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Entre la espada del Estado y la pared de ETA II | Entre la espada del Estado y la pared de ETA II |
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| Escrito por Ramón Fernández Durán | |
| jueves, 15 de marzo de 2007 | |
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¡Cuidado! Tras el 30-D y sus secuelas, la derecha conquista claramente la calle
Indudablemente, el nuevo escenario creado por la bomba en la T 4 ha influido en las últimas medidas estatales, tales como la sentencia del Supremo declarando organización “terrorista” a la rama juvenil de la izquierda abertzale (una decisión tomada por tres votos contra dos), lo que puede reforzar temporalmente a los sectores más “duros” e“intransigentes”; si bien la entrega de los 19 de Segi, ha sido una muestra dura y dolorosa, pero valiente, de otras formas de hacer política (en las actuales circunstancias), y ha tenido una gran repercusión mediática. Igualmente, las duras peticiones del fiscal en el caso del macrosumario 18/98, han sido también muy probablemente consecuencia del nuevo clima sociopolítico tras el atentado de Barajas, lo que pone aún más difícil el llamado “proceso de paz”.
Y el atentado del 30-D está haciendo asimismo todavía más complicada la legalización de la izquierda abertzale de cara a las próximas elecciones municipales. Por último, la decisión del gobierno en el caso De Juana Chaos, de trasladarlo a Euskadi y atenuar su régimen penitenciario, ante la posibilidad de un fin abrupto de su vida, y que ha animado a éste a dejar la huelga de hambre, está provocando un enorme tensionamiento político por la estrategia de acoso de la derecha (y la ultraderecha), que se está disparando sin límite en estos días, intentando explotar que unas dos terceras partes de la población española está en contra de la medida.
En este sentido, la manifestación de la AVT del 3 de febrero en Madrid marcó un verdadero primer hito en dicha estrategia de tensionamiento, ganando la calle mediante la utilización de las víctimas, la política “antiterrorista” y la bandera nacional. La movilización fue mayor que la del día 13 de enero (la convocada por los sindicatos, fuerzas de izquierda y asociaciones de ecuatorianos), si bien no de forma significativa. Los lemas esgrimidos eran bien ilustrativos del nuevo clima: “Por la libertad, derrotemos a ETA, no a la negociación”, así como el desmarque tajante de la “paz” en el comunicado de cierre de la manifestación. Se trata pues de derrotar a ETA, y todo lo que ello conlleva. Además, ya se entrelaza el “A por ellos”, con el “oé, oé, oé” de los grandes choques futbolísticos de la selección española, lo que inflama aún más a una hinchada plagada de símbolos patrios, y hasta se utiliza el himno nacional para clausurar el acto. Pero el objetivo es llegar de esta manera a centenares de miles de personas, pues esta mezcla de política espectáculo rastrera, mezclada con el deporte de masas por excelencia, es un cóctel explosivo de enorme impacto en una sociedad acomodada y anestesiada (asentada sobre un mar de precariedad, y exclusión social en ascenso), que es capaz de movilizarse masivamente, p.e., para asistir a la presentación en sociedad del nuevo coche de Fernando Alonso (más de 100.000 personas recientemente en Valencia).
Pero la movilización impulsada el 10-M directamente por el PP contra la política del gobierno en el caso De Juana Chaos supone un cambio cualitativo, para lo cual se ha utilizado todo tipo de mentiras (denuncia de la “falsa huelga de hambre”, de la “liberación” de De Juana, de la “claudicación” del Estado, etc). La movilización ha sido masiva, logrando incrementar en un 65% el techo que venía manifestándose en las sucesivas convocatorias previas, y duplicando lo que pudo convocar la izquierda el 13 de enero. La manipulación del rechazo a la muerte de una muy amplia mayoría social, un sentimiento básico muy humano, utilizando la figura de De Juana Chaos como el máximo representante de la misma, ha sido instrumentada por los herederos históricos de aquellos que se alzaron bajo el lema de ser los “Novios de la Muerte”, y que aplaudían a rabiar cuando Aznar implicó a España en la guerra contra Irak (que ha provocado ya centenares de miles de muertos). ¡Que inmensa hipocresía! Y no solo eso, el lema de la movilización: “España por la libertad, no más cesiones a ETA”, junto con la canción “Libertad sin Ira” que se pudo escuchar al término del acto, suenan a risa, por no echarse a llorar, cuando los herederos también de haber eliminado las libertades también durante casi cuarenta años están caminando cada vez con menor disimulo hacia posiciones claramente autoritarias, pues la única libertad que defienden es la libertad sin freno del capital y el mercado, caiga quien caiga. Es por eso por lo que la apreciación de Olano diciendo que lo conseguido por De Juana había sido una victoria política (que en cierta medida lo es), debería ser puesta en tela de juicio, sobre todo en el contexto en el que se da.
