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Importancia de la educación y la comunicación en el proceso boliviano | Importancia de la educación y la comunicación en el proceso boliviano |
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| Escrito por Franklin Gutiérrez | |
| sábado, 24 de junio de 2006 | |
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Es necesario analizar bien el aspecto educativo para entender cosas que pasan en Bolivia en los últimos años. Primero de todo, como apunte histórico, diría que todo el tema educativo está muy ligado a la movilización de las Tierras Altas (zona de influencia de aymaras y quechuas). Y hay que aclarar que, tradicionalmente, desde los ayllus el acceso a la escuela se plantea más como vía de liberación de los pueblos que desde el punto de vista estrictamente educativo. En la primera mitad del siglo XX hay determinadas experiencias, donde Warisata Escuela-Ayllu es el mejor exponente, que plantea la escuela como modelo de desarrollo siempre sobre la base de la organización comunal y principios rectores como solidaridad o reciprocidad entre otros. Cabe mencionar la figura de Elisardo Pérez, fundador y auténtico motor de la escuela (sobre Warisata hay una obra al respecto publicada por Yvette Mejía Vera). Es una idea muy ligada a la de escuela-trabajo rusa. Se autosostiene gracias a la cooperación con el ayllu. Todo este camino ayuda indudablemente a la revolución del 52, así que en 1953 se declara la educación libre y gratuita, con la siguiente filosofía: construir una persona que rompa con la carga cultural que conllevaba hasta el momento, cimentando la dignificación como punto de partida. Es una propuesta revolucionaria, desde un planteo de lucha social. Sin embargo, la escuela post-revolución, lo que hace realmente es importar un modelo foráneo, partiendo de que impone la educación en lengua no materna. El resultado es gente como el que suscribe, esto es, que pierde la lengua materna. Ya desde fin de la década de los 80, hay una reflexión al respecto y se llega a la conclusión de que podemos ser nosotros mismos y al mismo tiempo, estar conectados con el mundo actual. Pero se llega a la reforma del 92 donde el tema de la lengua, por ejemplo, se trata de muy mala manera (hoy en día diría que, si bien aymara y quechua no tienen mala salud, guaraní y el resto de lenguas lo tienen realmente difícil). Sí se incorpora el tema de la educación bilingüe, pero no se le imprime carácter obligatorio, de modo que queda casi en mera declaración de principios. Y ocurre que no se pueden esperar muchos cambios vía decretos: la cuestión es que los padres dicen que quieren que sus hijos se escolaricen en español, pues hacerlo en aymara conllevaría discriminación. Por otro lado, hay una gran carencia de materiales pedagógicos. Daría un ejemplo para ver qué tipo de reforma se implementó, y es que a nosotros, en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de La Paz, no se nos consultó nunca sobre qué reforma acometer. No se involucró a los actores del asunto. Se usa, eso sí, un gran presupuesto, pero con pocos resultados, y, además, usándose materiales extranjeros. En el marco socio-político actual hay buenas expectativas, pero, unido a lo anteriormente dicho, la clave va a ser que la reforma venga desde abajo. Y es que en el camino seguido hasta la fecha se ha tratado de reformas más bien dictadas desde organismos internacionales ligados a la economía, como el Banco Mundial. En cualquier caso, tampoco vamos a negar que sea una empresa complicada si tomamos en cuenta que hay muchos grupos indígenas de pocos miles de hablantes cada uno, por ejemplo. De todos los modos, habrá que afrontar la reforma educativa. En mi opinión, está claro que hay que hacerla, pero no tanto por dónde hay que transitar; por otro lado, los propios profesores tampoco es que hayan tenido hasta la fecha una actitud muy propositiva, aunque recursos humanos como tal sí que hay. El ministro de Educación Felix Patzi del gabinete de Evo Morales, por el momento, anda metido en temas de corte administrativo, además de analizar cómo enjuiciar a anteriores ministros del ramo de la etapa de Hugo Banzer que dilapidaron millones destinados a reformas en corruptelas. En líneas generales, diría que estos diez años, el tema de cultura e identidad ha ido tomando una fuerza muy relevante. Yo creo que, en el fondo, es una cuestión de autoestima. En Latinoamérica ser indígena es sinónimo de explotación, así que se puede llegar a entender querer dejar de ser indígena para proteger de ese modo a tu familia. Pero ahora hay un movimiento de vuelta a lo nuestro, una vez que se ha visto que la propuesta occidental tampoco es tan buena como se ha querido hacer creer: se ve que ha hecho crisis y que ha tocado fondo. Por ahí va la famosa movilización boliviana de octubre de 2003: quiere visualizar que es posible el cambio, que ya tenemos el nivel de autoestima suficiente para lograr el cambio. Y, en ese sentido, diría que hemos ganado, que hemos vencido a la derecha que había mandado durante largo tiempo en el país. Dijimos que no y cambiamos la situación. El papel del ámbito comunicativo En todo este proceso de cambio político en el país, y, por qué no decirlo, de victoria, mucho ha tenido que ver el ámbito comunicativo. Analicemos los instrumentos que han ayudado en ese proceso. Por un lado, la radio ha tenido un rol realmente revolucionario. Tradicionalmente ha sido un soporte de la Iglesia y supongo que aunque sea indirectamente, también habrá tenido su aporte. Así, los primeros contenidos en aymara o quechua están pues ligados a la labor evangelizadora. Por otra parte, es especialmente reseñable, desde los años 50, la experiencia referente a las radios mineras, muchas emitiendo también en aymara o quechua, haciéndolo así de un modo totalmente natural. Ahora bien, desde los años 70, se piensa en ir más allá de lo evangelizador y se van ganando espacios poco a poco, si bien no es en horario estelar. Ya desde los 90, hay un trabajo de radios comunitarias, para entonces desvinculadas de la Iglesia, con contenidos locales y con programaciones íntegras en aymara o quechua. Actualmente, la pelea es de tipo legal. Hay tres categorías de medios: los privados, educativos y del Estado, pero no se reconoce la radio comunitaria, y es precisamente que ahora se está en este proceso de reconocimiento legal. En prensa hay menos terreno recorrido. Por ejemplo, no existe una agencia indígena y sería realmente necesario crearla. Hay una separata semanal de un diario que publica en aymara, pero poco más. Capítulo aparte merece la televisión. En los 80 se abre un espacio entre otras cosas por la acción de la RTP (Radio y Televisión Popular) de Carlos Palenque. Parte de un planteo muy populista, pero lo que hace es abrir el micrófono a la gente y se convierte en una plataforma de denuncia sobre todo de cosas relativas a violencia intrafamiliar. Pero lo realmente importante es que Palenque es aymara y abre la posibilidad efectiva a expresarse públicamente en esa lengua. Triunfa su programa, hasta el punto que se convierte en el que más cobra la publicidad. Pero en general, no se trata de una propuesta sólida, aunque sí es cierto que propicia cierta expansión.
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