestra relación con la naturaleza.


Vemos también que se ha producido un cierto avance en sectores nuevos como la agricultura ecológica y la aparición de agricultores vocacionales. La defensa sindical de la soberanía alimentaria o el resurgimiento de los mercados populares. Pero estas tendencias parecen demasiado débiles como para frenar de forma eficaz la destrucción definitiva de la economía tradicional agraria, que en algunos aspectos se había demostrado eficaz durante miles de años. ¿Qué tanto por ciento de los alimentos que consumimos se produce en Euskal Herria?.


LOS MOVIMIENTOS SOCIALES

La pregunta es: ¿Cómo han evolucionado los movimientos sociales en los últimos años?.

En general la evolución es negativa, con la práctica desaparición del movimiento antimilitarista y el estancamiento del movimiento ecologista y feminista tradicionales en niveles mínimos. No se puede negar que vivimos un momento de profunda desmovilización social.

Sin embargo algunos movimientos relativamente nuevos han aparecido en el panorama, aunque, de momento, sin demasiada capacidad de movilización social.

El movimiento okupa sigue vivo, pero estancado tratando de hacer frente a la represión. En este campo han surgido algunos grupos de denuncia de la carestía de la vivienda con cierta repercusión pública, que incluso han conseguido presionar lo suficiente, ante el general descontento, como para lograr algunos tímidos pasos por parte de las administraciones, como el incremento de viviendas de protección oficial para compra y alquiler.


Por la originalidad de sus métodos y su independencia de lo “político” podemos considerar a estos grupos como parte de eso que ya hace cinco años aventurábamos como nuevos movimientos sociales. También encajaríamos en este grupo a los que se oponen al desarrollismo en temas concretos como las grandes infraestructuras o la construcción de la “Euskal Hiria”. Sus alianzas con sectores de agricultores concienciados y con los restos del viejo ecologismo, pudiera presagiar un auge de estos movimientos aunque de momento no acaben de despegar. Así mismo los movimientos por la liberación sexual y aquellos que propugnan la liberación de las drogas han aumentado considerablemente y reflejan un rechazo social importante frente a las agresiones del Estado, que pese a las ensoñaciones de algunos teóricos libertarios a la Norteamericana, muestra su rostro más autoritario en lo social y en lo moral en esta etapa de capitalismo avanzado.


Por fin se han creado algunos grupos ligados a la anti globalización. Restos del viejo internacionalismo, sectores cristianos progresistas y gente del mundo de las ONGDs se han unido al calor del movimiento internacional globalifóbico.


Todos estos nuevos movimientos tienen en común que se adaptan mejor a las nuevas realidades sociales y captan mejor las contradicciones del actual estadio del capitalismo. En sus métodos que tienen en cuenta la importancia de la opinión pública porque son conscientes de que vivimos ya, aquí y ahora, en los que Debord llamó sociedad del espectáculo. En sus formas de organización horizontales y de búsqueda de consenso, frente al sectarismo y el vanguardismo de otras épocas. En su visión, por fin, de un mundo globalizado que exige por tanto estrategias internacionales o globales de lucha anticapitalista.


EL CONFLICTO ARMADO.

La decisión de ETA de atentar contra cargos electos populares y socialistas ha tenido en estos años consecuencias muy negativas para la izquierda abertzale, que ha sufrido una clara perdida de influencia social y un desgaste político muy importante. Aunque quizá la repercusión más nefasta de esta campaña ha sido la de aumentar la división de los trabajadores y trabajadoras vascas entre “vasquistas” y “españolistas”. Las huelgas generales del 19 y 20 de junio, además de ser un interesante ensayo de autodeterminación en el mundo laboral, nos muestran una foto de división de los trabajadores en este sentido. El actual accionar de ETA contribuye a acentuar esa división. La apuesta más importante de la izquierda abertzale ha sido y debe seguir siendo integrar a la mayoría de los trabajadores de Euskal Herria en un proyecto ilusionante para todos, independientemente del origen de estos. Esto fue lo que la hizo crecer, superando el nacionalismo etnicista de la burguesía nacionalista, creando una concepción nacional más moderna y adaptada a la realidad social. La actual confrontación juega en contra de esa integración. Una organización armada con cada vez menor apoyo social no puede ser el motor del cambio social en Euskal Herria, ni de una construcción nacional en clave popular. Ya hace mucho que se hace necesario un cambio de rumbo. La vanguardia armada debe ceder su puesto a la sociedad civil en lucha. Este proceso no se puede dar de la noche a la mañana, pero debemos de tener claro que este es el objetivo. Pienso que ya hemos pasado el límite desde donde era posible llevar a cabo un cambio dentro de la estrategia armada para hacerla más asumible por la población. El nivel de enfrentamiento es tan alto que se vislumbra como única salida, una solución digna con la salida de los presos a cambio del fin de la lucha armada. Eso no quiere decir que renunciemos para siempre a formas violentas de lucha. Aunque seguramente las nuevas formas de lucha, aun violentas, serán muy diferentes de las de la actual ETA. En todo caso, ahora, lo importante es poner toda la carne en el asador de las estrategias de lucha popular no violenta.

