Lucha Social
Argentina
ARGENTINA: A TREINTA Y UN AÑOS DEL GOLPE | ARGENTINA: A TREINTA Y UN AÑOS DEL GOLPE |
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| Escrito por Alvaro Hilario | |
| sábado, 31 de marzo de 2007 | |
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Con una escasa hora de diferencia hay dos marchas programadas. La primera de ellas, de tono progubernamental, está convocada por algunos organismos de derechos humanos y agrupaciones políticas afines al presidente Kirchner. Esta partirá desde este cruce de calles.
La otra desde la plaza del Congreso. Los colores celeste y blanco dominan en banderas y afiches de todos los tamaños: es el recuerdo, la identificación con ese peronismo que, incomprensiblemente (al menos para un vasco que lleva no más siete años por estos pagos), se identifica con la soberanía nacional, con el poder de la clase obrera. Si alguien pudiera leer mis aviesos pensamientos le faltaría tiempo para señalarme que, en 1954, un 50´8% del ingreso fue distribuido entre los asalariados, entre los descamisados. Quizás me recordarán la figura de la segunda esposa del general Perón y la República de los Niños (los únicos privilegiados del Régimen). "Con Franco se vivía mejor", dicen bastantes al otro lado del Atlántico. Beneficios de esos militares que murieron en la cama. Todavía hoy pervive el cerco al General, ajeno desde su nuevo mausoleo a las criminales maquinaciones de López Rega y la Cientos, miles de personas se agrupan bajo el celeste y blanco; celeste y blanco estampados con siglas de movimientos –revolucionarios o no-; estrellas con más o menos puntas; con las siglas de lo nacional y popular; no podían faltar, diferentes fechas épicas –veinticincos, veintiseises- redondeando la escenografía. Acá y allá, hombre entrados en la cincuentena, de sienes plateadas y frentes sin marchitar, dan órdenes a jóvenes de piel oscura: esa bandera acá, esa columna por allá. Lo importante es que se vea la bandera y que ésta sea lo más grande posible. No en vano se acercan elecciones –locales, nacionales, provinciales, presidenciales- y hay que decir "presente", bien fuerte, para rebañar cargos y cuotas de poder. La combinación de "M", "N", "P", de veinticincos, veintiseises o diecisietes es más numerosa que nunca; al igual que los "desafíos", "corrientes" y "comandos", esas nuevas unidades de base. Hasta la ministra de Economía, Felisa Miceli, y su marido tienen bandera. Mirá vos. Tras las pancartas rostros cansados, rostros venidos en colectivos escolares, rostros agraciados con electrodomésticos, colchones y miserables ayudas económicas. ¡La democracia es grande! ¡Qué bueno poder elegir! Piqueteros oficialistas: bonita definición para quienes nunca cortaron una ruta pero, valiéndose de la desesperanza de la gente, lograron armar su grupo, adornado de blanco y celeste, lograron su secretaría, su subsecretaría. Días después, en la ciudad de La Plata, estos afectos a la democracia orgánica, golpearían a la militancia de HIJOS cuando pedían por la aparición de Jorge Julio López. Muchas banderas decía, pero ninguna pidiendo por ese hombre que pudo mirar a los ojos al genocida Etchecolatz; pudo mirarlo y empujarlo con su testimonio a una bien merecida prisión. Hechos, no palabras vanas. Las columnas avanzan, maniobran en pos de un lugar óptimo para entrar, bien visibles, en la mítica Plaza de Mayo, revolucionario corsódromo. Rugen los bombos, saltan los jóvenes, se agitan las banderas e incluso los cascos de los motokeros, los mensakas, celeste y blancos. Parece que alguien está a punto de volver a la patria liberada. Liturgia, orgía peronista. Una mujer se me acerca; me ofrece una publicación tamaño diario: la "Patria Grande"; en su tapa Castro, el comandante Chávez, el señorito Daniel Ortega, el ínclito Tabaré Vázquez, la señora Bachelet, Evo Morales, Ignacio Lula da Silva (el mismo que señaló no haber sido nunca de izquierdas), el presidente argentino. Hace calor, pero me entran escalofríos. No me creo el socialismo del siglo XXI. Será que vivo al margen de la evolución, como los obispos de Roma frente a Copérnico y Galileo.
Horas más tarde, en torno a un buen asado, a un vaso de vino, me dirá una compañera "yo fui montonera, no peronista". Y el presidente, nuestro presidente, olvida esos cadenazos universitarios a la militancia de izquierda, a los montoneros. Olvida los cuatro millones de dólares de patrimonio que declaró a la salida de la Dictadura. Terribles minutas de abogado, al parecer. Vienen más tarde las columnas de la izquierda clásica: todos los epígonos del desaparecido Partido Socialista de los Trabajadores (PST): PTS, MST, MAS, etcétera. En incendiarios discursos unen el genocidio, el mal estado del transporte colectivo y quien sabe cuántas causas más. Comunidades de paraguayos, mapuches, chilenos, uruguayos, víctimas de horrores similares, pasados y presentes; agrupaciones universitarias; organizaciones piqueteras de fuste. Observo silencioso. A mi lado, un hijo hace observaciones al padre al ver pasar las columnas de diversos MTD y MTR: "Pá, antes traían más gente; nosotros también íbamos con ellos"; "antes la situación, la necesidad nos obligaba a venir a todos; ahora, vienen los obligados por sus referentes; es otra cosa", contesta el padre. El recuerdo de treinta mil vidas segadas por el capital me estremece. Treinta mil personas de todo tipo, no treinta mil guerrilleros. Como una vez me señalara una amiga de la agrupación HIJOS, "de haber sido así, como sugiere la teoría de lo dos demonios, las cosas hubieran sido de otro modo". Treinta mil personas desaparecidas; miles de familias, compañeros de estudio, compañeras de trabajo, condenados y condenadas a un miedo permanente, a una miseria permanente que hoy comienzan a sacudirse de encima. Alvaro Hilario |
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