| ¡QUÉ VIVA KEN LOACH! |
|
|
|
| Escrito por Henri Belin | |
| viernes, 29 de septiembre de 2006 | |
|
En fin, que en el caso de Ken Loach, el temor a que la recompensa suprema otorgada al Viento que agita la cebada coincidiera con una cinta inofensiva y desprovista ya de cualquier fuerza subversiva, me invadió hasta quitarme las ganas en un principio de ver proyectada en pantalla, los restos de la mortaja con que se sepultaba bajo los laureles del olimpo de Cannes, a uno de los cineastas europeos de las últimas décadas más constantes y coherentes en sus compromisos estéticos como políticos.
A ello, tampoco ayudaban los comentarios desolados de la prensa especializada que puso el grito en el cielo cuando el jurado del festival 2006 anunció los resultados de la competición. La película no pasaba según ella, de ser una nueva versión sin sorpresas del ya tradicional y simpático panfleto convencional y académico con el que nos suele entretener cada año el abuelete izquierdista, Ken Loach, con su sarta de buenos sentimientos, sus utopías trasnochadas, y su sentido tan peculiar de la objetividad y de la verdad histórica. Según aquellos primeros comentarios a pie de sala oscura, la falta de renovación del artista británico se plasmaba en la coartada de la reconstitución histórica (los hechos se desarrollan en Irlanda en los años 20), lastrada por su pesadez decorativa e indumentaria.
Por otro lado sin embargo, la elección del jurado de Cannes presidido por el chino hong-kongués Wong Kar Wai, director pasado a la posteridad con el éxito planetario de In the mood for love, picaba mi curiosidad. Me llamaba la atención que este artista lírico tan exigente y apasionado por las formas, recompensara a un cineasta en las antípodas de su estética cinematográfica, donde hasta el momento el referente político ha brillado por su ausencia.
Total que cuando me senté en la butaca de la sala de proyección, no sabía muy bien a qué atenerme, envuelto por un lado en la sensación de cumplir de modo estúpido, un deber casi ético de solidaridad respecto a Loach - convencido que estaba de no ver nada del otro mundo - pero por otro lado, albergando todavía la esperanza de ser sorprendido por la frescura y la fuerza de una cinematografía que, además de contar con títulos tan destacados como Agenda Oculta, Riff-Raff, Lloviendo piedras y el desgarrador Ladybird, Ladybird, aún daba hasta tan solo dos años, con la película Sixteen, claras muestras de su vitalidad y de no haber renunciado a nada.
Para empezar toman un relieve político evidente en el contexto colonial británico de la época, al ser el hurling, una modalidad más salvaje y típicamente irlandesa de hockey sobre hierba, cuya peculiaridad radica en que se desarrolla en un espacio de juego mucho más abierto que el de la cancha acotada habitualmente reservada para el hockey. Estamos aquí ante un espacio de juego sin límites, en el que el campo irlandés por completo constituye en sí un área de juego potencial, pudiendo seguir los jugadores en su lucha por la pelota hasta donde ésta les lleve. La libertad de movimiento y la relación fusional al espacio irlandés, desprovistas de coacciones, contrasta inevitablemente con las limitaciones drásticas impuestas por la presencia británica que prohíbe las reuniones de más de tres personas, y por tanto ese tipo de juego. En este sentido, la escena inaugural funciona, además de manifiesto estético, como la metáfora deportiva de una utopía independentista presentada como algo tan natural y legítimo como un juego o un partido entre los diversos miembros de una comunidad. La transparencia y aparente naturalidad del sistema estético de Loach no hace más que remarcar la evidencia del mensaje.
Porque más que una película específica sobre la historia del conflicto irlandés - la lucha que permite la firma del tratado de 1923 que decreta la partición de Irlanda en dos zonas, una de mayoría católica que accede a la independencia y otra protestante, que se mantiene bajo dominio inglés - El viento que agita la cebada aparece sobre todo como una reflexión en torno al compromiso político en su versión más absoluta quizás - la de la lucha armada - y como un estudio de los mecanismos que rigen una organización militarizada y jerarquizada como puede ser el IRA.
Llega la prueba del fuego, las primeras acciones, los primeros muertos. Poco a poco, aunque el personaje quede convencido de la necesidad de alcanzar el objetivo final de la independencia, el idealismo del compromiso inicial deja lugar a un pragmatismo desencantado respecto a los métodos utilizados en esta guerra. La violencia de un bando aunque parezca justificada responde a la del otro. Desde ese punto de vista, las acusaciones de maniqueísmo dirigidas contra la representación de unos ingleses muy malos y deshumanizados, frente a la de unos combatientes irlandeses buenos y justificados en su violencia, no aguanta el visionado de la película.
