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jueves
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POR EL RENACIMIENTO DEL CASCO VIEJO DE GASTEIZ PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Juan Ibarrondo Portilla   
lunes, 27 de noviembre de 2006

A menudo se acusa a los opositores a las reformas urbanísticas de nuestras ciudades de conservadores, personas que se niegan a cualquier cambio. Algo así pasa también con la reforma propuesta por el ayuntamiento de Gasteiz en el Casco Viejo de la ciudad. A quienes no comulgamos con el plan previsto se nos descalifica, con acusaciones de egoísmo (queréis el barrio sólo para vosotros) politización o conservadurismo.

Yo por mi parte he tenido un sueño; y como soñar es libre (y gratis) espero que no se utilicen esos argumentos en mi contra. Soñé un Casco Viejo nuevo, renovado, un barrio del siglo XXI.

                      

Es sabido que nuestros políticos municipales viajan mucho y que de sus viajes vuelven con las maletas llenas de proyectos para nuestra querida ciudad. Son sus sueños, deseos, de hacer una ciudad a su imagen y semejanza. Esto no es nuevo y no puedo evitar acordarme de cierto presidente de la entonces todopoderosa Caja de Ahorros de la Ciudad de Vitoria de nombre Vicente Botella Altube. Este señor viajó a Italia y se quedó prendado de cierta casa torre de una ciudad transalpina (Módena si no recuerdo mal) Tanto le gusto el edificio que decidió construir uno igual en Vitoria (todavía no habíamos recuperado el antiguo nombre en euskera de la ciudad) Así nació la torre de Doña Ochanda un genuino ejemplo de estilo “Vicentino” que, por supuesto, nada tiene que ver con la torre original, de hecho es de un estilo muy posterior. Después se construyó el famoso arco dentado de entrada al centro histórico, otro de los chuscos exponentes del estilo que don Vicente legó a la posteridad.

                          

También los poderosos actuales quieren dejar su impronta y nos proponen cambios urbanísticos asombrosos en el corazón de Gasteiz. Dicen que un PERI no puede servir para arreglar los problemas del barrio, cargándose así de un plumazo décadas de urbanismo progresista que opina lo contrario. Pero, sin embargo, quieren cambiar el ambiente del barrio y convertir el Casco Viejo en una prolongación de la calle Dato; quizá lo que les sucede es que cuando viajan lo hacen siempre a lugares que, por efecto de la globalización, no son sino una réplica de la citada calle. Claro que cada uno viaja a donde quiere así que yo, cuando voy a Madrid, prefiero ir a Lavapies que a la Gran Vía. El castizo barrio madrileño me gusta más como ejemplo de lo que puede ser nuestro barrio, y de lo que de hecho ya es. Además ya han construido (con pelotazo incluido) otra calle Dato de invierno, de nombre Bulevar, pero quieren más... ellos siempre quieren más.

                                 

En mi sueño vi un barrio que no es una prolongación de la calle Dato. Un lugar multiétnico e integrado, donde se acepte la diferencia como riqueza, sin cortapisas para locutorios ni iglesias foráneas. Vi un barrio que fomenta el asociacionismo de todo tipo que surge espontáneo en sus calles y lo considera como seña de identidad principal. Un nido de experiencias autogestionadas a donde no se acude sólo a comprar el último modelito de Adolfo Domínguez sino a realizarnos como personas fuera del consumo. Un lugar donde disfrutar de la cultura, de la música... no sólo como espectadores sino como creadores, donde el Gaztetxe se considera un valor y no un problema. Con comercio no necesariamente especializado, con bares de marcha y cafeterías para charlar. Donde vecinos y hosteleros se pongan de acuerdo para respetar el descanso de los vecinos y el modo de vida de los tasqueros (experiencias en ese sentido ya las hemos conocido, y siempre funcionan mejor que las multas) También un barrio politizado ¿por qué no? Donde se debatan y practiquen nuevas formas de vida, avances sociales, un mundo nuevo. El casco viejo siempre ha sido eso, un laboratorio de disidencia. Soñé un barrio con pisos asequibles de alquiler protegido para jóvenes y no jóvenes. Con servicios públicos decentes y turistas despistados, no necesariamente lleno de turistas. Un barrio para pasear tranquilos, aun sin rampas mecánicas, donde los niños puedan jugar en sus calles.

                             

Imagino que a algunos esto les parecerá un planteamiento demasiado utópico, pero es que el Casco Viejo ya es así, por lo menos en parte. El ayuntamiento puede optar por apoyar, colaborar... o bien por poner trabas. Cierto que este modelo de barrio no hace circular el dinero, no consigue beneficios para empresas constructoras y cadenas de tiendas de ropa cara. Ya se sabe que vivimos en los tiempos de la “cementocracia” y a muchos políticos se les petrifica hasta el corazón cuando de urbanismo se trata, por tanto no confío demasiado en ellos a la hora de alcanzar mi sueño. Tendremos que llevarlo a cabo nosotros y nosotras, vecinos y visitantes habituales; experiencias como el Gaztetxe Eguna demuestran que somos muchas las personas que soñamos con un renacido Casco Viejo. Pongámonos a la tarea y si no nos escuchan habrá que gritar bien alto: Alde Zaharra bizirik.

                                   

                                 

Juan Ibarrondo Portilla (escritor y vecino del Casco Viejo)

fuente: diario de noticias de álava.

                           

 
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