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Eutsi - Pagina de izquierda Antiautoritaria
viernes
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EL ALTO (II). NESTOR GUILLEN: "EN OCTUBRE SE SOBREPASO LA DIRIGENCIA" PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Juan Ibarrondo & Luis Karlos Garcia   
viernes, 22 de diciembre de 2006
“El Alton, Armadaren 60 soldaduk 70 herritar hil zituzten ordu erditxo batean. Hortaz, ba al liteke baldintza horietan herriak garaipena lortzea? Nire ustez, modernua dena zure alde izan ezean, ezin daiteke garaipenik lortu”. Evo Moralesen Gobernuaren lehendakariorde eta ideologo Alvaro García-Lineraren esanak dira horiek. Bere irudiko, Estatua da modernua dena. Baina Boliviako Estatuaren gaineko gogoeta datorren astean emango dizuegu. Oraingo honetan, El Altoko auzo batera goaz, Villa Ingeniora, non Ejerzitoak 17 herritar tiroz erail zituen 2003ko urriaren 12an. Garaipena hitz labaingarria da, oso: noren garaipenaz ari da García-Linera? Batek daki mobilizapen haiek helburua lortu ote zuten. Era berean, zalantzakoa da MASek garaipena gauzatu ote duen Evok Gobernuan emandako urtebetearen ondoren. Baina jakin badakigu mobilizapen haiek ahalbidetu zutela Gonzalo Sánchez de Lozada Boliviatik egotzi eta indigenek duintasuna berreskuratu dutela oligarkiari erakustea herriak duen onena emanez borroka eredugarri batean. Texto en castellano.
                     
Néstor Guillén es secretario del área de Juventud de la Junta de Vecinos del barrio de Villa Ingenio, El Alto. Tiene 35 años, aunque, como es habitual, parece que tenga bastantes más. Conoció El Alto cuando era “una pura pampa” y afirma convencido que un problema práctico fuerte del enclave es el frío, “pero a los alteños no nos importará morir aquí un día, pese al frío”. Añade que a veces hay un hedor insoportable que proviene de una planta butanera cercana, pero Néstor es feliz en El Alto, entre otras cosas, por el incomparable nivel de lucha y organización del lugar, que hace olvidar muchas penas e incovenientes. Nos cuenta cómo un día de octubre de hace 3 años se acostaron con 17 vecinos del barrio masacrados por el Ejército.
                         
Octubre de 2003 marca un hito en El Alto. Pero, ¿cómo era El Alto antes de eso?
                                     
Antes de octubre, para muchos, El Alto era un lugar de indios, campesinos y violentos, o sea, el lado malo de la película. Pero después de octubre se ve como lo representativo de dos grupos étnicos: aymaras, al Norte del aeropuerto, y quechuas al Sur, provenientes de centros mineros y otros procesos migratorios. Los aymaras tienen una gran tradición de lucha, y muchos aun mantenemos el ideario de la liberación de Tupac Katari, Pablo Zarate Wilka o Bartolina Sisa. Eso ha sido gran inspiración para el pueblo alteño.
                      
El 12 de octubre, tenía que ser un 12 de octubre, precisamente, se produce en tu barrio, Villa Ingenio, una de las mayores masacres cometidas en la historia contra el pueblo movilizado. ¿Qué recuerdas?
                               
En octubre, el 12, llegó a mi zona un gran contingente de militares que se abrió paso a balazos. No sabían por dónde entrar porque había gran cantidad de barricadas, pero reprimen y en Villa Ingenio mueren 17 personas en los enfrentamientos. Primero en un encuentro en el puente de Elizardo Pérez y luego en otro en el de Río Seco. (Los militares buscaban abrir paso a un convoy que pretendía abastecer de combustible a La Paz, paralizada por un tenaz bloqueo decretado por la movilización indígena). Ahí la dirigencia se va a la clandestinidad. Empezó un grupo a trabajar, la Comisión del Gas, que comenzó a movilizarse, recoger cadáveres, etc. Vimos la magnitud de la masacre: se contaron 25 cadáveres, 17 de Villa Ingenio y 8 de otras zonas. (El Ejército ordenaba disparar amparado en el decreto presidencial de resarcimiento de daños que daba vía libre de responsabilidades a los autores de la masacre perpetrada tras 8 horas de impunidad).
                                 
