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viernes, 03 sep 2010
Jueves 26 de Julio de 2007 17:00

Feninismos filosoficos y teorias de género/3. Feminismo en EEUU: crítica, teoría queer y ciborgs

por Paco Vidarte
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El primer gran bloque que estudiaremos será el de las autoras que suelen situarse en el ámbito de la teoría crítica en la esfera de influencia de Habermas, cuya representante más paradigmática es Sheyla Benhabib, y la polémica surgida entre ella y Nancy Fraser, distanciada del modelo habermasiano; dentro de este mismo ámbito cabría situar a Iris Young, más preocupada por la teoría de la justicia, pero que también ha terciado en ésta y otras polémicas. En el centro de esta disputa se encuentra asimismo Judith Butler, perteneciente a un segundo gran bloque, muy diferenciado del primero, proveniente del posestructuralismo francés, con una honda influencia del foucaultismo, el psicoanálisis lacaniano y la deconstrucción; la visión de Butler adquiere una tonalidad específica por el aporte que supone la reflexión de las lesbianas al feminismo, las cuales introducen nuevos puntos de vista, resaltan nuevas discriminaciones, innovadoras articulaciones de la relación con el cuerpo y con el otro masculino y, sobre todo, la puesta en escena del heterosexismo, no ya sólo el patriarcado, como vector fundamental de opresión.

La historia y la situación actual del feminismo en EEUU es extremadamente compleja por la diversidad de sus planteamientos, múltiples filiaciones y querellas intestinas. Un abordaje del mismo con exhaustividad requeriría un tratamiento mucho más extenso de lo que podemos realizar aquí y, lamentablemente, como en el caso del feminismo francés, apenas podamos esbozar sus líneas generales y diseñar un croquis orientativo de las principales autoras y tendencias filosóficas. Aunque, siguiendo a Neus Campillo (nota 10), podríamos situar a todas ellas dentro de un gran epígrafe que aludiría a la reflexión sobre la "crítica" en el espacio del feminismo, son diversas y muy diferentes los enfoques que hacen de ésta.

El primer gran bloque que estudiaremos será el de las autoras que suelen situarse en el ámbito de la teoría crítica en la esfera de influencia de Habermas, cuya representante más paradigmática es Sheyla Benhabib, y la polémica surgida entre ella y Nancy Fraser, distanciada del modelo habermasiano; dentro de este mismo ámbito cabría situar a Iris Young, más preocupada por la teoría de la justicia, pero que también ha terciado en ésta y otras polémicas.

En el centro de esta disputa se encuentra asimismo Judith Butler, perteneciente a un segundo gran bloque, muy diferenciado del primero, proveniente del posestructuralismo francés, con una honda influencia del foucaultismo, el psicoanálisis lacaniano y la deconstrucción; la visión de Butler adquiere una tonalidad específica por el aporte que supone la reflexión de las lesbianas al feminismo, las cuales introducen nuevos puntos de vista, resaltan nuevas discriminaciones, innovadoras articulaciones de la relación con el cuerpo y con el otro masculino y, sobre todo, la puesta en escena del heterosexismo, no ya sólo el patriarcado, como vector fundamental de opresión.

En esta misma línea ─que se suele agrupar bajo los rótulos de feminismo lesbiano o la más amplia de queer theory (nota 11)─, aunque con notables diferencias e intereses, encontramos otras autoras que desarrollan su trabajo en los EEUU, como Adrienne Rich, Monique Wittig, Eve Kosofsky Sedgwick o Teresa de Lauretis. Finalmente, Donna Haraway, heredera lejana ─posmoderna─ de las propuestas marxistas de Shulamith Firestone, merece una mención especial por la originalidad de sus planteamientos y la atención dedicada a la ciencia y a la tecnología como ámbito donde han de desarrollarse las mujeres, en el cual han de constituir su subjetividad, y conocedora en profundidad de todos estos temas por su formación científica, lo que la mantiene alejada de la tecnofobia o, cuando menos, la reticencia que inspira a veces ciertos enfoques del feminismo filosófico. Los avances tecnológicos son vistos como la posibilidad de abandonar de una vez por todas el dualismo biológico de los sexos y la hipostatización de la diferencia sexual en uno u otro sentido. En su lugar, el sujeto ciborg, mitad cibernético, mitad orgánico, constituye una perfecta mediación y una vía liberadora (nota 12).

De lo enmarañado, espinoso y complejo que es el asunto de la relación entre la teoría crítica y el feminismo es un exponente inmejorable, como señala Campillo, el libro editado por Sheyla Benhabib y Drucilla Cornell: Feminism as Critique. Essays on the Politics of Gender in Late Capitalist Societies (1987) (nota 13) así como el más reciente y fragoroso debate que tuvo lugar en 1998 entre Judith Butler, Nancy Fraser y Iris Young, a partir de un ácido artículo de la primera en la New Left Review acerca del libro de Fraser: Justice Interruptus, al que ésta respondió con tal vehemencia que le costó la contrarréplica, evidentemente a título personal, no en defensa de Butler (nota 14), de Iris Young.