Con el caso De Juana la derecha ha conquistado claramente la calle, pero ello ha sido posible porque antes tuvo lugar el 30-D, y porque ha habido toda una evolución histórica en la percepción ciudadana del llamado conflicto vasco, en el que el papel de ETA ha sido decisivo, eso sí, manipulado sabiamente por el Estado y los mass media. Se ha pasado de movilizaciones masivas en los setenta a favor de la causa vasca (contra el juicio de Burgos -1970-, contra los fusilamientos de miembros de ETA y del FRAP -1975-), a escala estatal e internacional, y que hicieron recular a la mismísima dictadura de Franco (juicio de Burgos), a movilizaciones masivas contra la ETA y la izquierda abertzale a nivel estatal (el 9-M hubo también importantes concentraciones en la mayoría de las ciudades, eso sí, del Ebro para abajo), y hasta concentraciones delante de algunas embajadas españolas en el extranjero, protagonizadas en este caso por la hija de Aznar y Alejandro Agag. ¡Cómo cambian los tiempos! Pero a ese cambio de los tiempos, repetimos, no es para nada ajena la trayectoria de ETA. Y la izquierda abertzale ha perdido claramente los corazones y las mentes de la inmensa mayoría de la población al sur del Ebro, que el PP intenta inflamar con la bandera española como estandarte omnipresente. El mundo abertzale debería pues reflexionar en torno a ello, y ver cómo puede llegar a “seducir” otra vez (aunque solo sea en parte) a la población fuera de Euskal Herria, y no sólo a la que allí habita, como nos ha dicho Otegui que iba a hacer. Y quizás la manera más sencilla de seducirla es exigiendo a ETA que se autodisuelva. Así de fácil. Y así de difícil al mismo tiempo.
El PP sabe que ha pillado cacho, y no va a soltar fácilmente la presa. Es más, ahora continuará movilizando contra la presencia del mundo abertzale en las municipales, y por supuesto contra el “proceso de paz”, y especialmente contra cualquier medida a favor de los presos de ETA, al tiempo que nos alerta que “Navarra también es España”. Eso por no hablar de que la tabarra ETA-Al Qaeda en el juicio del 11-M no hecho sino empezar, y que se recrudecerá en los próximos meses ante las nuevas amenazas de la yihad contra España por la presencia de sus tropas en Afganistán. Está visto que el PP va a utilizar a ETA, y a la política antiterrorista, entendida por supuesto en sentido amplio (¡todos los que cuestionemos el orden vigente podemos llegar a ser terroristas!), para recuperar el poder, y tratar de imponer el nuevo orden que pretende (¿es acaso éste el escenario que va buscando ETA? con el fin de conseguir una “reacción de Euskal Herria”). Además, el PP sabe que de esta forma se sepultan las luchas y los temas más incómodos para él, en concreto la corrupción y el desmadre urbanístico y territorial (en el que el PSOE y otros tienen también muchas cosas que ocultar), sobre todo de cara a las municipales. Pero también se enmudece todo el debate que se estaba suscitando respecto de la memoria histórica (a partir de la ley descafeinada de los socialistas), además de en torno a la privatización de la sanidad, la educación, las pensiones, etc., etc., etc., en los que el PP mantiene una actitud más beligerante. El 30-D, y el subsiguiente caso De Juana Chaos, han sido una verdadera bendición para ellos. Como le gritan sus huestes a Zapatero: “entraste por Atocha, y saldrás por Barajas”. Y en ese nuevo orden que se avizora en sus planteamientos, para nada se vislumbra una salida al conflicto vasco, es más se utilizará éste también, y fundamentalmente, no solo para auparse al poder, sino para afianzarse en el mismo, e imponer nuevas y aún más duras formas dominio, que incluirán un reforzamiento de las estructuras de poder patriarcal. Además, ya hay grupos de “incontrolados” que al calor de toda esta sinrazón están empezando a atacar sedes de organizaciones políticas, sindicales y sociales. Es preciso pues parar esta deriva demencial.
¿Y ahora qué podemos hacer nosotros? ¿Cómo hacemos para caminar hacia otros mundos posibles?
Estamos en un mundo que se está cayendo ya literalmente a cachos, y en el cual las estructuras de poder a escala mundial parece que nos quieren conducir a una guerra civil global, al tiempo que van asentando formas de gobernabilidad cada vez más autoritarias, como manera de garantizar (vanamente) su dominio. Lo estamos viendo claramente en estos últimos tiempos en Oriente Próximo y Medio, así como en otras partes del mundo, mientras nos llevan imparablemente hacia el “Choque de Civilizaciones”, pues no en vano más de dos terceras partes del petróleo mundial está bajo suelo islámico.