Ese lunes se determinó, primero, establecer estrategias de lucha, así que empezó a nacer la idea de luchar aunque aquí muriésemos todos los alteños; ahí se armaron los Comités de Autodefensa, engrosados generalmente por jóvenes con instrucción militar para resguardar cada zona, declarando el estado de sitio de noche. En aquellas luchas hubo experiencias realmente duras: una mujer que perdió a su niño el día 12 pisado por una multitud, un oficial pegando un tiro a un soldado en la sien por no querer reprimir al pueblo o el reventón del gas con varios muertos y heridos. Desde ese día El Alto empezó a articular mecanismos de movilización: usábamos el humo de llantas quemadas, el ruido de petardos o golpes en postes metálicos para comunicarnos. Sólo Radio Érbol apoyaba en aquel entonces. (Aquel 12 de octubre sangriento, sin embargo, se cerraba con un decreto gubernamental que buscaba atemperar los levantamientos, a sabiendas de que sólo la represión no lograría calmar la furia del pueblo, y que determinó que no se vendería gas al mercado exterior y que cualquier decisión al respecto pasaría por el tamiz de una consulta, si bien nadie se creyó lo aprobado y continuaron en pie de lucha).
                           
El entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, finalmente, tuvo que salir corriendo.
                                                  
Sí. Un viernes, 5 días después de la sangrienta represión, sacamos al presidente del país. Se le obligó a Carlos Mesa a realizar la convocatoria de la Asamblea Constituyente y la nacionalización del gas. Con Mesa la gente tuvo esperanzas, pero al final perdió crédito y renunció. Nos movilizamos fuerte luego para evitar que la presidencia cayera en manos de otro igual, llegó un presidente transitorio, y finalmente Evo gana contundentemente por su identidad y reconocimiento social.
                       
¿Qué movimientos sociales actuaban en El Alto?
                                    
En El Alto trabajan tres grupos fuertes: FEJUVE (Federación de Juntas Vecinales), donde ha habido un cambio del representante de las Juntas Vecinales; existen casi 600 juntas, que se movilizan muy articuladamente a partir de la FEJUVE. El segundo grupo es la COR (Central Obrera Regional), más gremialista, de la clase obrera. Y la UPEA (Universidad Pública de El Alto), que tuvo gran fuerza en las luchas de octubre.
                                   
El Alto, actualmente, parece mantenerse a la espera de acontecimientos. Lo cual no quiere decir que no falten las luchas.
                                
Vemos que al interior del Alto hay gentes que empiezan a dividir la FEJUVE. Es justamente el que fuera alcalde de El Alto, José Luis Paredes, hoy prefecto del Departamento de La Paz; en su época tuvo gran conexión con las juntas, sabe utilizar muy bien las coimas, dando obras, etc. Actualmente el prefecto y El Alto se ven como enemigos, por dos cosas. Primero porque se han evidenciado malversaciones de fondos por parte de Paredes, y El Alto pide que rinda cuentas. Pero también por la actitud que ha tenido de apoyar a Santa Cruz en su idea de autonomía, cuando esta parte de La Paz está en contra. De ese modo se piensa que ese hombre no es nuestro, así que el pedido es que se vaya. Hubo una gran marcha que convocó el actual presidente de la FEJUVE, Nazario Ramírez, y fue un examen para él porque ocupar ese cargo, que antes lo tenía Abel Mamani, es manejar un gran poder y muchos decían que tal vez no tendría la firmeza que tuvo Mamani. Pero esa marcha, en verano de 2006, fue masiva: volvimos a llenar el centro de La Paz pidiendo que renunciase Paredes. Los vecinos creen que debe de salir. Para El Alto representa mucho pues se trata de un malgasto de fondos, dinero que sale de los impuestos. Pero el actual prefecto está tratando de desmovilizar y queriendo dividir a la FEJUVE.
                                                
¿Crees que, si no se ven avances pronto, El Alto puede movilizarse contra el Gobierno de Evo?
                                       
