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viernes
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FRANCIA: EL PROBLEMA CON SEGOLENE ROYAL. PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Alejo Shapire   
martes, 10 de abril de 2007
"Al fin una candidata con un buen 'sostén'", dice el eslogan de la publicidad de los corpiños Triumph que tapiza estos días las calles de Francia. El aviso juega con la polisemia de “soutien” , que en francés quiere decir al mismo tiempo sujetador y apoyo. Si la marca de la corona puede burlarse de este modo de la aspirante Royal (Real) es porque cierta idea se instaló en la campaña electoral: Ségolène Royal no cuenta ni siquiera con el apoyo de los suyos. Ya se sabía que muchos de la vieja guardia socialista, como el ex Primer Ministro Lionel Jospin, no hacen demasiado por ocultar su antipatía. El ex Ministro de Educación, Claude Alègre, no tuvo empacho en manifestar su profundo rechazo por la aspirante y anunció que votaría por otro. Aunque nadie fue tan lejos como el diputado socialista Eric Besson, que dio un portazo al comité de apoyo a la candidata en plena campaña y sacó días atrás un libro donde prendía el ventilador de mierda. Durante la promoción su libelo, aseguró en Le Figaro que Sarkozy estaba mejor preparado que ella para asumir el poder.

Sin embargo, como explicaba el martes el vespertino Le Monde, el problema para Ségo es sobre todo que genera animadversión también entre los simples simpatizantes de izquierda. El concepto era resumido por el diario desde el título: “Me tapo las orejas, apago la tele, y voto por Ségo". La nota reproduce el testimonio de electores que conciben su apoyo a Royal como la única forma de parar el cada vez más inexorable triunfo del que más aborrecen de todos, Nicolás Sarkozy. Lo escuché por última vez en el programa de France Culture al que fuimos invitados los autores de este blog. Allí, uno de los invitados, miembro de una ONG humanitaria que trabaja en Lesoto (Sur de Africa), contaba que sus amigos le decían que si quería votar por Royal lo mejor que podía hacer durante su estadía en París era evitar escuchar a su candidata. Una recomendación que seguía religiosamente.


¿Qué no tenía que escuchar? ¿Qué eriza la piel de quienes no soportan a Ségolène pero van a votar por Royal? Por ejemplo que sugirió que todos los franceses debían tener una bandera francesa en su casa -existe el rumor de que ejércitos de chinos indocumentados trabajan en este momento a destajo en talleres clandestinos para responder a la eventual demanda de pabellones tricolores-, cantar más el himno, cuestionar la semana de 35 horas o exigir, por ejemplo, un encuadre militar para los jóvenes delincuentes.


El problema de Ségolène es el de la frazada angosta: cuando se tapa su costado derecho se descubre el izquierdo, y viceversa. Con los votos de toda la izquierda sumados, Ségo no pasa del 40% en la segunda vuelta y Sarko le gana por K.O. Entonces trata de conquistar el centro y recuperar sobre todo el voto popular, captado por el Front National. Para esto, saca la banderita pensando que los tránsfugas van a seguirla como al flautista de Hamelín, pero con este mismo gesto ahuyenta a su propio campo que, en vez de querer reapropiarse un canto revolucionario y resignificar los símbolos patrios secuestrados por la extrema derecha, pone el grito en el cielo.


La apuesta de Royal es que va a atraer a los que están a su derecha sin que se le disparen los que están a su izquierda, retenidos por el amargo recuerdo de no figurar en la segunda vuelta de 2002. Lo curioso es que los que de todas formas la abandonan "por derechista" no van a la extrema izquierda, sino que los encontramos detrás del autodenominado centrista François Bayrou. El mismo que el 3 de junio de 2002 pedía una alianza entre su partido, la UDF, y la UMP de Sarkozy. El mismo que apoyó cuatro meses atrás a Alain Juppé, tenor del UMP, para que se quedara con la alcaldía de Burdeos y tejió alianzas entre ambos partidos para repartirse el poder en departamentos y regiones de todo el país; el mismo que ha votado a favor de algunas de las leyes más represivas en el campo de la inmigración y la seguridad propuestas por la derecha en el poder; el mismo que elude hoy la pregunta de los eventuales acuerdos que hará con la derecha cuando lleguen las legislativas, tras las presidenciales.


Existen indicios que hacen pensar que quizás el rechazo generado por Royal es menos una cuestión ideológica (o una condena de su manera errática y desconcertante de hacer campaña) que una reacción epidérmica. Su forma de vestir, su entonación, su rigidez, su narcisismo o “algo” que nunca queda demasiado claro de su personalidad son frecuentes a la hora de explicar esta repulsa. Incluso la crítica de la derecha, a través de su blogs anti-ségolene, se caracteriza menos por denunciar sus ideas que por burlarse de su apariencia. En uno de ellos, por ejemplo escrutan su nuevo comedor, contabilizando 2.000 euros por diente nuevo. Probablemente, de no haberse hecho cirugía dental, el post hablaría de sus colmillos afilados que revelan su carácter ambicioso...


Ayer, la actriz francesa Cathérine Deneuve (vista casualmente hace poco en Nip/Tuck) empezó a hacer circular un petitorio por internet para denunciar el “desprecio misógino” del que sería víctima Royal. Según el texto, « todo lo que se dice de ella, su voz, su pelo, sus aretes, su sintaxis, sus equivocaciones, su testarudez, su compasión o su dureza, es formulado para deslegitimarla, para mostrar que su lugar no es la cabeza del Estado”. “Ségolène es inteligente, competente, determinada. Es justamente esto lo que exaspera”, afirma. El problema es que Deneuve no explica por qué el propio campo de Ségolène Royal se apresta a votar por ella “con las orejas tapadas y la tele apagada”, una actitud que incluye por igual a hombres y mujeres. A menos, claro está, que éstas también sean machistas.

fuente : http://franciavota.blogspot.com. En este blog, encontrarás más información sobre la campaña francesa en su desarrollo día a día.

 
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