Y aquí, en el Estado español, la derecha del PP está apostando claramente por esa opción confrontativa.El PSOE lo hace de una forma más suave, intentando subyugar al mundo, y subyugarnos,con la Alianza de Civilizaciones, pero sin propiciar cambios estructurales que la hagan realmente viable. El PP está jugando de esa forma tal vez previendo que pueda producirse un cambio brusco de escenario económico y mundial (pinchazo de la burbuja inmobiliaria, subida acusada de los precios del petróleo, caída fuerte del crecimiento, crisis del dólar,colapso financiero global, posible ataque a Irán, guerra total en Oriente Próximo y Medio, etc.), en este capitalismo global energívoro, mafioso, especulativo y de expropiación, hasta ahora sin límite, en el que estamos instalados. Uno de cuyos “paraísos” es el Estado español.
Y la excusa perfecta es la “gran amenaza terrorista de ETA”, así como el tensionamiento social e interterritorial que impulsa a todos los niveles (una vez más lo estamos viendo con el recurso de inconstitucionalidad del Estatuto de Cataluña), y que puede ir a más en el futuro si no reaccionamos. Da verdadero miedo observar a dónde nos puede conducir esta dinámica en la que se está instalando la vida política española. Es por eso por lo que acontezca en Euskadi para nada nos es ajeno al conjunto del Estado español, y menos a los sectores emancipadores que buscamos un cambio en las relaciones de poder existentes, y un cambio de modelo de productivo y de sociedad, hacia formas más justas, antipatriarcales y sostenibles.
Es preciso pues que nos impliquemos en impulsar el llamado “proceso de paz” en Euskadi, y que no dejemos el mismo al albur de los partidos políticos y las instituciones del Estado.
Es más, es perentorio que presionemos desde abajo sobre ellos, para lograr no solo la “paz”, sino que no se acabe convirtiendo ésta en una segunda Transición, que afiance las estructuras de poder existentes, y coarten las dinámicas de cambio social que laten en Euskadi. Como dice Juan Ibarrondo, es preciso “cerrar viejas guerras, para abrir nuevas luchas”. Y para eso, es fundamental que volvamos a reconstruir los puentes rotos entre los movimientos sociales de Euskadi y del resto del Estado, y entre los mundos en los que se desenvuelven. Es urgente activar a la llamada sociedad civil en todo el Estado para impulsar un proceso en ese sentido. Es perentorio introducir estos temas en las distintas agendas de lucha, desde las movilizaciones por una vivienda digna y en contra el desmadre territorial, a las de denuncia de la deuda externa y por la solidaridad internacional, pasando por los conflictos laborales, el rechazo a la guerra global permanente, o las demandas feministas, por mencionar solo unos cuantos frentes de lucha. Y algo así parece que está ocurriendo poco a poco, en especial en Euskadi. Ese es quizás el aspecto más positivo que está aconteciendo en estas últimas semanas, cuando parece que los sectores emancipadores más activos de la sociedad están reaccionando ante toda esta sinrazón. El atentado del 30-D curiosamente está contribuyendo a ello. Mucha gente de bien está verdaderamente harta, y tiene ganas de hacer algo para buscar una salida a toda esta locura.
En Euskadi ha surgido una iniciativa ciudadana muy plural, Milakabilaka (algo así como “miles de personas buscando una salida”), que se ha empezado ya a movilizar para presionar a favor de un proceso de diálogo y paz. La iniciativa Ahotsak, que hasta ahora tenía un carácter más bien elitista, se está retomando a escala local por mujeres de todo tipo para presionar en el mismo sentido, manifestando que el 30-D no es el camino. La plataforma Lokarri, surgida de la interesante iniciativa Elkarri, continúa activa también en este terreno de fomento del proceso de paz en esta nueva etapa. Pero también profesores universitarios del país vasco (Elkarbide) se han lanzado en la misma línea. Y otros ciudadanos euskaldunes se han propuesto reunirse en círculo, alrededor de un árbol, una tradición muy de la tierra, para ver cómo pueden abordar el futuro de su territorio. Hasta parte del mundo del derecho se ha puesto en funcionamiento con una iniciativa jurídica por el Proceso de Paz (también en Cataluña). ETA está consiguiendo, sin pretenderlo, que se active la sociedad civil, y en todas estas iniciativas palpita un profundo rechazo a las dinámicas militaristas y vanguardistas de la lucha armada. La gente, y muy en concreto las mujeres, quieren recobrar el protagonismo que le quitan los partidos, las instituciones, las estructuras de poder patriarcal y los “salvapatrias”, y quieren participar directamente en la conformación de su futuro.