IDENTIDAD VASCA Y ESTADO NACIÓN

¿Está Euskal Herria, entendida como “hecho histórico diferenciado de larga duración”, en peligro de desaparición?.

¿Cuáles son las amenazas que auguran los nuevos tiempos para la identidad vasca?.

¿Es compatible el nuevo modelo de capitalismo global con el mantenimiento de identidades nacionales diferenciadas?.

¿Es el estado nación la única posibilidad para mantener y desarrollar la nación vasca?.


Responder a estas preguntas es crucial para saber en que dirección continuar la lucha por la libertad de Euskal Herria.

Empezaremos por buscar algunos indicadores de “identidad” para contestar con cierto rigor la primera pregunta. Diferenciaremos indicadores objetivos y subjetivos. Entre los primeros el idioma propio, el euskera, será sin duda el más importante. A pesar de la recuperación de las últimas décadas y del importante esfuerzo realizado, según fuentes autorizadas, el euskera continua en peligro de extinción. Esta situación está relacionada con la desaparición de la sociedad tradicional vasca, sobre todo rural, que había sido durante siglos su ámbito de utilización. Todavía es pronto para saber si el euskera sobrevivirá a este cambio sin precedentes en la historia, aunque, parece haber signos esperanzadores para que así sea.


Más difíciles de analizar son otros rasgos identitarios diferenciales, como la tendencia asociativa o características culturales propias que conforman una manera de ser diferenciada. Estas características son dinámicas y por supuesto están influidas por su entorno geográfico cultural más inmediato y por la cultura globalizada. Cada uno de estos rasgos por sí mismo no constituye un indicador fiable, aunque sí podemos ver un cierto auge de características culturales diversas ( la pelota, la gastronomía, la música, el bertsolarismo…) En todo caso el conjunto de estas manifestaciones es lo que consigue una auto percepción subjetiva de ser un pueblo diferenciado.

Aquí entramos en el segundo bloque de señales. La percepción subjetiva de pertenencia a un pueblo y el deseo de mantener y desarrollar libremente este hecho diferencial. Es innegable la existencia del sentimiento nacional. No solamente como resistencia a la imposición sino como valor positivo en sí mismo. Como un deseo de ser.


Desde luego cuanto más se niegue desde el exterior este deseo, más se afirmará en sentido negativo, frente al otro. Esta afirmación frente al otro, conlleva cierta lógica perversa, ya que entiende que la resistencia en sí misma es la clave identitaria de Euskal Herria, olvidando la fuerza positiva que encierra. Manifestar esta fuerza positiva es clave para crear el consenso suficiente para su realización práctica. Considerar la resistencia al invasor como fundamento de la supervivencia de Euskal Herria como pueblo es, a mi entender, un error histórico. La capacidad de adaptación y la creatividad de la cultura vasca ha sido lo que ha conseguido que esta cultura sobreviva a lo largo de la historia. Es la historia vasca una dinámica de pactos y componendas con los diferentes pueblos y culturas que han pasado por su territorio. Este territorio, lejos de ser un lugar apartado, ha sido históricamente un lugar de paso y probablemente esta situación geográfica le ha servido como elemento de fuerza negociadora de cara a mantener cierta autonomía cultural y política. Sin embargo la pervivencia de un sistema de adaptación al ecosistema, durante milenios, demuestra la eficacia de tal sistema y su capacidad de adaptación a realidades económicas y culturales cambiantes.


