El 9 de enero del presente año el Boletín Oficial
del País Vasco publicaba la Ley 14/2007
de 28 de diciembre de Carta de Justicia y Solidaridad con los Países Empobrecidos.
Una ley que tanto por su contenido (aborda en su declaración de intenciones cuestiones como la abolición de la deuda
externa; utilización del actual gasto militar para cubrir las necesidades
sociales, humanas y ambientales; desarrollo del denominado comercio justo; promoción de la reforma o desaparición del Fondo
Monetario Internacional, el Banco Mundial o la Organización Mundial del
Comercio; igualdad de derechos a las personas inmigrantes…) como por su
peculiar forma de gestación y aprobación (nace de una iniciativa legislativa
popular y necesitó de varias rondas de votación con curiosos empates y
llamativas alianzas, abstenciones y otros pormenores) debería estar ocupando en
los medios de opinión y reflexión pública mucho más espacio del poco que hasta
el momento ha obtenido.
Pero
desde Gasteizkoak, como colectivo antimilitarista que desde hace muchos años
venimos denunciando la vergonzosa existencia de la industria vasca de armamento
(que cuenta con el apoyo y participación de empresas, instituciones, entidades,
organizaciones políticas, sindicales…), queremos centrarnos en esa cuestión,
también abordada por la Ley 14/2007, y contrastarla con la realidad.
La
mencionada Ley, en su Artículo 3 -Actuaciones
y convenios-, establece en su párrafo 3:
En
sus políticas de promoción y apoyo a las empresas, el Gobierno Vasco no colaborará
de ninguna forma con aquellas personas físicas o jurídicas dedicadas a la producción,
comercialización y financiación de armas.
Cualquier
persona que conozca mínimamente la realidad de la industria militar vasca, sabe
que –hasta la fecha- la política que los diferentes ejecutivos vascos han
practicado es justamente la contraria.
Esta
política, por poner algunos ejemplos, ha venido caracterizada tanto por el impulso
de planes específicos para el sector -en el subsector de Arma corta-, como multimillonarias ayudas, subvenciones a fondo
perdido, avales, beneficios fiscales… a muchas de las empresas implicadas
(desde Gamesa Aeronáutica –hoy Aernnova- hasta Sener, Industria de Turbo Propulsores
–ITP- o la multitud de Centros y Parques Tecnológicos o de Investigación
presentes en la red de empresas vascas que participan en los principales
programas europeos de aeronáutica militar –Avión
de Combate Europeo, Avión de Transporte Militar Europeo, Helicóptero de
Ataque Tigre…-).
Tampoco
ha faltado la participación directa en el accionariado de algunas empresas por
parte del ejecutivo, como en Gamesa Aeronáutica –hace una década-, o en la actualidad
en Sener Aeronáutica, quien posee la mayoría de ITP.
Estas
empresas también han contado con el respaldo político mediante la presencia de
representantes del ejecutivo vasco -al más alto nivel- tanto en la inauguración
de nuevas instalaciones: como en la presentación de la firma de nuevos
contratos; en los viajes internacionales con objeto de abrir nuevos mercados a
su producción militar. O, dicho más crudamente, para la promoción de nuevas
guerras y conflictos, que no para otra cosa sirven las exportaciones de
armamentos.
Pero
vista la claridad y rotundidad del apartado ya comentado de la ley, habría que
pensar que toda esta línea de apoyo político a la industria militar vasca va a
cambiar radicalmente… aunque eso supondría un tremendo revolcón para buena
parte de los hilos que tejen la política vasca (como la del resto de
administraciones), pues gran parte de lo comentado hasta aquí tiene bastante
que ver con las fluidas relaciones que ex altos cargos de la política tienen
con los Consejos de Administración de las empresas del sector y con los suculentos
beneficios que la industria militar supone para las entidades financieras que
conceden préstamos a las organizaciones políticas. Mucho nos tememos que no
vaya a ser así.
