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jueves
04. dic 2008
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FRANCIA :MANIFESTAR PUEDE MATAR PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Susana y Enrique   
jueves, 23 de marzo de 2006

Villepin está jugando con fuego al mostrarse inflexible frente a las manifestaciones multitudinarias de la semana pasada. El conflicto en torno a la reforma del código laboral se cobra su primera víctima tras las violencias policiales del sábado 18 de marzo y entra en su fase de endurecimiento. Crónica de los últimos acontecimientos.

Las manifestaciones del sábado 18 de marzo sirvieron de colofón a una semana de movilización creciente contra el CPE, reuniendo a más de millón y medio de personas que respondieron a la convocatoria intersindical y transgeneracional que pretendía tender un puente entre trabajadores del sector privado y público, alumnos de instituto y estudiantes. La presión contra el gobierno había ido en aumento día tras día durante la semana, preparando el éxito de las concentraciones del sábado.

 

Una semana,eso sí, de movilización exclusivamente estudiantil y del alumnado de los institutos, que fue creciendo hasta alcanzar su nivel actual en el que, más de 67 universidades (entre las cuales, algunas muy prestigiosas o que jamás se habían puesto en huelga, ni siquiera en mayo del 68) y uno de cada 5 institutos (el 20 %, ¡entre 600 y 1000!) están bloqueados o en huelga mayoritaria.


1. LA CRECIENTE MOVILIZACIÓN DEL 16 Y 18 DE MARZO

 

Las manifestaciones del sábado 18 de marzo sirvieron de colofón a una semana de movilización creciente contra el CPE, reuniendo a más de millón y medio de personas que respondieron a la convocatoria intersindical y transgeneracional que pretendía tender un puente entre trabajadores del sector privado y público, alumnos de instituto y estudiantes. La presión contra el gobierno había ido en aumento día tras día durante la semana, preparando el éxito de las concentraciones del sábado. Una semana,eso sí, de movilización exclusivamente estudiantil y del alumnado de los institutos, que fue creciendo hasta alcanzar su nivel actual en el que, más de 67 universidades (entre las cuales, algunas muy prestigiosas o que jamás se habían puesto en huelga, ni siquiera en mayo del 68) y uno de cada 5 institutos (el 20 %, ¡entre 600 y 1000!) están bloqueados o en huelga mayoritaria.

La incógnita en cuanto a la entrada de los alumnos de instituto en el conflicto se resolvió en las primeras horas de la mañana del jueves 16, con el bloqueo de 340 establecimientos escolares. Gracias a su experiencia el año pasado durante el conflicto de la Ley de educación en la que inauguraron una nueva forma de lucha -la del bloqueo y la ocupación, a veces nocturna, de los institutos (práctica totalmente nueva en la historia del movimiento de los institutos en Francia)-, los alumnos de instituto respondieron al llamamiento de los estudiantes universitarios para unirse a la lucha contra el CPE. Contenedores de basura, barreras de protección, candados y cadenas volvían a ser los protagonistas de los cierres generalmente pacíficos que tuvieron lugar, en los establecimientos de la capital y en las afueras de las grandes ciudades, como en el departamento de Seine-Saint-Denis (Noreste de París), sin olvidar los desfiles que tuvieron lugar por la tarde en una manifestación de estudiantes y alumnos que reunió a unos 500.000 jóvenes en toda Francia.

2. DISPERSIÓN VIOLENTA DE LAS MANIFESTACIONES DEL 16 Y 18 DE MARZO.

Tanto las manifestaciones del jueves como las del sábado se desarrollaron pacíficamente hasta el momento de la dispersión excepto, como ya es ahora habitual desde el desalojo brutal de la Sorbona ocupada en la noche del 11 de marzo, en París y Rennes, donde los enfrentamientos fueron muy duros. Los disturbios que después de la manifestación del jueves 16 de marzo se desarrollaron en torno a la plaza de la Universidad de la Sorbona, transformada en símbolo de la lucha - por la mitología del 68 que vehicula su nombre - y desde entonces cerrada por una barrera metálica y coches antidisturbios, duraron más de cinco horas y se saldaron con la detención de 150 personas (300 en toda Francia).