No, todavía no. En Bolivia siempre se pensó que gobernar podían gobernar los intelectuales, los oligarcas, etc. Pero hemos visto y conocemos la trayectoria de Evo, sabemos que ha sufrido, que ha sido golpeado, que ha sabido de la prisión. Evo conoce a este pueblo y se siente identificado con él. Hoy todavía me atrevo a decir que El Alto se la jugará para mantener este Gobierno. La gente está ahora alegre, celebrando (que Evo ganó). Estamos a la espera de acontecimientos. El Gobierno ha pedido a El Alto que les apoyemos y El Alto está tranquilo. Estamos al tanto, muy conscientes, politizados, viendo quién ataca a este Gobierno. Y vemos claro que los que atacan son los burgueses, la oligarquía, la Nación Camba y la embajada USA.
                         
Sin embargo, ha ocurrido algo que tiene que ver con el Gobierno. El congreso de FEJUVE decidió dos cosas, casi diríamos en contra de este Gobierno y que se demandó a Evo. Una era que el ministro Abel Mamani saliera del Gobierno. Primero porque las juntas dicen que él estaba en situación de relación orgánica todavía en FEJUVE, y, como presidente de la Junta de Vecinos debió iniciarse una consulta a distritos, y decir: ‘Dejo mi cargo porque voy a ser ministro’. Eso se tomó muy mal. Otra cosa es que Abel debió haber impulsado la expulsión de la empresa Aguas de Illimani, la empresa que nos suministra agua. Se comprometió, pero quedó a medias, y hay conjeturas del pueblo, porque viajó a Francia a entrevistarse con los jefes de la empresa y desde ese viaje cambió de postura, tomando una línea más timorata. La gente pensó que lo habían comprado... La de Mamani es una demanda de FEJUVE, pero hay que aclarar que este caso, aunque toca al Gobierno de Evo, no va dirigido contra él.
                  
¿Cómo funciona la FEJUVE?
                                
Las juntas se organizan con 20 dirigentes, elegidos mediante voto. Cada junta tiene su estatuto que dice qué funciones tiene el presidente, cómo se elige, etc. En mi junta al menos se suele decidir por aclamación tras consenso. Seguimos el proceso democrático. La Asamblea General tiene la decisión final, es la máxima autoridad, y es mensual; suele informar de actividades del presidente, aunque hay algunas extraordinarias. La convocatoria a los vecinos se hace con unas fichas que informan de lo que hay o por medio de altavoces en las calles. Se reúne la General y se lleva libro de actas. En mi junta participa un 80% de la gente, pero es de las que más se hace. Primero porque después de octubre de 2003 las cosas cambian y la dirigencia pide que se tome parte y la gente responde. Les damos una fichita para controlar si participan o no, y, si no se hace, hay sanciones: trabajos de acción comunal y montos económicos a pagar si se prefiere. Son asambleas a veces de 9 de la mañana a 2 de la tarde. La presidencia va rotando: El Alto se divide en Sur y Norte, el año pasado le tocó al Sur y hay varios representantes y dirigentes acreditados para ir a las elecciones y elegir al presidente; ahora nos ha tocado la Norte, cada distrito manda su representante, y de ese proceso salió Nazario Ramírez. Terminada su gestión, le tocará al Sur.
                         
Se dice que un aporte importante del levantamiento de octubre es que las bases desbordaron a la dirigencia, adoptando una línea de actuación autónoma e independiente.
                               
Ocurre permanentemente. A veces los medios de comunicación tienen percepción de que lo que diga FEJUVE es cosa oficial del pueblo, cuando eso es una gran mentira. Hay tres ámbitos: la base son las juntas, luego están los dirigentes, y luego las reuniones de distrito. Está el ejemplo del caso Mamani, donde bases y estructura dirigente no opinaban lo mismo. Pero, sí, octubre demostró esa autonomía de las bases, pues se veía que la gente pasaba a la acción sin esperar a ver qué decía la FEJUVE, esto es, se sobrepasó la dirigencia. El levantamiento nació de abajo. Se suele pensar que el pueblo no está preparado para pasar a la acción, pero realmente es lo contrario, como vimos en octubre.
                              
¿La FEJUVE se ve obligada a proceder como un ‘Estado’ en pequeño a nivel local, ante la tradicional falta de respuestas por parte de las instituciones?
                                   