Y
hacemos esta valoración no porque seamos pesimistas recalcitrantes, sino porque
dos semanas después de la aprobación de la Ley nos hemos encontrado ya con la
primera demostración palpable: el pasado 10 de enero la mayoría de medios
escritos recogían la noticia de que el Gobierno Vasco había aprobado la
concesión de ayudas a 7 empresas por valor de 24 millones de euros (financiados
por el ejecutivo vasco y por las tres diputaciones forales) como apoyo a proyectos estratégicos. Y
echando un vistazo a esa lista de empresas nos encontramos con SAPA-Placencia,
a la que se le adjudica una subvención de 3,1 millones de euros para la
creación de nuevas instalaciones donde mejorar su producción centrada en las
transmisiones y unidad de potencia auxiliar de vehículos especiales.
Para
comprender la verdadera enjundia de esta noticia –que por sí sola supone la evidencia
de que el ejecutivo vasco se cisca sin pudor alguno en lo aprobado en la Carta de Justicia y Solidaridad con los
Países Empobrecidos- hay que intentar responder a algunas cuestiones:
¿Quién es SAPA?, ¿cuáles son esos vehículos especiales a los que se dedica?,
¿por qué necesita unas nuevas instalaciones?, ¿qué curiosos personajes están
presentes en su Consejo de Administración o en sus cargos de asesoramiento?
Intentemos responderlas brevemente.
SAPA-Placencia
–hasta hace unos años conocida como Sociedad Anónima Placencia de las Armas- es
la empresa de producción militar más antigua del Estado español –sus orígenes
se remontan al año 1573- y en la actualidad la principal empresa vasca del
sector de armamento y munición. A lo largo de su historia se ha destacado en la
producción y mantenimiento de piezas de artillería. De hecho, cuando la actual
SAPA-Placencia se constituye hace unos años declara como objeto social de la empresa: cualesquiera
actividades comerciales industriales y de investigación relacionadas con
material de guerra preferentemente de artilleria y municiones.
Sin
embargo en los últimos años, de la mano de su departamento de I+D se ha especializado
en la unidad de potencia auxiliar (UPA) y en las transmisiones mecánicas para
vehículos pesados. En concreto la UPA es un elemento diseñado para su
integración en el Carro de Combate Leopardo 2E, mientras que la transmisión
SG-850 ha sido diseñada para el vehículo blindado Pizarro, dos de los
principales programas de armamento en los que actualmente despilfarra dinero
público el Ministerio de Defensa español.
Habrá
quien piense que, no obstante, ambos desarrollos probablemente tengan una clara
aplicación civil. Pero todas las dudas se disipan leyendo las declaraciones del
Director Industrial de la empresa quien en su propio boletín Innovación de junio de 2007 a la
pregunta “¿tiene SAPA PLACENCIA la intención de introducir sus productos en el
mercado civil?”, contesta:
“La intención de SAPA PLACENCIA, a día de hoy, es
ampliar el mercado militar a nivel internacional. (…) El mercado civil es muy
distinto a la industria militar. Aunque la tecnología sea la misma, la forma de
producir es muy diferente con una producción en masa de forma inteligente. En
SAPA PLACENCIA, la producción sí que es militar”.
Y,
de hecho, en ese mismo boletín se informa de que :
“La UPA desarrollada por SAPA PLACENCIA ha sido
preseleccionada por US TACOM (Centro de Ingeniería y Desarrollo del Ejército
Americano) como candidata para ser introducida en los tres principales
vehículos de su Ejército: Abrahams, Bradley y Stryker.”
Curioso
también los referente a las nuevas instalaciones. Hasta finales de 2004 SAPA
poseía dos plantas industriales, una en Soraluce (Placencia de Armas) y otra en
Andoain. Como declaró el propio Alcalde de Soraluce (Gara, 19-11-2004) la
empesa intentó que el Ayuntamiento recalificara los 11.000 metros cuadrados que
la empresa poseía, para que cuando ésta los vendiera allí se pudieran construir
viviendas. Como el Ayuntamiento se negó a la maniobra especulativa, la empresa
cerró la fábrica de Soraluce trasladando toda su producción a Andoain.
Pues
bien, durante 2007 ha vuelto a repetir la jugada, pero ahora en Andoain y
contando con el visto bueno municipal. Así, ha firmado un convenio con el
Ayuntamiento que supondrá el desarrollo residencial de los terrenos en los que
se ubica la empresa, lo que permitirá la construcción de 500 a 600 viviendas.
