¿Recuperar clave? ¿Quiere registrarse? Regístrese aquí
  • Narrow screen resolution
  • Wide screen resolution
  • Auto width resolution
  • Increase font size
  • Decrease font size
  • Default font size
  • default color
  • red color
  • green color
Eutsi - Pagina de izquierda Antiautoritaria
domingo
20. jul 2008
Inicio arrow Cultura arrow Libros arrow Libros: El gobierno de la excedencia. Postfordismo y control de la multitud de Alessandro De Giorgi.
Libros: El gobierno de la excedencia. Postfordismo y control de la multitud de Alessandro De Giorgi. PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Alessandro De Giorgi   
martes, 13 de febrero de 2007
Prologado por Toni Negri, la novedad de este libro, es quizás la de entender las nuevas políticas de control y encarcelamiento de masas en el contexto de las vastas transformaciones del trabajo y por lo tanto de su gobernabilidad. ¿Qué relación tiene el nuevo régimen de producción y movilización laboral con la proliferación de innovadoras formas de control, con la multiplicación de los dispositivos de segregación y vigilancia y con el nuevo encarcelamiento de masas del que hoy somos testigos? Ésta podría ser la pregunta con la que se abriese este libro y todo un proyecto de discusión sobre la nueva economía política de la pena. El gobierno de la excedencia avanza una respuesta tan imprevista como osada. La actual exacerbación de la rigidez penal, de la lógica de excepción y de la atmósfera mediática del securitismo preventivo, bien pudiera deberse menos a una capacidad de control totalitario sobre el cuerpo social, que justamente a lo contrario. Los poderes podrían estar contemplando una sociedad que se les escapa más allá de los ángulos ciegos de las redes de videovigilancia y de la punición preventiva. A continuación el índice y un extracto del libro de Alessandro de Giorgi publicado por la editorial Traficantes de Sueño.

              

París, 1676.

                

A pesar de numerosas prescripciones, el resto de los mendigos

continuó viviendo en plena libertad en toda la ciudad de París

y en los suburbios; se sumaban de todas las provincias del

reino, y de todos los Estados de Europa; crecían en número día

a día, hasta constituirse en un pueblo independiente que no

conocía ni ley, ni religión, ni autoridad, ni policía; la impiedad,

la bajeza, el libertinaje, eran lo único que reinaba entre

ellos. El 13 una misa solemne en honor al Espíritu Santo fue

cantada en la Iglesia Pitié y el 14 la reclusión de los pobres

fue llevada a término sin algún problema o disturbio.

Aquel día París cambió de aspecto, la mayor parte de

los mendigos se retiró a las provincias y los más sabios

intentaron encontrar sustento por sus propias fuerzas.

Tuvo lugar, indudablemente, un acto de protección divina

sobre esta iniciativa, ya que resultaba inverosímil que

alcanzar tan feliz resultado costase tan poco trabajo[1].

                       

Nueva York, 1997.

                               

Abundan graffitis y otras señales de desorden. Durante los

años setenta y buena parte de los años ochenta no había un

solo vagón del metro local que no estuviese completamente

recubierto de aquello que algunos, de modo impropio, definían

como una forma de arte urbano, los graffitis. Las estaciones

del metro se transformaban en improvisados cobijos para los

sin techo, y la mendicidad agresiva crecía, exacerbando un

clima de miedo. Como consecuencia, en cuanto se ponía

un pie en Manhattan, se encontraba la bandera no-oficial de

la ciudad de Nueva York: la peste del limpia cristales.

Bienvenido a Nueva York. Este tipo tenía un trapo sucio y te

bañaba el parabrisas del automóvil con algún líquido

mugriento, para después exigir dinero. Continuando por

la 5ª Avenida, zona de los negocios de la alta moda y de

edificios prestigiosos, en todos lados se encontraban mendigos

y vendedores ambulantes no autorizados. Regresando

una vez más al metro, los artistas ambulantes se comportaban

como vándalos y pretendían que los pasajeros les

entregasen su dinero. Mendigos en todos los trenes. Cada

andén tenía su ciudad de cartones en la que los sin techo

habían fijado su residencia. Existía la sensación de una

sociedad permisiva, de una sociedad que autorizaba cosas

que no habrían sido consentidas años antes[2].

                            

La primera impresión que se puede tener al leer los textos citados es que poco ha cambiado en los tres siglos que separan el París del Hôpital Général y el Nueva York de Zero Tolerance. El autor anónimo del opúsculo del siglo XVII y el ex-jefe de la policía de Nueva York, principal artífice de la estrategia de la tolerancia cero, parecen inspirarse en la misma filosofía: idéntico desprecio por la pobreza extrema que de forma desprejuiciada osa mostrarse contaminando el ambiente urbano; idéntico cruce entre motivos morales y alusiones vagamente eugenésicas; idéntica hostilidad hacia todo aquello que turba el apacible y ordenado fluir de la vida productiva urbana, difundiendo el virus del no-trabajo, del parasitismo económico, del nomadismo urbano; idéntica, especialmente, la ecuación implícita entre marginalidad social y criminalidad, entre clases pobres y clases peligrosas. Sin embargo, bajo una óptica más atenta estas asociaciones resultan erradas.

                      

El opúsculo anónimo se ubica históricamente en la línea de transición entre un régimen de poder que FOUCAULT define como «soberano» y un modelo de control de tipo «disciplinario ». Frente al espectáculo de la mendicidad, la pobreza y la disolución moral que presentan los pobres en Europa entre el siglo XVII y XVIII, las estrategias de poder mutan lentamente, pasando de una función negativa, de destrucción y eliminación física de la desviación, a una función positiva, de recuperación, disciplinamiento y normalización de los otros o distintos. Es aquí donde se inicia la era del «gran internamiento».

