Lucha Social
Francia
FRANCIA: ¡UBÚ PRESIDENTE! | FRANCIA: ¡UBÚ PRESIDENTE! |
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| Escrito por Susana y Enrique | |
| jueves, 20 de abril de 2006 | |
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Los sindicatos de asalariados, desaprovechando una oportunidad increíble de llevar a cabo un cambio social y político profundo, se apresuran a proclamar con alivio, su primera “victoria” contra este gobierno ultra-liberal, decretando acto seguido - por temor a verse desbordados por la formidable fuerza del movimiento estudiantil- el final de la movilización y de los bloqueos. Los estudiantes y alumnos de instituto, confrontados al reto de las vacaciones escolares de primavera, intentan, sin éxito de momento, prolongar la contestación sobre la base de unas reivindicaciones que, aunque formuladas desde el principio en las asambleas generales, nunca fueron tomadas en cuenta por las centrales sindicales confederadas o los medios de comunicación. Crónica de lo que parecen ser los últimos estertores (¿o no? Para saberlo habrá que esperar el final de las vacaciones, o sea el 8 de mayo) de un movimiento que podría haber conseguido mucho más.
. 1. HAY QUE SALVAR AL SOLDADO VILLEPIN . La complicada y confusa maniobra ideada por la pareja Chirac/Villepin tras la movilización masiva del 28 de marzo, para que el primer ministro pudiera salir de la trampa en la que se había transformado la reforma del código laboral, sin hipotecar demasiado su futuro de potencial presidente, no sirvió más que para desacreditar un poco más, a un ejecutivo incapaz de aportar una solución clara al conflicto frente al mensaje de desconfianza y de censura emitido por sus administrados. .
La alocada e inaudita propuesta -formulada mediante intervención televisiva en la noche del 31 de marzo por un Chirac más ubúesco que nunca- de promulgar por un lado la ley de Villepin, para no desautorizar al primer ministro, y de modificar por otro lado su contenido, con otra ley que rebajara el período de prueba del CPE, de los dos años inicialmente previstos a un año y que obligara también al empresario a motivar el despido (sin precisar si éste debía ser fundado o no), lejos de dividir a los estudiantes y al frente sindical, devolvió a los habitantes del país galo la imagen patética de un poder calculador, cínico y esquizofrénico. La estratagema, aunque no abriera de inmediato ninguna brecha entre los protagonistas sindicales del movimiento, dejó sin embargo planear un suspense importante de cara a las movilizaciones del martes 4 de abril y por ende, a la postura que, tras esa jornada, adoptarían los protagonistas del movimiento, en la ronda de encuentros negociada entre el gobierno y los sindicatos para discutir, del miércoles 5 al viernes 7, las nuevas propuestas de Chirac. .
Hubo que aguantar especialmente, una presión increíble del discurso mediático dominante que, sin dudar en prolongar las conclusiones del poder, se interrogó a lo largo de todo el fin de semana del primero de abril, sobre la necesidad -ante esas novedades- de seguir con una movilización dura, que recurría a huelgas, bloqueos y manifestaciones, perjudicando el buen funcionamiento económico del país y dando una imagen negativa de Francia en el extranjero. Todos los datos procedentes de la esfera mediática apuntaban a un agotamiento del movimiento: las previsiones en términos de perturbaciones en los transportes, así como acerca del número de huelguistas previstos en los distintos sectores laborales, presentaban todas los mismos signos de declive, en particular respecto a las cifras del 28 de marzo (que tampoco habían sido muy importantes, por otro lado). Una vez más, el espectáculo mediático-político en una acción conjunta de evacuación propagandística de la realidad, creaba una realidad virtual paralela y afín a su visión ideológica, antes de que el propio acontecimiento tuviera lugar. .
La suerte del movimiento parecía definitivamente echada para el que oía y escuchaba la radio o la televisión, en vísperas del cuatro de abril. Los comentaristas subrayaban todos el éxito de la maniobra improbable y descabellada del presidente que, pese a su carácter eminentemente absurdo, salía reforzado de esta crisis: el cuatro de abril, sugerían de modo más o menos directo, iba a transformarse en patética crónica del naufragio colectivo de los últimos conservadores irreductibles que se oponían a la modernización liberal e ineludible del país. El movimiento iba a tener que sentarse desde la mañana del 5, a la mesa de negociaciones aceptando las condiciones del gobierno.
