| GÁRGOLA ROJA Y NEGRA: LA OTRA HISTORIA |
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| Escrito por Gentzane Martín/Carol Caiafas/Juan Ibarrondo | |
| viernes, 09 de mayo de 2008 | |
Con motivo de la proyeccion en www.eutsi.org del cortometraje Gárgola Rojinegra, realizado por Gentzane Martín y Carol Caiafas en torno a la novela de Juan Ibarrondo Las ruinas de la catedral (Bassarai), publicamos un texto inédito del autor donde éste reflexiona sobre la labor del escritor y de la literatura para restituir esa "historia invisible, oculta, que desde la
literatura tenemos la oportunidad de reinventar, recrear, desvelar". Esa
historia secreta, hecha de hilos rojinegros subterraneos, es justamente la que Juan Ibarrondo trata de restituir y reconstruir en su novela. Para visionar el corto, accede al articulo. A veces el pasado más cercano se muestra más oscuro que aquel otro más lejano en el tiempo, que sirve hoy para dar vida al género literario más vendido: la novela histórica. Esa oscuridad no se debe al paso del tiempo, que difumina de forma natural los contornos de las historias, sino a un voluntario ocultamiento que tiene como origen, no la lejanía, sino por el contrario la cercanía de lo pasado, a la manera del aquejado de presbicia, que ve mejor lo situado a una cierta distancia que lo que se muestra ante sus ojos. Corto realizado por Gentzane Martín y Carol Caiafas
GARGOLA ROJINEGRA
A veces el pasado más cercano se muestra más oscuro que aquel otro más
lejano en el tiempo, que sirve hoy para dar vida al género literario más
vendido: la novela histórica. Esa oscuridad no se debe al paso del tiempo, que
difumina de forma natural los contornos de las historias, sino a un voluntario
ocultamiento que tiene como origen, no la lejanía, sino por el contrario la
cercanía de lo pasado, a la manera del aquejado de presbicia, que ve mejor lo situado a una
cierta distancia que lo que se muestra ante sus ojos. Así es que los acontecimientos que se
vivieron tras el golpe de estado franquista se ocultan pues son aún parte de
nuestro presente.
Vamos a empezar retrocediendo en el tiempo hasta principios del siglo pasado. En 1908 se inician en Vitoria las obras de la que se conocería como la Catedral Nueva. Era un intento de dar cuerpo físico a la nueva diócesis de Álava, provincia que hasta entonces había estado sujeta a la de Calahorra. Un intento que supondría también un impulso económico a la ciudad de Vitoria, con la creación de puestos de trabajo, industria auxiliar... en fin nada diferente a lo que sucede con las actuales grandes infraestructuras, en ocasiones tan ambiciosas y faraónicas como aquella; pero, como también sucede en ocasiones con las obras actuales, los problemas no tardaron en llegar y fueron, desde un principio, problemas financieros. Las diversas instituciones que se suponía iban a sufragar las obras se hicieron los suecos, y hubo que recurrir a cuestaciones populares, que fueron a todas luces insuficientes; cosa nada extraña si tenemos en cuenta el carácter cicatero del paisanaje alavés y vitoriano, nada proclive a grandes dispendios particulares. Así pues las obras de la catedral quedaron sin terminar y así nacieron lo que esa misma población, renuente para aflojar la bolsa, empezó a llamar, no sin ironía, las ruinas de la catedral nueva. Algunos años antes, un anarquista italiano llamado Fanelli, que representaba a la Primera Internacional (donde Marx y Bakunin se enzarzaron en la disputa que acabará con la unidad del movimiento obrero) llega a la península Ibérica y forma los primeros núcleos anarquistas. Para las fechas en que se inician las obras de la Catedral Nueva esta ideología tiene ya un cierto arraigo entre los trabajadores valencianos y catalanes. Militantes conocidos como “los apóstoles de la idea” recorren la geografía peninsular difundiendo los principios del anarquismo. ¿Algunos de aquellos misioneros laicos llegan a trabajar a las obras de la catedral vitoriana? ¿Explicaría esa presencia libertaria, la magnifica libertad creativa, e incluso crítica social, que dejaron en las primeras gárgolas del templo? No lo sabemos a ciencia cierta, pero