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EN EL LAGO (I). EUGENIO ROJAS: "NO HAY ESPERANZA SI EL INDIGENA NO ADMINISTRA DE VERDAD EL ESTADO" | EN EL LAGO (I). EUGENIO ROJAS: "NO HAY ESPERANZA SI EL INDIGENA NO ADMINISTRA DE VERDAD EL ESTADO" |
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| Escrito por Juan Ibarrondo / Luis Karlos Garcia | |
| sábado, 13 de enero de 2007 | |
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Achacachi es un pueblo a dos kilómetros del imponente Lago Titicaca. No aparece en las guías, por lo que es difícil encontrar turismo por sus calles. Pero si se mira bien tiene mucho que ver y ofrece bastante de lo que aprender. De dignidad y de lucha, por ejemplo.
Achacachi no tiene puerto, pero si llegas al lugar a las 8 de la mañana vas a saber de muy buena tinta qué es la llamada Brisa del Titicaca, intensa como la mirada de l@s aymaras y tan inolvidable como las historias que cuentan.
Si, además, llegas un 3 de agosto, víspera de la fiesta patria, vas a encontrar en desfile a las autoridades civiles y militares de la zona, si bien todas ellas con un toque muy popular, tanto que no parecen lo que son; por lo demás, los dirigentes de las comunidades de la provincia no van a faltar; y llama poderosamente la atención la ausencia del clero. Todo como muy del pueblo, pues.
El propio alcalde de Achacachi, Eugenio Rojas, es tan peculiar como el lugar en sí. Nada que ver con el alcalde tu ciudad, precisamente. Porque este tal Eugenio resulta que fue dirigente militar de las comunidades aymaras en pie de lucha en la insurrección popular de 2003. Pero es que antes de eso había sido maestro, y anteriormente, locutor en Radio San Gabriel. Es un alcalde que no tiene reparo en hacer un hueco en la agenda del día grande y recibir a los periodistas vascos un par de horas antes del ‘chupinazo’. Es, desde luego, un tipo cercano. Nada recuerda a los políticos profesionales al uso.
Y el mismo Ayuntamiento del pueblo es un lugar más accesible que las instituciones que conocemos. Descubres por aquí y por alla carteles imposibles de ver en el
¿Cómo comienzan vuestras luchas?
Comienzan en 2000. Pero los preparativos vienen de antes, de 1984. En 1982 es la vuelta a la democracia y había esperanzas de que la ésta resolviera los problemas de marginación a los indígenas, pero, al contrario, se veía que empeora la situación. Así que hay una frustración en la gente que va viendo que hay que poner en marcha una lucha mucho más radical, que arranca en 1984. Ahí empieza un todavía muy joven Felipe Quispe, por ejemplo. Al principio se van trabajando las organizaciones en las comunidades. Vimos conveniente la lucha armada, organizada desde las comunidades. Mucha gente se declara en la clandestinidad. Dura esta etapa hasta 1991, cuando el Ejército Guerrillero de Tupac Katari (EGTK) es destruido, con las dos cabezas: Quispe al mando militar y Alvaro Garcia Linera (hoy vicepresidente del Gobierno de Evo Morales) al mando político, además de la persecución que se hizo contra muchos otros. Tras ese fracaso (después de unos años y que quedaran libres algunos) salimos a la luz pública y decidimos tomar las direcciones sindicales, y, al tiempo, se prepara a la gente en las bases.
En 2002 lanzamos una lucha ideológica fuerte, con la idea de la reconstitución de Qollasuyo, esto es, cambiar Bolivia según la forma de entender y administrar la política de aymaras y quechuas (el sistema de autoridades, por ejemplo) y con una redistribución de la tierra fundamental, y es que según nuestro criterio la tierra se reparte en función de las necesidades y la población. De modo que luchamos por la tierra-territorio y luchamos en defensa de nuestros recursos naturales para que no queden en manos privadas, porque son bienes de la comunidad, y por eso se da la lucha del agua al principio y la del gas en 2003, ya que si el estaño o la plata habían sido usurpados, no podíamos dejar que pasara igual con el gas. Pero hay que tener en cuenta que la lucha es más amplia, a todos los niveles: entonces no existía la wiphala, nuestra bandera no se veía pues no se podía enseñar. Esos son nuestros símbolos y nuestra cultura, y nosotros los reivindicamos, como hacemos con nuestra lengua, satanizada durante tanto tiempo; o la ropa misma: usar sombrero estuvo prohibido, el poncho o el chicote, etc. La comida, la música… Todo ese universo revitalizamos desde las luchas de 2000.