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2. EL 4 DE ABRIL : RÉPLICA DEL TERREMOTO DEL 28 DE MARZO.
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La realidad “verdadera” iba a encargarse, una vez más (recordemos el referéndum sobre la constitución europea), de hacer volar por los aires este simulacro de realidad, para imponerse al espejismo con el que el espectáculo mediático dominante pensaba enterrar esa jornada antes de que aconteciera. Por el 4 de abril fue seguramente uno de los días más emocionantes de todo el conflicto, al demostrar la madurez política de una población, que lejos de dejarse embaucar por la pantalla de humo entretenida por los mas-medias y la derecha, volvió a salir a la calle en masa, para dejar bien clara su oposición al CPE y significar de modo aún más contundente su rechazo de los métodos antidemocráticos del gobierno .
La réplica del terremoto político del 28 de marzo fue en efecto todavía más fuerte al reunir a 400.000 personas más en las calles de Francia. El record, ya de por sí increíble e inusual del 28 de marzo con 2.700.000 manifestantes, fue superado con creces por las cifras del 4 de abril que superaron los 3.100.000 manifestantes, un aumento muy significativo del hartazgo de la mayoría de la población, que decidía lanzar todas sus fuerzas contra el órdago de la pareja Villepin/Chirac y su voluntad de imponer la ley tan criticada del CPE por la fuerza, especulando con un agotamiento del movimiento después de más de dos meses de conflicto. Los primeros datos arrojados por los medios de comunicación al mediodía, después de que terminaran las .
Uno de los datos más significativos era la multiplicación exponencial del número de manifestaciones que, lejos de desarrollarse sólo en las capitales de provincia, transcurrían ahora también en ciudades de menor importancia, con participaciones masivas en los desfiles, de trabajadores del sector privado junto a funcionarios del sector público y jóvenes estudiantes o alumnos de instituto. La movilización del 4 evidenciaba también otra evolución del movimiento social, que habrá que tomar inevitablemente en cuenta, de ahora en adelante, en las próximas luchas sociales: el número de huelguistas, que ya durante la jornada del 28 de marzo no había sido muy importante, era aún más escaso sin ser por ello ridículo, especialmente en el seno de la función pública y los transportes. Pero esa evidente debilidad del movimiento, que ya evocamos en artículos anteriores, apenas fue comentada por la prensa que sólo se fijo – como no podía ser de otra manera - en la inmensidad apabullante de la marea humana que invadió aquel día las calles de Francia .
El número de manifestantes siguió de hecho aumentando, primero porque la mplicación de los jóvenes fue in crescendo (aquí, cabe destacar el papel particularmente movilizador de las declaraciones amenazantes del Ministro de Educación, en cuanto a la eventualidad de una intervención policíaca para desbloquear los institutos), pero también porque el mundo laboral optó por una táctica que, sin estar concertada ni oficialmente pensada, dio sus frutos: los trabajadores que podían hacerlo, en vez de declararse en huelga, se tomaron un día de recuperación debido a los convenios de aplicación de la semana de 35 horas, que generalmente, por cuestiones de organización interna y de ritmo de producción de las empresas privadas, se traducen en la alternancia entre semanas donde se sigue trabajando tantas horas o más incluso, que antes, a cambio de la posibilidad de recuperar esas horas tomándose días de RTT (como se designan popularmente los días de reducción de tiempo de trabajo). Así pudieron ir a manifestar sin ser sancionados económicamente en esa quinta jornada de huelga consecutiva contra el CPE y de esta forma, los trabajadores conservaban algunas cartas en la manga en caso de que las cosas fuesen a durar más. Por esa misma razón, se puede deducir de este nuevo modo de acción que los manifestantes del 4 procedentes del mundo laboral privado, no eran todos los mismos que los del 28 de marzo, y de hecho se podía observar como la gente que no había bajado a la calle el 28 había decidido entrar en la lucha el día 4. .
