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viernes
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KEN FOLLET, FLASHES Y FUNDACION SANTA MARIA PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Kleinen Prinzen   
lunes, 14 de enero de 2008
kenfollet.jpgA propósito de la nada casual visita de Ken Follet o cómo los beneficios empresariales se tiñen de cultura. No es la primera vez, y cada vez más parece que tampoco pueda ser la última, que los intereses políticos y económicos de la clase dirigente se ven respaldados por medio de una celebración conmemorativa, de un acontecimiento deportivo, de la aparición de un personaje de la órbita del espectáculo, de un acontecimiento mediático o de un acto de cariz cultural. La lista de ejemplos se alargaría hasta las decenas, sin embargo, son estos tres últimos patrones los que han tomado cartas en el asunto de la visita del escritor de best-sellers Ken Follet a la ciudad de Gasteiz.
 

El motivo de esta suntuosa visita de un escritor de fama internacional a una, afortunadamente todavía, pequeña ciudad que termina si acaso de despejarse de una mentalidad de provincia, no es otra que la de robustecer un proyecto de ciudad que cada vez va quedando más destapado. No es casual que el asunto del pasado y sus vestigios arquitectónicos sean un pozo para el profit de la industria de la cultura y de los intereses privados de la construcción y la especulación. Quién iba a llevarse las manos a la cabeza al percatarse del flujo económico que mueven el asunto de la retrospección y preservación del pasado si se trata de un asunto de cultura. Un pasado que, según parece por los esfuerzos invertidos en garantizar su presencia, debió ser mucho mejor que el presente que nos toca padecer. En definitiva, por lo que podemos extraer de un rápido análisis a los libros más vendidos últimamente, el romantizado tema del pasado, de las tramas de suspense sobre códigos secretos en pinturas renacentistas o catedrales bañadas por mares va generando jugosas ventas.

Por otra parte, un fenómeno con el que se puede establecer relación es el que se lleva practicando por parte de los gobiernos municipales de rehabilitar y mejor dicho rentabilizar los cascos antiguos (apoyándose en el argumento historicista para llamarlos históricos y sin embargo introduciéndoles elementos abominablemente, como no puede ser de otra forma, contemporáneos). Es ahí donde se conjugan los intereses políticos y la hegemonía territorial con los intereses económicos focalizados desde el negocio urbanístico, la especulación y movimientos oscurantistas de dinero junto con una rentable operación turistificadora, todo ello desde la inapelable excusa del patrimonio y la cultura.

Desde la estratagema de saber conjugar con eficacia todo esto, Kent Follet llenaba las primeras planas de la prensa local posando con su nueva novela al pórtico de la catedral de Santa María; rostro no sólo del templo sino de un proyecto de rehabilitación y museificación de la Catedral y de toda la manzana en la que se ubica que de momento ya se ha manifestado en la expropiación de la casi totalidad de los vecinos y vecinas que vivían en las viviendas que pretende ocupar un museo eclesiástico y una tienda de souvenirs. Todo este ardid para acelerar un proceso de rentabilización que parte de unas piedras en ruinas y dotarle de una dimensión cultural, internacional y mediática que haga su cuestionamiento menos evidente. Para perpetuar un modelo de ciudad que se equipare al ejemplo elitista y hegemónico europeo.

Este amargo recuerdo que nos deja Kent Follet se materializará en una estatua (no sabemos si ecuestre) en la plaza de Burullerías, una estatua erigida a un "paisano" galés, en una ciudad poblada de estatuas de toreros, rampas mecánicas y monumentos levantados a la independencia de la nación española.

 
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