Y, claro, ello trae consigo que SAPA necesite
una nueva planta que, gracias al convenio con el Ayuntamiento, ubicará en el
nuevo polígono industrial Antzizu, junto a Leizotz. Así logra realizar el
negocio que le negaron en Soraluce y consigue una instalación nueva que,
además, va a contar con los 3,1 millones de euros de ayuda que para ello le ha
concedido el Gobierno vasco. Todo un chollo.
Nos
queda por abordar una de las cuestiones planteadas. ¿Qué personas y personajes
están tras las siglas SAPA?. La empresa pertenece de antaño a la familia
Aperribay. Joaquín Aperribay Elosua –antiguo alcalde de Deba- es el Presidente
del Consejo de Administración y su hijo Jokin Aperribay Bedialauneta uno de los
Consejeros. También es conocido que el histórico dirigente jeltzale Ramón
Labayen –antiguo Alcalde de Donostia- ha sido durante años Asesor militar de la empresa.
Pero
las especiales relaciones de la empresa son de otro calibre. Durante años su
Vicepresidente ha sido Enrique Falcó Carrión, Conde de Elda y presidente del
Consejo de la Grandeza, organismo consultivo de la Administración del Estado en
el que están agrupados los 300 Grandes de
España.
Hasta
su muerte también estaba en su Consejo de Administración Gabriel Peña Aranda,
miembro del famoso grupo de opinión de la transición
denominado Tácito, Director General
de Televisión española durante los años 1975 y 1976 y posteriormente Director
de la División de Defensa del Instituto Nacional de Industria en el gobierno de la UCD.
Tras
la muerte de Peña Aranda y con intención de sustituirle por alguien con
parecida capacidad de influencia en las esferas políticas relacionadas con la
industria armamentística, nos encontramos con la última sorpresa en su Consejo
de Administación: Pedro Morenés Eulate, Secretario de Estado de Defensa de 1996
a 2000; Secretario de Estado de Seguridad de 2000 a 2002 y Secretario de Estado
de Ciencia y Tecnología de 2002 a 2004. Un gran conocedor de los entresijos
administrativos ligados a las fuerzas militares y policiales quien, además,
recientemente ha sustituido precisamente al Conde de Elda como Presidente del
tan selecto como exclusivo Club Puerta de
Hierro de Madrid.
Tras
estos datos es más fácil entender cómo después del gran reajuste que ha sufrido
a nivel internacional el sector de
armamento y munición (especialmente en Europa), donde las pequeñas empresas o
han desaparecido o han sido absorbidas por grandes multinacionales del sector,
la pequeña SAPA goza de una salud
excelente y no carece de pedidos y expectativas para su producción de
armamentos. Es miembro de la Asociación Española de Fabricantes de Armamento y
Material de Defensa y Seguridad -AFARMADE-; es accionista del consorcio
público-privado para la exportación de material militar DEFEX (Defensa y
Exportación); es igualmente -y aquí coincide con el Gobierno Vasco- Socio Protector de la revista “Memorial Ingeniería de Armamento”, y
parte de sus beneficios los invierte como empresa en el Fondo de Inversión de
Acumulación DINERBANC F.I., perteneciente al Grupo Banco Atlántico, en el que
poseía en 2004 cerca de la tercera parte de todo el patrimonio.
Pues
bien, a esta empresa es a la que el Gobierno Vasco ha otorgado esos 3,1
millones de euros, incumpliendo flagrantemente la ley aprobada el 28 de
diciembre.
Todo
apunta a que éste no será el único incumplimiento, ya que las ayudas y subvenciones
a la industria militar vasca que en los últimos años ha cambiado de arriba
abajo (a lo largo del año nos proponemos publicar un informe sobre su actual
realidad) son, desgraciadamente, el pan
nuestro de cada día.
Ante
todo ello, nos quedan al menos dos salidas. O hacemos oídos sordos a estos
datos y dejamos que se sigan riendo en nuestra cara, o tomamos conciencia de
una vez por todas de que para acabar con esa vergonzante industria vasca de armamentos
nada cabe esperar de instituciones y organizaciones políticas y que en esto,
como en tantas otras cosas, está en juego el convertir nuestros deseos
transformadores en realidad, lo que dependerá del empeño que pongamos en conseguirlo.
Sigan ellos con sus palabras huecas. Eso sí, no permitamos que no nos tomen por
idiotas.
Colectivo
Gasteizkoak
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