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sábado
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EN EL OJO DEL GATO: LA ACTUALIDAD VISTA DESDE EL PORVENIR. Llevar la noticia a la sala de cine 2. PDF Imprimir E-Mail
Escrito por François Niney   
jueves, 07 de diciembre de 2006
Lo que escribía Serge Daney durante la guerra del Golfo (abril 1991) podría considerarse como una constatación básica que apela a alternativas necesarias frente a la información televisiva: “Vemos la tele porque es de lo más realista. Dice la verdad e informa de modo absoluto. Es la contaminación verdadera de nuestro oxígeno mental (…). Si no fuera por un simple detalle: el único mundo del que nos da noticias (tan precisas y sobreexcitadas como las cotizaciones en Bolsa o los 40 Principales) es el mundo visto desde el poder (como se dice “la tierra vista desde la luna”) ¿Cómo podríamos saber sin ella, quién tiene el poder y quién no? ¿Quién vale qué y quién no vale nada? (…) Por eso la vemos, porque de eso sí que al menos nos informa. De eso, sí, pero de nada más. De la bolsa, sí, pero no de la vida. Es por eso que, pese a todo, no podemos respetarla”.

                  

La fuerza de las noticias televisivas (ahí reside también su idiotez) radica en la pretensión de no haber sido realizadas por nadie: la evidencia de las imágenes y el anonimato del comentario les asegura, supuestamente, una objetividad total. No perdamos tiempo en examinar esta evidencia que funda la propaganda moderna, criticada por André Bazin ya en 1946 (“A propósito de Por qué combatimos”) y por Orson Welles en Citizen Kane (1941). Al poner en escena un discurso del que el sujeto está ausente –lo propio de las instituciones no es que sea fulano el que hable, sino la ley, la ciencia, la policía, el gobierno, la salud pública…- la información televisiva abdica de todo espíritu crítico y cree otorgarse una autoridad “institucional” que sin embargo, ningún procedimiento de elección (política) ni de comprobación (científica) autoriza. De hecho, aquí, la función justifica el órgano y la función de la noticia televisiva, de la “televisión de todos los franceses” (retomando la tan manida expresión del General de Gaulle) es representar de modo publicitario a los representantes acreditados y consolidar el orden del mundo (el mejor de los mundos claro, a pesar de sus desórdenes provisionales, así considerados desde la torre de control del “todo lo que es real es racional” y sin alternativa posible…¡unos minutos de publicidad!).

Frente a esta visión del mundo llave en mano, a esta manera “universalizante” que tiene la razón económica y mediática de cuadricular nuestro territorio, parece justificado, excitante e incluso necesario, lanzar una multiplicidad de noticias “ciudadanas” vistas desde el terreno. Más allá de los problemas de la difusión que esta iniciativa podría plantear, una dificultad, que amenaza con ejercerse sin legitimidad, surge de inmediato en las antípodas del objetivismo televisivo: el punto de vista más o menos ombliguista, el militantismo más o menos excluyente, el comunitarismo más o menos “victimista”. Las noticias “alternativas, ciudadanas o democráticas”, como se quieran llamar (cada uno de los adjetivos plantea una nueva pregunta), se desacreditarían de inmediato si sólo se limitaran a ser una conjunción aproximativa de home movies, cine-panfleto y alegatos pro domo.

                           

¿Cómo producirlas entonces con ese mínimo de legitimidad y de autoridad que confiere un punto de vista que justamente no es solamente el de uno mismo? De ello depende que exista una verdadera política de autores que no podrá perfilarse más que poco a poco, en la práctica y la confrontación, pero que necesita ciertas ideas directrices. Como no he visto ninguna de las imágenes destinadas a ser propuestas para las “noticias democraticas”, ni he participado tampoco en ningún comité de visionado, es a modo de utopía crítica (y gratuita) que libro estas sugestiones liminares.

       

                      

He dicho que de ello depende una “política de autores” porque no se trata tanto de temas o de buenas causas (que no faltan), sino más bien de maneras de ver y de mostrar, de situarse, de compartir el mundo y de orientarnos en él. (Entre ver, saber y actuar, no existe ni equivalencia, ni causalidad). Lo que importa no es persuadir ni siquiera informar (la fuerza del Caimán de Nanni Moretti, estaba en su toma de partido al no revelarnos nada nuevo sobre Berlusconi, ya que en el fondo todo el mundo lo sabía); no se trata en modo alguno de hacer una anti-tele de contra-propaganda (para la que”ver es creer”). No es una cuestión de consignas de orden sino de orden de palabras y de imágenes, y por ende de formas de expresión y de vida, digamos (valga la contracción) de est-ética (por donde pasa lo político, que no la política).