Decía Borges, que los vascos son un pueblo que no ha hecho otra cosa a lo largo de la historia que cuidar de vacas y ovejas. Más allá de la intención peyorativa y exagerada de esta afirmación, no deja de reflejar una realidad.

Si, como dice Santiago Alba, estamos ante el definitivo fin del neolítico, el reto que afronta la identidad vasca en este nuevo milenio es de una entidad mayor que los que enfrentó en épocas pasadas.


Una identidad diferenciada sólo sobrevive si es funcional para la población que la sustenta, si no, se convierte en folklore, en algo muerto.

El proceso de globalización capitalista cosifica las identidades, las convierte en mercancías, las integra anulándolas como formas funcionales de vida.

Esta es, a mi modo de ver, la principal amenaza para la pervivencia de Euskal Herria como forma de vida diferenciada y funcional.

En este sentido sólo la lucha anticapitalista es eficaz, a largo plazo, como lucha de liberación nacional.


Las dos últimas preguntas que nos hacíamos se refieren, más bien, al ¿qué hacer?, al corto plazo.

Antes de entrar a contestarlas debemos considerar nuestra posición ante una pregunta crucial.


¿Es el capitalismo el futuro cierto de la humanidad en este nuevo siglo?. O más bien ¿Estamos ante los estertores de un viejo sistema que alumbrarán una nueva forma de organización social?. Dar una respuesta objetiva a esta cuestión es imposible aún. Pero nuestra opción política por la superación del sistema se basa no sólo en el deseo, sino en la constatación de que este sistema está caduco, que no resuelve los graves problemas de la humanidad, y por fin, en la intuición de que otro mundo es posible. Utilizando la terminología marxista, pensamos que las fuerzas productivas superan ya el modo de producción capitalista. Por tanto creemos que es posible, aunque no necesariamente será así, construir otro modo de producción, otra forma de organización económica y social.


El problema, creo yo, es que no somos capaces de concebir, ni mucho menos llevar a la práctica una forma de vida en común que no esté basada en la acumulación de capital y en la guerra como forma de conseguir beneficio social.


El socialismo de estado, el socialismo real, fracasó de forma estrepitosa en todo el mundo. Desde nuestra perspectiva la organización vertical de la sociedad que degeneró en burocracia, autoritarismo y corrupción es una de las causas de este fracaso. Otra sería la imposición de una cultura homogénea que no respetó las identidades como formas diversas de vida, sino que las consideró como reminiscencias de un pasado precapitalista. Verticalidad y homogeneidad. El capitalismo real mantiene esas dos características pero es capaz de invisibilizarlas haciéndonos creer que vivimos en un mundo horizontal y diverso. Esto es lo que llamamos sociedad capitalista espectacular. Salvando las distancias, nos encontramos en la situación de aquellos pensadores tardo medievales que siendo conscientes de la profunda corrupción de la Iglesia, y aun denunciándola, no eran capaces de concebir un mundo sin dios. De hecho sólo con una mirada hacia el pasado clásico fue que consiguieron librarse de las cadenas de la “ciudad divina” para considerar al hombre como medida de todas las cosas.

¿A qué pasado podemos mirar hoy para librarnos de las cadenas del nuevo dios del capital?.


El discurso del movimiento indígena, el neozapatismo, el primitivismo, el ecofeminismo… son miradas hacia el pasado precapitalista no para repetirlo sino para conseguir deconstruir una estructura mental, un imaginario capitalista y ser capaces de pensar y realizar un futuro diferente. Pero también son miradas a un pasado que es presente, porque la idea del tiempo como una línea de progreso no tiene sentido en la concepción indígena de la vida.


