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Un nuevo Estado PDF Imprimir E-Mail
Escrito por J.Ibarrondo & L.K.García   
jueves, 29 de junio de 2006

¿Caben los movimientos indígenas dentro de los márgenes del modelo de Estado tal y como está actualmente configurado? No. ¿Dónde entonces? En otro tipo de Estado, fruto de una revisión y reconceptualización. ¿Y no sería mejor articular otras estructuras? Seguramente, pero por el momento habría que apostar por la elaboración de un nuevo Estado, de una nueva síntesis quizás, de un nuevo contrato social tal vez, pero, en general, dentro de los márgenes estatales actuales. Estas son algunos lugares comunes expresados el pasado martes 27 de junio por los ponentes de la jornada sobre Movimientos Indígenas celebrada en el DF.

                           

¿Trascender el viejo Estado? Han pasado casi 500 años desde que Nicolás Maquiavelo inventase el Estado, ideado como una maquinaria fuerte de control de los súbditos. “La grandeza de los crímenes (del Estado) borrará la vergüenza de haberlos cometido”, anunció, profético.

           

En muchos lugares de América y de otras partes del mundo activos movimientos indígenas aporrean la puerta de ‘El Príncipe’, interpelan al Estado, lo impugnan, ¿lo superan? El pasado martes 27 de junio cinco ponentes del ámbito académico mexicano se reunieron en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México para reflexionar al respecto: Fabiola Escárzaga, Raquel Gutiérrez, Magda Gómez, Ivan Gomezcésar y Pancho López Barcenas.

              

Según Raquel Gutiérrez, profesora de Periodismo Auténtico en Narco News, esa “impugnación” de formas organizativas estatales es el “tema político de actualidad”, sobre todo impulsado desde 1994 (levantamiento zapatista) por la pugna que desde abajo se va implementando. ¿Situación a día de hoy? “El Estado, tal y como hoy está formulado, no da más para abordar la demanda de los pueblos originarios. Los movimientos están poniendo en jaque al Estado y su trama organizacional”, subrayó Magda Gómez, académica de la Universidad Pedagógica Nacional y vicepresidenta de la Academia Mexicana de Derechos Humanos de México. En su opinión, se impone una “reconceptualización del Estado en estos tiempos de globalización”.

                   

Pancho López Bárcenas, abogado mixteco y director del Centro de Orientación y Asesoría para Pueblos Indígenas abundó en la idea y dio un paso más. Apoyado en ejemplos como el zapatista o en iniciativas indígenas en otros estados como Guerrero, dijo que “los pueblos indígenas no están pensando en reinsertarse en el Estado”. “Este Estado no les sirve, y el nuevo Estado va a surgir solo”, añadió.

             

El antropólogo Gomezcésar transitó por similares caminos cuando afirmó que el “horizonte histórico actual se llama Estado”. Especificó que en los tiempos que corren se está poniendo en duda el Estado-nación sólo para algunos, “para nosotros, porque para ellos no, para globalizar la fortuna de Bill Gates, por ejemplo, para eso no”.

                 

Autonomía y nacionalidades indígenas

                  

El debate ligó, obligadamente, el tema del Estado con el de las autonomías. En esa línea, Gomezcésar cree que hay plantear dos cosas vinculadas: “Nuevo Estado y autonomía”. Desechó que el “nuevo contrato social” que, en su opinión, debe operar se pueda configurar al margen del Estado. López Bárcenas suscribió la idea de pensar las autonomías “en función del nuevo Estado”.

              

“La autonomía llevada al extremo se llama nacionalidades”, dijo Gomezcésar. “Y yo creo que deberíamos aspirar a un país de nacionalidades indígenas, dentro de un modelo de Estado-nación distinto. Si luego, por ejemplo, todos los mayas quieren juntarse y llegar a otro nivel, pues bien, pero yo creo que primero hay diseñar un espacio de nacionalidades fuertes”.

                      

Varios ponentes apuntaron las carencias prácticas de las reformas legislativas puestas en marcha en los últimos tiempos, así que López Bárcenas concluyó que “la cuestión es cómo articular la autonomía para hacerla efectiva”, y, muy importante, que “el impulso surja desde la base, desde los pueblos, no desde el Estado”.

               

Se llamó también la atención del caso de Bolivia, donde la autonomía es el reclamo de la derecha, y donde el movimiento indígena no la reivindica pues se piensa que es algo que se da a las minorías, y, como es sabido, no es el caso del país andino.

               

Bolivia en el punto de mira

                        

El caso boliviano sigue estando en el centro del debate, más si cabe en este seminario, dado que repasó conclusiones que ofreció el congreso celebrado en El Alto (Bolivia) en marzo de 2006, a poco de que Evo Morales pusiera en marcha su nuevo gobierno. Gutiérrez, analista de lujo para este tema, miró a Bolivia cuando la charla abordó el tema de la autonomía: “En Bolivia hay hoy una autonomía de facto”.

               

Pero partiendo de ahí apuntó que, por encima de estructuras hasta ahora conocidas o ensayadas, “se trataría de llegar a una nueva síntesis social”, como sería el caso de Bolivia, “donde se abre la posibilidad efectiva de un Estado plurinacional, y la cuestión sería cómo se confederalizan las autonomías”.

                          

Gutiérrez señaló que la Asamblea Constituyente que dentro de un mes se va a poner en marcha es una auténtica “oportunidad histórica”. Reconoció las tensiones que se están desatando al respecto entre el Estado y los movimientos sociales, si bien especificó que el Estado se encuentra “comprometido” por unos principios previos que limitan totalmente su campo de juego. En cualquier caso, aclaró que la población está viviendo este proceso como una “conquista”.

                                

Los ponentes coincidieron en señalar la excepcionalidad del caso boliviano, en el sentido de que Evo se encontró con que prácticamente no existía Estado a su llegada al Gobierno, a diferencia del mega-Estado que sí tiene México, por ejemplo. Eso, según Escárzaga, tiene su lado bueno, por ejemplo que “la construcción se plantea desde las comunidades”. Gomezcésar contó el caso del último ministro de Defensa de Bolivia anterior al gabinete de Evo, que había vendido buena parte del arsenal del Ejército.

                         

 

“¿Qué hace Evo? Evo está construyendo nación, no está construyendo comunidades, y además es necesario que así lo haga: está poniendo los cimientos de la nación”. Esos cimientos podrían ser el impulso a la alfabetización, la recuperación de los recursos naturales o la laicización de la educación.

                       

                     

 
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