En este contexto, realmente tiene sentido llevar a cabo una presentación polémica de los postulados de estas autoras y sus referencias y diferencias cruzadas. Si alguien necesita de un referente simbólico ─de un speculum─ externo a la disputa para comprender o dejar de entender completamente qué es lo que está en juego, quizás sirva de (des)orientación tener en mente, como un eco lejano, la polémica que comentábamos más arriba, esta vez entre varones, en torno a la teoría crítica, la deconstrucción y el pragmatismo sostenida por Habermas, Derrida y Rorty y su peculiar juego de amistades, enfados, alianzas, devociones impuestas, reconciliaciones y premios. Interpretar ambas querellas especularmente es una tentación patriarcal formulable al modo de "lo que antes hicieron ellos, ahora lo repiten tal cual ellas": Habermas se lleva tal mal con Derrida como Benhabib con Butler, Rorty y Habermas son tan bestia negra el uno para el otro como Benhabib y Fraser (aunque éstas se lleven algo mejor), Fraser está tan dispuesta y desea tanto hacerse amiga de Butler como Rorty (a pesar) de Derrida, al final Habermas y Derrida se han hecho amigos y Rorty se ha quedado fuera sin nada que ver en el asunto, no sabemos cómo acabarán las cosas entre Benhabib, Butler y Fraser.

El problema es que esto no es sino una historieta más o menos divertida, contada en unas pocas viñetas sensacionalistas, y que a la cuestión de fondo del debate intra- e interparadigmático (nota 15) se sobrepone la discusión central sobre la crítica como modo de abordar el sexismo en sus niveles social, cultural y político, de lo que ninguno de los tres pensadores se ha ocupado en exceso ni primordialmente.

Hemos apuntado que Benhabib es la autora más fiel a la teoría crítica habermasiana. Ello quiere decir, entre otras cosas, que se hace necesaria una apuesta firme por la racionalidad filosófica en un sentido fuerte y por un ámbito de normatividad subsecuente fundado en la anterior, así como la propuesta de un horizonte ideal utópico de referencia más allá de toda injusticia. La operación resulta así eminentemente filosófica. Las vindicaciones y la lucha feministas se vincularán y derivarán de estos presupuestos filosóficos. No habría si no posibilidad para una crítica feminista. Fraser, por su parte, considera la crítica anclada exclusivamente en lo político ("crítica situada") y, desde un cierto pragmatismo, abomina del fundacionalismo filosófico. Además reprocha a Habermas su olvido de las cuestiones de género en el organigrama de su teoría crítica, lo cual parece demostrar que lo que más interesa al feminismo de la crítica no se encuentra en la filosofía, sino en la política: "la diferencia principal radica pues en la necesidad, o no, de la filosofía para la crítica.

Mientras que la instancia crítica en Fraser se sitúa en el nivel político-práctico (las luchas de las mujeres, pero también cómo se interpretan estas luchas desde el feminismo), en Benhabib se sitúa en un nivel de teoría de la racionalidad desde el que introducir la consideración metaética en cuanto lógica de la justificación y en cuanto al nivel normativo sustantivo" (nota 16). Más abruptamente dicho, a Fraser le sobra el Hegel de Benhabib (al que ésta previamente "desubjetualiza" o mitiga los excesos de sus deudas con el sujeto ilustrado, como también hará con la filosofía de Habermas), quedándose ambas con Marx, pero, claro está, tras esta mutilación se obtienen dos Marx muy distintos. Fraser se queda sin el ideal de una comunidad ética, sin la objetividad de la norma y sin una fundamentación vinculante metaética, lo que, como a Rorty, parece preocuparle bastante poco. Y todo cuanto no tiene parece ir a buscarlo al posestructuralismo, pensando que tampoco ellos tienen nada, para compartir una mutua carencia satisfecha sin filosofía. Pero, evidentemente, esto no es así, porque Butler, como Derrida, no ha arrasado con la filosofía y no está dispuesta a sentarse amigablemente en una tabula rasa con Fraser para hablar de ironías privadas.

Además, Butler no es posmoderna en sentido estricto: se lo impiden Lacan y Derrida. Y el posmoderno Lyotard tampoco estaría muy dispuesto a dar como válidos los mini-metarrelatos y la crítica, por muy debilitada que esté epistemológicamente, de Fraser y a los que ésta no está dispuesta a renunciar. Butler se halla decididamente cercana a la deconstrucción y por tanto más preocupada por el uso que se hace de nociones como las de "sujeto", la misma noción de "crítica" y otros términos de tinte universalista y excluyente, fácilmente reconstructores de binarismos como "género", "sexo", "mujer" o "identidad".