Euskal Herria, en la mejor de nuestras fantasías, podría ser uno de los puntos de unión entre lo indígena y lo posmoderno capitalista, entendido como crisis, que nos ayude a concebir y realizar una sociedad radicalmente distinta a la del imperio del capital. Esto no lo podremos hacer tratando desesperadamente de ser un centro de poder capitalista de segunda fila, sino desarrollando toda nuestra creatividad para construir algo nuevo. Queremos ser otra Florencia o Amberes renacentista y no los vasallos del tecno papado estadounidense. Esta tarea excede a nuestras fuerzas y además presentimos que la sociedad futura que queremos será diversa. Por tanto debemos establecer lineas de intercambio con otros puntos de unión de esta red anticapitalista, con nudos fuertes, para que no se rompa al primer embate.


El debate entre universalismo contra identidad nacional es falso desde esta perspectiva. El auge de las identidades no tiene por que ser un obstáculo para la superación del capitalismo. Por ejemplo cuando se habla de violaciones de derechos humanos en los pueblos indígenas se ignora por una parte que, en general, los sistemas de estos pueblos son más pacíficos que el nuestro y por otra el potencial de futuro de sus propuestas que son fundamentalmente anticapitalistas. Existen posibilidades de organización global entre formas diversas de vida que se influyen entre sí y no necesariamente se destruyen unas a otras. El debate sobre si son necesarias normas comunes mínimas no puede darse desde la imposición sino desde el consenso. Algunos conceptos y prácticas como la solidaridad, la igualdad, la comunidad, la libertad individual y colectiva, el acceso al bienestar por la mayoría, el desarrollo sostenible, la curiosidad intelectual… yo creo que son, si no universales, sí aceptados como positivos por la mayoría de la humanidad, aunque entendidos de forma diversa. Quizá puedan ser puntos de consenso entre diferentes formas de organizar la sociedad y de relación entre ellas. Sin embargo todo ese discurso se vuelve falso si se enmarca en un mundo regido y basado en el poder cuasi teocrático del capital que choca contra la realización de esos valores en la práctica.


Una vez aclarado este punto retomaremos la última pregunta que nos hacíamos en un principio.

La actual construcción europea, por lo menos en el momento presente, se basa en dos pilares básicos. Las decisiones se toman a través de procesos negociadores entre los Estados miembros y responden a una lógica económica que, en cierto modo, transciende a los Estados y sus intereses particulares. Se incorpora una burocracia europea que define las grandes líneas macro económicas a seguir, tomando en cuenta el mercado mundial, los intereses de las multinacionales, negociando con Estados Unidos y con los centros de poder económico internacional como el FMI, BM, OMC…


Así, las naciones sin Estado quedan fuera de este mecanismo y sólo los Estados tienen posibilidad de decisión sobre sus territorios, aunque matizada e influida por los centros de poder comunitarios e internacionales. En ese contexto toma forma la idea de la construcción de un estado vasco dentro de la unión europea, que, desde un punto de vista pragmático, es el nivel máximo de autogobierno a que podríamos aspirar. Sin embargo como hemos visto antes desde una perspectiva de superación del modelo capitalista esta opción tampoco supondría una garantía de desarrollo creativo de la identidad vasca fuera de los estrechos márgenes del capitalismo avanzado. Ya conocemos que el proyecto de la burguesía vasca nacionalista se basa en conseguir el mayor grado posible de decisión en la Unión Europea. Sin embargo existen muchos vínculos de unión entre la burguesía vasca y la española ( intereses comerciales, financieros…). Desde los sectores más pactistas del nacionalismo conservador se exploran modelos de soberanía compartida que por una parte les dejen manos libres para desarrollar su proyecto en Europa y por otra no perjudiquen sus intereses en el Estado Español.


La actitud de la izquierda abertzale mayoritaria ante esta tesitura es la de presionar, de forma indirecta a través de la lucha armada, a la burguesía vasca hacia una salida independentista y boicotear, por tanto, cualquier opción de soberanía compartida con el gobierno español. Esta estrategia se basa en la convicción de la imposibilidad de elaborar un proyecto propio, con fuerza suficiente, como para liderar un proyecto independentista desde la izquierda. No confía en las propias fuerzas y se dedica a presionar, con relativo éxito, al nacionalismo vasco conservador. Incluso se ha llegado a decir que no importa perder votos e influencia política sobre la población con tal de conseguir el Estado vasco. Al margen del debate sobre la eficacia del terrorismo para conseguir este fin (a veces parece que consigue lo contrario) esta estrategia hipoteca el futuro dejándolo en manos de los jauntxos del PNV.


