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sábado
30. ago 2008
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Autonomía 27, Derechos humanos, militarización y movimientos sociales PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Editorial/Autonomía 27   
jueves, 02 de agosto de 2007
Desde hace más de dos sexenios la violación a los derechos humanos ha sido una constante en México: la matanza de Aguas Blancas en 1995, la de Acteal en 1997, la represión hacia las comunidades indígenas de Oaxaca y Chiapas, los asesinatos en Ciudad Juárez, la masacre de El Charco, la entrada de la PFP en la UNAM durante la huelga estudiantil, la represión en Guadalajara, los cobardes asesinatos de los compañeros Pavel González y Digna Ochoa, la represión en Lázaro Cárdenas, Michoacán, la brutal acometida en contra del pueblo de San Salvador Atenco, y la infame represión a la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) durante el 2006, además de las múltiples injusticia. Apenas han pasado seis meses del sexenio de Felipe Calderón y ya se dieron a conocer varios casos de violación a los derechos humanos. El 26 de febrero del presente año, se encontró a la indígena nahua Ernestina Ascensión de 73 años, moribunda y con rastros de haber padecido una brutal violación por parte de militares que mantenían un campamento a unos metros de su casa, en la sierra de Zongolica, Veracruz. Ante tal abyección, el presidente espurio, respaldado por la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), declaró que la víctima había fallecido por una fuerte “gastritis”.

 

En este clima de impunidad, se detuvo de manera ilegal y con lujo de violencia al compañero David Venegas Reyes, consejero de la APPO, a quien la policía del estado le sembró 30 gramos de cocaína y 2 bolsas de heroína, el día 13 de abril de 2007.

Por si fuera poco, en el país se sigue desplegando una campaña militar, orquestada por el presidente espurio, que a punta de pistola pretende legitimar sus aberrantes políticas neoliberales, argumentando la lucha contra el narcotráfico y la delincuencia organizada. Un panorama que nos recuerda a la desangrada Colombia de los años 90s, que con el mismo discurso y las mismas prácticas se militarizó al país creando grupos paramilitares, asesinando a luchadores sociales y atemorizando a comunidades enteras. La militarización es un factor que propicia la violación a los derechos humanos de manera sistemática y con garantía de prevalecer en la total impunidad, además de ejercer un control sobre determinadas poblaciones y restringir el margen de acción de los movimientos sociales. La aprobación de distintas leyes que criminalizan la lucha social, las reformas al código penal, la planeación de gendarmerías en poblaciones de menos de 20 mil habitantes supervisadas por el ejército y la reunificación de la policía bajo un solo mando, son síntomas de un estado policial que se ha dado a la tarea de perfeccionar su política de seguridad nacional antisubversivo.

Frente a este desolado panorama, creemos que una de las principales tareas de los movimientos sociales es la defensa de los derechos humanos. En contrapartida, la violación a éstos, le permite a la clase política y a la burguesía nacional continuar con el despojo de bienes y derechos, perpetuarse en el poder y fragmentar la lucha social. La defensa de los derechos humanos debe de emanar del pueblo, a través de foros, campañas de difusión, impulsando la movilización social, creando redes que nos permitan dar a conocer la represión que padecen compañeros y compañeras en otras partes del país, documentando las vejaciones con informes y, de ser posible, con videos, atrayendo los casos tanto a organismos nacionales e internacionales, todo esto, sin dejar de denunciar la complicidad de la CNDH, que lo único que ha hecho es respaldar la impunidad del Estado, como lo demuestran su informe sobre la represión en Oaxaca, que jamás señala al asesino Ulises Ruiz y sus esbirros como los verdaderos responsables de las vejaciones y de los 27 asesinatos cometidos en contra del pueblo oaxaqueño, así como el encubrimiento de la violación y el asesinato de la anciana indígena Ernestina Ascensión.

Ante tantos frentes de lucha que están surgiendo en el país, creemos que sólo aquellos que estén orientados a la lucha anticapitalista, a la construcción de un movimiento verdaderamente horizontal, con capacidad de autocrítica, dejando de lado el oportunismo y haciéndose de una claridad política, podrán salir a flote ante la virulenta oleada que se avecina. La experiencia en Oaxaca, Atenco y otros frentes no debe pasar desapercibida. Desde este espacio de comunicación alternativa afirmamos, retomando el sentir y el pensar de nuestros hermanos indígenas oaxaqueños, que: “no sobreviven los más fuertes sino los mejor organizados”.

 

 


Autonomía No. 27
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