Ese modo de participación por turnos, da una idea de la importancia de la movilización de la sociedad francesa en su conjunto, al mismo tiempo que refleja, no tanto la debilidad de un sector laboral escaldado por las sucesivas derrotas sufridas estos últimos años, sino la voluntad de encontrar formas de lucha alternativas a la huelga frontal y reconductible, con la que se ha ilustrado tantas veces. Está claro que, cuando el poder, como lo ha hecho hasta ahora, las hace durar más de dos meses, la situación acaba siendo inaguantable, si no se acompaña de otro tipo de acciones que de momento no han bastado para doblegar al gobierno y quedan aún por definir. En todo caso, es evidente que en este conflicto, el mundo laboral se ha parapetado detrás de la fuerza de la movilización estudiantil y del alumnado de instituto que nunca ha cejado en su empeño. .
La principal víctima de esta segunda jornada de manifestaciones macro-multitudinarias que demostraba contra todo pronóstico, la resistencia del movimiento, y su fuerza aparentemente intacta, ya no eran sólo Villepin y su reforma retrógrada sino el propio Chirac, que desde el viernes anterior había pasado a primera línea de combate para defender a su delfín. La fuerza de la movilización reflejaba con intensidad el nivel de la exasperación provocado por las maniobras orquestadas por la pareja del ejecutivo para engañar a la población y definía un mandato único para los representantes sindicales que a partir del día siguiente iban ser recibidos por un surtido de diputados del partido de la mayoría: la única postura válida era la de proponer la abrogación pura y simple del CPE sin condiciones. Así lo hicieron saber el 4 por la noche, las principales centrales sindicales que mantuvieron hasta el final su unidad, pese al temor a que la CFDT (de sensibilidad socialista, equivaldría en España a la UGT), una vez más, pactara a espaldas de los demás, la firma de algún compromiso con el gobierno, como lo hizo en la batalla de las jubilaciones, desolidarizándose del resto del frente sindical y en particular de la CGT (de sensibilidad comunista, equivaldría a CC.OO en España) influyendo evidentemente en la victoria final de Raffarin en 2003. .
La obstinación del ejecutivo en no abandonar su postura de firmeza para seducir al electorado de Sarkozy y también al de la extrema derecha, permitió la aparición explicita de otras reivindicaciones que aunque formuladas desde hace semanas por las asambleas de estudiantes, en especial, las que integran la Coordinadora Nacional de Estudiantes, nunca habían sido retomadas por los principales sindicatos estudiantiles o de asalariados. Los medios de comunicación se hicieron eco de esas supuestas nuevas reivindicaciones para ilustrar la gravedad de la situación y la manera en que se tambaleaba el poder frente al impulso de los manifestantes : éstos ya no se contentaban con reclamar sólo y únicamente la abrogación del CPE, sino que además pedían la anulación del CNE, hermano gemelo del CPE (contrato con las mismas características, pero reservado a los mayores de 26 y a las empresas de menos de 20 empleados, impuesto por decreto, sin discusión, durante las vacaciones de verano de 2005), así como la suspensión de toda la Ley de Igualdad de Oportunidades (de la que el CPE, sólo constituye uno de los aspectos) y en especial de los artículos relacionados con la autorización del trabajo de noche a partir de los quince años y del aprendizaje a los catorce, por poner en entredicho la obligación de escolaridad hasta los dieciséis años. .
