¿Recuperar clave? ¿Quiere registrarse? Regístrese aquí
  • Narrow screen resolution
  • Wide screen resolution
  • Auto width resolution
  • Increase font size
  • Decrease font size
  • Default font size
  • default color
  • red color
  • green color
Eutsi - Pagina de izquierda Antiautoritaria
viernes
09. ene 2009
Inicio arrow Pueblos arrow Senda India arrow BOLIVIA, DESDE EL ESTADO (I). DAVID CHOQUEHUANCA: "EL MAS NO ESTA TODAVIA EN EL GOBIERNO"
BOLIVIA, DESDE EL ESTADO (I). DAVID CHOQUEHUANCA: "EL MAS NO ESTA TODAVIA EN EL GOBIERNO" PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Juan Ibarrondo & Luis Karlos Garcia   
martes, 26 de diciembre de 2006

Hablemos ahora del Estado en Bolivia. Raúl Zibechi afirma que en ese país actúan al tiempo dos dinámicas, una estatal y otra conformada por movimientos sociales auto-organizados, y que ambas se contraponen y solapan en las diferentes coyunturas políticas. Para el ideólogo del Gobierno de Evo Morales, Alvaro García-Linera, “el Estado es lo único racional en Bolivia”. Pero a la luz de las opiniones que el canciller boliviano David Choquehuanca ofreció a esta página hace escasos meses, la modernidad (y sus estructuras, con el Estado a la cabeza) “está en crisis y ha llevado al planeta a un desequilibrio total”. No sólo eso, porque Choquehuanca hace un ejercicio de sinceridad para reconocer que no se puede decir todavía que el MAS esté en el poder en Bolivia y que tal vez no podría aseverarse ni que esté en el Gobierno, dejando así a las claras las enormes dificultades de gestión real que enfrentan grupos ajenos hasta ahora a la lógica del Estado, y, que, además, han sido sus directos contrincantes hasta hace nada.

David Choquehuanca, aymara de Omasuyos, es el ministro de Relaciones Exteriores y Culto de Bolivia. Pero es una rara avis dentro de la casta diplomática mundial. Participó en los años 80 en los emergentes procesos movilizatorios de su país desde las iniciativas campesinas indígenas, y, ahora, convertido en canciller del Gobierno de Evo Morales, se enorgullece de no tener nada que ver con el rancio mundillo diplomático. Nos recibe en su despacho oficial, y, acto seguido, despliega un discurso sorprendente por momentos.

Hay una sensación en muchos sectores indígenas de Bolivia de que los cambios no llegan, que debían haberse visto más rápidamente. ¿Qué le parece esa impresión?

                                

Nosotros también pensábamos que una vez llegados al Gobierno podríamos implementar los cambios. Está claro que el pueblo votó por los cambios. En Caracoto, en el Sur, en San Miguel, la gente no quiere al Evo, sienten asco por él, y, sin embargo, en esa zona ganó el MAS. No votaron por el presidente Evo, sino por el cambio, porque no quieren al presidente, pero el pueblo estaba cansado del engaño, de la corrupción, de los partidos tradicionales, etc. Nosotros construimos un instrumento político para participar en las elecciones y gobernarnos a nosotros mismos, pero este gobernarse tiene su proceso, y estamos empezando, pues el cambio no se hace de la noche a la mañana.

                        

En este Ministerio trabajo de 8 de la mañana hasta las 10 de la noche para que funcione el modelo. Porque nosotros hemos heredado leyes hechas por los caras, por los partidos tradicionales. Este país ha estado gobernado por ladrones, mentirosos y flojos, y precisamente por eso decimos en nuestro lema: ‘No seas ladrón, no seas flojo, no seas mentiroso’. Nosotros estamos trabajando según estas leyes, porque no se han cambiado todavía. Así que diría que nosotros no estamos en el poder todavía, ni siquiera estamos casi ni en el Gobierno, porque yo estoy haciendo lo que el modelo quiere que haga aquí, y no tengo tiempo para reflexionar qué es lo tenemos que hacer. Desde luego estamos transparentando, vamos a transparentar la gestión pública. A mi me han ofrecido varias movilidades al llegar a la Cancillería: me decían que esta para ti, esa para tu mujer… Yo les dije que no, que sólo quería la mía, la que debo usar. Pero nosotros no sólo hemos venido a transparentar la gestión pública: hemos venido a cambiar el modelo, y, cierto, no se está cambiando todavía el modelo. Es más, estamos aprendiendo nosotros las normas del modelo que tenemos que manejar, para dominarlas, pues debemos cumplirlas al pie de la letra, porque si no se nos va este proceso político. Estas leyes fueron hechas para robar, saquear nuestros recursos, y siguen vigentes, y por eso para nosotros es fundamental la Asamblea Constituyente, para redactar una nueva Constitución que establezca un nuevo marco de gestión de recursos. Yo entiendo a los compañeros que no sienten todavía el cambio. Pero son 500 años de desorden, y eso no se hace en 6 meses o un año, necesitamos tiempo. Pero estamos empezando, y el pueblo ya sabe que estamos transparentando la gestión pública o que la lucha contra corrupción o narcotráfico es efectiva.