Volvemos a repetir que sólo una izquierda abertzale fuerte con un proyecto político sólido e ilusionante es garantía de autodeterminación en sentido popular, con la participación democrática de la sociedad vasca en sus decisiones de futuro.

En el fondo la pregunta es si queremos un Estado a cualquier precio o, más bien, nos interesa crear una forma de gobierno popular que asegure la pervivencia y desarrollo de la identidad vasca en claves de izquierda antiautoritaria.


La primera opción exige unidad nacional con la burguesía nacionalista vasca y la presión del independentismo, aunque no necesariamente de forma violenta. La segunda la construcción de un bloque popular fuerte, con la suficiente energía como para demostrar a la mayoría social que el autogobierno supondrá un cambio real en la cotidianeidad de sus vidas. La primera es estrategia a corto plazo, en el sentido de aspirara a ser una estrella más en la bandera de la Unión Europea. La segunda es a largo plazo sumándonos a las fuerzas anticapitalistas de dentro y fuera de Europa, de cara a superar el capitalismo creando una sociedad diferente, más justa e igualitaria, que permita desarrollar nuestra identidad.

Hablar de estrategia a largo plazo no significa echarnos a dormir sino empezar desde ahora mismo a construir los cimientos de una sociedad no capitalista.


En parte es una estrategia de resistencia tratando de mantener lo público o lo común como una serie de derechos. Derecho a la educación gratuita, a la sanidad pública, al trabajo digno, la lucha contra la explotación laboral y la feminización de la pobreza. También supone implementar derechos nuevos como el salario mínimo garantizado, el reparto del trabajo o las 30 horas semanales.


Es necesario además fortalecer el comunitarismo vasco, el euskera y la cultura popular, creando cooperativas no capitalistas. Explorar el desarrollo autocentrado y la soberanía alimentaria. Crear una cultura alimentaria más sana y que sirva para regenerar la agricultura no capitalista y ecológica. Impulsar el movimiento social apoyando las iniciativas de voluntariado en sus más variadas expresiones. Integrar las nuevas corrientes migratorias enriqueciéndonos con sus aportes culturales y asegurando a los emigrantes los mismos derechos que a los nativos.


Garantizar la libertad sexual y la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres. Despenalizar el consumo y venta de las drogas incidiendo en la información y la prevención sobre sus efectos no deseados.

Luchar por estos objetivos exige un poder popular fuerte con capacidad de negociación con la burguesía y que construya desde la sociedad civil las bases de la nueva Euskal Herria. Que haga ver a la mayoría que las propuestas que lanza son posibles.


Se nos dirá que todos estos objetivos son más fáciles de conseguir con un Estado propio. Seguramente sí pero sólo si este Estado los impulsa o por lo menos no entorpece su desarrollo. El derecho de autodeterminación cobra así un sentido más amplio, no meramente político, en la acepción tradicional del término, sino como la capacidad de desarrollo del deseo de ser de una sociedad o un pueblo más allá del capitalismo.


EL CONFLICTO VASCO Y LA POLÍTICA EN EUSKAL HERRIA

Llegados a este punto del discurso, cuando abordamos el tema de lo político, estaríamos tentado de decir que llegamos al meollo de la cuestión. En realidad ésta es una idea deformada por una visión espectacular de la realidad, ya que como mejor analizaremos la situación, también política, de Euskal Herria es buceando en lo social. Esto a pesar de que si en algún lugar tiene cierta importancia la política es aquí, porque en gran parte del mundo la política es una preocupación muy secundaria de las gentes. Esto responde a la creciente privatización o mercantilización de la vida que hace que los asuntos de la ciudad pierdan importancia en beneficio de los del dinero.


La pregunta que nos hacemos es si las viejas estructuras de la política sobrevivirán a la nueva economía o de que forma cambiarán en el futuro. De momento la respuesta que hemos visto en estos años es doble: Pérdida de poder económico y social de las instituciones políticas tradicionales y aumento de las estructuras represivas estatales. Se nos presenta un mundo donde lo político se limitará a mantener la seguridad del orden económico, cada vez con menores pretensiones de regulación social.