En vuestras luchas habéis usado una multiplicidad de formas. ¿Cómo han sido esas luchas?
Nosotros no es que aprendiéramos de los mineros u otras organizaciones, sino que creamos nuestras propias estrategias de lucha. El bloqueo de caminos es el punto fuerte. Lo hacemos organizativamente desde la lógica aymara, según la minga, el trabajo comunal hecho por turnos en beneficio de todo el pueblo: si hay 100 familias les toca bloquear a 10 cada 24 horas; mientras no te toca bloqueo trabajas normal y todos participan. Puede durar años y meses, y no nos cansamos. El enemigo muchas veces se equivocaba pensando y usando la táctica de agotarnos, pero no. Además, el bloqueo tiene otra función básica, porque es el lugar estratégico para comunicar e informar sobre la lucha, evaluar el conflicto y debatir sobre el mismo. Por lo demás, hay diversas posibilidades: nosotros planteamos el plan pulga, que es cuando ya se ha militarizado el camino, durante la noche vamos a bloquear otros lugares a modo de sorpresa. Y si vienen con 2.000 0 3.000 soldados, como con ese contingente levantan el bloqueo, entonces sembramos de piedras desde Achacachi hasta La Paz todo el camino, de modo que no puede pasar ningún auto. En todos esos recursos, pues, no hay enfrentamiento con el Ejército, y así se castiga a la ciudad porque se bloquea el acceso de comida, etc. y el Gobierno debe solucionarlo. Ese sistema nos ha resultado muy bien.
Después de todo eso, al final, se produce el enfrentamiento con el Ejército, por ejemplo en 2001, cuando nos dio un ultimátum el Ejército y Achacachi responde en primer lugar declarando el Estado de Sitio, o sea, prohibiendo a los militares caminar por las comunidades. Si el Gobierno saca sus propias leyes, nosotros también. En 2001 se retractaron: estaban preparados para atacarnos con aviones, etc. y nosotros preparados con lo que teníamos. Entonces todavía El Alto no tenía la fuerza movilizatoria que tuvo luego, en 2003. Recuerdo 2003. Yo era dirigente sindical en el Comité de Bloqueo en la provincia de Omasuyos, porque la máxima autoridad se traslada al movimiento social en lucha.
Esta zona ha sido tradicionalmente centro neurálgico de los levantamientos: por ejemplo, limitándose al ciclo de luchas de 2000 a 2003, el 9 de abril de 2000 se produce, precisamente en Achacachi, el primer estallido. ¿Por qué desempeña Achacachi ese papel inicial de motor de la lucha?
No lo se. Achacachi tiene largo tiempo de resistencia. Tenemos cierta herencia de ese tipo. Pero la cuestión es que estamos muy bien organizados. Hay un respeto por las autoridades elegidas por nosotros, pues no son autonombrados, no son dictadores, sino que siempre van a cumplir lo que dice la base, una autoridad jamás puede decidir sólo, siempre tiene que consultar. Esta es nuestra política frente a la forma liberal de hacer política, donde el presidente de la República hace lo que quiere, cambia las políticas, vende los recursos, etc. Aquí no, aquí es distinto. Ese es nuestro punto fuerte: hay una organización muy sólida desde las comunidades. Todo esto existe en otros lugares de Bolivia, pero es mucho más débil que en Omasuyos. Aquí hay dirigentes muy activos que coordinan directamente con las bases. Lo bueno es que se decide en las asambleas generales; si decidimos bloquear, ahí se hace, y hay que cumplirlo luego, y si no, se castiga. Hay que cumplirlo porque ha sido el consenso el que lo ha decidido, nadie ha obligado a nada. Por eso a veces muchos bloqueos fracasan, porque, precisamente, se imponen desde arriba, y a eso la gente no hace caso.
