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EL ALTO (i). RETRATO DE LA CIUDAD INDIGENA MAS REBELDE DE AMERICA LATINA | EL ALTO (i). RETRATO DE LA CIUDAD INDIGENA MAS REBELDE DE AMERICA LATINA |
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| Escrito por Juan Ibarrondo / Luis Karlos Garcia | |
| martes, 19 de diciembre de 2006 | |
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Era 17 de octubre de 2003, hacia las 4 de la tarde. Miles de personas estaban concentradas en la Plaza 17 de Julio, uno de los centros neurálgicos de El Alto, la gran ciudad indígena de 800.000 habitantes tras un crecimiento poblacional exponencial (en 1952 sólo vivían 11.000 personas) que se erige hoy altiva sobre la capital La Paz (Bolivia). Llevaban ya en el cuerpo varias semanas de lucha a muerte con el Ejército: a muerte, sí, que los cadáveres de hijos e hijas de la ciudad eran ya varias decenas. “En un momento vimos una gran luz que provenía de la zona de La Paz”. Willy, joven alteño presente en aquel momento épico, reconoce que, en por aquel entonces, después de haberse partido la cara con los militares durante mes y medio, estaban bastante más que temerosos. Ya anochecía. El sol se estaba escondiendo y eso es algo que se ve muy bien desde esa atalaya a 4.100 metros de altura que es El Alto, rodeada de cumbres como gigantes. “Vimos todos que el sol enrojecía por momentos, y, bueno, aquí hay una creencia que dice que cuando eso ocurre algo malo está por venir…”. La luz se aproximaba más y más, y enseguida se vio que eran fogonazos de vehículos: “Ahí nos entró el pánico, a todos, a mi también, que llevaba varios días escondido. Lo que se pensaba era que, después de las duras luchas habidas, el Ejército iba a mandar un gran convoy para arrasar la ciudad como escarmiento. Sería, bueno, el final…”.
Pero no era el final. Las luces se acercaron más y pronto se adivinaron unos autos cochambrosos donde iban apiñados un montón de indígenas. “Eran los hermanos de la zona de Achacachi! Algunos venían armados, sí, pero para defendernos! ‘Venimos dispuestos a morir si es necesario’, gritaban al acercarse. Qué bien recuerdo la emoción de aquel momento… La gente lloraba de alegría y se abrazaba a los llegados”. Fue un momento mágico en medio de una guerra cruel. Y, sí, era el final, pero no para los alzados. El presidente y culpable de más de 70 asesinatos del pueblo en aquellas duras jornadas de septiembre y octubre, el infame Gonzalo Sánchez de Lozada (Goni), renunció a su cargo y huyó esa misma tarde, expulsado por la furia del pueblo. Así contó la llegada a El Alto al Colectivo Situaciones Eugenio Rojas, uno de los comandantes del Ejército popular aymara: “Nosotros dijimos, vamos a hacer el cerco a la ciudad de La Paz. (…) Ahora, ¿qué pasaba si el Goni no se iba, si se quedaba una semana o dos más? Nosotros ya estábamos organizados y el sábado 10 a la madrugada tenía que partir del Ejército aymara. No íbamos a partir en fila, ni en marcha por grupos con armamentos, ni en movilidades. Sabíamos que podían enfrentarnos y destruirnos, que podíamos peder. Por eso la idea de avanzar de noche donde no hay camino carretero, y sabíamos cómo avanzar por grupos. Y el lunes a la mañana teníamos que aparecer en la ciudad, armados, listos para el enfrentamiento, organizados. Pero lamentablemente, o por suerte porque teníamos miedo de que muchos iban a morir, antes de que entrásemos el Goni se fue”.
Willy y Abraham, dos activistas de aquella lucha ejemplar y miembros del colectivo Jóvenes de Octubre, recuerdan a www.eutsi.org aquellas jornadas y nos ofrecen sus pareceres sobre la situación política del país.
¿Qué es Jóvenes de Octubre?
