¿Qué tiene que ver un octogenario español residente en México con la profesora
de música de una ikastola? ¿Y el País Vasco de 1997 con un pequeño pueblo de
Zamora en 1936? ¿Y un juez madrileño aficionado al arte medieval con un joven
zapatista? Juan Ibarrondo responde a estas preguntas construyendo una
novela ágil y emotiva, una narración para leer de un tirón que nos interpela por
nuestras raíces. La historia más reciente y el pasado más oscuro se unen
en esta novela a través de una decisión judicial y una gárgola misteriosa. A continuacion, publicamos las reseñas de Isaac Zubia y de Javier A. Alvarado a propósito del nuevo libro de Juan Ibarrondo. El lunes 21 de abril a las 19h, en la Casa de La Cultura Ignacio Aldecoa (en el
parque de la Florida de Gasteiz), se presentará esta novela editada por
BASSARAI. En el
acto, contaremos con la presencia del autor, así como con la de
Kepa Murua (editor), Javier Alonso (que recitará un poemario ex
profeso) y el periodista Txabi Arnal. Además se proyectará un corto: Gárgola Rojinegra (realizado para la
ocasión por Gentzane Martín y Carol Caiafas).
LAS RUINAS DE LA
CATEDRAL NUEVA.
Por regla general, las
novelas al uso, conforman una especie de juego de indicios, trucado
desde el principio por el autor, donde los ávidos lectores
juegan a descubrirlas a la par que el argumento se desarrolla. Cuanto
más intensa sea esa sensación de misterio y paulatina
adivinación de lo que se describe mejor que mejor…
Leer, sin embargo, esta
novela nos pone en otro plano bien diferente. Pues Juan Ibarrondo no
ha escrito este relato para que, saltando de pista en pista e
introduciéndonos por los vericuetos que nos propone, podamos
llegar a una resolución emotiva y literariamente consistente.
Ibarrondo más que
escribir una novela, la planta ante nuestro pasmo y
curiosidad. Sí, la historia nos llegará envasada en
tramos y capítulos, pero su lectura no nos dará la
impresión de estar quemando etapas, prefijadas y medidas como
en una carrera ciclista, para por fin allegarnos al codiciado
argumento final, al deseado podium postrero.
Este relato funciona de
distinta manera. Los lectores se convierten en atentos jardineros de
letras que asisten emocionados a su crecimiento.
Este árbol-novela
crece silvestre, desarrollando paulatinamente en torno a su tronco
verticilos, ramas, ramillas, flores, hojas y frutos, que el atento
lector-jardinero irá gestionando con la satisfacción de
estar metido en una extraordinaria empresa de hombre memorioso.
La narración crece
y crece con la savia de los vivos, pero sus formas, su definitivo
perfil pétreo, no es de riguroso manual silvícola.
Por ello, los lectores después de subir, trepar y dolerse
entre las ramillas punzantes y rotas, descienden; y montados en la
narración se alejan para observar en la distancia la obra
finalmente resuelta: un árbol entre otros árboles; una
novela más en el universo de la literatura. Pero ¡ojo!,
un relato, un arbolón que será inolvidable, pues se
alimentó en su crecimiento del talento, las piedras, los
sueños y las emociones que el autor desperdigó ante
nuestros pies y nosotros quisimos recomponer contra la Historia
narrada por los poderosos.»
Lengua de hierro
perfil invertido
ronca conciencia
flor ajada
flor rota de alambique,
barro
al fin y al cabo.
Arcilla que se quiso
a sí misma
sin Dios
sin resentimiento
sin destino necesario.
Javier A. Alvarado.
Marzo 08.
HILOS
ROJINEGROS
La nueva
novela de Juan Ibarrondo trata de rescatar, tras un olvido de
décadas, unos hechos terribles, como terrible fue la represión
franquista tras la guerra española, pero no se queda ahí.
La importancia del texto deriva, en mi opinión, de resaltar
los hilos invisibles que unen el pasado y el presente. No podemos, en
ese sentido, hablar de novela histórica pues lo que acontece a
lo largo de sus páginas todavía está presente en
nuestras vidas. Bucea pues en la historia cercana para explicarnos
nuestra realidad más actual.
La forma de
hacerlo es quizá su mayor logro literario. Un suceso,
aparentemente banal, se transforma en el hilo conductor del relato,
pero, no contento con ello, el autor introduce un elemento sólido
y real: la gárgola, que como una sombra vigilará desde
lo alto el transcurrir de la historia, para terminar dándole
sentido.
Destacable
es también la unión de dos tiempos (1997 y 1936) y
varios espacios (México, Zamora, Vitoria..) a través de
hilos invisibles que se van entretejiendo para acabar formando un
trozo coherente de nuestro pasado.
Oiremos
distintas voces, dialectos, jergas... que nos ayudarán a
introducirnos en las historias de los personajes. Conoceremos de
cerca personajes históricos, unos reales y otros producto de
la invención del autor, pero siempre sujetos complejos, lejos
del maniqueísmo o el panfleto. También sucesos de
lucha, de creación, de vida...
Pero la
novela es también un homenaje: a los desplazados de todos los
tiempos; los que llegaron a Vitoria a mediados del siglo pasado, a
los exilados que marcharon a México en el 36, y, por ende,
también a los emigrantes actuales, porque el drama del exilio
y el desarraigo es igual para todos. Los canteros emigrantes que
escupen las gárgolas de la Catedral Nueva se constituyen así
en personaje colectivo, que traerá nuevas ideas, nuevas formas
de ver el mundo.
Y está
también México, país al que el autor no es en
absoluto ajeno, un país en dos tiempos, un relato de
afinidades entre dos jóvenes de mundos en principio ajenos, y
un anciano digno que quiere vivir una existencia libre.
En resumen:
un canto a la dignidad humana, por encima de contingencias fatales, y
un original guiño al destino.»
Isaac Zubia.
Maeztu, abril de 2008.
Las ruinas de la Catedral Nueva |
| Juan
Ibarrondo |
160 páginas |
| Precio sin IVA: 11,54 euros |
ISBN 978-84-96636-19-4 |
http://www.bassarai.com/
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