Recuerdo la marcha desde Huarina hasta La Paz, en 2003. Muy bien organizada, con miles de personas, y varios días de marcha. El objetivo era sensibilizar al Gobierno o a otros sectores que no entienden por qué se hacen los bloqueos. Así, durante el camino de la marcha íbamos explicando qué pensábamos. Eso hicimos en 2003, y unimos fuerzas a la huelga de hambre masiva de Radio San Gabriel. Así que hay varias estrategias.
Y en 2003 declaramos la guerra civil, el 17 de septiembre. Fue una forma de pasar a otra etapa, porque el Gobierno ya no nos escuchaba. La guerra civil consiste en el enfrentamiento entre Ejércitos, y se cumple eso el 20 de septiembre en Warisata: nosotros perdimos 4 personas y ellos tuvieron heridos, a pesar de que nuestro armamento es muy viejo, de las guerras del siglo XX, exceptuando algunas armas. El Gobierno nos acusa de muchas cosas, nos acusa de ser guerrilleros, pero a pesar de eso, a pesar de los muertos de Warisata, el levantamiento se irradia a otras provincias a nivel nacional.
¿Cómo es posible que no aplastara el Ejército regular a vuestras fuerzas?
Es que nosotros tenemos otras estrategias. Nuestro cuartel no se fija en un sitio determinado, nosotros estamos en miles de comunidades. Atacan Warisata, pero hay muchos más lugares armados. Por otro lado, hay que tener en cuenta que nuestros hijos son los soldados que vienen hacia nosotros. Pero no somos como el enemigo, y es que pudimos disparar y matar muchos soldados, pero, claro, no vamos a matar a los hijos del vecino, así que buscábamos oficiales como objetivos. Nuestros objetivos eran otros, y, además, no estamos locos: tampoco teníamos mucha munición. En Warisata ocurrió que el Ejército detuvo y se llevó a un abuelo, lo echaron a un camión para llevárselo y la gente se organizó para recuperar al detenido. Y lo hizo. Nosotros pedimos la renuncia del Goni, y se cumplió. Y entonces pedimos la nacionalización de los hidrocarburos y hoy se cumple sólo a medias con las medidas del Evo. Y hablábamos de la reconstitución del Qollasuyo, y, bueno, la Asamblea Constituyente recoge eso en cierto modo…
¿Es necesario en Bolivia un nuevo ciclo de luchas para desbloquear la situación generada? Nosotros hemos planteado cosas distintas. Por eso no estamos de acuerdo con la Asamblea Constituyente, porque los partidos y solo ellos participan, y debería ser un espacio con la participación plena de los pueblos indígenas, de todos los sectores: maestros, militares, mineros, fabriles, etc. Debían haberse elegido los asambleístas según un cabildo abierto. Sin embargo funciona según los partidos, con un jefe (Evo Morales) que dictó quién iba a ser asambleísta, y, bueno, entonces el asambleísta hace como dicen ellos, no hay autonomía. Veo que el resultado está prefabricado por intelectuales del MAS con poca participación indígena, además de documentos de la derecha. La Asamblea no reproduce una participación genuina y directa de las comunidades, de los que pelearon durante años. En Achacachi, en la votación para la Asamblea, primero salió el MAS y luego salió en blanco, con más de 2.000 votos; hay mucha gente que desconoce qué es la Asamblea, otros no están de acuerdo con el proceso o los candidatos, de modo que la mayoría de Achacachi no está de acuerdo con lo que la Asamblea supone. Para nosotros, pocas esperanzas quedan sobre lo que es la Asamblea.
¿No teméis presionar en exceso al MAS y hacerle un favor a la derecha?
