La
decisión del presidente Kirchner de ordenar a las Fuerzas Armadas "que
dispongan todas las medidas que resulten conducentes" para encontrar los
restos de nuestro padre y de su compañero Benito Urteaga nos motiva las
siguientes tres reflexiones, que hemos conversado con nuestros amigos y
familiares más cercanos y que queremos compartir con muchos:
1- Se trata para nosotros de un acto elemental de justicia, que responde a un
largo camino de reclamos, denuncias y movilizaciones llevadas adelante por
buena parte de la sociedad. Ante todo, entonces, es a esta intensa y sostenida
lucha –de la que hemos participado– a la que debemos agradecer. Es cierto que
esta decisión pudo no haber sido tomada. De hecho, se trata de una reacción
tardía, motivo por el cual quizá no tenga efectos tangibles. Hemos conocido y
seguimos padeciendo, en estos años, la aguda cobardía de los representantes y
de las autoridades, ya sea disfrazada de realismo, de impotencia o como
calculado cinismo. Por eso valoramos esta medida democrática que, junto a los
juicios reabiertos contra los responsables de la represión militar, se
distingue del fondo de impunidad en el que aún hoy vivimos.
2-Lo
que el decreto presidencial explicita es que nosotros todavía estamos buscando
los cuerpos sin vida de nuestros padres. No sólo los buscamos a ellos. Junto
con Santucho y Urteaga desaparecieron Liliana Delfino, Ana María Lanzilloto (y
el hijo que llevaba consigo), Domingo Mena y Fernando Gertel. Sus restos
también deben ser encontrados y restituidos. Y no somos los únicos. La
mayoría de los treinta mil desaparecidos aún permanecen en ese limbo creado por
los militares como una verdadera usina de terror. ¿Pero cuál es el motivo de un
silencio y un ocultamiento que a estas alturas se ha vuelto terco e irracional?
¿Y qué es lo que se torna evidente cuando toma estado público nuestra búsqueda
de ejercer un derecho tan básico? Se trata de la sencilla pero persistente
verdad de que resulta imposible cualquier reconciliación. Pues, ¿cómo
podríamos convivir con quienes están imposibilitados de asumir las
consecuencias de sus actos de exterminio? Si no nos reconciliamos es
porque los efectos de aquellas decisiones son irreversibles. La reciente y aún
irresuelta desaparición de Julio López destruyó toda ilusión de un final feliz.
No puede haber verdadera democracia mientras aquel fondo de impunidad perdure.
Y ese fondo no ha cesado de volverse más denso, sobre todo si atendemos ya no
sólo a las injusticias del pasado, sino también a las que hoy existen de mil
maneras (no menos violentas) en los barrios, las cárceles y en las calles de
todo el país.
3-Quizá nuestra última reflexión no se derive inmediatamente del
decreto presidencial. Tal vez ello se deba a que se trata de un sentimiento más
personal, de poca relevancia en la discusión mediática y en la agenda de
coyunturas. Sin embargo, no nos parece superflua agregarla: nos incomoda ocupar
el lugar de víctimas condenadas a ejercitar un reclamo eternamente
insatisfecho. La búsqueda de estos cuerpos, para nosotros, forma parte de un
anhelo vital. Su eventual hallazgo habilitaría el velorio que todos merecemos.
Pero su sentido de justicia más profundo depende de nuestra capacidad para
prolongar el espíritu de rebeldía y emancipación que se encarna hoy en los
cuerpos que resisten la miseria del poder.
Por Ana y Mario Santucho *
*
Hijos de Mario Roberto Santucho.
Pagina 12 - 07-11-2007
KIRCHNER ORDENO QUE SE TOMARAN MEDIDAS PARA HALLAR LOS RESTOS
En busca del cuerpo de Santucho
Ante las negativas militares a informar dónde se hallan los cadáveres de
los líderes del ERP Mario Santucho y Benito Urteaga, el Presidente instó a las
Fuerzas Armadas a brindar colaboración de manera urgente. Se presume que los
cuerpos estarían en Campo de Mayo.
La Casa Rosada inició ayer su actividad con una reunión entre Néstor
Kirchner y la ministra de Defensa, Nilda Garré. El Presidente le ordenó, en su
condición de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, que el Ejército, la
Armada y la Fuerza Aérea tomen "todas las medidas que resulten conducentes
a fin de lograr la recuperación de los restos de Mario Roberto Santucho y
Benito Jorge Urteaga". El reclamo por la localización de los cuerpos de
los líderes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) lleva ya muchos años
y, tras el fracaso de numerosas excavaciones, se renuevan hoy las esperanzas de
sus allegados. Luego de sucesivas negativas de los militares a informar la
ubicación de los cadáveres, el Poder Ejecutivo les reclamó de manera
"urgente" que se brinde colaboración y, de ser necesario, procederá
la Secretaría de Inteligencia (SIDE) a autorizar el acceso a la información.