                

1/ De ahí mi primera sugerencia: nuestras noticias “alternativas” deberían orientarse no a partir del presente sino del porvenir (cf. las películas de Chris Marker) de modo que podamos ver nuestro presente en un desfase, como una puesta en perspectiva histórica, como una retroproyección crítica (lo que vería un hombre de 2060) y mediante esta ficción, devolverle todo su relieve a lo otro posible (sin lo cual lo real se limita a ser lo que es: insipidez televisiva).

                                  

2/”Política de autores” en plural, eso quiere decir que cada autor debe de ser plural, incluir en su voz personal los contrapuntos del mundo, cruzar su mirada con la de los demás, o sea, esforzarse por componer en polifonía, esto no es ni cacofonía ni panel de opiniones, sino reflejar en su voz propia, algo de los ecos y de los gritos de la época, del mundo en gestación.

                 

3/ ¿Quién habla? ¿Desde dónde se habla? La película debe responder a estas dos preguntas no sólo mediante sus títulos de crédito sino por su dispositivo de enunciación: las imágenes son “sus” imágenes (y no una mera copia del mundo que desfila ella sola), fabricadas por los que asumen la creación y el sentido, en ciertas circunstancias y a partir de un cierto planteamiento (y no de un mensaje por transmitir).

                                            

4/ Así el espectador no podría ser tomado como rehén de una supuesta evidencia de las tomas y de un discurso que profiere la verdad de esta evidencia. La película deberá entrar en interlocución con el espectador al que se dirigen las imágenes y la regla del juego será en ésta visible: o sea que su manera de mostrarse debe permitir comprender las directivas que han presidido su rodaje y su montaje.

                         

5/ Grosso modo, se trataría de seguir las huellas de la película Chats Perchés de Chris Marker[1]. Quizás no sólo sea divertido sino pertinente prestar mil ojos al famoso gato amarillo todo sonrisas -aunque no siempre haya motivo para la risa- que habita las paredes de nuestras ciudades y banlieues (¿acaso el humor no es una manera de tomarse las cosas “insignificantes” en serio y volver insignificantes aquellas que se toman como“serias”?). Quizás podamos, incluso, llevar más allá la utopía: todas nuestras “noticias” alternativas deberían tomar la forma ineludible de las encuestas del gato, de su mirada desfasada y de su sonrisa, substituto poético, para nosotros, del viejo topo que ya pasó a mejor vida.

                      

He aquí el libro de estilo del gato para uso de los realizadores. Quedaría por hablar del espinoso problema del comité de lectura o de visionado o de selección o de redacción… ¿quién lo va a componer, con qué criterios decidir, con qué medios, qué representatividad, qué afinidades, qué exigencias…?

                          

Si no desaparece de inmediato entre las querellas intestinas (de las que el izquierdismo francés calla tan bien el secreto), deberá navegar entre afluencia descontrolada de vídeos aproximativos y amiguismo restringido, entre cualquierismos estruendosos y buenas causas todo terreno… Pero en este tipo de acciones, hay que hacer camino al andar y no dudamos que se presentarán perlas fuera de lo común, que el comité sabrá en seguida reconocer con su ojo felino para hacer con ellas un collar… que luego no tardará en abarcar el conjunto de las salas!

                                     

Justamente ¿qué salas? Ahí va la última pregunta. Hemos visto como en el transcurso de este último lustro, el público (al menos una parte) se ha vuelto a encaminar hacia las salas de cine para ver documentales políticos, que además criticaban a menudo la televisión, como formando parte del establishment : las películas de Moore, Outfoxed, Historia de un saqueo de Solanas, The Corporation, Operation Condor, The Take de Naomi Kevin y Ari Lewis, La pesadilla de Darwin de Sauper, las películas de Mograbi, y la última hasta la fecha, Una verdad que molesta de Al Gore. Más allá de la disparidad de estilos y de calidad, esta tendencia denota una voluntad del público de ir a buscar en otro lugar que en la tele?

                        

Esperemos de todo corazón que este hastío sea un motor. En todo caso, habrá que constituir progresivamente una red de salas de cine o de otro tipo para que pudiera perdurar la experiencia de las “noticias democráticas” que, como lo sobreentendería el gato, merecería la pena ser llevada a cabo aunque no fuera a durar. Pero primero….qué empiece, demos paso a las imágenes, abramos el ojo...

                      

                             

François Niney, profesor en la Universidad de Paris III, especialista del documental.

                               

Traducción: Susana Arbizu y Henri Belin.
                               
leer también el manifiesto acerca de esta iniciativa en este link:
                                            


[1] Chats Perchés, documental político de 58’ realizado por el director francés Chris Marker en 2004 en torno a la aparición en noviembre 2001 de un grafitti de un gran gato amarillo que empezó a verse en los sitios más improbables de la capital y de sus suburbios, y que observa con su amplia sonrisa la vida de los habitantes de la urbe.

 
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