| LIBROS: LAS HUELGAS EN FRANCIA DURANTE MAYO Y JUNIO DE 1968 |
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| Escrito por Bruno Astarian/Traficantes de sueños | |
| viernes, 30 de mayo de 2008 | |
En este mes de mayo de 2008 en el que asistimos, especialmente en Francia, a un auténtico boom editorial en torno a la cuestión del mes de mayo del 68 -convertido a menudo en mero objeto de conmemoración y consumo inofensivo vacíado de toda fuerza subversiva (¿para cuándo el adoquín de platino o el niki con marca registrada Mayo del 68, en aras del romanticismo revolucionario vendedor?)-, se agradecen las iniciativas como la que nos propone la editorial Traficantes de sueño, mediante la edición española del libro de Bruno Astarian (traducción de Fernán Chalmeta) sobre la vertiente obrera del 68. Este libro propone, entre otras cosas, un contrapunto sano y necesario frente a los discursos revisionistas que, no pocos de los que eran entonces destacados líderes estudiantiles, y que hoy disfrutan de las más diversas prebendas del sistema mediatico-politico, se emplean en presentar como una chiquillada ingenua. Celebrado y conmemorado en las fechas más evidentes y por los actores más insospechados, los hechos con los que se abrió esta irrupción histórica son, sin embargo, sorprendentemente opacos. ¿Qué motivó la huelga más larga de la historia del siglo XX en Francia? ¿Qué determinó su fin y cómo se produjo la vuelta al trabajo? ¿Cuáles fueron los resultados de más de un mes de paros? ¿Tuvo el '68 obrero una conexión fuerte con el '68 estudiantil y los conocidos episodios de París? A continuación, publicamos la Introducción a la edición española especialmente redactada para la ocasion por Bruno Astarian.
Introducción a la edición española ¿Qué es lo que ocurre cuando el trabajo se para de forma masiva y la sociedad capitalista se bloquea? Es, entre otras cosas, para responder a esta pregunta por lo que me lancé al estudio detallado de las huelgas de mayo y junio de 1968. Pensaba encontrarme con una gran efervescencia revolucionaria, sin embargo rápidamente apareció una distinción. Detrás del romanticismo de los estudiantes y aprendices de político que hablaban de revolución, había una huelga masiva, pero sobre todo pasiva, y muy poco de esos heroicos hechos históricos que los estudiantes invocaban para poder autosituarse en el papel de dirigentes de Octubre. A partir de ahí, cada año que acaba en ocho, estos nos anegan con conmemoraciones,1 imágenes, fotos, testimonios y análisis para recordarnos que antes de ser notables y gente pudiente, habían sido aprendices de político, aprendices de patrón y aprendices de ejecutivo, a quienes sus mayores hicieron, brevemente, comer carne de vaca rabiosa. Su revuelta no nos interesa. Si mi investigación sirve para extraer conclusiones del pasado, ésta puede ser la primera: hay que disociar los dos Mayos del ‘68 que tuvieron lugar en Francia. Mi investigación está exclusivamente centrada en la huelga de los asalariados. Nos muestra, entre otras cosas, hasta qué punto las relaciones entre el movimiento estudiantil/político y el movimiento obrero/huelguístico habían sido débiles. Separados en la acción, los dos movimientos quedaron, por lo general, separados en elanálisis post-festum. Los estudiantes e intelectuales que durante el puñado de años que siguieron a las huelgas, publicaron sus testimonios y análisis, rara vez fueron más allá de contar lo que vieron o vivieron adaptándolo a las posiciones políticas que tenían en ese momento. Le daban una importancia exagerada a lo que había pasado en las universidades y en los grupos izquierdistas, sin someter dicho material a la crítica histórica, dejando así que se propagasen mitos «revolucionarios» como por ejemplo el mito de la autogestión en la CSF de Brest. Por su lado, los militantes obreros publicaron, sobre todo, monografías que describían lo que había pasado en sus empresas. Pero tras el revuelo, el polvo volvió a posarse y no quedó más remedio que admitir que no hubo mucha gente interesada en las huelgas de los asalariados de mayo y junio de 1968. Hay que reconocer que las huelgas del ‘68 en Francia no han cultivado el romanticismo revolucionario. Se dice –pero no he podido verificarlo– que las ventas en las tiendas de bricolaje fueron muy importantes durante las mismas. ¿Los obreros y empleados, que apenas participaban en las ocupaciones de sus centros de trabajo, aprovecharon el tiempo libre para reformar sus casas? Fuese lo que fuese, es principalmente en el comienzo y al final cuando todas las autoridades sindicales, políticas y policiales empujaban hacia la vuelta al trabajo, cuando el movimiento (especialmente en Flins y Sochaux) llegó a hacer renacer brevemente, fuera del Barrio Latino, esas imágenes de enfrentamientos y de barricadas de las que se ha alimentado la ideología de los izquierdistas. Con ello, estos últimos pasaban al lado de la segunda lección que se podría extraer del movimiento de Mayo del ‘68: lejos de reiniciar la Comuna de París o la Revolución de Octubre, los huelguistas, tanto por su absentismo como por su rechazo violento a la vuelta al