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SUCRE: ENTRE EL RACISMO, LA DISCRIMINACION Y LA VIOLENCIA PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Grupo de Derechos Humanos de Sucre (Bolivia)   
jueves, 27 de diciembre de 2007
bolivia-foto.jpgBolivia vivió, o mejor, revivió sus viejas heridas hace escasas semanas con motivo de la culminación del proceso constituyente, un camino que, como se preveía, se topó con la presión de los sectores de la oligarquía. Pero, tal vez, una de las señas de identidad del episodio, al menos para los ojos de quienes presenciamos esas jornadas desde el Norte, sea una nueva pero elocuente constatación de que vivimos tiempos de inmensas paradojas: más conectados que nunca al mundo y menos informados que nunca de lo que en él acontece. Una verguenza la información que los medios de masa suministraron al respecto. Aleccionador, una vez más. De modo que reproducimos este escrito que nos llegó desde Sucre hace unos días. Empieza así: "Sucre, la ciudad blanca se tiñó de rojo y cenizas por órdenes de los “sangre azul” piel morena. Cobijó desde los inicios de la Asamblea Constituyente mensajes de racismo, discriminación y violencia hacia el “indio”, el colla, el extraño que venía a sesionar donde sólo los “blancos” debían estar".


Al reinicio de las sesiones constituyentes en noviembre, la violencia mostró sus peores armas. Los medios de comunicación en Sucre con el repicar de las campanas del Obispo, llamaron a la confrontación, a la matanza, a la masacre: Radio Loyola de Cadena Fides, Global, Concertación, Antena 2.000 y los Canales de televisión Red Uno, Gigavisión, ATB, Canal 13 Televisión Universitaria, entre otros.  

La prensa hegemónica de Sucre sacó fotos de la “violencia” con que la policía agredió a los jóvenes. Se olvidaron de mostrar fotos de agresión a los constituyentes, a los policías o a los que no eran sucrenses. A los jóvenes ebrios que, envalentonados en la calle, repartían trago y cientos de bombas molotov. A los coches de la alcaldía que entregaban dinamita, a los “héroes” separatistas (unionistas) que llegaron de Santa Cruz con el apoyo de los representantes del Comité Interinstitucional y de empresarios hoteleros.

Se escuchó por la radio y la televisión decir "traigan armas, traigan revolveres, pistolas, escopetas, todo lo que tengan; tenemos que matar o morir", o peor aún "los policías están en “X” esquina (daban la dirección exacta) vengan a enfrentarse con ellos", "boten a todos los collas de sus casas, a los paceños, que nunca más entren a sus casas". Nadie llamó a la pacificación… Estaban dispuestos a ingresar a la Glorieta y matar a constituyentes. Los mensajes buscaban muertos, olvidando que los constituyentes representaban a los nueve departamentos y a los grupos por siglos excluidos.  

Denuncian aún, con el apoyo complaciente de la Fiscalía, que la policía soltó a los presos. Nada más falso; los policías fueron fustigados por grupos que ayudaron a escapar a peligrosos delincuentes del Penal de San Roque. A riesgo de perder la vida se quedaron para sacar a los niños, mujeres y ancianos indefensos que estaban de visita. 

Salieron con la frente en alto por orden del Comandante General -a quien le informaron del linchamiento de un policía- y lo hicieron dejando de lado a quienes los fustigaron. Señalaron con el dedo a los medios como los culpables de lo ocurrido, a ellos y a quienes buscaban chivos expiatorios para desfogar su bronca porque la Constitución había sido aprobada. Se aclaró después que el policía fue botado a un barranco saliendo vivo. 

Se quedaron las mujeres y los hijos de los policías desprotegidos, denunciaron el hostigamiento y la violencia de la que fueron objeto. Mujeres a punto de ser violadas y niños golpeados. Se quedaron los jóvenes que pedían carnet de identidad en las calles a los “sospechosos”. Se quedaron las mujeres amas de casa, del centro de la ciudad, que gritaban y señalaban al “otro” al tumulto desde sus ventanas o sus balcones. Se quedaron las 8 o 10 mujeres que día a día y por turno en las radios destilaban odio y veneno por la boca. 

La demanda de la Capitalía -legítima para los chuquisaqueños- quedó sepultada por la violencia, el racismo, la discriminación y los intereses económicos manejados por quienes manosean hoy el luto del pueblo chuquisaqueño. Se olvidaron de aclarar que dos de los muertos eran militantes del Movimiento Al Socialismo (MAS). Extraño olvido cuando para ellos de todo tiene la culpa el MAS.  

Quemaron el Comando Departamental de la Policía de Chuquisaca, Tránsito y otras unidades. Al quemarlas demostraron simbólicamente lo que siempre han hecho los sectores pudientes del país, pisotear la institucionalidad. Antes, corrompiendo a sectores jerárquicos de la Policía y las Fuerzas Armadas para favorecer sus negociados e intereses personales haciéndolos cómplices. Hoy, porque ya no sirven a sus intereses, violentándolos.  

El pueblo de Sucre, el que vive con sus ingresos modestamente -consciente del peligro- solicitó el retorno de la Policía sin condicionamientos, no así los miembros del Comité Interinstitucional que utilizan los muertos y heridos para beneficio propio, intentando que las denuncias de corrupción en las entidades públicas a las que pertenecen no prosperen. 

Y se fueron como si nunca hubieran estado ahí

Los separatistas (unionistas) partieron como si nunca hubieran estado ahí, complacidos de haber dejado muerte y dolor porque para eso fueron. La desgracia sólo tocó a las familias humildes de Sucre, esas que aplaudieron la llegada de los policías la noche que retornaron. Quienes cobijaron al perseguido, al herido, al masacrado. Que no dejaron que los enardecidos jóvenes lincharan o asesinaran cobardemente a constituyentes. 

Corresponderá a todo boliviano y boliviana que quiera cambiar este país frenar el racismo, la discriminación y la violencia. A los y las periodistas que trabajan en medios de comunicación, pensar si vale la pena destilar tanto odio para dañar a la población de la que son parte, que después de ver Sucre incendiado siguen llamando a la violencia y confrontación. A los fiscales que creen en la justicia y en la protección del Estado aclarar lo ocurrido. A los miembros de la policía seguir protegiendo a la población, a pesar del saqueo irracional del que fueron objeto. 

Porque la diferencia deberá marcarla quien está en contra o a favor del cambio. Quien desea apoyar a los grupos de poder que destruyeron este país con corrupción, dilapidación y “capitalización” para favorecerse a sí mismos, robando millones y millones de dólares a costa de la pobreza del pueblo. O quien desee que esto pare y cambie, convirtiendo a Bolivia en un país más digno, justo, solidario y equitativo, que distribuya las riquezas a los sectores desprotegidos, que incremente el control social. 

Al pueblo chuquisaqueño le corresponderá convertir en cenizas el poder de los corruptos.

 

 
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