Si Ken Loach no vacila en escenificar duramente la crudeza de la
represión británica mediante una puesta en escena sencilla que recalca su
brutalidad, tampoco oculta la de los resistentes patriotas irlandeses. En un
apartado íntimo con su novia, el personaje principal confiesa que le parece
haber perdido toda sensibilidad y haberse transformado en una simple máquina de
matar. Es que las reglas de la lucha son bastante implacables para el que se
muestra débil o hace peligrar el equilibrio del equipo. Y los que están
encargados de aplicar el castigo sufren porque son humanos. Así es como Cillian
se ve obligado a matar a uno de sus amigos de infancia que tras su detención
por los ingleses denuncia a su grupo. La ejecución del potentado responsable del
arresto de todo el grupo, víctima política del conflicto - quizás más
"justificable" por su colaboración con el ocupante - tampoco es
representada como muy gloriosa
En otra escena, la duda se extiende a todo el grupo después de una celada tendida en el monte a una columna de soldados ingleses que no deja a ninguno de éstos en vida y donde las bajas en el grupo del IRA son más importantes que previsto: muchos de sus miembros rompen a llorar, se llevan las manos a la cara. El jefe del comando, viendo el peligro, les hace cuadrarse gritándoles consignas, recordándoles que forman un ejército, de liberación sí, pero un ejército al fin y al cabo, discurso que concluye con esta frase: "Si los Ingleses quieren introducir la barbarie en Irlanda, nosotros les responderemos con la misma barbarie."
Loach, al contrario de lo que se le acusa en esta película, huye de todo idealismo de postal, recalcando de modo implacable la transformación ineludible que viven los combatientes involucrados en la lucha, sin tampoco proponer por ello una mirada ingenua que condena el recurso a la violencia. La guerra y la lucha aunque necesaria y justificada por la aspiración a la independencia sirve aquí de pretexto al director para ahondar en su investigación de los límites del ser humano confrontado a esa experiencia límite de la lucha armada y del autoritarismo que supone. Por ello, las escenas de hastío y de escepticismo son interesantes y realistas: los personajes de Loach dudan, se cansan y aspiran a llevar una vida normal, lejos del furor de la guerra a cuya obligación no pueden sustraerse. Se muestran también fríos, cobardes y calculadores, como cuando, escondidos en el sotobosque, asisten sin reaccionar a la intervención de un grupo de soldados ingleses que arrasa y quema una granja, violentando y torturando a las mujeres que viven ahí. La lógica colectiva (la supervivencia del grupo del IRA con su capacidad operacional) aplasta la lógica individual de estas mujeres sometidas a la tortura. Poco a poco, se hacen cada vez mayores e ineludibles los compromisos que los combatientes se ven obligados a negociar tanto con su conciencia como con sus ideales de partida. Lo que en la perspectiva de Loach conduce a la derrota final, ya que el tipo de organización y de relaciones internas a la formación guerrillera condicionan las capitulaciones futuras decididas desde arriba. Es el díme cómo luchas o díme cómo te organizas, y te diré adonde llegarás: la práctica política en su modalidad más concreta define aquí la ideología y los objetivos últimos del grupo independentista.
La cuestión social acaba completando esa visión desencantada del compromiso político, al
De nuevo, como en Tierra y Libertad (1994), Loach mete el dedo en la llaga ahí donde más duele, haciendo la crónica desencantada del naufragio de un proyecto político desvirtuado en su última fase, por el peso de las formaciones cuya organización disciplinada y jerarquizada, si bien nacen de las condiciones de la lucha, hipotecan irremediablemente las capacidades de reacción de las bases que la constituyen. De ahí que, como es habitual en Loach, el director deje mucho espacio a las asambleas de combatientes (de trabajadores en otras películas), donde la palabra circula libremente, lejos de todo autoritarismo, mediante una puesta en escena a ras del suelo donde todos los personajes y las palabras que pronuncian, se mantienen sobre un pie de igualdad. El parentesco con Tierra y Libertad se hace evidente a nivel temático en esa lógica que sacrifica el proyecto político utópico en beneficio de una postura más autoritaria. En ese sentido, los combatientes y miembros del IRA que acaban aceptando el tratado lucen los mismos uniformes que los miembros del ejército republicano estalinista que acaba con las milicias poumistas de Tierra y Libertad.
Sin embargo, la puesta en escena de El Viento que agita la cebada está mucho más lograda en la búsqueda de la autenticidad, que nunca se sacrifica en esta cinta en beneficio de efectos melodramáticos ramplones que le quitaban fuerza a muchas escenas de Tierra y Libertad por el recurso en particular del ralentí. Como los buenos vinos, Loach sigue mejorando sus propuestas con el tiempo, eliminando las escorias lacrimosas de algunos de sus trabajos anteriores. Con lo cual, no os dejéis embaucar por la caricatura del cine de Loach y corred a ver este viento regenerador que agita su último trabajo.
Dirección: Ken Loach. Guión: Paul Laverty. Fotografía: Barry Ackroyd. Montaje: Jonathan Morris. |
| < Anterior | Siguiente > |
|---|
Recibirás un Boletín con nuestras recomendaciones.