si sabemos que muchos de ellos son catalanes, valencianos... y sabemos también que ya en los años 30 del siglo veinte la CNT es un de los sindicatos más importantes de la ciudad, con una gran afiliación y capacidad de lucha. También sabemos que en esos años llegan a la ciudad, procedentes de Castilla, jornaleros desempleados que se ocupan del derribo de los viejos cuarteles del ejército, a los que sustituirán los que más tarde jalonarán lo que se conocía como el paseo del cuarto de hora (ahora en la zona universitaria) Se va formando esa ciudad levítica, de curas y militares, de la que habla Tomás Alfaro. La nueva diócesis, la catedral, la circunscripción militar propia, los nuevos cuarteles... son parte de la geografía urbana que va creando la fisonomía de la ciudad, hasta que las oleadas migratorias de los años 60 la vuelvan a cambiar. Por debajo de esa geografía visible se mueven los hilos secretos de la resistencia. Así, cuando los jornaleros castellanos vuelvan a sus pueblos en verano durante la cosecha, recogemos testimonios diciendo que llegaban: revueltos, o con el ojo más abierto. Obviamente después del contacto con el más organizado movimiento obrero del País Vasco, o en concreto de Vitoria. Todo este movimiento subterráneo aflorará en el 36 y será derrotado por los poderosos en una masacre sin precedentes que todavía marca, a pesar de quién dice lo contrario, nuestras vidas y nuestra política. Se producen entonces, como siempre tras las guerras: la hambruna, la penuria y grandes desplazamientos de población. Primero el exilio después la emigración, cuando la población rural respira un poco y sale de la parálisis a la que le ha conducido el terror franquista (Es significativo sobre la situación de la posguerra el relato de un revolucionario inglés enviado a Andalucía justo tras la guerra. Su cometido será mover a las masas, y el inglés, impresionado por lo que ve, dice: Compañeros aquí si las masas se mueven caen al suelo exhaustas) pero ya en los años 50 y 60 miles de campesinos abandonan sus pueblos y emigran a las ciudades o a Europa: Vitoria pasa de tener 60.000 habitantes a 200.000. Yo creo que se valora poco como hipótesis del origen de ése éxodo la asfixiante situación que se produce en muchos pueblos tras las masacres del primer franquismo. Pero el hecho es que serán en buena medida esos miles de trabajadores expulsados de sus tierras quienes construirán la nueva Gasteiz, y también, una vez más, descubrimos esos hilos subterráneos que darán lugar a las luchas obreras de los años 70. La dictadura supuso sobre todo la muerte de la memoria, pero, de una manera u otra, esa memoria sobrevivió a la muerte, o tal vez esté en la condición humana rebelarse ante la injusticia y buscar un mundo mejor... Y por fin llegamos a los años ochenta, donde en cierta manera vivimos otro momento de rebeldía. Un movimiento contracultural que se siente heredero de las anteriores explosiones de cambio. Siguiendo lo que Marcus llama Rastros de Carmín. En aquellos años de punk y parranda, teníamos por costumbre acabar la noche en un bar llamado Kasbha donde permanecíamos hasta el amanecer, bebiendo y conspirando. Pues bien ese mismo local fue en los años 30 del siglo pasado el Katu Beltza. Lo regentaba un tal cojo Isasi y, según parece, era lugar de reunión de anarquistas, socialistas y demás inconformes de la época. Tal vez Alfredo Donay cantó borracho “a las barricadas” junto a sus amigos del sindicato. O ¿Por qué no? Isaac Puente jugó ajedrez con Tomás Alfaro, tal y como lo hacían Lenin y Tristán Zara en el café Voltaire. Es la historia invisible, oculta, que desde la literatura tenemos la oportunidad de reinventar, recrear, desvelar. Una historia secreta que seguramente ahora mismo se está produciendo de nuevo: en los locutorios del casco viejo donde se reúnen los nuevos emigrantes, en el Gaztetxe que cumple sus veinte primaveras estos días, o quién sabe donde. Debemos tener los ojos abiertos, luchar contra el prejuicio, para que esta nueva historia no sea negada de nuevo como en julio de 1936 o en marzo de 1976. Juan Ibarrondo. |
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