La noche del sábado, al final de la manifestación parisina, los enfrentamientos entre jóvenes y CRS volvieron a producirse en las inmediaciones de la plaza de la Nación donde se acababa el recorrido. La cola de la manifestación que había empezado a las dos y media de la tarde, sólo entró a la plaza sobre las ocho de la tarde cuando ya era de noche. Para entonces, los antidisturbios que cerraban la mayoría de los accesos de la plaza para obligar a los miles de manifestantes que todavía estaban allí a dispersarse por las bocas del metro o las pocas calles abiertas al tránsito, ya habían empezado a cargar sin esperar a que se acabara el desfile. Los enfrentamientos duraban desde las seis de la tarde en una de las esquinas de la plaza cerradas por la policía donde se hacían frente, nutridas dotaciones policiales en uniforme y un muro de jóvenes procedentes de múltiples horizontes políticos y sociales, con por un lado, lanzamiento de granadas lacrimógenas y porrazos y por el otro, cortes de mangas, dedos erguidos, lanzamiento de botellas vacías, petardos y bengalas y la quema de un coche que hizo subir le nivel de tensión entre el público asistente.

Hacia las 8 y media, la policía cargó contra los últimos manifestantes que seguían en la plaza desafiándoles o debatiendo de las próximas jornadas de movilización. La alegoría de la Nación, estatua central de esta rotonda habitualmente llena de coches, seguía manteniendo en sus brazos, en medio del humo de los gases lacrimógenos, toda una serie de grupitos encaramados en el bronce de la señora del gorro frigio, tradicionalmente punto privilegiado para colgar carteles y banderolas reivindicativas como las del sábado que rezaban un “República fascista: ¡Muere!” o “¡Sarkoland te acecha: Resiste!”. La plaza a pesar de las resistencias y de los impresionantes cuerpo a cuerpo que se desarrollaron entre manifestantes y policías (los jóvenes no vacilaban en acercarse a pocos metros de los policías para increparles o golpearles) fue despejada hacia las nueve a base de porrazos y gases lacrimógenos. Un último reducto de manifestantes (unas 500 personas) levantó entonces una barricada en el boulevard Davout, cerca de la plaza desalojada, que cortó el tráfico durante una hora, hasta que de nuevo la policía desalojó a este grupo de manifestantes extremadamente móvil, que se dirigió entonces hasta la Sorbona donde hubo enfrentamientos hasta las doce de la noche.

3. COMPÁS DE ESPERA

Al éxito de la jornada del sábado de la que se hizo eco toda la esfera mediática, al ruido y al clamor de los lemas repetidos una y otra vez en las calles, a las amenazas del frente sindical de convocar una huelga general indefinida hasta la suspensión del CPE, sucedió un extraño período de 48 horas de silencio ensordecedor, de indiferencia, por parte del gobierno y de Villepin: ningún comentario oficial acerca de la movilización vino a perturbar la paz dominical; tampoco llegaron las propuestas de enmienda de ley acerca de las cuales se rumoreaba aquí y allá en la prensa, como elementos del plan de retaguardia del General Villepin, para intentar dividir el frente sindical, unido hasta ahora frente a esta reforma autoritaria y sin concertación del código laboral.

Los sindicatos ante el silencio despreciativo del gobierno decidieron lanzar un ultimátum al gobierno, decretando un plazo de 48 horas para que Villepin retirara su Ley y propusiera verdaderas rondas de negociación con los interlocutores sindicales y sociales, dejando para su reunión del lunes por la noche, la decisión de llamar o no a la huelga general. Villepin por su lado hizo todo para que los demás hablaran por él y dedicó su jornada del lunes a recibir por la mañana a los dirigentes patronales más afines al gobierno para que éstos pudieran escenificar su apoyo a la reforma delante de las cámaras de televisión. Por la tarde, hizo lo mismo con un panel supuestamente representativo de la juventud francesa, en realidad un grupo de jóvenes cuidadosamente seleccionado por su gabinete de prensa, con los que mantuvo a puerta cerrada un debate oficialmente sin tapujos acerca de la cuestión del CPE. Las cámaras de televisión, expresamente invitadas para inmortalizar este momento de vergonzosa propaganda oficial, no se perdieron las salidas del despacho de Villepin, de aquellos pobres e ingenuos jóvenes, ignorantes (¿o no?) del plan de comunicación del primer ministro, que tomaban el micrófono para explicar que Villepin había conseguido convencerles de los aspectos positivos del CPE. Al final de la jornada, por fin, Villepin a la salida de una reunión del ministro de educación con organizaciones sindicales estudiantiles minoritarias o de derecha (¡!), rompió brevemente su silencio para confirmar lo que todos ya nos imaginábamos, ante tanta escenificación de la indiferencia con su silencio voluntarioso, y explicó que no retiraría la Ley, invitando cínicamente a los sindicatos a demostrar un mayor sentido del diálogo.

