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miércoles
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La Senda del Indio PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Juan Ibarrondo Portilla   
sábado, 18 de febrero de 2006

Creo que fue Fidel Castro quien, tras la incontestable victoria electoral de Evo Morales en Bolivia, anunció que en América se iniciaba la senda del indio.

La frase es afortunada pero quizá habría que objetar que dicho camino, el camino indígena, no se inicia con este resultado electoral sino que viene siendo recorrido desde hace algunos años en distintos lugares de Abyayala (quizá este término de raíz Cuna sea más adecuado también que el de América que como sabemos hace referencia a un cartógrafo colonizador) con mayor o menor fortuna, tanto en meso-América como en la zona andina lugares donde es mayor la presencia india y también donde las altas culturas pre-colombinas alcanzaron un mayor desarrollo y brillo, pero también en otros lugares como la Amazonía o el extremo sur del continente.

El renacimiento indígena (Pachakuty en quechua) es, como todos los hechos sociales, un proceso complejo y en ocasiones contradictorio. No debemos caer por tanto en el error de idealizarlo, ni de simplificarlo, ni tampoco de pensar que los indios harán por fin la revolución que nosotros no fuimos ni somos capaces de hacer.

Dicho esto avanzaremos algunos elementos para el análisis de lo que está sucediendo:

La victoria electoral del líder cocalero Evo Morales no es más que la punta de un iceberg que como decía antes se extiende mucho más allá de Bolivia. Muy probablemente veamos en marzo una victoria similar en Perú del dirigente Quechua Ollanta Humala, miembro de una familia de siete hermanos uno de los cuales, Amantauro, esta preso por una de las numerosas insurrecciones populares indias que se han desarrollado en Perú durante los dos últimos años. Actualmente Ollanta está ya situado en primer lugar de todas las encuestas pre-electorales y su movimiento etno-nacionalista, o etno-Cacerista (en referencia al general Cáceres que propugnaba la unión del Ande indígena en una sola nación, reviviendo así el Tuhuantaisuyo incaico) recoge ya el apoyo explícito, entre otros mandatarios, de Hugo Chavez.

Hay que recordar que Perú es el mayor país del área, con una población de 25 millones frente a los 4 de Bolivia y también un país no tan mayoritariamente indígena como Bolivia que, como sabemos, es la nación con mayor peso demográfico indígena del continente.

También es importante saber que, tanto en Bolivia como en Perú y otros países del área, la estúpida política estadounidense de erradicación de la hoja de coca ha sido uno de los ejes troncales de los movimientos insurreccionales. Ciertamente la intención yanqui con esta política era el control militar de la zona, con la instalación de bases militares en distintos lugares de la zona y la aplicación del plan Colombia, pero (como ha pasado también en Irak en otras coordenadas) el tiro ha salido por la culata del Imperio y ha encendido la chispa de la rebelión en todo el Ande.

Otro de los elementos coyunturales que han incidido en esta crisis ha sido la expoliación minera y petrolera en Perú y otros lugares que arrincona y arrebata las tierras comunales de los indios (sería más correcto decir Quechuas o Aymaras o Guaranies pero permítaseme la licencia) sin producir beneficio alguno sobre la comunidad, pues las trasnacionales y las oligarquías blancas locales no dejan sino migajas del pastel minero petrolero o gasístico. Una explotación tan vieja como la conquista pero que hoy vuelve con nuevos bríos impulsada entre otras por las flamantes multinacionales españolas.

No podemos olvidar tampoco el racismo secular, e insostenible ya, que es seña de identidad de las sociedades andinas, muy especialmente en el caso boliviano donde la situación en ese sentido es muy parecida a la del aparheid sudafricano anterior al triunfo de Mandela y el CNA (por cierto Mandela fue uno de los primeros lideres mundiales en felicitar a Morales)

Por otra parte el Estado tras abandonar hace tiempo sus funciones sociales renuncia ahora en amplias zonas del continente al monopolio de la violencia y al control social. Aumenta así la inseguridad y aparece la ley del más fuerte, del narco, del terrateniente, del delincuente organizado. Ante esto en muchos lugares se recuperan antiguas formas de organización social nunca del todo abandonadas que ocupan el hueco dejado por el Estado ausente. En este contexto hay que entender hechos como los linchamientos de policías o autoridades corruptas a instancias de asambleas populares.

El contexto internacional con el Imperio enfangado en guerras asiáticas y la aparición de regímenes más o menos progresistas en América del sur ha favorecido el desarrollo del movimiento popular indígena y su articulación política electoral.


Este movimiento, sin embargo, es fundamentalmente endógeno y se alimenta de experiencias comunes como el Zapatismo en México o la larga lucha de la CONAIE en Ecuador, se alimenta de fracasos, éxitos, traiciones y luchas con diferencias importantes pero también con innegables elementos comunes.

La senda del indio encontrará sin duda importantes obstáculos y se verá sujeta a retos y contradicciones. Entre los retos, si quiere enfrentar con éxito la oposición feroz de las oligarquías criollas, las multinacionales y la administración imperial tendrá que intentar crear lazos con los sectores progresistas no indígenas de las distintas sociedades donde actúa. En ese sentido los Zapatistas una vez más son pioneros tendiendo la mano a trabajadores y organizaciones no indias de aquel país en el contexto de “la otra campaña” ahora recién iniciada.

Otro de los retos a afrontar será el de la democratización de los estados nación sujetos ahora a déficits democráticos muy profundos. En las agendas del movimiento indígena y popular de muchos países esta el impulso a un proceso constituyente que consiga una forma política nueva que no excluya a los indios ni a los pobres de la política nacional:
Cuotas indias en los parlamentos, difusión de los idiomas indígenas y su utilización en los foros institucionales (como en el caso Boliviano), erradicación de la corrupción, mal endémico en la zona, descentralización territorial y autonomía local, regional y nacional, acabando con la macrocefalia limeña, paceña o de Mexico DF (sobre el tema de la autonomía prometo un próximo artículo específico)

El cómo afrontar estos retos suscita debates en el seno del movimiento y por extensión de las sociedades latino americanas:
Dos son en mi opinión las encrucijadas más importantes:
¿Es compatible el capitalismo con estructuras culturales, sociales, económicas propias de la cosmovisión india? ¿Es posible por ejemplo eso que llaman capitalismo andino? O bien la senda del indio conduce a modelos sociales no capitalistas más parecidos al socialismo aunque sin copiar modelos importados y fuera de contexto.

¿Es la vía electoral la más adecuada para realizar cambios profundos en la estructura social de las naciones amerindias o bien es preferible optar por otras vías posibles como el caudillismo o la democracia directa?

Las respuestas a estas dos preguntas son complejas y dependen de la correlación de fuerzas sociales en cada zona: la capacidad organizativa del movimiento, la debilidad del Estado, la tradición democrática de los distintos países, la solidez de las burguesías nacionales, el grado de dependencia económica, la aparición de burguesías indígenas…

Para terminar decir que, en todo caso, estas preguntas no sólo afectan a Abyayala sino que son de importancia para el futuro de la humanidad. Especialmente en Euskal Herria el sonido que acompaña la senda del indio suena a romería alegre, a música celestial en los oídos de los vascos de izquierda y abertzales.

 
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