A esta tarea de vigilancia permanente aunará su particular versión del pragmatismo lingüístico y el tratamiento de la "performatividad" como configuradora de agentes e identidades discursivas fluctuantes, cuya apariencia de unicidad y consistencia no proviene más que de su constante repetición que, sólo por eso, las constituye en norma. Será a través de la performatividad del discurso como sea posible lograr recreaciones de sentido, resignificaciones, nuevos usos lingüísticos y como será posible desarmar prácticas citacionales hegemónicas que no son sino una "parodia desprovista de original cuya verdad no llega nunca a cristalizar y que, por lo tanto, tiene que reinstituirse una y otra vez mediante el auxilio de instancias sancionadoras, de regulación y penalización.

En su artículo sobre Fraser se aprecian nuevos motivos de distanciamiento con respecto a esta última relativos a una larvada acusación del posible "heterosexismo" subyacente en la propuesta de Fraser de analizar separadamente el ámbito de discriminación cultural y económico. El título del escrito lo da a entender claramente. En el fondo vendría a decirle a Fraser que para ella las reivindicaciones de las lesbianas son "merely cultural", esto es, sin la relevancia que implícitamente se le atribuyen en esta distinción a las verdaderas y más urgentes reivindicaciones económicas: "She reproduces the division that locates certain oppressions as part of political economy, and relegates others to the exclusively cultural sphere. Positing a spectrum that spans political economy and culture, she situates lesbian and gay struggles at the cultural end of this political spectrum. Homophobia, she argues, has no roots in political economy, because homosexuals occupy no distinctive position in the division of labour, are distributed throughout the class structure, and do not constitute an exploited class: 'the injustice they suffer is quintaessentially a matter of recognition', thus making their struggles into a matter of cultural recognition, rather than a material oppression" (nota 17).

La desvinculación del "reconocimiento cultural" de la "redistribución económica" es la raíz misma del heterosexismo de izquierdas que siempre consideró la lucha contra la homofobia como un caprichoso lujo burgués, "an effort to colonize and contain homosexuality in and as the cultural itself" (nota 18). Butler replica arguyendo contra la homofobia considerada como una opresión secundaria si es casual el empobrecimiento de las mujeres lesbianas, si la prohibición a gays y lesbianas de formar una familia no tiene nada que ver con la necesidad de mantener la pureza inmaculada del modo de producción centrado en la familia y, por ende, en la "normative heterosexuality of the economy" (nota 19), en la reproducción capitalista de la heterosexualidad como un "specific mode of sexual production" (nota 20).

Fraser se defiende como puede de esta avalancha pero se mantiene en sus trece y se reitera en la perspectiva de análisis dicotómico entre reconocimiento y redistribución. Lo único que consigue hacer, como suele suceder en estos casos, es mostrar sus buenas intenciones y decir que ella no es homofóbica. Sólo le faltaba decir que, además, tiene muchas amigas lesbianas, como, por ejemplo, Judith Butler: "In my account, then, injustices of misrecognition are fully as serious as distributive injustices. And they cannot be reduced to the latter. Thus, far from claiming that cultural harms are superstructural reflextions of economic harms, I have proposed an analysis in which the two sorts of harms are co-fundamental and conceptually irreducible" (nota 21).

Ironías y simpatías aparte, Butler ha obligado a Fraser a mantener una posición dualista radical y la única solución que aporta Fraser es también dependiente de este dualismo, a saber "the combination of socialism and deconstruction" (nota 22). Un dualismo, por otra parte, que parece ser el fundamento de su incómoda, aunque indudablemente productiva e interesante ─"filosóficamente"─, posición entre la deconstrucción y la teoría crítica. Como dijimos, no obstante, esta posición, que resucita los sistemas duales de capitalismo y patriarcado, le costará un tirón de orejas de manos de Iris Young a la malhadada, por bienintencionada, Fraser quien, queriendo aproximarse a todas las feministas en general al final no logra quedar bien con ninguna en particular: "Her proposed solution, namely to reassert a category of political economy entirely opposed to culture, is worse than the disease" (nota 23).

Por si fuera poco, Young le recuerda a Fraser que plantear dicotomías irresolubles poco o nada tiene que ver con la deconstrucción que ella preconiza combinar con la crítica política, en lo que no le falta la razón. En la respuesta a Young, Fraser matiza un poco su radicalismo y rechaza haber hecho un planteamiento dicotómico y, en su lugar, aboga por una suerte de perspectivismo dual: "The entire thrust of my essay was to demonstrate that cultural claims have distributive implications, that economic claims carry recognition subtexts, and that we ignore their mutual impingement at our peril. Thus, what Young labels a 'dichotomy' is actually a perspectival duality" (nota 24).