Es un colectivo que empieza a trabajar en 2000, con las luchas de los movimientos universitarios de El Alto sobre todo, en la pelea por la creación de la UPEA (Universidad Pública de El Alto), porque hay que reconocer que éste ámbito dinamizó muchísimo los movimientos de respuesta al Estado en El Alto. En un segundo momento nos implicamos con otras luchas de los movimientos sociales, y es ahí que coincidimos con Felipe Quispe. Y luego entramos a las acciones de solidaridad con el
Sois conocidos por el sobrenombre de Los Talibanes.
Sí, fue porque cuando EEUU invadió Afganistán nosotros dijimos que nos solidarizábamos con el pueblo afgano. Hicimos campañas públicas en solidaridad, y, bueno, por eso fue…
¿Cómo es vuestra dinámica interna de grupo?
Pusimos varios requisitos para entrar en el grupo: prohibido no ser lector o no tener una práctica intelectual habitual; prohibido emborracharse, esto es, se puede beber, pero no estar tomando todo el día; y asumir los riesgos en el caso de tener familia, viendo que es mejor no tenerla o tener poca, pero si se tiene, asumiendo los riesgos. Tomamos estas medidas porque para nosotros no hay época de paz; siempre estamos en guerra, aunque sea de baja intensidad, y, bueno, en etapas de menor conflicto apostamos por tareas de concientización por foros en todo tipo de lugares, aunque dejando claro que no somos ninguna ONG.
¿Qué represión habéis sufrido?
No mucha. Alguna detención, persecuciones, amedrentamientos… La cuestión es que no nos dejamos ver prácticamente. Estamos, digamos, clandestinos.
¿Cuál es vuestra propuesta política?
Lo primero diría que el nuestro ya no es un colectivo como tal, y que se va a convertir en un movimiento. Hay organizaciones que se están sumando y proponen ir más allá, porque como colectivo no se puede avanzar más. Nosotros planteamos la construcción de un nuevo Estado. Sería un Estado confederado entre los pueblos originarios de Bolivia. No tenemos en cuenta la actual organización departamental, no es sino un teatro que proviene desde los invasores españoles. De modo que la nación aymara queda despedazada en 5 partes sólo en Bolivia, lo que es un descalabro para nosotros. La nación quechua igual, los guaraníes también… Por ello planteamos que las naciones indígenas deben ser reconstituidas y con ellas construir un Estado confederal. Hablamos, pues, del Tahuantisuyo partiendo del Qollasuyo. Es un proyecto aventurero para algunos, pero nosotros no planteamos más que construir algo que ya existió.
¿Qué os parece la política del MAS?
Somos muy críticos. El MAS es traidor a las naciones indígenas. Esta vez van a ser los propios indígenas los que creen una República colonial al modo occidental y neoliberal, legitimándolo con los propios indios. El MAS es un desastre para nosotros. Está jugando al simbolismo, usando por ejemplo la imagen de la pollera, etc. Pero no hay un proyecto de Estado como tal.
¿Os reivindicáis marxistas?
Nosotros somos indianistas. Puede haber alguna similitud, pero no es lo mismo. Nosotros partimos de la liberación de las naciones indígenas. Y no planteamos la economía planificada, sino la economía del ayllu como colectivismo social. Hay quien dice que el ayllu es arcaico, pero investigamos y vemos que es un sistema que funcionó en varias partes del mundo. El Estado no debe tener que ver en la planificación, sería el propio pueblo quien lo hiciese.
¿Es posible la implantación de lo comunitaria en el medio urbano?
Sí. Mira, por ejemplo, en la gestión de gobierno municipal de El Alto se da la rotación. Eso dota de mayor democracia.
¿Se ha desmovilizado El Alto en los últimos tiempos?
Sí, a nivel de dirigencia sobre todo. Las bases están a la expectativa, esperando qué va a pasar con este Gobierno. Les han dado un plazo, aclarando que se respalda. Pero por otro lado están naciendo nuevos movimientos desde abajo, que ya están pronunciándose críticamente con el Gobierno. Desde abajo estamos, pues, en constante debate y evaluación de la situación, y esperamos sólo las condiciones para hacer cierto tipo de eventos.
¿En qué sentido valoraríais la figura de Felipe Quispe?
