
Una de las petroleras más grandes del mundo con una profusa trayectoria de negligencia e ineptitud ha provocado, con el imparable derrame de hidrocarburos en el Golfo de México, un caos ambiental, social, económico y político. La responsabilidad directa corresponde a British Petroleum, que potenció los riesgos de un desastre, inspirada en la avidez de ganancias. Pero en esa aventura contó con un cómplice obsequioso: el gobierno Obama incitando las extracciones en aguas profundas por más temerarias que fueran y la indolencia de sus agencias encargadas de prever y evitar tragedias ambientales y en especial de supervisar las perforaciones marítimas. La imparable contaminación del Golfo de México tiene el mismo origen que la crisis financiera deflagrada en EEUU y contagiada al mundo globalizado: la orientación cada vez más desregulatoria del Estado respecto a las operaciones del capital para favorecer su expoliación.