En ningún momento, a lo largo de estas 48 horas, hubo contacto alguno entre Villepin y las organizaciones opuestas al CPE, de forma que la posición de fuerza del frente sindical y de los estudiantes fue poco a poco y de modo paradójico, invirtiéndose hasta presentarse como atrapada en el callejón sin salida de la inflexibilidad gubernamental reacia a dar su brazo a torcer. ¿Qué más se podía hacer después de una jornada tan masiva de protesta como la del sábado 18 que no consiguió hacer mover ni un milímetro la postura del gobierno? ¿Qué soluciones alternativas al bloqueo indefinido proponían los estudiantes? preguntaban una y otra vez de modo sorprendente, los medios de comunicación a los líderes de la protesta. Una vez más, la táctica de la sordera inaugurada por Raffarin y destinada a desesperar y doblegar psicológicamente al movimiento social se volvía a poner en marcha. Una vez más la táctica de los rumores y de las declaraciones contradictorias de los distintos líderes de la mayoría política, los unos anunciando futuras enmiendas para que después los otros digan exactamente lo contrario, mareaban a los protagonistas del movimiento social creando desconfianza y crispación.

La negativa rotunda del gobierno se formuló por fin de manera evidente anoche durante la cena organizada por Villepin con los diputados de su partido para ilustrar la solidaridad de la derecha con su proyecto. Las supuestas posibles enmiendas (1.reducir el período de prueba de dos a un año/2.imponer a los patrones una motivación del despido) que a lo largo de las jornadas del lunes y del martes se barajaron y fueron relegadas por la prensa y los representantes de la mayoría de derecha que apoyan al gobierno como posibles pistas de salida de crisis, fueron definitivamente apartadas por el propio Villepin en las declaraciones que hizo a la prensa.

Ni que decir tiene que estas declaraciones han tenido hoy el efecto de una auténtica provocación al evidenciar el profundo desprecio que anima a este gobierno en su política respecto al mundo laboral. Se fundamentan en la opinión que tienen los estrategas aprendices de brujo del gobierno que lo peor ha pasado y que el movimiento está en fase de agotamiento.

4. EL ESTADO DE LAS FUERZAS.

Extraño cálculo si consideramos la reacción que después de la aletargada espera del domingo han seguido las declaraciones de Villepin. La huelga de los estudiantes como de los alumnos, lejos de tener visos de agotarse, parece al contrario reforzarse con la entrada en el movimiento de nuevas universidades cada día. La extensión del conflicto entre los alumnos de instituto está en fase de generalización con la multiplicación diaria y exponencial de los bloqueos y de las huelgas. Cada día las acciones y las manifestaciones se multiplican. Como la semana pasada, la dispersión geográfica y sindical del movimiento sin dejar de constituir una de sus debilidades, le permite al mismo tiempo ocupar el terreno mediático con la multiplicación de acciones a veces no concertadas entre las diferentes universidades. Este martes 21 ya se ha desarrollado una primera ronda de manifestaciones organizada por la Coordinación Nacional de estudiantes. Hoy, distintas acciones tenían lugar en diversos puntos del hexágono como el bloqueo total de las entradas por carretera a la ciudad de Poitiers. Mañana se desarrollará otra jornada de manifestaciones, esta vez organizada por los sindicatos de estudiantes y de alumnos de instituto, esperando la jornada de huelga interprofesional del martes 28 de marzo.