Si el proceso de la Asamblea Constituyente no es correcto eso nos va a hacer retroceder 30 años, algunas pequeñas cosas cambiarán, pero en general habrá un perjuicio. A mi no me interesa si perjudico o no perjudico a Evo Morales, lo que me interesa es que la nación indígena administre de verdad el Estado boliviano bajo nuestro pensamiento y política. Si no es así no hay ninguna esperanza en la Asamblea. Nosotros esperaremos hasta ver qué resultados hay, pero pienso que después de 4 o 5 años va a haber movilizaciones, o incluso antes, porque muchos sectores no van a estar de acuerdo.
¿Cómo está la cuestión de la elección de autoridades según usos y costumbres?
Aquí hay un choque, pues las leyes del Gobierno están hechas para una determinada sociedad, pero no para los indígenas. La justicia comunitaria se ha visto desde el Gobierno como algo salvaje, pero no es así, pues en las comunidades hemos vivido con nuestra propia justicia y muy poco vamos a la oficial. Hay un choque entre dos sociedades, y las leyes para los gobiernos municipales están hechas para centros urbanos pero no para comunidades, así que debe haber un cambio en ese sentido. Yo digo: ¿qué sería de Bolivia si no existiesen las comunidades? Pienso que ya sería colonia de Estado Unidos. Gracias a lo que las comunidades suponen defendemos Bolivia hoy en día. Las leyes las hacen los intelectuales urbanos, y se hacen para la ciudad, para quien tiene dinero, para quien no sufre; yo quisiera que se tuvieran en cuenta las comunidades, porque existen por algo.
¿Qué tipo de coordinación mantiene el pueblo aymara cara a reconstituir el Qollasuyo?
Nosotros tenemos relación con los aymaras de Perú, y tenemos contactos con aymaras de Perú, Chile, Argentina, Bolivia y Ecuador. Las fronteras actuales, está claro, no son nuestras. Cuando hablamos de reconstituir el Qollasuyo mucha gente dice que no vamos a tener en cuenta los blancos y criollos, pero no es así, sí los queremos tener en cuenta, pero, hay que ser claros, bajo nuestro dominio, ellos deben estar bajo nuestro mandato. Vamos a respetar sus derechos, su propiedad privada, pero que ese respeto no exceda de la propiedad privada, porque no queremos ser sirvientes de ellos. Así que habría que ordenar también cómo debedn ser sus propiedades. Porque hasta ahora, durante siglos, hemos sido nosotros quienes les hemos servido. Pero esto va a cambiar. Ya está cambiando.
Punto final a la entrevista, pero no a las sorpresas. Eugenio levanta su corpachón de la silla de alcaldía, rebusca en un armario cercano, y nos ofrece como presente una wiphala gigante (bandera esta que fue donada al Gaztetxe de Gasteiz en fiesta realizada en septiembre pasado).
Salimos del despacho. El limpiabotas que rondaba las oficinas donde se ubica alcaldía sigue allí, saludado por todo aquel que transita la estancia. La comunidad tiene en ese Ayuntamiento un órgano de total confianza, y el alcalde es un buen exponente. Eugenio sale del edificio, y, sin dudarlo, se pone a ordenar el poco tráfico que hay en la plaza central, pues falta muy poco para los desfiles y discursos. Todo el que se cruza con él le saluda, al toque: “Hermano!”.
“Nosotros teníamos miedo a participar en política”, dice Ismael Huanca, director distrital de Achacachi, en una de las alocuciones a los reunidos en la plaza tras las marchas. “Claro que la cuestión era decidir qué es política, porque nosotros, desde siempre, tenemos las nuestras, tenemos políticas educativas, sanitarias, etc.”. Huanca habla de que la llegada al poder de Evo “no es ninguna casualidad”, sino que responde a “una lucha de muchos años”, pero su discurso es moderado en críticas al presidente. La disertación es seguida con mucho respeto por varios centenares de indios, la mayoría, pobres pero orgullosos. Avisa que “el enemigo no está de manos cruzadas, de modo que es hora de ponerse manos a la obra para cambiar este país, trabajando desde aquí, desde las comunidades”. Acaba su discurso con un llamado especial a los jóvenes para impulsar “la pelea permanente de ideas”. Son las 2 de la tarde y ya nadie en Achacachi se acuerda del frío; tampoco de la marginación y del desprecio seculares.
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