Podemos considerar que estas afirmaciones son exageradas ya que el Estado aún cumple un importante papel de regulador social y económico. Y, sobre todo, se podrá argüir que la situación se puede invertir y volver así a un pacto social garantizado por el Estado. En suma volver a la modernidad socialdemócrata, si es que alguna vez existió, y además hacerlo desde Euskal Herria y para Euskal Heria. La esperanza de Lizarra fue para muchos ciudadanos, además de conseguir una paz justa, la posibilidad de construir un pacto con la burguesía vasca. Se entreveía la posibilidad de crear el “Estado social vasco”. La mayoría sociológica de izquierdas y la firme vigilancia de la izquierda abertzale sobre el cumplimiento de los derechos de trabajadores y trabajadoras sería el contrapeso democrático al proyecto de construcción capitalista de la burguesía nacionalista.


¿Podemos seguir manteniendo estas esperanzas?. Es posible que si, pero el tiempo corre en contra de esta posibilidad. De un lado la pérdida de influencia política y social de la izquierda abertzale atascada en el conflicto armado y de otro la derechización social, el aumento de los valores competitivos y antisolidarios, juegan en contra de este escenario.

Además, como hemos visto, el proyecto económico de la burguesía nacionalista continúa su marcha en relativa pugna con los intereses de la oligarquía española. Este proyecto, como en otras partes, es profundamente neoliberal a pesar de la imagen política que se quiere dar de capitalismo social con la inclusión de IU en el gobierno vasco y ciertas declaraciones socialdemócratas de EA. A pesar de ello el contrapeso de la izquierda es meramente simbólico.


LA OFENSIVA DEL ESTADO ESPAÑOL CONTRA LA IZQUIERDA ABERTZALE

Como es sabido, el gobierno del PP con el apoyo de la oposición, de la judicatura y la supuesta aquiescencia de la opinión pública española ha establecido un estado de excepción no declarado en hego Euskal Herria. Una vez establecidas las leyes excepcionales, e incluso con medidas claramente ilegales, se ha procedido al sistemático desmantelamiento de las organizaciones civiles de la izquierda abertzale, en sentido amplio, en un proceso que poco tiene que ver con la lucha antiterrorista. Así mismo se han conculcado los derechos de manifestación y expresión de una parte significativa de la sociedad vasca. En esta ofensiva casi todo vale y se reproduce la tortura, se detiene a cientos de personas sin garantías jurídicas y sin motivos delictivos, se clausuran lugares de reunión, anuncian la disolución de ayuntamientos…


La policía autonómica, a pesar de las declaraciones en contra del gobierno vasco, colabora con esta ofensiva obedeciendo los autos judiciales del famoso juez Garzón. El parlamento vasco, de momento, mantiene la pluralidad política dentro de sus muros.

La ofensiva tiene también su vertiente mediática. Demonización no ya sólo de la izquierda abertzale sino del nacionalismo vasco en su totalidad. Ciertamente, con la excusa del terrorismo, como en otras partes, se arremete contra cualquier posición política fuera de los márgenes establecidos. Ante las próximas elecciones municipales y provinciales se presenta una situación en la cual la segunda fuerza política del país no se podrá presentar.


LA RESPUESTA DE LA IZQUIERDA ABERTZALE CIVIL

Claro está que ante una ofensiva de este calibre el margen de reacción es escaso. La respuesta de militantes y dirigentes de BATASUNA ha sido de resistencia no violenta y de movilización popular consiguiendo algunos éxitos como la manifestación de Bilbo el 14 de septiembre donde acudieron decenas de miles de personas. La respuesta de los movimientos sociales y de organizaciones de la IA no enmarcadas en el sector mayoritario ha sido muy débil. Esto demuestra por una parte la debilidad del movimiento social vasco y por otra el aislamiento social y político de BATASUNA y su entorno.