Los vecinos mismos hacemos una serie de servicios básicos para la ciudad (UNICEF calculó en 1997 que sólo un tercio de los alteños tenía acceso a todos los servicios). Por ejemplo, en Villa Ingenio terminamos por botar a la empresa que se encargaba de la prestación del servicio de salud, Prosalud. Prometió un buen servicio, pero la gente estaba quejosa, y al final le dijimos que se fuera del barrio. Y se fue. Y en julio, Nazario trajo los profesionales sanitarios cubanos, y, la cosa es totalmente distinta, la gente se da cuenta de que empieza a recibir atención sanitaria como tal. Pero las juntas hacen todo tipo de funciones. Por ejemplo, siguiendo el criterio de la reciprocidad, cuando algún vecino se encuentra en una mala situación económica, se plantea en la junta la posibilidad de ayudarle.
                             
Por otra parte, en El Alto hay mucha gente trabajando en la producción. Hay mucha gente que se ha convertido en pequeños empresarios informales, que implica a la familia para que trabaje en ese pequeño ámbito de producción.
                             
Es famosa en todo El Alto la imagen de los muñecos colgados, símbolos gráficos del ajusticiamiento popular a autores de ciertos delitos.
                                           
El Alto acoge un gran asentamiento peruano. Y, sí, se dan casos de delincuencia, asaltos, etc., y sabemos que todo eso está ligado a la pobreza. En ciertas ocasiones se ha encontrado al ladrón en cuestión, y no se sabía muy claramente qué hacer con él. La gente decía que se aplicase primero justicia comunitaria, o sea, golpearlos como aviso, y luego entregarlos a la Policía. Pero el problema es que la Policía no garantiza la seguridad en El Alto. De modo que en algún caso se ha ajusticiado. La comunidad plantea el criterio del resarcimiento. Se sorprende al ladrón y se le obliga a trabajar para la comunidad, y la medida extrema es la expulsión. Pero todas estas prácticas no son muy fácil de llevar a cabo en el medio urbano. Por otro lado, delitos de carácter sexual se llevan a la Policía, si bien la comunidad siempre hace un seguimiento de los casos.
                              
En mi comunidad un presidente vecinal había desfalcado 700 bolsas de cemento. La junta le dio la oportunidad de explicarse y dijo que no había robado. La asamblea determinó que si no quería solucionar el caso se le iba a llevar a juicio, y así se hizo: lo ganamos, de modo que quedó en arresto domiciliario. Pero más que eso el perjuicio que le acarrea es a nivel de imagen. Y ese caso provocó cierto miedo en las dirigencias respecto a lo que hagan en sus mandatos.
                                          
¿Qué grado de machismo existe en el tejido social de los barrios alteños?
                                    
Reconozco que hay machismo en nuestra sociedad. Por ejemplo, hay reticencias para que la mujer detente papeles dirigentes, pues es una actividad que quita mucho tiempo, y, claro, ¿quién atenderá entonces el hogar? Es cierto que por parte de los varones no hay una actitud de corresponsabilidad. Y todo esto se refleja también muy claramente en la educación, porque se quiere que el niño estudie, pero no tanto la niña. En el mercado laboral la cosa es distinta, porque la mujer participa mucho, por ejemplo en el espacio del comercio.
                                
¿Cuál es la situación lingüística?
                                         
En general se habla castellano. Pero llegas a determinados ambientes, en Villa Ingenio, por ejemplo, y se oye mucho aymara. Hay bastante gente trilingüe: habla castellano, aymara y quechua. Entre las mujeres, esas que puedes ver en las esquinas sentadas de las plazas y calles, se habla predominantemente quechua y aymara. Pero entre los jóvenes todo eso es más complicado, pues se ha ido produciendo un proceso de desplazamiento identitario, a pesar de que con el Gobierno del MAS se va extendiendo el sentimiento de orgullo de ser indígena. Pero el sentimiento generalizado es que con el aymara no vas a poder garantizar encontrar trabajo. Por ejemplo, muchos pretenden entrar al Ejército y hasta se cambian el apellido para poder acceder. Por lo demás, en la escuela no se enseña aymara o quechua, y, aunque es proyecto del Gobierno cambiar esto, hay un problema porque buena parte del profesorado no conoce estas lenguas.
 
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