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miércoles
20. ago 2008
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ARGENTINA. EL GÉNERO DEL PODER PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Álvaro Hilario   
martes, 27 de mayo de 2008
yamila_balbuena.jpg
Los medios de comunicación destacaron el hecho de que en las elecciones presidenciales argentinas de 2007 fueran dos mujeres las candidatas más votadas: Cristina Fernández y Elisa Carrió. Resultó vencedora la primera, candidata de la coalición Frente para la Victoria (FPV) y esposa del anterior presidente Néstor Kirchner. Este hecho ha despertado el debate en el feminismo argentino; sobre todo, si el simple llegar al poder aporta algo a las reivindicaciones. Cristina Fernández no desaprovecha oportunidad para utilizar "argentinas y argentinos", saludo popularizado durante la campaña electoral. Laura Giussani, escritora, se confiesa "aburrida" al respecto. "Escuchar a la Kirchner, a Cristina Fernández, metiendo cuestiones de género en todo momento me parece insoportable. Son gestos que apuntan a una mujer que se tiene que integrar en el sistema; entonces, las mujeres reclaman igualdad de sueldo, ser buenas empresarias, buenas dirigentes; ocupar espacios de poder". (Artículo bilingüe euskera/castellano de Álvaro Hilario)

Versión en euskera: Boterearen generoa    

Huyendo de la última dictadura (1976), Laura se refugió en Italia. "Recuerdo cuando conocí el feminismo, en Italia, en los 70, no era éste el perfil; el perfil era un perfil liberador, personal, donde se mandaba a la mierda todo y se empezaba a reconocer el propio deseo, más apuntado al deseo que al poder. No me gusta la palabra género; me parece que no sirve más que para pasteurizar el feminismo".

Yamila Balbuena, profesora de Historia en La Plata, es integrante del grupo de mujeres Azucena Villaflor. Piensa sobre el movimiento en Argentina. "Acá, el feminismo también enfrentó, aunque tardíamente respecto a Europa, el  debate sobre la institucionalización del movimiento y de la protesta. Aquí, se vivió como oenegización, como en otros muchos países de América Latina: con la financiación del dinero extranjero cumplir ciertos roles, llenar ciertos vacíos, que el estado no cumple con respecto a la mujer: ayuda  a las mujeres golpeadas, casas de refugio, trabajo de concienciación de derechos. La práctica escindió el feminismo en uno radicalizado, más vanguardista, más callejero; y otro que se quedó peleando la Ley de Cupos".

Las Jornadas Nacionales de Mujeres reúnen una vez por año a cientos de grupos de toda Argentina. Hace 23 años, en Buenos Aires, hubo 100 mujeres; 33.000 hace dos en Mar del Plata; el año pasado, en Córdoba, fueron 25.000.

"Que una mujer ocupe la presidencia es un hecho que si  no se corresponde con políticas de equidad, de igualdad, concretas, no dice nada. Al día de asumir, Cristina Fernández dijo que el aborto no era tema que fuese a ser tratado por este gobierno. Cuando en Argentina mueren tres mujeres al día por abortos clandestinos, no podemos decir que Cristina sea una mujer que represente el género",  señala Balbuena.

Giussani es contraria a la participación de la mujer en los espacios de poder. "Lo revolucionario de la mujer es no haber participado demasiado del poder; creo que la elección debiera seguir siendo la misma, no entrar al juego del poder.  Para la mujer es más revolucionario pensar que competir por el poder; es aprovechar las cosas que nos dan placer. Hay que replantearse otro tipo de relación de la mujer con el mundo que no sea necesariamente jurídica. La cuestión de género viene de lo jurídico: la igualdad de derechos es algo que no habría ni que discutir, está aceptado que todos somos seres humanos; si hay que luchar por esto, se lucha, pero limitar la cuestión de la mujer a cuestiones jurídicas, me parece que es dejar de lado cosas mucho más interesantes".

 
ABORTO

Los problemas padecidos por la mujer argentina no son diferentes a los de las demás latinoamericanas: discriminación en el trabajo, precariedad, embarazos no deseados, malos tratos y asesinatos, redes proxenetas de trata de mujeres.

"En los últimos diez años, el aborto ha sido uno de los temas centrales del movimiento de mujeres. Es un tema que condensa varios de loslaura_giussani.jpg problemas que sufrimos: por un lado, los derechos no adquiridos, por mucho que se hablé de igualdad, las mujeres no tenemos el derecho de decidir sobre nuestros propios cuerpos, son los médicos, el estado, quienes legislan sobre nuestra sexualidad, nuestra maternidad; por otro lado, es un diagnóstico de la salud pública de las mujeres en nuestro país, la gran mayoría de las camas las ocupan mujeres con problemas tras abortos clandestinos", señala Balbuena, al tiempo que remarca la estrecha relación entre aborto, abuso sexual, pobreza y marginalidad. De hecho, la tasa de desempleo entre las mujeres menores de 29 años es del 16´4%, el doble de la media argentina. "La mujer no debe competir por espacios de poder; no debe participar en un sistema de dominación capitalista y  patriarcal. Que la lucha sea en busca del cambio cultural, económico, simbólico, político que subyace en cada una de nuestras relaciones. También le reclamamos al estado; es una forma de denunciar, de participar en movimientos más amplios".

Las leyes que garantizan la educación y salud sexual son, en la práctica, papel mojado por falta de medios. "Se habla mucho de los pasos dados por la mujer, pero el estado es tan patriarcal como siempre. Esta situación es difícil de sostener incluso para las mujeres que optaron por la vía institucional".

 
LA IZQUIERDA

A juicio de Laura y Yamila, la izquierda clásica nunca ha entendido la tarea del movimiento feminista, siempre arrinconado respecto a los otros movimientos sociales. "La cultura de izquierda tiene una gran ignorancia respecto al feminismo. Existe el prejuicio de que las feministas están en contra de la pelea mayor, que dividen, que están en contra del hombre; por eso los reclamos de mujeres están abajo, no se toman por temas que nos unifiquen, se toman por reclamos sectoriales; es absurdo pensar que algo que le sucede a la mitad de la humanidad no es algo que nos pase a todos; es absurdo. Si son partidos transformadores éstas tendrían que ser sus primeras consignas; tomar estas consignas lleva a preguntarse sobre la propia vida, a cuestionar a los dirigentes, el actuar vertical, el que haya una mujer en la asamblea y no le dejen hablar, que la interpreten, que alguien hable más alto", explica Balbuena. . "Los encuentros de mujeres tienen lógicas muy distintas. Todas tenemos la palabra, el mismo tiempo y no la tenemos en relación con nuestro papel o militancia, si no como personas y esto hace que el diálogo sea distinto. Si mujeres de pieles diferentes, realidades y trabajos diferentes somos capaces de intercambiar experiencias, si somos capaces de reconocernos en las otras, este feminismo permanecerá".

Piensan que no son tiempos fáciles para el feminismo. "El feminismo es un modo de vivir y pensar, y esto en sociedad es complicado. ¿Cómo compatibilizar la necesidad con la coherencia? Sin perder la generalidad, hemos de pensar estrategias a corto plazo; vamos, que si pensamos que con tener una mujer de presidenta todo está solucionado, mal. La lucha es general, y dura la postura que se debe tomar. Las mujeres aguantan con dificultad los estereotipos que se les asignan y también el ser coherente puede convertirse en estereotipo".

Álvaro Hilario

fuente: Berria

 
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