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sábado
10. may 2008
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DOS CAMINOS PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Juan Ibarrondo   
viernes, 04 de abril de 2008
ahtrikezaldizkari2006azala.jpgAyer fui a pasear. Como hacen muchos de mis conciudadanos elegí el trayecto que une el centro de la ciudad con el pueblecito de Armentia, y después, con el parque natural del mismo nombre que enlaza el lugar con los Montes de Vitoria. Si me decidí por ese camino fue, además de su atractivo arbolado y las bellas casas que lo circundan, también por traerme recuerdos de la infancia, cuando lo recorrí una y otra vez acompañado de madres y primos. Años más tarde descubrí con agrado la forma en que el viejo bosque, donde pasé tantas tardes felices de juegos infantiles,  se había transformado en un cuidado parque natural, parte del famoso cinturón verde que rodea Gasteiz. Me satisfizo constatar  que se había respetado su esencia rural y, sobre todo,  ver como los árboles recién nacidos de mi niñez se habían transformado en arbolones hechos y derechos.

Ayer lo vi de nuevo. Destruido. Una cicatriz profunda y ancha lo surca ahora en su mismo centro, una cicatriz que sigue expandiéndose de este a oeste, con intención de ser autovía por donde los ricos propietarios de las casas circundantes puedan circular a velocidad excesiva. Volví al pueblo de Armentia, casi llorando, entre casas de lujo que poco a poco acaban con el pueblo que yo recordaba. En el muro exterior de una de ellas una pintada: Parque de Armentia destruido, CEA* y Ayuntamiento hipócritas.     

Este pasado sábado me fui de sidrería. Cogí el coche, salí de Vitoria, y acompañado de buenos amigos, me dirigí hacia el Alto de Itziar, me interné  en una carretera sinuosa, divisando lagos artificiales y, poco a poco, el paisaje fue cambiando, se pobló de fábricas y depósitos de chatarra, estábamos en Guipúzcoa. Entonces, a causa de la interesante conversación que manteníamos, me equivoqué de dirección y, en vez de tomar la autopista, me metí por la carretera vieja.

Así fue que pude  ver, asombrado, el desastre. Toneladas de arena y roca removidas se acumulaban alrededor de gigantescos pilares, o en las entradas de túneles inmensos, los ríos, allí abajo, relucían de aceite industrial y el humo hacía irrespirable el ambiente. Pude ver todo lo que no  ve el viajero, conduciendo sobre las alturas de la autopista que raudo le lleva a su destino. Recuerdo que alguien dijo: Tal vez es por eso que el 51% de la población vasca está a favor del Tren de Alta Velocidad, deben ser los que van por arriba. En el peralte de enésima curva una pintada: TAV, proyecto para ricos. PNV usurero.

*Centro de Estudios Ambientales.


Juan Ibarrondo (escotilla leída en Hala Bedi Irratia)

 
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