Esta huelga de momento limitada a una jornada revela los temores de los sindicatos a que el mundo laboral – sobre todo en el sector privado - no se involucre de lleno en una lucha a largo plazo contra el CPE. De ahí, la prudencia de sus principales líderes que no se atrevieron a lanzar un llamamiento a la huelga general interprofesional. De ahí también desgraciadamente, la arrogancia de un Villepin, conocedor de estas debiblidades. Pero por otro lado, el mundo laboral y el sector del alumnado de institutos constituyen también las reservas de un movimiento que no ha llegado todavía a su nivel de crecimiento máximo. La batalla del CPE se libra como por oleadas sucesivas y se puede confíar en Villepin y su arrogancia para volver a mobilizar a los asalariados que han visto durante cuatro años como su situación laboral y económica se ha degradado. Todo es posible todavía y se observa cada día como el abanico de las reivindicaciones se extiende hacia temas que en un principio no formaban parte de lo que pedían los protagonistas de la lucha contra el CPE.

Citemos, por poner un ejemplo, el caso muy significativo de la Coordinación Nacional de Estudiantes que, lejos de limitarse a la anulación del CPE, pide ahora que se retire todo el proyecto de la mal llamada Ley de Igualdad de Oportunidades que agrava en un sentido liberal la situación de los trabajadores y estudiantes, la anulación de la Ley de educación adoptada el año pasado, el proyecto de ley de extranjería de Sarkozy etc… No sería muy sorprendente que la inflexibilidad y el autoritarismo de los sucesivos gobiernos de esta segunda legislatura de Chirac desembocara por tanto en un movimiento mucho más amplio. En este aspecto, las dudas del mundo sindical, las debilidades del movimiento obrero a la vez que ralentizan la entrada en la lucha de otros sectores de la población, permiten también a éstos últimos, convencerse, ante la intransigencia de Villepin, de que es necesario pararle los pies a este gobierno. Así es como, se han pronunciado por una huelga masiva el martes que viene, los sectores de transportistas del metro y de RENFE, unos sectores que no habían vuelto a implicarse en un movimiento social de envergadura desde las huelgas contra la reforma de la seguridad social que paralizaron en diciembre de 1995 todo el país. Como lo vemos, la intransigencia de Villepin, lejos de doblegar los ánimos de los oponentes al CPE, podría generar un tsunami anti-liberal, contra este gobierno que confirmaría la victoria del no al referéndum sobre la constitución europea.

Otro aspecto que hace de la intransigencia de Villepin, un factor agravante de irresponsabilidad y transforma la situación francesa en un auténtico polvorín hecho de crispación social llegada a su punto máximo, es la actitud de los protagonistas de las revueltas del mes de noviembre en los arrabales de las grandes ciudades francesas. Las últimas jornadas, especialmente desde que los bloqueos de institutos han empezado el jueves pasado, han coincidido en algunos puntos de la geografía urbana francesa con el resurgir de las imágenes de guerrilla callejera de noviembre de 2005 : batallas campales contra la policía, destrucción de todo tipo de material urbano, agresiones de alumnos unos contra otros, robos contra las personas o en los colegios, degradaciones de colegios etc. Estos brotes de violencia se han manifestado sobre todo en Seine-Saint-Denis y constituyen el mayor temor de un Sarkozy consciente de que su gobierno no ha hecho nada desde los disturbios para cambiar algo en la banlieue (todo lo contrario con la reforma de las zonas de educación prioritaria y la reducción de la edad de aprendizaje a los 14 años,) que ve como el CPE podría servir de catalizador explosivo para reavivar las cenizas mal apagadas de los fuegos del año pasado.

5. EL CONFLICTO SE COBRA UNA PRIMERA VÍCTIMA

Como parece ser inevitable bajo una presidencia o un gobierno Chirac, el conflicto social se ha cobrado una primera víctima que, aunque salga con vida del coma en el que está sumida desde la mañana del domingo pasado, sufrirá de unas secuelas neurológicas muy graves. Como Malik Oussekine, el estudiante que murió en 1986 a consecuencia de una paliza propinada por la policía durante el conflicto contra la reforma de Alain Devaquet - ministro del gobierno del aquel entonces Primer ministro Chirac - que pretendía privatizar las universidades, Cyril Ferez, de 39 años de edad, ha sido a su vez víctima de lo que, a todas luces, según los testimonios y las imágenes de los presentes en las inmediaciones de los incidentes, se aparenta a una paliza hecha de puntapiés y porrazos dados en la cabeza por un grupo de antidisturbios durante la evacuación de la plaza de la Nación.