Pero las cosas no se paraban ahí, dado el déficit democrático que había tenido que soportar la población a lo largo de los últimos meses: los estudiantes, y en particular los alumnos de instituto, que no habían aceptado la manera en que le gobierno les había impuesto por la fuerza, el año anterior, pese a una también importante movilización, la reforma retrógrada de la educación dirigida por el entonces responsable de esa cartera en el gobierno, François Fillon, también pedían su abrogación. Los gritos de los manifestantes, los comunicados de las asambleas, las intervenciones de los políticos de la oposición, por una vez coincidían en pedir lógicamente, no sólo la dimisión del gobierno sino la organización de nuevas elecciones legislativas destinadas a reflejar los evidentes cambios políticos intervenidos entre la población a lo largo de las últimas semanas, cuando no de los tres últimos años. El 4 de abril por la noche, la crisis social desencadenada a raíz del CPE se había transmutado oficialmente, por si acaso alguien todavía dudara de ello, en crisis política aguda. Por si fuera poco, el gobierno preso de las ambiciones de su doblete Villepin/Sarkozy (cada uno queriendo hundir al otro en este asunto del CPE) decidió alargar su vía crucis, retardando al máximo el momento de la decisión.
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3. LA FARSA DEL DIÁLOGO CON LOS SINDICATOS (5, 6 Y 7 DE ABRIL)
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La crisis de régimen abierta con la reelección de Chirac en 2002 y potenciada a lo largo de los tres últimos años por una concepción autoritaria y anti-democrática del diálogo social, iba a alcanzar su punto de no retorno con otra de las decisiones presentadas en la alocución presidencial del 31 de marzo : la de confiar exclusivamente a los diputados del partido mayoritario del UMP (el partido de Chirac liderado por Sarkozy) - y no a una emanación representativa del parlamento, compuesta de todas sus sensibilidades políticas- la responsabilidad de conducir las negociaciones con los sindicatos . .
El remedio iba rápidamente a parecer peor que la enfermedad, al evidenciar el vacío de poder creado por el conflicto que dejaba la dirección del país en manos de un solo partido político. Esta maniobra destinada a proteger a un gobierno debilitado por la contestación y aferrado al poder, aún en las circunstancias más adversas, explicitaba la patética imagen de un gobierno, sordo a la censura popular, literalmente al servicio de los intereses exclusivos de un partido y de una parte de la población; demostraba también la parálisis, cuando no el naufragio, de las instituciones de la V República, con un presidente del estado y del gobierno definitivamente incapaces de ejercer el poder y un Ministro del Interior encargado oficialmente de encontrar una salida al conflicto: el modelo personalista - centrado en la figura del presidente - de la V República estallaba a favor de una cabeza tricéfala y confusa del ejecutivo. .
El patético espectáculo de las reuniones con los 12 sindicatos de la coalición anti-CPE (asalariados y estudiantes así como la Coordinación Nacional de Estudiantes), recibidos laboriosamente, uno tras otro, durante tres largas jornadas, escenificaron una vez más una de las especialidades de esta mayoría política : la interpretación vacua de un simulacro de negociación organizado delante de las cámaras de televisión, pero en realidad limitado a escuchar las peticiones de cada sindicato, sin aportar ningún tipo de información en cuanto a las propuestas o decisiones que iba a tomar el ejecutivo después del éxito de la jornada del 4 de abril. .
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Fue el momento en que la Coordinación Nacional de Estudiantes, partidaria desde un principio de llevar a cabo todos los días acciones y golpes mediáticos, se hizo con el liderazgo concreto del movimiento, aunque el gobierno evidentemente, no se lo reconociera en la ronda de negociaciones, frente a los representantes de los sindicatos oficiales, elegidos en las elecciones universitarias. Las acciones de todo tipo puestas en práctica en las últimas semanas crecieron en número y en imaginación, en especial el jueves 6 de abril : cortes de tráfico de TGV’s en provincia, de los trenes de cercanía en distintas estaciones de París o Toulouse, bloqueos simultáneos de todas las entradas por carretera a una misma ciudad (Poitiers, Nantes), quema simbólica de propuestas de empleo del INEM, ocupaciones y vaciados de mobiliario de oficinas del INEM o de sedes del UMP (Partido de Chirac), algunos destrozos de oficinas de trabajo temporal o de bancos, bloqueos nocturnos de las piezas del airbus A-320 transportadas por carretera hacia la fábrica de Toulouse, bloqueos de madrugada de mercados de abasto, de centros de correos, de depósitos de autobuses, manifestaciones ante las cárceles y los tribunales para protestar contra la justicia expeditiva aplicada a los presuntos casseurs en los disturbios de fin de manifestación etc… Frente a un nivel tan alto de movilización, ya nadie entendía (ni la patronal, ni los sindicatos, ni la conferencia de presidentes de universidades) porque el gobierno, pareciendo querer cavar aún más su tumba y crear un auténtico movimiento de insurrección, se empeñaba en guardar el silencio, para no apartarse del guión escrito por la pareja Chirac/Villepin con la intervención presidencial del 31 de marzo. .
