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SANTUCHO, A 32 AÑOS DE SU ASESINATO. UN HOMBRE DIGNO DE SU TIEMPO PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Camilo Cagni   
jueves, 24 de julio de 2008
santucho_el_poder_al_pueblo.jpgMario Roberto Santucho apostó su vida a la construcción de una Argentina diferente. Vivió tan solo cuarenta años, el tiempo suficiente como para pensar y desarrollar una revolución que nunca pudo ser y que aún espera. Nació en Santiago del Estero, el 12 de Agosto de 1936. Como todo séptimo hijo varón, tuvo de padrino nada menos que al presidente General Juan P. Justo. Corrían los años treinta, la década infame del fraude electoral y la falta de libertad. "Santucho" es un apellido muy común en la capital de la provincia del norte, y remite a una familia de clase media donde ciertos lujos de la pequeña burguesía del interior estaban permitidos. Su madre, Manuela del Carmen Juárez, intercambiaba su trabajo de maestra con la crianza de sus hijos. Francisco Rosario Santucho, su padre, fue un influyente profesional santiagueño que llegó a ser procurador judicial de la ciudad.

"Robi" -así lo llamaban sus familiares y amigos- tuvo un temprano despertar político. Sus primeras inquietudes surgieron en la librería "Dimensión", cuyo dueño era su hermano mayor Francisco René. Allí eran frecuentes las discusiones ideológicas en las que analizaban la actualidad y planificaban las futuras revoluciones. Verdadero espacio político-cultural en donde convergían ideas diversas que iban desde el indigenismo pasando por el catolicismo, siguiendo por el populismo nacional hasta llegar al marxismo leninismo. En medio de todas estas vertientes ideológicas, el futuro líder guerrillero se iba formando como cuadro político. Seguramente lo que terminó de definirlo en su inclinación por el socialismo fue un viaje que realizó en 1961 junto a su esposa a la isla revolucionaria de Cuba. A partir de ahí, todo cambiaría en su vida y en el pulso político de la misma Argentina.

Al regreso de este viaje, que también incluyo Estados Unidos, Santucho comienza a militar en el FRIP (Frente Revolucionario Indo americano Popular), una agrupación inspirada en ideas americanistas con una fuerte carga antiimperialista que desarrollaba su actividad política en el norte argentino, especialmente en los ingenios azucareros de Tucumán.

Todos los que conocieron lo definen como a una persona muy sensible ante las injusticias, con un alto nivel de auto exigencia y disciplina que generaba en los demás una inmediata admiración. Tuvo cuatro hijos y un fuerte acercamiento con el fútbol: era hincha fanático de Estudiantes de La Plata, un club chico que por los '60 le hacía fuerza a los grandes del mundo.

Piel mestiza, cabello renegrido, estatura media tirando a retacón, nariz aguileña. Rasgos típicos de un descendiente de aborigen. De hablar pausado y sereno, seducía de inmediato a todo aquel que lo escuchara. Y tenía la rara virtud de convertir sus palabras en actos. Era muy decidido y resolutivo a la hora de realizar los planes más complicados, no temiéndole al peligro. Así llega a fundar en 1965 el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), para que más tarde surgiera de él su brazo armado, el ERP (Ejercito Revolucionario del Pueblo); dos experiencias de lucha y organización que fueron la vanguardia guevarista en la Argentina.

El por entonces comandante Carlos (ese era su nombre de guerra dentro de la organización), se convirtió en el líder indiscutido de la guerrilla criolla. Protagonizó una dramática fuga del penal de máxima seguridad de Rawson que tuvo como consecuencia el fusilamiento de 16 presos que no pudieron huir, entre los cuales estaba su mujer; dirigió cientos de operaciones donde expropiaba bienes y dinero de altos empresarios multinacionales, y hasta llegó a desplegar una guerrilla rural en la provincia de Tucumán.

Acorralado por la dictadura militar, muere asesinado el 19 de Julio de 1976 en su departamento de Villa Martelli. Junto a él caen abatidos varios compañeros de militancia, entre ellos su segunda esposa. Para ese entonces, ya había comenzado a actuar en el país la mayor maquinaria de terror y muerte jamás vista antes.

Como un hombre digno de su tiempo, Santucho vivió la vorágine de una época donde los cambios radicales fueron el motor de toda una generación. Y él fue uno más, que se atrevió a soñar con los ojos bien abiertos.

 

Camilo Cagni, periodista.

 
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