La ministra de Defensa mantendrá entre hoy y mañana una reunión con
familiares de Santucho, el abogado Manuel Gaggero y Facundo Urteaga, hermano de
Benito, para ultimar detalles sobre los pasos a seguir. Van a informarle las
investigaciones realizadas y acordar cómo continuar la búsqueda.
"Estamos contentos", se anticipó Manuel Gaggero, antes de que
Página/12 le preguntara sobre el tema. El abogado de los familiares de Santucho
y Urteaga, se declaró "absolutamente convencido" de que las Fuerzas
Armadas tienen información sobre los paraderos aunque no pudo poner la misma
certeza en la voluntad militar para encontrarlos. En julio de este año, Gaggero
envió una carta documento a la Rosada con el pedido que se concretó ayer. Por
esos días, Kirchner recibió en Tucumán a Blanca Santucho y le "prometió
profundizar la investigación para encontrar los restos" de su hermano.
El 19 de julio de 1976, Santucho y Urteaga fueron asesinados por un grupo
comando integrado por hombres del Batallón 601 del Ejército y de la Policía
Federal, al mando del capitán Juan Carlos Leonetti. Estaban en un departamento
de Villa Martelli junto a Liliana Delfino, Domingo Mena y Ana Lanzillotto
–embarazada de seis meses–, todos ellos desaparecidos.
Según la versión que quiso instalar la dictadura, los líderes guerrilleros
murieron en un "enfrentamiento" y sus acompañantes fueron
"trasladados" a Campo de Mayo. Una semana después de presentarse en
la prensa como "una victoria en la lucha contra la guerrilla
subversiva", el tema desapareció de los medios de comunicación. Al
cumplirse 20 años de esos hechos, se inició la primera causa para averiguar el
destino de los cuerpos. El juez federal de San Martín, Alfredo Bustos, intentó
sin éxito establecer los paraderos.
La declaración del suboficial "arrepentido" Víctor Ibáñez había
aportado información sobre el lugar donde se encontrarían los cuerpos cuando
admitió que fueron enterrados en Campo de Mayo, cerca de donde funcionó el
Museo contra la Subversión. Se buscó en el predio que señaló el represor y no
se hallaron los cadáveres. Durante la investigación fue hallada una foto de
Santucho aparentemente muerto y se pudo recuperar su diploma de contador: ambos
documentos eran exhibidos como "trofeos de guerra" por Antonio Bussi.
Hasta la fecha, existen cuatro expedientes en la Justicia con más de cinco mil
fojas, de los cuales dos se encuentran "en pleno trámite". En el
2002, cuando los demás casos fueron paralizados, se recurrió a la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos. Por estos días la CIDH solicitó las
actuaciones realizadas para corroborar si se cumplió con el fallo de la Corte
Suprema que en ese entonces reconoció el "derecho a la verdad" de los
familiares de los desaparecidos.
Gaggero le contó a este diario que está en condiciones de ser elevada a juicio
la causa penal que lleva entre los acusados a Santiago Omar Riveros, jefe del
Comando de Institutos Militares que funcionaba en Campo de Mayo; Antonio
Domingo Bussi, subjefe de ese organismo; y José Eduardo Valladares, secretario
administrativo de Riveros. Los militares están imputados por homicidio,
tormentos y, posteriormente, fue incorporada la figura de genocidio, reconocida
por el tribunal que condenó a Miguel Etchecolatz.
Desde el Gobierno, intentan "reafirmar la firme voluntad y decisión de
contribuir al completo esclarecimiento de los hechos". Sin embargo, hasta
ahora nada pudo torcer la voluntad de ocultamiento por parte de los
responsables del genocidio. Sin su colaboración, la búsqueda de los cuerpos no
ha arrojado hasta ahora resultados. Al respecto, el Premio Nobel de la Paz,
Adolfo Pérez Esquivel, recomendó "bucear entre los documentos del Ejército
para poder determinar los posibles lugares de sepulturas clandestinas ya que
los militares tienen archivos, documentación e información reservada que aún no
fue destruida".
Fuente:
lafogata.org
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