Tuvo una gran repercusión en todo lo relativo a la recuperación de la dignidad del indígena, algo que ha cambiado para bien en los últimos años. En la etapa de luchas que se abre en el 2000, en las negociaciones que se abrían Quispe les decía a los representantes gubernamentales: ‘¿Negociamos? Bien, pero vosotros vais a venir aquí, donde yo estoy, si queréis negociar conmigo, que, en realidad, yo represento a mucha más gente del pueblo que vosotros’. Los levantamientos que se van produciendo en esa fase conllevan un aumento en la dosis de orgullo y dignidad del indígena.
Se dice que al menos la llegada al Gobierno del MAS está sirviendo para poner encima de la base todo el profundo debate sobre lo indígena.
El MAS está en la misma línea de los partidos neoliberales. Yo diría que la mayoría dirigente del MAS son eclécticos, aunque para definirlos más concretamente diría que tiene una ideología social-demócrata. Entendieron que sin el indio no ganaban las elecciones, y actuaron en consecuencia para acomodarse en los espacios de poder. Con la Asamblea Constituyente ha pasado lo mismo. Pero hay que decir que las bases siguen viviendo un infierno diariamente, sin recursos. Pues yo creo que el indio no va aguantar esa dramática situación mucho, no más de dos años, va a decirle al Gobierno en qué les beneficia a ellos ese puro simbolismo. Lo único bueno de la situación es que nos da tiempo a los movimientos de base a estructurar y trabajar un proyecto. Pero nosotros ya sabíamos adónde iba a transitar el MAS. Vemos que ha habido un cambio de personas en el poder constituido para poner a otros, pero el sistema permanece.
El respaldo a Evo, sin embargo, apenas se ha reducido.
Es normal. Siendo un indígena el presidente, eso va a durar. Pero las encuestas cambian rápidamente en cuanto la gente se canse y pierda esperanzas al ver que sus ingresos no aumentan, por ejemplo. Porque hay una crisis económica muy fuerte en Bolivia. Ese es el tema de fondo. Y el Gobierno debe hacer algo para solucionar ese frente, y ese algo es una nacionalización pero no a medias, pero el Gobierno prefiere pactar con la derecha al tiempo que pacta con el pueblo, juega a dos bandas de modo que confunde a la gente. Pero esto no va a durar mucho. El MAS optó por distraer a los movimientos sociales con temas como la Constituyente, diciendo que ésta va a solucionar todos los problemas. La gente está cansada de reformas, no era el tiempo para eso, para hacer populismo barato con tintes nacionalistas.
¿Cómo son recibidas vuestras críticas?
Hay una corriente mediocre que, cuando dices que el MAS es un Gobierno reformista y traidor, te acusa de todo lo acusable y de más. Pero sabemos que hay que asumir riesgos y se verá que no nos equivocamos. Hoy el Gobierno del MAS es perjudicial porque no deja ver al pueblo qué hay detrás de todo esto, es una venda en los ojos del pueblo. Porque al final la derecha no le tiene miedo al MAS, porque no le afecta, y, es más, le permite gobernar en la medida que quiere hacerlo. La derecha le tiene más miedo a los sectores populares, pues plantean la construcción de un Estado nuevo por vías revolucionarias. Dicen que en Bolivia están enfrentados Oriente y Occidente, y no es cierto, lo que se enfrenta es oligarquía y pueblo empobrecido. Pero el MAS no quiere que eso se vea, porque quiere congraciarse con las dos partes, y eso confunde mucho a la sociedad. Pero todo eso se irá disipando con la acción de Gobierno del MAS.
¿Creéis que el Gobierno puede llegara reprimiros?
Puede llegar a eso. Tal vez no tanto por Evo, sino por mucha gente que le rodea. Lamentablemente Evo no es el MAS, el MAS no es lo que representa Evo. En algún momento incluso pensamos que era mejor que Evo no hubiera ganado las elecciones, pues eso habría fortalecido más las luchas realmente existentes. Y, seguramente, si ahora no se llega a nada, el discurso de la derecha va a ser que los pueblos indígenas ya tuvieron su oportunidad de refundar la República y no han logrado nada efectivo.
Habláis de la construcción de un Estado nuevo. ¿Qué planteáis para los no indígenas?