                   

¿Qué modelo queréis implementar?

                           

Los pueblos indígenas no sólo buscamos el equilibrio entre las personas, no sólo lograr armonía entre los seres humanos: nosotros buscamos lograr una armonía entre el ser humano y la naturaleza. Para nosotros es fundamental pensar en la madre Tierra, en la Pachamama. Hasta ahora, académicamente, se aprenden las leyes hechas por el hombre, que son bien excluyentes, pues no toman en cuenta el todo, sino que se diseñan en función del hombre. Y estas leyes han llevado al planeta tierra a un desequilibrio total; la Pachamama está herida de muerte, está enferma. No sabemos todavía movernos según las leyes de la naturaleza. Nosotros tenemos códigos gracias a los cuales los pueblos indígenas han resistido durante 500 años. Por ejemplo, todos los programas de desarrollo han buscado tradicionalmente vivir mejor, y el desarrollo ha provocado grandes desequilibrios, con el resultado que hoy tenemos. Por eso los indígenas no hablamos de vivir mejor, es más, no queremos que nadie viva mejor: lo que queremos es un vivir bien, que no es igual a vivir mejor. Nosotros hemos ‘dejado de ser’, los aymaras ‘ya no somos’, y queremos ‘volver a ser’. Por eso hablamos del Pachakuti. Robar, explotar la naturaleza o la gente no es vivir bien. Posiblemente, explotar al prójimo te permita vivir mejor, pero nosotros no queremos vivir mejor. Cuestionamos hasta la palabra democracia, pues los pueblos indígenas queremos que las decisiones se tomen por consenso, y porque en la palabra democracia existe el concepto del sometimiento, las mayorías someten a las minorías, y someter al prójimo no es vivir bien. Así que nuestra lucha va más allá de la democracia: queremos decidir por medio del consenso. Nosotros no sólo buscamos justicia social, porque cuando hablamos de eso se hace como propuesta excluyente, al modo occidental, no a nuestra manera, pues está pensada sólo en el ser humano. Nosotros buscamos una sociedad equilibrada, no sólo con justicia social, nuestra lucha va también más allá de la búsqueda de la justicia social.

                         

Para nosotros lo más importante es la vida. No estamos ni con el capitalismo ni con el comunismo: el capitalismo busca la plusvalía, la ganancia, el ser humano no importa para el capitalismo; para el socialismo lo más importante es el ser humano. Para nosotros lo importante es la vida equilibrada, complementaria. Por eso la Asamblea Constituyente no sólo nos va a permitir construir una nueva sociedad. Todavía estamos avanzando, estamos en pleno destape de nuestros saberes. Muchos todavía no tenemos ideología, somos aymaras que estamos en espacios de poder, pero andamos todavía en ese, digamos, destape, en pleno proceso de recuperación. Se nos dice que buscamos libertad o justicia social, pero, bueno, no sólo eso, nuestra lucha no se queda ahí. Es la diferencia con la izquierda, que busca esa justicia, pero nosotros vamos más allá. En la comunidad nadie necesita la libertad para atentar contra la Pachamama, porque nos sentimos criados de la naturaleza.

                                       

Decía Felix Patzi que “los indios no tiene arraigada la visión del Estado”. Desde el corazón del aparato estatal, ¿compartes esa idea?

                          

Cuando vamos más allá, cuando estamos hablando de consenso, etc., entonces no necesitamos Estado. Así que yo diría que nosotros ‘estamos sin estar’. En los entramados que tenían armados los pueblos originarios en Bolivia, por ejemplo, no era necesaria la educación dentro de nuestra cultura de la vida, no se hablaba de educación. ¿Quién tiene que educar a quién? ¿Por qué el papá, que ya está, digamos, destrozado, tiene que educar a quien no lo está, al niño? El niño es sano, tiene potencialidades. En nuestra cultura no se hablaba de educación, sino de verdaderos procesos de comunicación.