Pero en el resto del Estado, muy poco a poco, todavía, también está ocurriendo algo así. Eso se pudo observar en la manifestación del 13 de enero en Madrid, cuando mucha gente se sentía identificada con la pegatina que repartían colectivos de la Red por las Libertades y el Diálogo de Madrid, con el lema “Por la Paz y el Diálogo. En mi nombre SÍ”, pues no se sentían identificados con la mera denuncia del “terrorismo”. En Cataluña se ha activado a raíz también del 30-D la campaña “Sí al procès de pau”, en la que participan más de cien organizaciones ciudadanas. Y en otras zonas del Estado empieza a surgir un cierto interés de empezar a caminar por las mismas vías. Además, parece que se ha roto definitivamente el tabú de poder criticar públicamente a ETA en los mundos de la izquierda radical y alternativa. Pero es preciso hacer más, mucho, mucho, más, para promover la participación ciudadana en el apoyo al “proceso de paz”, aparte de en la defensa colectiva de los derechos y libertades, cada día más vulnerados, y contra cualquier amenaza involucionista. Por el bien de todos y todas. Pero para que se dé ese “proceso de paz” habrá que exigir al Estado también unos mínimos: derogación de la ley de partidos, acercamiento de presos, eliminación de las medidas de excepción en Euskadi, y el reconocimiento del derecho a decidir, para sentar bases que permitan ir desactivando el llamado conflicto vasco, y creando las condiciones para su resolución.
De esta forma, podremos impulsar, continuar y reforzar los procesos de cambio del mundo, y del Estado español en concreto, sin tomar el poder, sino forzando a éste a transformarse de manera emancipadora. En definitiva, deconstruyendo el Estado, avanzando en la resolución dialogada y no violenta de los conflictos, y alcanzando nuevas estructuras institucionales, más horizontales, democráticas y participativas, al tiempo (y en paralelo) que vamos transformando la sociedad hacia modelos más equitativos, antipatriarcales y en paz con el planeta. Es una tarea urgente y cada vez necesaria ante la previsible crisis y colapso generalizado del capitalismo global actual (crisis energética mundial por el inicio del fin de la era de los combustibles fósiles, estrategias crecientes de guerra entre centros y periferias e intercapitalistas, y agudización del cambio climático en marcha).
Madrid, marzo, 2007
PD: Han quedado a buen seguro muchas cosas por tratar en torno a este complejísimo tema: las raíces históricas del conflicto político-territorial, su desarrollo en el tiempo, su enconamiento durante el Franquismo, tras la Guerra Civil, el recurso a la tortura en muchas ocasiones por parte del Estado, incluso durante la democracia, la vulneración continua de derechos básicos, incluido el uso de la propia lengua, el terrorismo de Estado de los GAL durante el gobierno de Felipe González, pero también previamente de grupos de extrema derecha, el cómo y por qué fracasaron las negociaciones ETA-Estado en las anteriores treguas, lo novedoso de la propuesta de Anoeta formulada por Batasuna, las nuevas propuestas que en la actualidad (en estos días) hace la izquierda abertzale para superar el conflicto, que enlazan con las vías abiertas en el propio Estatuto de Gernika, etc., etc., etc. Y en definitiva el inmenso dolor acumulado en torno a la evolución de este conflicto a todos los niveles, y en todos los ámbitos, fundamentalmente “nacionalistas”, y en concreto de la izquierda abertzale, pero también “no nacionalistas”. Sé que quizás es simplificador lo que he expuesto, y puede que muy osadas las formulaciones que he planteado. Si es así, me excuso a posteriori por ello, y por algunas expresiones utilizadas que pudieran llegar a ser ofensivas para ciertas sensibilidades, si bien me reafirmo en el contenido básico de lo expresado. Quiero decir que es un texto que me ha costado mucho ultimar, por la misma complejidad y conflictividad del tema expuesto, pero es una cuestión que nos afecta a tod@s, cuya solución depende de tod@s y que tod@s tenemos que posicionarnos en torno al mismo. Es por eso por lo que me he animado a sacar estas reflexiones atrevidas a la luz pública. Finalmente quería decir que este texto me ha salido muy de dentro, pues es un tema que he vivido con especial intensidad y emotividad a lo largo de estos ya cuarenta años de conflicto armado, que han transcurrido (y todavía perduran) durante mi existencia vital, aunque siempre lo haya experimentado desde la distancia al residir fuera de Euskadi, pero también desde el conocimiento más o menos directo que me ha proporcionado el tener múltiples contactos con personas de allí a las que quiero, admiro y respeto profundamente. Espero pues que estas líneas puedan ayudar a fomentar un debate absolutamente necesario para la resolución del llamado conflicto vasco. |
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