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Liburuxka interesgarria agertu berri da. Xixongo La
Naval enpresako langileen azken urteetako borroka jakina du aztergai, baina, akaso,
politena da sindikalismoak zenbait borrokaren gainean ezari ohi duen katearen
ondorioei buruzko atala, gure ustez, kasu askotara aplikatzeko moduko lezioak
baitakartza. Hartara, lanaren zati baten berri emango dizuegu gaur. Atal horrek
honoko galdera hau du abiapuntu: zeintzuk dira arrazoiak gure klasea behin eta
berriz eror dadin sindikalismoak jartzen digun tranpan? (Adi: liburua jaso nahi
duenak
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helbidera
idatzi eta eskatu behar du; ale bakoitzak euro bat balio du). Texto en
castellano.
¿Cuáles
son las razones que hacen caer una y otra vez a nuestra clase en la trampa que
nos pone el sindicalismo?
Hay
dos aspectos indisolublemente unidos que son fundamentales. Primero, la
potencia de la ideología dominante que se infiltra hasta la médula en los
conflictos manifestándose como conciencia enajenada; segundo, la incapacidad/
debilidad de las minorías revolucionarias que desarrolla nuestra clase,
así como la comunidad de lucha contra el capital en general, de impulsar la
ruptura revolucionaria.
«La
ideología dominante es la de la clase dominante», decía Marx. En cada
conflicto, en cada batalla de clase, lo comprobamos. A pesar de que el
proletariado manifieste en actos sus intereses de clase y luche por ellos,
existen un conjunto de mediaciones que se le presentan como necesarias y que
terminan por transformar esa lucha en lo contrario: la defensa de la economía,
de la empresa, del trabajo. Es cierto que siempre se deben diferenciar en todo
enfrentamiento de clases las banderas y consignas que flotan sobre el
movimiento, de la lucha y práctica real que se despliega, pero hay que
comprender que estas banderas implican una debilidad casi siempre mortal.
Así,
a los explotados se les presenta como natural el hecho de no poder disponer de
los medios de vida que necesitan, y algo tan natural como apoderarse de estos
para satisfacer sus necesidades como seres humanos, se ve antinatura. En la
separación brutal entre los medios de vida y el ser humano, en esta separación
bestial y sanguinaria, se aprecia algo natural. Esta naturalización de la
apropiación mercantil es el producto de siglos de explotación y la transmisión,
de generación a generación, de la ideología de la propiedad privada. Con la misma
naturalidad social con la que se asimila esta separación, el dinero se acepta
como mediación indispensable; es decir, de la misma manera que se presenta
natural al ser humano no poder utilizar los medios de vida de los que tiene
necesidad, producidos por él y al alcance de sus manos, se considera natural
que para disfrutar de ellos sea necesario disponer de dinero para comprarlos.
La mistificación es total. En la medida en que el dinero parece indispensable
para obtener los medios de vida, aparece entonces como el símbolo de todos los
objetos de la vida, y de la propia vida. Sin embargo la cuestión no se acaba
aquí ya que, si el dinero representa para el proletario una mediación
necesaria, éste no lo posee. Y cualquier explotado sabe que, para obtenerlo, no
tiene otro remedio que ir a trabajar (sin tener en cuenta el ataque general o
particular a la propiedad privada). Esto implica el hecho de estar dispuesto a
vender su mercancía fuerza de trabajo constantemente (por otra parte cientos de
millones de explotados no encuentran compradores). No sólo considera natural no
apropiarse de lo que tiene necesidad y es su propia creación, no sólo considera
el dinero naturalmente necesario, sino que ahora hasta su trabajo, la tortura,
que lo separa de su actividad humana, aparece como algo indispensable,
inherente a la realización de su vida. La enajenación de su vida, la venta de
sí mismo y de su humanidad, pasa a ser a partir de entonces desde el punto de
vista de la conciencia enajenada un acto de libertad, de libertad de vender su
fuerza de trabajo. Los sindicalistas no hacen otra cosa que concretar en
bonitas consignas esta conciencia alienada: «defendamos el trabajo»,
«defendamos la economía»… Pero en muchos casos, la conciencia enajenada va aún