                       

Hay cosas que entran en cuestión, por ejemplo, el Estado. Han sido 500 años en que nuestros saberes han sido tapados, y estamos empezando a retomarlos poco a poco. Por ello interpelamos y asumimos la responsabilidad, frente a la crisis del sistema de partidos. Nos organizamos y ha habido un crecimiento cuantitativo que no ha ido acompañado de otro cualitativo, así que tenemos nuestras limitaciones. Discutimos si Estado sí o Estado no, qué es, etc. Nuestros antepasados han tenido la capacidad de organizar económicamente cada hogar con categorías económicas para cada casa, y esta sociedad actual no tiene esa capacidad. Cada hogar podía soportar hasta 10 años de sequía. Pero no sólo se pensaba en la casa, pues había otra categoría para organizar varias familias y otra para organizar varios pueblos. De eso no hablan los estudiosos. Algunos sí lo hacen sobre la economía del ayllu. Nuestros abuelos supieron bien qué fue. Yo me alimenté durante 9 años de lo acumulado en los sejes. Hablábamos aymara y practicábamos nuestras propias formas de organización en el campo, que eran totalmente ignoradas por anteriores Gobiernos.

                            

¿Pero ese tipo de estructuras se pueden engranar dentro de un Estado moderno?

                                

La modernidad está en crisis y ha llevado al planeta a un desequilibrio total. Sus valores están en crisis, pero nosotros tenemos los de las culturas milenarias. Estamos empezando a retomar todo ese bagaje, y tenemos que construir. No sólo pensamos en Bolivia, va más allá, porque pertenecemos a la cultura de la vida. La palabra ‘amigo’ no existe en nuestra cultura, ni ‘enemigo’. Nosotros somos de Panaka Pachakuti (Hermanos del cambio). Por eso hicimos una ley de convocatoria a la Asamblea que posibilitara la participación de todos. Pudimos hacer una ley para garantizarnos la hegemonía, porque, además, nadie quiere a los partidos tradicionales, pero pensamos que debían entrar todos.

                    

¿Es posible en Bolivia la recuperación de las lenguas originarias?

                     

Estamos haciéndolo ya, pues en algunos ministerios ya se han implementado los programas para que los funcionarios aprendan. Va a ser obligatorio en el Estado que los funcionarios públicos las hablen. De aquí a cinco años un funcionario público que no hable las lenguas originarias no puede desempeñar esa labor, porque hay gente que viene a las oficinas del Gobierno y no habla castellano, de modo que no son tratados correctamente, son discriminados. Los funcionarios deberán aprender el aymara en La Paz, en Cochabamba el quechua, en Tarija el guaraní, etc. Los paiconecas antes no querían ser paiconecas, pero ahora dicen que lo primero son paiconecas, luego chiquitanos, en tercer lugar de Santa Cruz y en último bolivianos. En Bolivia no se ha terminado de construir el sentido de pertenencia nacional boliviano.

                     

Usted dijo que iba a internacionalizar el debate sobre la hoja de coca para darle otro status. ¿Cuál es la idea?

                         

Se ha satanizado la hoja de coca en el marco internacional. Se prohíbe su comercialización. Para nosotros la hoja de coca es parte de nuestra cultura. Nosotros hablamos con la hoja de coca. Si digo esto a la prensa me llaman loco, pero es que nuestros códigos no son entendidos, se ignoran. Por eso hablábamos de la Bolivia clandestina. La hoja de coca tiene grandes cualidades alimenticias y medicinales, es parte de nuestra espiritualidad, es la madre de todas las plantas… Debemos dar a conocer esto a la comunidad internacional, porque coca no es cocaína. Estamos buscando una institución de calado a nivel internacional para que auspicie una investigación científica para demostrarlo, y luego, con ese respaldo, empezaremos una campaña internacional de despenalización, pues queremos industrializar la hoja de coca.

                

¿Cómo se siente un indígena en el sillón de canciller, un espacio de poder tan ligado tradicionalmente al poder blanco?

                         

¡Un indígena, y, además, agitador social! Yo no tengo formación académica. Por suerte que no he ido a la Universidad. Tengo limitaciones, pues no manejo instrumentos de gestión pública, pero vamos saliendo adelante. Lo importante es la honestidad, decir la verdad. Por eso he hablado de diplomacia indígena, pues los diplomáticos no dicen la verdad, no les enseñan a eso. Yo estoy aprendiendo a patinar en este espacio de la diplomacia, he conocido a varios cancilleres y voy aprendiendo.

                                    

 
< Anterior   Siguiente >

Arqueología Social

 
Resiste 23
 

Suscríbete

Recibirás un Boletín con nuestras recomendaciones.