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miércoles
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SOS Rioja-Alavesa PDF Imprimir E-Mail
Escrito por El cojo de Quintanilla   
martes, 30 de mayo de 2006

¿Habrá desaparecido el sentido común de la Rioja, o es que sólo lo ha perdido alguno de sus dignatarios? ¿Si es así, también ocurrirá lo mismo con los responsables de Diputación y del Gobierno Vasco?

             

S.O.S. Rioja Alavesa.

                  

La Rioja Alavesa, una de las zonas históricamente más modificadas por la acción del hombre de nuestro territorio, camina inexorablemente en estas últimas décadas hacia la implantación casi generalizada del monocultivo de la vid, quedando otros cultivos tradicionales de la zona (cereal, remolacha, almendros y olivares –éstos últimos con un ligero repunte al alza-) cada vez más reducidos a zonas altas o marginales.

            

El avance de las tecnologías, la utilización de maquinarias cada vez más potentes y poderosas y el nuevo “boom” de la industria vitivinícola han implementado una nueva vuelta de tuerca en la explotación de esta zona del territorio histórico alavés.

Los cambios han sido, están siendo brutales. Empezando por la intensidad de las explotaciones (piénsese, por ejemplo, que la mitad de los agricultores dados de alta como tales realizan sus labores en esta comarca -menos del 10 % del territorio provincial-) y continuando por las prácticas agrícolas llevadas a cabo.

En efecto, sin que nadie haga nada para remediarlo, grúas y buldózeres, modifican terrenos, eliminan colinas, llecos y ribazos, cambian regatos, arroyos y cursos de agua, etc, trasformando, en suma, el paisaje vegetal y todo que ello supone, para obtener fincas cada vez más grandes y con más capacidad productiva. Si a todo ello añadimos las prácticas agrícolas cada vez más agresivas (plantaciones contra las curvas de nivel en fincas de gran pendiente con lo que supone de pérdida de nutrientes y problemas derivados como la colmatación de regatas, cunetas, caminos y riajos, etc; el uso masificado y muchas veces injustificado de fitosanitarios; la utilización indiscriminada del fuego, etc.) concluiremos que la, por ahora, boyante agricultura riojana es lo más distinto posible a ese modelo de sostenibilidad hacia el que se supone debería caminar este estratégico sector productivo y que garantizaría, a medio y largo plazo, negocio y patrimonio medioambiental.

                   

Pero, desgraciadamente, la cosa no termina aquí. Las prácticas citadas, que se inauguran en la década de los 60 y se intensifican en los últimos veinte años, se han centrado primero, en zonas tradicionales de producción, y, después, en tierras antes despreciadas por la agricultura y ahora, una vez transformadas, incorporadas al mundo productivo. Todo ello en pagos localizados debajo de la cota de 600, 700 metros (la ermita de Berberana, la ermita de San Ginés,…) cota a partir de la cual cesaba la interacción productiva y se abría el “monte”. Una especie de mosaico vegetal relíctico donde se podía pastorear con medida, sacar alguna suerte de leña, cazar o desarrollar otras actividades “menores” como criar abejas, hacer montañismo o escalada, recoger hierbas medicinales y frutos silvestres o simplemente regodearse en la belleza de estos pagos heredados de nuestros antepasados.

                 

Pues bien, parece que la codicia, en este caso vendida como inevitable operación de futuro, pretende también estos terrenos. La idea mágica, por ahora, tiene dos polos, dos patas, dos proyectos, dos despropósitos en dos ayuntamientos: Laguardia y Labastida. Cuyos respectivos alcaldes venden ahora el “binomio vino-golf” (¡cómo les gusta la expresión! una especie de Abra cadabra del siglo XXI) como la mejor apuesta de mañana que hacerse pudiera en sus respectivos términos municipales.

            

Proyectos que se desarrollarían en gran parte, como decimos, en las citadas zonas “montanas” dotadas de un valor biológico y paisajístico incalculable y que quedarían arrolladas literalmente si, finalmente, se llevan a cabo. Pues no hablamos sólo de la construcción de campos de golf, también de miles de viviendas, edificaciones complementarias y sus correspondientes infraestructuras (¡¡sólo en Labastida se quieren construir más de 900 viviendas y un campo de 36 hoyos; es decir, un Labastida-2 a 650 metros de altitud en la mitad de la cara norte de la sierra!!…)

¿Habrá desaparecido el sentido común de la Rioja, o es que sólo lo ha perdido alguno de sus dignatarios? ¿Si es así, también ocurrirá lo mismo con los responsables de Diputación y del Gobierno Vasco? .

 
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