Ayer por la noche, se divulgaron por el primer canal de televisión (privado aunque cercano del poder) unas imágenes que no dejan lugar a dudas sobre el tratamiento recibido por el sindicalista de SUD PTT ( o sea SUD Correos). En ellas, la víctima aparece en distintos momentos de la actuación de la policia. En las primeras, rodadas de día, Cyril Ferez desafía sonriente desde una distancia escasísima, a un cordón de antidisturbios. Lleva sus gafas y parece por su actitud, como lo dice la versión oficial, que efectivamente está bebido. En las imágenes siguientes y ya entre el humo de los gases, se le ve sentado, como atontado. Ha perdido sus gafas, tiene un chichón en la frente, es arrastrado sin miramientos por el suelo hasta, según dicen los policías, un coche de bomberos para que éstos lo atiendan. En su testimonio, los bomberos confirman el carácter alcoholizado de Cyril Ferez y la herida superficial de la que sufre, con lo cual le dejan irse. En las imágenes siguientes, rodadas de noche por otro cámara aficionado de los que pululaban en la plaza y mucho más claras que las difundidas por los canales de la dos y la tres, controladas por el poder, se ve como la víctima está sentada en el suelo, mirando de un lado para otro como atemorizada, mientras se desarrolla la evacuación violenta que realiza la policía. Las imágenes pasadas en cámara lenta por el canal de televisión se centran luego en la carga de un pelotón de CRS, durante la cual Cyril Ferez es absorbido bajo los pies de los policías. El pelotón se mueve hacia delante una primera vez y luego se retira hacia atrás, es el momento en que se ve claramente en la imagen a uno de los policías usar sus botas para golpear con vehemencia la cabeza del sindicalista al suelo.

Una versión confirmada por los testigos presenciales que explican también que la víctima recibió unos cuantos porrazos aunque de momento no consten imágenes, y que los policías no se dignaron llamar a los bomberos a pesar de la gravedad del estado de Cyril Ferez. Fueron los propios testigos los que tuvieron que avisar a una ambulancia. Entre el momento en que la cámara toma las imágenes (las 19,45) y el momento en que llega la ambulancia (20,10), transcurren 25 minutos, sabiendo que los bomberos ya estaban ahí en la plaza. Las responsabilidad y la implicación de las fuerzas del orden parece indudable a la luz de los hechos y de las imágenes de las que disponen los medios de comunicación. Aún así la voluntad de tapar el abuso policial de parte del gobierno parece evidente. A pesar de que los hechos se desarrollaron el sábado por la noche, no se supo nada hasta que el propio sindicato SUD reveló los hechos el lunes por la noche, hechos que sin embargo el Ministro del Interior conocía desde el domingo por la tarde. Como en el caso de Malik Oussekine, los representantes de la policía no vacilaron en responsabilizar de modo vergonzoso a la víctima en cuanto la prensa se enteró de lo ocurrido, alegando que este pobre hombre ya estaba en situación de coma etílico antes de que ocurrieran los hechos. Otro policía que atendió a Cyril después de que se le descubriera herido, aportó sin temor al esperpento, un testimonio extraño pero muy oportuno para evacuar las responsabilidades de la policía, según el que la víctima le habría confesado a regañadientes que había sido en realidad víctima de otros manifestantes en otro momento de la evacuación. Lo peor de todo esto, fuera del estado de pronóstico grave de la víctima entre la vida y la muerte, es la manera en que se ve tratado el sindicalista por los medios de comunicación que desde el lunes, insisten hasta la náusea en el estado de embriaguez de Cyril Ferez, como si beber justificara el hecho de matar a alguien. Hoy mismo, su caso ni siquiera ha sido evocado por los canales estatales como si ya fuera un asunto cerrado. Sin embargo el movimiento sindical y estudiantil han pedido conjuntamente la formación de una comisión parlamentaria para investigar lo que pasó esa noche. No cabe duda de que dadas las repercusiones que podría tener la divulgación de la realidad de los hechos, sabiendo que Nicolás Sarkozy fue el que dio la orden de despejar la plaza antes de que se acabara la manifestación, los próximos días serán cruciales en esta nueve lucha por la verdad. Dados los testimonios ya avanzados por los policías y repetidos por el gobierno, las consecuencias podrían también influir notablemente en el desenlace del conflicto.

 
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