Después del éxito de la manifestación conjunta y legalizada contra la ley de partidos políticos en junio, una de las mayores de los últimos tiempos, no se ha conseguido una mínima unidad de acción entre los sectores progresistas de la sociedad frente a la ofensiva estatal. Esto se debe en parte a la decisión de BATASUNA de liderar las movilizaciones y también a la cobardía política del nacionalismo moderado, gobernante en la CAV, más preocupado por mantener la gobernabilidad que por defender los derechos civiles.


LA RESPUESTA DE ETA

ETA intenta de un lado dar una respuesta militar a la ofensiva estatal con atentados en España y con la amenaza de atentar contra sedes y actos públicos del PP y PSOE. Además parece que prepara el terreno para posibles ataques contra sectores pactistas del PNV y contra la Hertzantza. Los objetivos a conseguir serían impedir la celebración normalizada de las próximas elecciones y la presión al PNV hacia posturas rupturistas. A pesar de los duros golpes policiales contra su estructura, el clima de radicalización y la imposibilidad de hacer lucha política llevará previsiblemente a muchos jóvenes a engrosar las filas de ETA. Esta situación tiene el peligro de ahondar la quiebra social llevándonos a situaciones de enfrentamiento civil de imprevisibles consecuencias. ETA trata de mantener el mismo nivel de acción militar que el Estado y romper la desigualdad de fuerzas militares con acciones de gran impacto social. Si ETA cumple sus últimas amenazas, y así suele ser, cualquier militante o simpatizante del PP o PSOE puede ser asesinado por el mero hecho de serlo. Elevar el nivel de enfrentamiento en este sentido es, a nuestro entender, una estrategia irresponsable y de total falta de ética política.


LA RESPUESTA DEL GOBIERNO VASCO

 

El PNV necesitaba mover ficha ante esta situación. Para no perder parte de su electorado más nacionalista y para conseguir retomar la iniciativa política frente a la ofensiva del gobierno español. Además necesitaba ganar tiempo esperando un posible cambio de gobierno en España más favorable a sus intereses. La opción del pacto con el PSE sigue siendo factible, pero sólo en el futuro, cuando el PSOE decida romper la unidad con el PP en la estrategia sobre el conflicto vasco, si es que lo hace.


Así pues decide lanzar una propuesta de gran impacto mediático tratando de recoger parte del electorado de BATASUNA desencantado con la lucha armada y mantener sus votantes más nacionalista a buen recaudo. Por otra parte para no perder su carácter centrista evita el enfrentamiento directo con el Estado limitándose a aumentar el tono del enfrentamiento dialéctico.

La virtualidad de la propuesta del Lehendakari estará condicionada por un lado a la capacidad de atraer a sectores de la izquierda abertzale y por otro a conseguir apoyos de los sectores vasquistas menos proclives a aventuras soberanistas, sobre todo en el campo empresarial. El hecho de que desde la izquierda abertzale se incida más en la falta de voluntad del gobierno vasco para llevarla a cabo que en la crítica del propio contenido de la propuesta abre alguna posibilidad de acuerdo. Se podría entender que la mayoría de la población de la CAV y una minoría importante en Nafarroa aceptarían una solución de este tipo. Sin embargo la radical oposición del Estado español, que ya esgrime de forma simbólica la fuerza de las armas, juega en contra de esta posibilidad.


Las bases para conseguir un pacto con la izquierda abertzale sólo pueden venir de una estrategia valiente de desobediencia política ante la ofensiva estatal contra los derechos civiles. Sólo así conseguirá credibilidad en una parte de la sociedad vasca que ve conculcados sus derechos políticos más elementales. Esto supone asumir graves consecuencias incluida la pérdida por la fuerza de las instituciones o de parte de ellas, pero sólo de esta forma conseguirá superar el conflicto que vivimos hace ya demasiado tiempo y establecer una situación democrática a largo plazo.


POR UN CAMBIO DE ESTRATEGIA HACIA LA CONSTRUCCIÓN NACIONAL DESDE LA IZQUIERDA Y LA LUCHA POPULAR.

Frente a la idea de que, una vez cerradas las vías políticas, no queda otra solución que la lucha armada, nosotros nos reafirmamos en que es necesario un cambio de estrategia en la lucha por la libertad de Euskal Herria.