Y es que, una vez más, el presidente Chirac-Ubú, seguido de su fiel servidor, se había encerrado solito en un callejón sin salida: no podía abrogar ahora el proyecto, después de haberse molestado una semana antes, en revestir su hábito favorito de pequeño De Gaulle/salvador de un pueblo francés en crisis, para tomar la palabra y arriesgar su pellejo en esta batalla. Tampoco se podía quemar totalmente al soldado Villepin, sin hipotecar definitivamente su futuro de presidente frente a un Sarkozy que parecía que iba a salir reforzado del conflicto, por estar a favor de la abrogación pura y simple del CPE (lo hizo saber claramente por filtraciones organizadas en la prensa). .
Más que a un cálculo sobre el posible agotamiento del movimiento, la larga espera antes de la retirada del dichoso contrato se debió sobre todo a la lucha despiadada que entre bastidores, Villepin y Sarkozy libraron en torno a la salida del conflicto, para saber qué solución alternativa se propondría al cabo de la ronda de negociaciones sin dar la impresión de “ceder a la calle” y quien se encargaría de anunciarla. Una lucha que dio lugar a un sinfín de declaraciones contradictorias por parte de cada facción opuesta del UMP y que sumió al país y a la prensa en una enorme confusión mientras los jóvenes se jugaban el pellejo en bloqueos de vías y carreteras (siguieron las detenciones, cayeron porrazos en Toulouse en abundancia, un coche conducido por un automovilista exasperado atropelló a unos manifestantes delante de la Sorbona en París, causando una decena de heridos leves…). .
Los Villepinistas repetían una y otra vez que no iban a cejar en su empeño de modernizar y flexibilizar el código laboral mientras los Sarkozystas abogaban por retomar el diálogo sobre nuevas bases, dejando entrever la posibilidad de una abrogación encubierta de la ley, mediante un concepto alternativo que no desacreditara demasiado al ejecutivo, como una sustitución (y no abrogación pura y simple) por otra ley que anulara el CPE. La dimisión de Villepin planeó sobre estos días ubuescos y uno de sus seguidores llegó incluso a declarar que Villepin se estaba pensando lo de salir del gobierno para crear otro partido más favorable a la reforma dura, dado que el partido de Sarkozy no tenía el valor suficiente para conducir la batalla hasta el final. Todo ello revelaba lo que todo el mundo ya pensaba, a saber, que la táctica de Villepin en todo este asunto del CPE tenía como objetivo demostrar al electorado del UMP, -el mismo que dará la investidura única a la presidencial en noviembre de este año mediante unas primarias internas-, que él representa la verdadera ruptura liberal tan cacareada por el traidor y miedoso Sarkozy, que abandona el navío en el ojo del ciclón. Todo parecía indicar sin embargo que el viernes, al finalizar el turno de negociaciones la tendencia Sarkozysta, más realista y temerosa de pagar el pato en las presidenciales de 2007, ganaría ese pulso interno a la derecha. .
De modo que los anti-CPE se llevaron una nueva sorpresa el viernes 7 de abril, cuando los representantes del UMP encargados de “negociar”, lejos de anunciar la retirada del CPE, se limitaron a un comunicado parco y ambiguo donde explicaban que después de oír a todos los actores sociales (patronato incluido), iban a transmitir sus conclusiones al primer ministro para que éste hiciera una nueva propuesta. Un nuevo compás de espera lleno de expectativas contradictorias, que iba a durar todo el fin de semana, se instauraba. Por lo visto, Villepin todavía quería salvar lo salvable y aguantar al máximo con el CPE. Fue por lo visto el pánico de los diputados del partido, que tras el fin de semana pasado en sus circunscripciones tomando la temperatura de su electorado, volvieron a París espantados de lo que se avecinaba, los que acabaron de convencer a Chirac, que tomó finalmente la decisión el lunes 10 de abril de sustituir el CPE por una ley que extendía la ayuda estatal a contratos existentes destinados a los jóvenes más desfavorecidos. Por primera vez en tres años, el gobierno reculaba.