Ciertamente la posición mediadora, o que lo intenta, de Fraser resulta a todas luces incómoda y poco gratificante a corto plazo, toda mediación lo es, pero tiene al menos la virtud de esclarecer puntos comunes entre posturas que se quieren opuestas y absolutamente distanciadas unas de otras. Abogar por un término medio, incluso lograrlo, no siempre es sinónimo de virtud. A veces es más lo que se sacrifica en el intento que los resultados obtenidos y la paz en el interior de un paradigma o entre distintos paradigmas no tiene por qué ser lo más deseable, un valor absoluto, ni lo que haga avanzar más el pensamiento. Lo que sí es indiscutible es que con estos debates lo que debe trazarse como objetivo final es la consecución de una "crítica feminista autónoma" ─como apunta Campillo─ respecto de fidelidades, servidumbres de cualquier tipo y filiaciones a corrientes filosóficas o a tradiciones ajenas al propio feminismo.

            
NOTAS: 

10- Cfr. CAMPILLO, N.: "El significado de la crítica en el feminismo contemporáneo", en AMORÓS, C. (ed.): Feminismo y filosofía, ed. cit., pp. 287-318, que seguiremos en parte de nuestra exposición.


11- Sobre la queer theory, de escasa difusión y conocimiento por estos lares debido al lento goteo de traducciones, a la escasez de estudios específicos y al pacato conservadurismo reformista de los colectivos de gays, lesbianas y transexuales en el Estado español, remitimos al excelente estudio de Ricardo Llamas: Teoría torcida. Madrid, Siglo XXI, 1998 y a los estudios conjuntos del anterior autor y de Francisco Javier Vidarte: Homografías. Madrid, Espasa-Calpe, 1999 y Extravíos. Madrid, Espasa-Calpe, 2001.

12- Hago un intento de trasvasar, tal vez demasiado abruptamente, la estrategia de Haraway a la lucha gay en: "Ciborg. El nuevo hombre gay", en Extravíos, ed. cit., pp. 213-229.

13- Existe traducción castellana: Teoría feminista y teoría crítica. Valencia, Edicions Alfons el Magnànim, 1990.

14- En el artículo que provocó la polémica, Butler parecía dejar bien claro que nadie más que ella misma y Fraser tenían vela en este entierro. Tal vez el tono "singular" con que excluía de la discusión al resto del mundo como interlocutores válidos hizo que Young quisiera meterse por medio, replicando sólo a Fraser  para decirle más o menos dónde la estaban conduciendo sus amistades postestructuralistas y eludiendo cualquier referencia a Butler. Éste es el decreto de privacidad o de exclusión del artículo de Butler sobre Fraser: "I turn to her work in part because the assumption I worry about can be found there, and because she and I have a history of friendly argumentation, one which I trust will continue from here as a productive exchange─ which is also the reason why she remains the only person I agree to name in this essay" (BUTLER, J.: "Merely Cultural", en New Left Review, 227, 1998).

15- "La controversia dentro del feminismo entre una teoría crítica de la sociedad y una crítica situada se presenta como una discusión intraparadigmática [...], en el sentido de que se referiría a cuestión de matices más que a una ruptura de paradigma. Ésa es la diferencia que aprecia Benhabib entre la posibilidad de diálogo fructífero con la crítica situada y las disputas con el feminismo postestructuralista de Judith Butler y Drucilla Cornell, que considera desacuerdos interparadigmáticos" (CAMPILLO, N.: "El significado de la crítica en el feminismo contemporáneo", ed. cit., p. 311).

16- CAMPILLO, N.: "El significado de la crítica en el feminismo contemporáneo", ed. cit., pp. 303-304.

17- BUTLER, J.: "Merely Cultural", ed. cit., p. 39.

18- Op. cit., 45.

19- Op. cit., p. 41.

20- Op. cit., p. 42.

21- FRASER, N.: "Heterosexism, Misrecognition and Capitalism: A Response to Judith Butler", en New Left Review, 228, 1998, p. 142.

22- FRASER, N.: "From Redistribution to Recognition? Dilemmas of Justice in a 'Post-Socialist' Age", en WILLET, C.: Theorizing Multiculturalism. A Guide to the Current Debate, Malden, Blackwell, 1998, p. 40.

23- YOUNG, I.: "Unruly Categories: A Critique of Nancy Fraser's Dual Systems Theory", en op. cit., p. 51.

24- FRASER, N.: "A Rejoinder to Iris Young" en op. cit., p. 70.

                      

Ultima modificacion el Miércoles 30 de Enero de 2008 05:46

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