Este cambio debe ser precedido por la convicción de que no es posible confiar en que la burguesía nacionalista lidere un proceso soberanista y de que su proyecto, de llevarse a cabo, no es el nuestro. No podemos consentir que la derecha vasca se apropie de las propuestas que la izquierda abertzale construyó con esfuerzo en las últimas décadas. La solidaridad entre los pueblos, la idea de una nación basada en la libre adhesión, la construcción de espacios de libertad en la sociedad civil, la unidad de los trabajadores y trabajadoras frente al capital vasco o español, la construcción de una Euskal Herria más justa y democrática. Decía un dirigente de BATASUNA que no sería la primera vez que un partido nacionalista moderado, el PNV, se mantuviera legal frente a la ilegalización de otro más radical como ABERRI. Poner todo el acento en esta diferencia es obviar todo el discurso y la práctica de izquierdas de su propia organización desde la transición. No es posible repetir la historia, las coordenadas sociales y políticas han cambiado y ha sido la propia izquierda abertzale quien ha impulsado este cambio. Esto no es una guerra entre vascos y españoles, ya hace mucho que sabemos que las cosas no son tan sencillas; que los pueblos son, a menudo, dirigidos por sus gobernantes a la muerte en nombre de la patria. ¿Acaso es necesario recordar que la lucha no es contra los pueblos del Estado español sino contra la oligarquía y la partidocracia españolas?.


Frente a las tentaciones de regresar a un nacionalismo decimonónico, frente al otro, debemos continuar en la línea de construir una alternativa popular que fue modelo a seguir por las fuerzas progresistas europeas. Un modelo moderno basado en la participación popular y en la no exclusión. Un modelo que recoja nuestra tradición asamblearia y asociativa y la dote de significado, actualizándola, desarrollándola, enriqueciéndola con aportes externos. El ejemplo del euskera me parece significativo en este punto y también en su desarrollo moderno fue clave la izquierda abertzale. Si hubiera sido por el nacionalismo conservador nuestra lengua sería pieza de museo. Si por algo resulta interesante e innovador el discurso de la izquierda abertzale es por la constatación de que construcción nacional y social están indisolublemente unidos. Hoy es el día que esa constatación es recogida de forma retórica por la burguesía nacionalista en un sentido capitalista con fachada social. Lo mismo le pasó a la izquierda española y a la de otras partes, le arrebataron sus propuestas, engañaron a la gente. ¿Es que no hemos aprendido nada en estos años?, ¿ La única respuesta que somos capaces de dar es volvernos sobre nosotros mismos y reaccionar contra los ciudadanos vascos que desean, legítimamente, ser también españoles?. Un nuevo paradigma de libertad recorre el mundo, entenderlo y adaptarlo a nuestra lucha es crucial. Si no lo hacemos, quedaremos estancados en una guerra sin sentido y al final perderemos. Iniciar un nuevo camino no es sinónimo de llegar a la meta, las dificultades son muchas, pero en el camino aprenderemos y recuperaremos la ilusión perdida. A los que dicen que ETA es el único camino les respondemos que confíen más en ellos mismos y en su pueblo. A los que dicen que no presentamos alternativas creíbles les respondemos que las alternativas se hacen en el día a día y que, aquí y ahora, ETA cierra más caminos que los que abre.

Cuando decimos que la producción de objetos se traslada a la periferia capitalista, no nos estamos refiriendo solamente a una traslación geográfica hacia fábricas de países empobrecidos. También en los países ricos las tareas más ingratas, y que menor salario o beneficio reportan, las realizan trabajadores/as periféricos. Entre estos se cuentan los emigrantes y las mujeres. De las mujeres hablaremos más tarde, pero, si por algo se han caracterizado estos últimos cinco años es por la llegada “masiva” de emigrantes a nuestra tierra. A pesar de que el fenómeno está apenas comenzando. ¿Qué proporción de vascos y vascas trabajan todavía en las zanjas de obra de las grandes infraestructuras?. ¿Quién realiza las labores agrícolas de los productos más rentables?. ¿Quién trabaja en las cocinas de nuestros magníficos restaurantes?. ¿Quién cuida de las casas e hijos de las familias pudientes?.

 
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