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4. BALANCE DE LA CRISIS DEL CPE
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A/ Para la derecha.
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Todo el ejecutivo sale bastante tocado de este combate, en especial Chirac y Villepin, este último sin embargo queda convencido de que una elección presidencial se gana en tres meses, y que para el año que viene, con el apoyo de la esfera mediática y de la amnesia que crea y mantiene, la gente se habrá olvidado de todo esto. De ahí, su negativa a dimitir… Por otro lado, no es nada evidente que Sarkozy como se ha querido comentar aquí y allí, salga reforzado de la contienda, ya que su imagen de rupturista liberal ha quedado bastante en entredicho, por su deseo mediatizado de salir cuanto antes de la crisis del CPE concediendo al movimiento lo que quería. Los partidos de extrema derecha de Le Pen y De Villiers, en sus declaraciones del lunes, no han dejado pasar la oportunidad de criticar el escaso valor de un Sarkozy, que hasta ahora pretendía cazar sobre sus tierras electorales. El Ministro del Interior queda también debilitado ideológicamente dentro de su propio partido por haber aceptado un compromiso con la contestación social y habrá que ver cuál será el coste de este pragmatismo intrínseco a la personalidad de Sarkozy en las futuras primarias del UMP. .
B/ Para el movimiento social:
La retirada del CPE es evidentemente una victoria - tras varios años de derrota consecutivos- que abre una brecha importante en el ultra-liberalismo reivindicado por el gobierno y que permite augurar nuevas esperanzas en cuanto a las futuras luchas que inevitablemente seguirán apareciendo. En todo caso, deja al gobierno en un estado cercano al KO que hipoteca muchas de las reformas retrógradas que pensaba imponer antes de la apertura de la campaña presidencial. El éxito de esta lucha social, por ejemplo, puede que coloque en una situación bastante difícil, la propuesta de durísima reforma de la inmigración que propondrá, dentro de unos días, Sarkozy al voto del parlamento. .
Con todo, dada la fuerza que había acabado tomando el movimiento, la victoria aparece más bien pírrica y deja un sentimiento de frustración a sus protagonistas. Muchos de ellos consideran en efecto que se podía haber conseguido mucho más y que el poder estaba al borde de la dimisión generalizada: se podía haber obtenido la anulación de leyes retrógradas impuestas anteriormente por la fuerza (las que señalamos más arriba), así como la convocatoria de elecciones generales anticipadas que, además de haber provocado un cambio de mayoría política más afín al sentir general de la ciudadanía, hubiera devuelto al parlamento su primacía frente a unas elecciones presidenciales que, de nuevo, el año que viene, determinarán el futuro político del país, a través de la elección por escrutinio mayoritario de una sola persona. La presidencial, dicho de otro modo, podría haber sido ganada por la izquierda ahora y no el año que viene. La responsabilidad en este sentido de los sindicatos y de los partidos políticos de la izquierda es muy importante al haber mantenido después de la retirada del CPE un perfil legalista y respetuoso de unas instituciones, cuyo funcionamiento sin embargo ha sido claramente puesto en entredicho por la crisis de los tres últimos meses. Fuera de la Coordinación Nacional de Estudiantes que sigue reclamando la dimisión del gobierno y la anulación de toda una serie de leyes, la mayoría de las otras organizaciones se han declarado satisfechas y han apelado al levantamiento de los bloqueos, una decisión que, dado el cansancio de los estudiantes, algunos volcados en este conflicto desde hace más de tres meses, ha influido mucho en los votos de las asambleas para retomar el trabajo y las clases, en vísperas de los exámenes de fin de año. |
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