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CONVERSACIONES CON ANDRES SOREL PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Andrés Sorel   
domingo, 15 de octubre de 2006

Organizada por la librería asociativa ZAPATENEO, tuvo lugar en Gasteiz la presentación del último libro de Andrés Sorel, editado por Txalaparta: SIGLO XX, TIEMPO DE CANALLAS. Un libro donde el autor se interesa - entre otros temas - por la mercantilización de la cultura, la alienación religiosa, la corrupción política o las nuevas modalidades de fascismo. Todo ello a través de la evocación de personajes reales, pensamientos irreverentes y acontecimientos históricos que hacen de este libro un alegato literario y político sobre los cien años que nos hicieron llegar hasta hoy. En la presentación se produjo un interesante debate que reproducimos en parte. Andrés Sorel es escritor, militante de izquierdas heterodoxo y presidente de la Asociación Española de Escritores.

                 

Zapateneo: Este libro es aparentemente pesimista, además es un libro duro donde no dejas títere con cabeza ¿qué te llevó a escribirlo? 

             

                      

Andrés Sorel: Alguien dijo que un pesimista es un optimista bien informado. La intención fue escribir un libro sin autocensura, una reflexión sin censura que reflejara el siglo XX, un libro sobre las victimas de la historia y sobre los canallas que las produjeron. Alfonso Sastre me escribió para felicitarme pero me dijo que había cosas que quizá era mejor no decir, porque así me iba a quedar solo, pero yo creo que es necesaria la autocrítica sobre el papel de la izquierda en el mundo. También los partidos de izquierda se han dedicado a desmovilizar, objetivamente han contribuido a mantener el sistema; yo viví esto muy de cerca cuando Carrillo decidió pactar con la derecha española, estábamos en París y ahí se gestaron décadas de olvido, de no recuperar la memoria de lo que supuso el franquismo, esto ha lastrado la llamada transición española. Lo mismo pasa con la prensa, no existe ningún diario de izquierdas. Cuando intentamos la experiencia de Liberación, no duró ni cuatro días porque los diarios no se pagan con las ventas sino con la publicidad.

La pregunta que me hago es si las izquierdas son realmente trasformadoras. Hay que tener en cuenta que nunca en ningún lugar han existido sociedades socialistas, el llamado socialismo real se convirtió pronto en capitalismo de Estado; los militantes que realmente querían cambiar la sociedad fueron eliminados o apartados. La China actual es un buen exponente de eso que digo. El Che daba prioridad a la creación del hombre nuevo, pero eso se ha descuidado en todas partes, aunque en Cuba, sobre todo fuera de La Habana existe cierta conciencia antiimperialista y en cierto modo socialista, esto es lo que ha hecho mantenerse a la revolución. La conciencia, la ética son elementos clave para cambiar el mundo.

                

Zapateneo: Se habla mucho del resurgir del fundamentalismo religioso pero no tanto de la nueva religión que es la tecnología, el dogma del progreso.

                      

Andrés Sorel: La sentencia de Descartes, pienso luego existo, habría que traducirla hoy como, consumo luego existo. Yo recordaría la frase de Einstein que dijo que la ciencia no sirve para construir la sociedad que queremos. Hoy en día existe un mono-mensaje televisivo, que es el mismo que se lanza en todo el mundo en la red, por los móviles, en los videojuegos... que se resume en identificarse con el triunfador y en fomentar el miedo, en crear demonios (si ETA no hubiera existido habría que inventarla) Todo esto tiene mucho de religioso. El mono-mensaje mata la imaginación que es el principio de la rebeldía. El hombre masa ha existido en el capitalismo y en el “socialismo”. Cuando estuve en Rumania vi a las masas aclamar a Ceaucescu como a un Dios, aquello tenía mucho de religioso, la moral judeocristiana ha impregnado también a los partidos de pretendida izquierda. En Estados Unidos hay una alianza político religiosa que detenta el poder y se entienden perfectamente, con el beneplácito además de los poderes económicos.

          

Zapateneo: ¿Y el fundamento religioso musulmán?

               

Andrés Sorel: Yo creo que la batalla de las ideas hay que darla en todas partes. Incluso entre nosotros o en relación a fuerzas objetivamente antiimperialistas. Si existe racismo, xenofobia, discriminación de la mujer hay que criticarlo en todas partes. Ahora bien, hay que tener claro que la violencia del Estado, del opresor, es el mayor terrorismo. Entonces la violencia contra el opresor es legítima, yo no soy demócrata, pero no puede aplicarse de cualquier forma o los grupos armados se convierten en un corpúsculo en el vacío que muchas veces se vuelve contra sí mismo, hay que tener en cuenta las armas y la razón de las armas. Evitar enrocarse en un camino sin salida.

           

Zapateneo: O sea que la mercancía ha matado a la comunidad y por ende al individuo entendido como ser capaz de imaginar.

                

Andrés Sorel: De aquí a poco vamos a perder hasta el nombre, seremos el número de una tarjeta electrónica. Hace poco vi a unos emigrantes ecuatorianos felices por haber conseguido una tarjeta de crédito, eso les daba identidad y les permitía ser alguien. Pero en el fondo es una identidad falsa, una falsa realidad; no nos da satisfacción y el miedo nos impide ver la verdad de las cosas... porque si vas a contracorriente te convierten en loco. Esto se ve muy bien en la pérdida de la memoria histórica. ¿Cómo es posible que se alabe en los medios a gente como el Barón Thyssen que se lucró con los nazis o a la duquesa de Alba que es exponente del fascismo español?

             

Zapateneo: Entonces ¿Qué podemos hacer? ¿Por qué siempre somos tan pocos?

            

Andrés Sorel: A mi me da igual hablar con 7000 o con 20 personas porque en el fondo siempre hablo conmigo mismo. Hay un problema muy grave que es la desconcienciación de los ciudadanos, sólo desde la toma de conciencia llega la libertad, el respeto a la diferencia, a otros pensamientos. En el mundo virtual del consumo no existen seres pensantes, sólo zombis. Cuando nos juntamos en actos como éste, lo hacemos porque nos sentimos mal, lo hacemos desde la ética y esto es importante.

              

 
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