Cultura
Teatro
Teatro Africano : Dieudonné Niangouna.Autorretrato del artista en clandestino. | Teatro Africano : Dieudonné Niangouna.Autorretrato del artista en clandestino. |
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| Escrito por Henri Belin/Susana Arbizu | |
| lunes, 24 de septiembre de 2007 | |
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Nada más apagarse las luces, la voz de Dieudonné Niangouna brota con fuerza y rabia en la oscuridad, en medio del lecho de brasas ardientes donde se ha colocado el artista, convertido así en superviviente anónimo de un mundo en descomposición. Mientras una luz cenital va recortando en la penumbra caldeada su rostro fantasmagórico, el fuego de la hoguera recorre y abrasa literalmente el monólogo del personaje interpretado por Niangouna, hasta transformarlo en mensajero rescatado de los infiernos.
Actitud Clando parece en efecto resurgir de las cenizas mal apagadas de un país asolado por la corrupción endémica, la pobreza y las guerras civiles que en los 90 ensangrentaron Brazzaville, la capital de la República del Congo donde vive y trabaja el autor. Dieudonné Niangouna sabe lo que es ser un superviviente. En diciembre de 1998, cuando estalló la tercera guerra civil congolesa, los rebeldes del pastor Ntoumi que peinaban la capital, lo detuvieron sin motivo y se lo llevaron a la selva. Allí vivió recluido durante más de año y medio, sometido como los demás presos a las privaciones y a los bombardeos del ejército del presidente Sassou Nguesso. Cuando pensó que había llegado su hora frente al pelotón de ejecución, se produjo el inesperado milagro que le salvó la vida: uno de los milicianos le reconoció por haberle visto actuar en el escenario del Centro Cultural Francés de Brazzaville, con la compañía que Niangouna dirige desde 1997 junto a su hermano Criss, Les bruits de la rue (Los ruidos de la calle). Aquel miliciano logró convencer a los demás de que no le ejecutaran y así se salvó. Hoy, pese a todas las dificultades que acarrea un contexto de posguerra nefasto para la cultura, el dramaturgo ha conseguido levantar entre las ruinas de Brazzaville, un festival de teatro contemporáneo llamado Mantsina sur scène
El clando, en el texto de Niangouna, aparece por tanto como un fugitivo en situación de inseguridad permanente que lucha por acceder a la visibilidad y al reconocimiento de la existencia que se le niega. Esta lucha contra todas aquellas estrategias de control y de exclusión elaboradas para eludir la realidad de la emigración y de las causas que la motivan, se transforma así en la materia prima de una obra que pretende rescatar del olvido y del silencio la figura del que no tiene derechos ni papeles, del que soporta toda la violencia económica y deshumanizada de nuestra época en la indiferencia generalizada de la mayoría. Niangouna nos enfrenta literalmente al fantasma que no queremos ver, a esa otra cara de la prosperidad económica y de la escandalosa opulencia en la que se mueve el primer mundo frente a la miseria que empuja los clandos a emigrar. Una denuncia que acaba tomando evidentemente un relieve mucho más amplio al hacer también eco al olvido y al desinterés en los que se ve sumido el continente africano – en particular el África subsahariana- con su interminable lista de desgracias. Pero según se despliega el discurso del Clando, Niangouna da la vuelta al concepto y a la situación de exclusión que conlleva, para recuperar el vocablo y reivindicarlo como base de un auténtico manifiesto libertario. Lejos de reclamar cualquier tipo de regularización o de integración: Niangouna lleva la paradoja al punto de mostrar la absoluta necesidad de mantenerse en los márgenes de la “regularidad” para poder ser libres. La Actitud Clando acaba de este modo transformándose en una oda radical a la libertad del individuo que rehuye de toda identidad social o nacional impuesta, y que reafirma el sinsentido de toda frontera. Ser un clando significa entonces no tener papeles, olvidar su nombre y su firma, sobre todo no tener trabajo ni horarios, tampoco móvil, ni dirección fija, aún menos tarjeta visa, ordenador, ni ninguna de todas aquellas necesidades creadas por nuestra sociedad que nos convierten en esclavos catalogados, numerizados, y clasificados, hasta perder la verdadera identidad de cada uno. Esos son los tipos “reglos” (correctos, legales) que Niangouna opone a lo largo de todo el monólogo a todos aquellos que son “clandos”:
Me gusta la gente asquerosa, pero no puedo trabajar sino me van a encontrar, clasificar, dosificar, encasillar, para a fin de cuentas convertirme en un tipo “reglo”, pero un tipo “reglo” curra 24 horas al día,[…]y ha aceptado la lobotomización de las razas infectas. (Extractos de Actitud Clando)
La Actitud Clando según Dieudonné Niangouna aparece entonces como el único método, la única tabla de salvación a la que puede agarrarse el hombre moderno para recuperar algo de su identidad perdida. Un método que el artista se aplica a sí mismo, proponiéndonos un explosivo autorretrato donde el autor/actor pone literalmente toda la carne en el asador, soportando las altas temperaturas de la hoguera, entregándose física y psicológicamente al espectáculo para reivindicar también la necesaria clandestinidad de la identidad inasible del artista en perpetuo devenir, siempre en busca de algo novedoso que por definición no puede identificarse con ningún movimiento para poder seguir siendo subversivo, reivindicando en suma la marginalidad como fundamento del acto artístico. Henri Belin/Susana Arbizu.
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