trabajo, anunciaban el fin de la identificación entre revolución y afirmación del trabajo. Este mensaje, ya presente en otros conflictos, iba a desarrollarse rápidamente durante lo que se llama la crisis del fordismo, con las revueltas de los obreros de las cadenas de montaje, las huelgas sin reivindicaciones, el sabotaje, etc... Fracaso de la política obrera (PC, izquierdistas y ultra-izquierda confundidos) y afirmación, a través del antitrabajo de los obreros especializados (de hecho, los que no tenían ninguna cualificación), de la necesidad de la abolición simultánea del capital y del proletariado, son las nuevas componentes de la teoría de la revolución después de Mayo de 1968.Tras las extraordinarias semanas de mayo y junio de 1968, el regreso a la normalidad fue a veces muy duro para aquellos que habían pensado que la brusca aparición del viejo topo anunciaba el principio de un nuevo periodo revolucionario. Fueron necesarios varios años para lograr tomar la distancia suficiente y comenzar a comprender que entrábamos de hecho en un periodo contra-revolucionario en el sentido de que, a partir de finales de los años setenta, el capital iba a imponer mucho más fácilmente sus condiciones al proletariado. Necesariamente, esto iba acompañado de la profundización de la contradicción entre clases, aunque de forma subterránea: los «años del ‘68», y no sólo en Francia, nos han hecho entrar en una fase de acumulación del capital en la que se prepara esta abolición simultánea de las dos clases de las que hablaba un poco antes. Se trata de una renovación muy importante de la perspectiva comunista. Como de costumbre, esta preparación se da en las entrañas de la sociedad capitalista y no es perceptible para los observadores superficiales. Y como en 1968, la sorpresa será grande cuando el viejo topo reaparezca. No será, sin duda, ni allí donde se le espera, ni según las modalidades que se cree –sean las que sean las opciones de unos y de otros. ¿Podemos destacar una tendencia en el curso incesante y cotidiano de la lucha de clases? Se trata de algo muy azaroso, y no retendré más que un aspecto: la revuelta de los obreros especializados contra el trabajo en cadena, que tuvo lugar en Occidente en las décadas de 1960 y 1970, empujó al capital a deslocalizarse masivamente, concretamente hacia Oriente. Mientras el proletariado occidental entraba en una fase de luchas defensivas, de las que por lo general salió vencido, el proletariado oriental vio poco a poco formarse ante él las condiciones del mismo tipo de revuelta de la que había sido derrotado en Occidente. Tras algunos años de «desarrollo económico», un hecho como el que viene a continuación es ya casi cotidiano en China: Motín en una fábrica de containers de Maersk, en el puerto de Machong (enero de 2008). Un trabajador migrante salta por encima de la valla para acortar el tiempo de espera en la cola de la cantina porque había sido retenido demasiado rato por su jefe y no tenía tiempo suficiente para almorzar. Dos guardias lo ven y le imponen una multa de 200 yuanes (el salario mensual nos es desconocido, pero no supera los 1.500 yuanes). Cuanto más se niega a pagar, más le incrementan la multa. Ésta acaba en 1.000 yuanes. Al final, el trabajador se va a almorzar sin pagar la multa, pero a la salida los guardias le esperan y le dan una paliza. Con la cabeza ensangrentada, el trabajador regresa a la cantina para pedir ayuda. Los compañeros salen con armas improvisadas. Los guardias huyen, salvo uno que es herido. Cuando la policía se lleva a los dos heridos al hospital, los obreros agarran ladrillos y rompen todos los cristales que pueden. Estaban enfadados desde hacía tiempo a causa de la bajada de los sueldos, de las cadencias que se incrementaban y de las horas suplementarias. El destrozo dura hasta el alba del día siguiente. Una lucha así (un ejemplo entre otros muchos) habría dado lugar, en los años setenta, a comentarios triunfalistas sobre la cuestión del rechazo al trabajo, del no respeto a la herramienta de trabajo, del odio a la cadena de montaje. Hoy, pasa casi desapercibida. La banalización de este tipo de luchas es bienvenida. Pienso que esto nos indica cómo se forma poco a poco la visión con la que las y los proletarios considerarán, llegado el momento, «sus» fábricas como algo únicamente a destruir.Y si este tipo de revueltas ha desaparecido por el momento del paisaje de Occidente, el sufrimiento en el trabajo que reemplaza la revuelta a causa del miedo al desempleo, llevará a las y los trabajadores a las mismas conclusiones; no lo dudemos. Poco a poco, desde la fase de crisis de las décadas de 1960 y 1970 (y el Mayo del ‘68 francés no ha sido más que un pequeño paso en esa dirección), el capital genera las condiciones de un comunismo que no será ya la afirmación de los trabajadores asociados y de la planificación, sino la negación del proletariado y la superación de la economía y el trabajo. B. Astarian Marzo de 2008 Para mas informacion sobre el libro consulta la web de Traficantes: http://www.traficantes.net/
Número de páginas: 169
P.V.P: 12 €
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