más lejos. Para vivir, es necesario consumir; para consumir, es necesario poder
comprar; para poder comprar, es necesario disponer de dinero; para disponer de
dinero, es necesario trabajar; para trabajar, es necesario competir con otros
obreros, entrevistarse con un patrón... pero la continuidad del trabajo depende
de la rentabilidad de la empresa, del buen funcionamiento de la economía
nacional, de ser un buen trabajador, ser competitivo... Por ello a todas sus
mediaciones se añaden otras que terminan por hacer del esclavo asalariado el
más servil partidario, no solamente de la esclavitud en general («¡viva el
trabajo!», «¡defendámoslo y que no nos falte!») y por lo tanto, de los
intereses históricos de la burguesía (la perpetuación del sistema de esclavitud
asalariada), sino también de los intereses inmediatos de su enemigo directo, su
patrón, la fracción del Capital que lo explota: «defendamos la rentabilidad de
la empresa», «cuidemos el equipo», «no nos pasemos, no vaya ser que la empresa
cierre», «sacrifiquémonos por la empresa y por la economía», «seamos
responsables», «seamos más competitivos». Siglos y siglos de desarrollo de
alienación hacen de cada una de estas mediaciones algo tan natural como el
encuentro del espermatozoide y el óvulo que permite la reproducción del ser
humano, implicando la existencia de hombres y mujeres.
Ideología
reproducida para nuestra propia alienación
Toda
la experiencia de Naval Gijón, y en general de toda lucha proletaria contra los
despidos y cierres, nos muestra el nivel que puede alcanzar la alienación. Las
consignas «astilleros solución», «defensa del trabajo», «defensa de la
viabilidad de la empresa», «defensa de la industria»… son las formas en que se
concretan todas estas debilidades y que acaban dirigiendo la lucha hacia la defensa
de las empresas, de las condiciones de explotación, de la economía, del
capitalismo. ¡¡¡Reproducimos la ideología para nuestra propia dominación y
explotación!!! Cuando el sindicalismo consigue, potenciando estas debilidades,
asentarlas, reafirmarlas y apoyarse en ellas para dirigir todo movimiento de la
lucha, no queda nada de la confrontación de clases, sólo queda una puja entre
compradores y vendedores de mercancía (de fuerza de trabajo), entre proyectos y
gestiones capitalistas (más o menos subvenciones, propuestas de inversiones
diferentes, cierre o medidas de competitividad, recolocaciones,
prejubilaciones…), y todo esto muy a pesar de que sigan existiendo acciones más
o menos «radicales». En cuanto a las minorías revolucionarias que participaron
en las luchas en torno a Naval Gijón, se constató su incapacidad de impulsar la
lucha, para asumir sus intereses reales y llevarla a la ruptura con el
sindicalismo y todas sus consecuencias. Aunque desarrollaron prácticas para
revertir el proceso de canalización de las luchas (acciones, volantes,
consignas…), a pesar de que se pusieron sobre el tapete las necesidades e
intereses de nuestra clase, no se consiguió articular y coordinar esas
prácticas desde la comunidad de lucha contra el capital. No fue posible
reagrupar esa comunidad de lucha formada por numerosos proletarios combativos,
que independientemente de su ideología (léase falsa conciencia) luchan de forma
intransigente por nuestros intereses de clase sin ningún miramiento hacia la
economía ni la legalidad. No fue posible romper el aislamiento y favorecer la
constitución en fuerza autónoma, en clase revolucionaria, de toda esa
comunidad.
El
aislamiento, ésta es una de las grandes dificultades que hoy todas las minorías
revolucionarias, como en general cualquier proletario, tienen que vencer. La
superación de este escollo no pasa, ni mucho menos, por la creación de
«plataformas», de «frentes populares», ni por la unidad en base a un programa
mínimo de coincidencias ideológicas. Pasa ineludiblemente por la coordinación
de la práctica que ya desarrollamos, por su estructuración, su centralización.
Sólo así se crea un espacio real, un marco válido para articular una práctica
de clase en donde se podrán resolver las grandes debilidades que todos tenemos.
Nota
de www.eutsi.org: si tenéis interés en conseguir el libro entero, podéis
poneros en contacto con
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