| Se abre el Foro Social en Nairobi. Entrevista con Samir Amin, |
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| Escrito por Giuliano Battiston | |
| martes, 23 de enero de 2007 | |
En vísperas de Nairobi, Giuliano Battiston entrevista para Il Manifesto al economista Samir Amin, presidente del Foro Mundial de las Alternativas. Entre los asuntos abordados, el de la inconsistencia del proyecto europeo. ¿Un capitalismo con rostro humano? «Pura ilusión». ¿Altermundialismo moderado? «Una ingenuidad». ¿Europa? «Aún no existe». Alejado de la circunspecta retórica del politically correct, incansable promotor de alternativas políticas y económicas al dogma neoliberal dominante, el economista egipcio Samir Amin ha hecho del lenguaje franco, del rigor analítico y de la pasión militante los instrumentos de su inveterada batalla por anteponer el hombre y sus necesidades al beneficio. Convencido partidario de la necesidad de acompañar las reivindicaciones de justicia social y la crítica de las desigualdades intrínsecas a la globalización capitalista de una radicalización de la lucha política capaz de unificar las multiformes energías de los movimientos altermundialistas, Samir Amin es un autor extremadamente prolífico. Sus textos son leídos y discutidos por cuantos pretenden transformar la heterogeneidad de «movimientos» en un actor político colectivo, no menos que por quienes temen las derivas politizadas de los mismos.De acuerdo con una cierta vulgata liberal y conservadora, no sólo el mercado sería el único instrumento de regulación de la sociedad, sino que la misma promoción y universalización de los derechos dependería de los procesos de globalización económica. ¿Cómo habría que articular la relación entre globalización, en su forma actual, y derechos fundamentales? El discurso de la ideología dominante, que establece una absoluta igualdad entre democracia y mercado, fundándose en la cual sostiene que no hay democracia sin mercado –y que el mercado mismo crea las condiciones para que se afiance la democracia—, es un discurso vulgar, puramente propagandístico, que no tiene nada que ver con la realidad histórica ni con su análisis científico. En cambio, hay una contradicción absolutamente fundamental en esa retórica dominante que, reduciendo la democracia a su dimensión meramente política, y tal dimensión sólo a la democracia representativa, la disocia de la cuestión social, que se supone regulable por el funcionamiento del mercado, o por mejor decir, de un mercado imaginario. La teoría del capitalismo imaginario de los economistas convencionales, para quienes el mercado generalizado tendería al equilibrio, supone que la sociedad está sencillamente compuesta por el conjunto de los individuos que la componen, sin tomar en cuenta las formas de la organización social, la pertenencia a la familia, a la clase social, a la nacionalidad: olvidando, pues, lo que para Marx era una verdad natural –recogida luego especialmente por Karl Polanyi—, y es a saber: que los valores económicos están “incrustados” en la realidad social.
De acuerdo con su análisis, el capitalismo y la globalización han existido siempre, pero después de la II Guerra Mundial habríamos entrado en una nueva fase en la cual entra la estrategia de EEUU de extender la doctrina Monroe al planeta entero. ¿Cuáles son, a su parecer, las características de esta nueva fase de la globalización, y cuáles los objetivos prioritarios de la estrategia estadounidense? En la base de esta nueva fase hay una transformación de la naturaleza del imperialismo ((hablo de imperialismo, y no de “imperio” como Toni Negri): si hasta finales de La II Guerra Mundial el imperialismo se conjugaba en plural y las potencias imperialistas estaban en permanente conflicto entre sí, luego hemos asistido a una transformación estructural que ha dado a luz al imperialismo colectivo que yo llamo de la “tríada”: simplificando un poco, EEUU, Europa y Japón, es decir, el conjunto de los segmentos dominantes del capital que tienen intereses comunes en la gestión del sistema mundial. Este sistema, que representa una forma de nuevo imperialismo frente al 85% de la población mundial, “requiere” la guerra. Este es precisamente el punto en que se pone de manifiesto el proyecto del establishment americano, que refleja la orientación de la mayoría de la clase dirigente estadounidense, dispuesta a controlar militarmente el planeta. Los EEUU han optado por desencadenar el primer ataque sobre Oriente Medio por una serie de motivos, dos en particular: por el petróleo y, a través del control militar de las principales regiones petroleras del planeta, para ejercer un liderazgo incontestado, a fin de constituirse en una amenaza permanente para todos los potenciales concurrentes económicos y políticos. Pero también porque disponen en la región de lo que yo defino como su portaviones fijo, el Estado de Israel, a través del cual se aseguran un instrumento de presión continuada, funcional ala ocupación de Palestina y, como se ha visto, también a la agresión al Líbano. Usted ha sostenido que el militarismo agresivo de los EEUU no es tanto un sinónimo de fuerza, como, más bien, un medio para equilibrar su vulnerabilidad económica. ¿Podría explicarnos mejor qué quiere decir?
Frente al protagonismo de los EEUU, Europa parece aún incapaz de articular un proyecto político realmente alternativo. ¿Cómo debería moverse?
Sin embargo, los márgenes para construir “otra Europa” existen, y usted mismo ha hablado del conflicto de culturas políticas que opone Europa a los EEUU.
El Foro social mundial, de acuerdo con una reconstrucción superficial que ha logrado cierto eco, habría nacido a la estela de la manifestaciones altermundialistas de Seattle. Sin embargo, la historia del Foro tiene una derivación mucho menos “occidental” de lo que se cree. ¿Puede contárnosla?
Traducción para www.sinpermiso.info: Leonor Març fuente: Il Manifesto, 19 enero 2007 en versión española: Sin Permiso del 22.01.2007
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