En Bolivia somos indígenas el 82%, así que ese 18% tendrá que asimilarse a los indígenas, pues que yo sepa cuando un latinoamericano va a Francia, por ejemplo, debe comportarse como francés, hablar francés, comer comida francesa, etc. Nosotros vemos, por otra parte, que es justo que tengan una autonomía, siendo minoría. Además, hay que tomar en cuenta que la idea del Qollasuyo, pues en ningún momento se planteó erradicar a otros grupos étnicos presentes en la región, sino respetarlas, y por eso hay tanta diversidad, porque es un concepto incluyente.
¿Estáis por la obligatoriedad de la lengua aymara?
Sí, claro. Se habla de descolonizar, pero, ¿qué vamos a descolonizar? Descolonizar es empezar de cero. Para eso tendrá que haber un proceso, una transición, pero hay que ser claro en estas cosas. Ahora bien, y por eso hablamos de confederación, no en todo el territorio se debe oficializar el aymara; quechuas o guaraníes deben salvarguardar lo suyo.
Dejamos el modesto restaurante que nos ha servido de lugar de cita, en una de las típicas plazas circulares a las que desembocan las arterias viarias principales de El Alto, esa urbe joven, donde el 60% de la población tiene menos de 25 años. Es jueves, así que la visita a la Feria 16 de Julio es literalmente obligada, porque todo lo inunda, rebosante con sus 40.000 puestos de venta al público. Es cuestión de tiempo encontrar lo que necesites, sea lo que sea, “desde vajilla hasta piezas de avión”. Predomina la ropa usada (la nueva que se produce se exporta, sobre todo, hacia Argentina y Brasil), pero este es el lugar idóneo si lo que quieres es comprar un coche pieza a pieza. “Para nosotros la feria es una fiesta”, decía Rosario Adrián, de Mujeres Creando: “Pero no es sólo un mercado, a nosotros eso nos suena muy frío”.
Caminamos pausados, esto no es una gran superficie del Norte. Seguimos el rastro de una vía del tren en desuso, un servicio que privatizó el Gobierno a finales de los 90 dejándolo en manos de la chilena Cruz Blanca, que decidió que ese tramo ya no era rentable. Atravesamos los lugares que en octubre de 2003 se tiñeron de sangre. Hoy son un hormiguero de puestos que ofrecen toda una variada gama de productos bolivianos: willkapuru, maca, cocoa y kañagua a discreción. Uno tiene la impresión de que no hay demanda para una oferta tan descomunal, no en vano estamos hablando de uno de los tres mercados informales más grandes del mundo. Lo cierto es que en esta feria, nacida en los 80, ha ido creciendo desorbitadamente el número y la tipología de productos a la venta: al principio se ofertaba lana o paja para hacer adobe, fundamentalmente, pero ya hay de todo. “El aymara no ha sido tradicionalmente tanto comerciante como productor, un productor muy especial, de esos que tienen delante una máquina americana y no paran hasta lograr reproducirla pieza por pieza”, nos cuentan nuestros anfitriones. “Pero ocurre que el aymara ha sabido adaptarse a las circunstancias y meterse en el asunto del comercio, porque a la gente aymara de ninguna manera le asustan los retos”.
La producción de esta panoplia de mercancías a la venta proviene de maquilas de tamaño familiar, de manera que muchas personas, tanto productores como vendedores, logran subsistir gracias a esta cadena. Se calcula que el autoempleo es el pilar del tejido económico de El Alto, pues agrupa el 70% de la población ocupada (de ello el sector familiar es dominante, con un 50%). El comprador, además, también se beneficia, adquiriendo productos a un precio mucho más bajo que en el mercado convencional. El lado malo del asunto, según Jóvenes de Octubre, es que está descontrolada la intervención en el proceso de grandes contrabandistas, ajenos normalmente al tejido popular de El Alto. En efecto, mucho material de contrabando (predominantemente chino) entra vía Chile, y, a la hora de la verdad, es muy difícil competir.
Anochece en El Alto, y, de pronto, el frío aprieta. La Ceja va transformando su aspecto a medida que el sol desaparece. La ciudad rebelde más importante de América Latina cambia su manto, pero el smog sigue sin dar tregua. Tampoco la da la ciudad epicentro del gran levantamiento de 2003 que cambió los esquemas y convirtió por primera vez a un núcleo urbano en centro del movimiento indígena en lucha.
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