Aún así, ciertamente es este salario (es decir una renta ligada a la ciudadanía y entendida por tanto como derecho de todos y todas) una reivindicación importante de los colectivos que luchan contra la pobreza y la exclusión social. Además su hipotética puesta en marcha supondría un antes y un después en la forma de entender la relación entre trabajo y salario.
Sin embargo estoy convencido que ya el mero hecho de debatirlo provocará una tormenta de reacciones y oposiciones feroces, provinentes del mundo empresarial y de los sectores más conservadores de la sociedad vasca.
No estará de más por tanto preparase para los argumentos descalificadores y armarnos de razones para su defensa.
El salario social fomenta la vagancia y el parasitismo social:
Hay razones en contra de este argumento de índole practica y también de enfoque o de mayor profundidad.
Es muy dudoso que la implantación de un SSU con una cuantía similar a la del SMI o algo inferior provocara una deserción masiva del trabajo. Los niveles de consumo actuales exigen una remuneración muy superior a esta para ser cubiertos y la gente seguiría trabajando para conseguirlo.
Por otra parte la creciente automatización de la producción provoca una menor necesidad de trabajo y habría que cuestionar además la bondad de un aumento creciente del consumo con el consiguiente impacto ecológico insostenible (bien sabemos que un consumo energético en todo el mundo como el que hacemos en los países opulentos es totalmente insostenible)
El concepto mismo de parasitismo social tiene que ser puesto en cuestión ¿quién perjudica más a la sociedad el parado feliz que consume poco y vive del salario social o bien el obrero de una fabrica de armas? por poner un ejemplo extremo.
En el fondo se trata de la concepción moral judeo-cristiana del trabajo la que nos impide ver con claridad. La idea de ganarse el pan con el sudor de la frente está tan imbuida en nuestras conciencias que resulta difícil desprenderse de ella.
Otro argumento falaz que seguro se utilizará es el famoso efecto llamada:
Sin embargo esta más que claro que los emigrantes acuden a los lugares donde hay trabajo, el que no queremos hacer los autóctonos, y no especialmente a donde existen ayudas sociales.
Además las dificultades que tienen para conseguir estas ayudas son mayores que las de los autóctonos, a pesar de la visión contraria que tienen muchos ciudadanos.
El emigrante quiere, en su inmensa mayoría, trabajar mucho y rápido para asegurarse el sustento y enviar dinero a su familia que normalmente queda en una situación de inseguridad económica de la que solo el hijo, la hija, el hermano o la hermana emigrante puede sacarle.
La implantación de un SSU como el que se plantea no aceleraría la llegada de emigrantes aun suponiendo que dicha llegada sea mala de por sí, cosa totalmente falsa, desde un punto de vista demográfico, fiscal, o para el mantenimiento de la seguridad social.
¿Cuáles son por tanto las razones que mueven al empresariado a negarse a la puesta en marcha de esta medida?
La principal razón es que se acabaría el chollo del trabajo infravalorado es decir de gran precariedad y con sueldos menores al SMI, o con horas extras sin remunerar... un trabajo hecho en su mayor parte por mujeres y emigrantes.
La implantación del SSU traería consigo que la gente se sentiría más renuente para aceptar los trabajos basura y a los empresarios explotadores y sangra-obreros se les arruinaría el chollo.
Esta es la razón principal, pero a ella habría que unir la presión de la parte más conservadora de la sociedad, no necesariamente la más rica, que considera que si ellos se matan a trabajar por cuatro duros pues que los demás también lo hagan.
Sin embargo, incluso desde un punto de vista económico, la puesta en marcha del SSU traería consigo un descenso de los gastos de asistencia social, administración de la pobreza, policial, carcelaria... lo que supondría un alivio considerable para los presupuestos institucionales.
Para ir terminado decir que, a pesar de que la implantación del SSU sería en sí mismo positiva, tampoco debemos pensar en ella como una panacea que solucionaría todos los problemas de nuestra sociedad.
La medida, si se quiere hacer política de verdad progresista y de izquierdas, debería de ir acompañada de otras como la reducción de la jornada laboral (la ley de las 35 horas ha sido en Francia todo un éxito, inesperadamente porque sobre todo ha fomentado el consumo al tener las personas más tiempo para ellas mismas) y también de una mayor distribución de la riqueza, por ejemplo vía políticas fiscales progresistas. Estos repartos deberían realizarse también atendiendo a la división internacional de la riqueza, con una concepción inclusiva de ciudadanía. Por cierto que es en La India donde se anuncia la puesta en marcha de un salario social, que a pesar de ser infinitamente menor que lo que aquí se propone, más bien es un salario de subsistencia física, sin duda supondrá también un cambio importante en aquel país.
Finalmente toda política económica debería tener en cuenta hoy en día no sólo la reducción del tiempo de trabajo y el reparto de la riqueza (reivindicaciones clásicas de la izquierda) sino también qué se produce y cómo se produce, es decir criterios ecológicos y de sostenibilidad.
De momento, por justicia, por fomentar un cambio en las mentalidades y por racionalidad económica
SALARIO SOCIAL UNIVERSAL: BAI NOSKI