                              

Pobres, vagabundos, prostitutas, alcohólicos y delincuentes de toda clase ya no son descuartizados, ni aniquilados simbólicamente a través de la destrucción teatralizada de sus cuerpos. De forma mucho más discreta, silenciosa y eficaz pasan a ser recluidos. Se comienza a internarlos porque se cae en la cuenta de que constituyen una masa que las incipientes tecnologías de la disciplina pueden forjar, plasmar, transformar en sujetos útiles, esto es, en fuerza de trabajo. Se pasa del «derecho de muerte» al «poder sobre la vida», de la neutralización violenta de los individuos «infames» a la regulación productiva de las poblaciones que habitan el territorio urbano. Aquello que con vigor religioso el autor anónimo del opúsculo invoca, y simultáneamente anuncia, es precisamente el nacimiento de la biopolítica[3].

                                      

Articulándose entre disciplina del cuerpo y regulación de los grupos humanos, la biopolítica organiza un poder eficaz sobre la vida ensamblando un complejo de tecnologías de gobierno que opone a la disipación y al desperdicio (de los cuerpos, de los recursos y también del poder) una gestión racional de las fuerzas productivas: El ajuste entre la acumulación de los hombres y la del capital, la articulación entre el crecimiento de los grupos humanos, la expansión de las fuerzas productivas y la distribución diferencial de la ganancia, fueron en parte posibles gracias al ejercicio del biopoder en sus formas y procedimientos múltiples. La invasión del cuerpo viviente, su valorización y la gestión conmutativa de sus fuerzas fueron en ese momento indispensables[4]. Se inaugura de este modo el modelo de control social disciplinario que caracterizará toda la fase de expansión de la sociedad industrial hasta alcanzar su propio apogeo durante el periodo del capitalismo fordista. En efecto, será principalmente en el curso de la primera mitad del siglo XX cuando el proyecto de una perfecta articulación entre disciplina de los cuerpos y gobierno de las poblaciones se concretará, materializándose en el régimen económico de la fábrica, en el modelo social del welfare state y en el paradigma penal de la cárcel «correccional».

                    

La tolerancia cero y las prácticas de discurso que la acompañan se sitúan, en cambio, en un contexto radicalmente diferente, marcado por las crisis y por el progresivo abandono del gran proyecto disciplinario de la modernidad capitalista. Aquí las tecnologías del disciplinamiento ya no constituyen un instrumento eficaz de control y gobierno de la disipación y al desperdicio de la fuerza de trabajo (quizás, precisamente, porque ya no existen ni la disipación ni el desperdicio). Pobres, desocupados, mendigos, nómadas y migrantes representan ciertamente las nuevas clases peligrosas; esto es, los «condenados de la metrópolis», contra quienes se movilizan los dispositivos de control[5] y frente a quienes ahora se despliegan múltiples estrategias. Se trata antes que nada de identificarlos y separarlos de las «clases trabajadoras». Tarea en absoluto simple en una metrópolis productiva en la que la continua precarización del trabajo, su flexibilización creciente, la incertidumbre de conseguirlo y la constante superposición entre economía «legal» y economías sumergidas, informales e ilegales, determina una progresiva sutura entre trabajo y desempleo, entre clases trabajadoras y clases peligrosas, hasta el punto de transformar en imposible la distinción entre unas y otras.

                              

Se trata, por lo tanto, de neutralizar la «peligrosidad» de estos grupos a través de técnicas de prevención del riesgo que cristalizan principalmente en formas de vigilancia, segregación urbana y contención carcelaria. Si echamos una mirada a las tecnologías de control que emergen a finales del siglo XX y principios del siglo XXI se puede hablar ciertamente de un segundo gran internamiento. De un internamiento urbano que tiene la forma del gueto, de un internamiento penal que tiene la forma de la cárcel y de un internamiento global que asume la forma de las innumerables «zonas de espera» diseminadas dentro del Imperio. Pero a diferencia del internamiento del que habla FOUCAULT, la actual reedición no parece abrigar ninguna utopía de tipo disciplinario. El nuevo internamiento se configura más bien como intento de definir un espacio de contención, de trazar un perímetro material o inmaterial en torno a poblaciones que resultan «excedentes» con respecto a un sistema de producción vigente, tanto a nivel global como a nivel metropolitano.

          

                             

Alessandro de Giorgi

                       

Accede a la totalidad del texto clikeando en este link:

http://www.traficantes.net/index.php/trafis/editorial/catalogo/coleccion_mapas/

el_gobierno_de_la_excedencia_postfordismo_y_control_de_la_multitud





[1] L´Hôpital Général, Opúsculo Anónimo de 1676, citado por M. Foucault,

Storia della follia nell'Età Classica, Rizzoli, Milán, 1998, págs. 459-460

[ed. cast.: Historia de la Locura en la época clásica, FCE, Madrid, 1979].

[2] BRATTON, W. J., «Crime is Down in New York City: Blame the Police»

en DENNIS, N. (ed), Zero Tolerance. Policing a Free Society, Institute of

Economic Affairs, Londres, 1997, págs. 33-34.

[3] «Se podría decir que el viejo derecho de hacer morir o dejar vivir ha

sido sustituido por un poder de hacer vivir o de rechazar por medio de

la muerte», FOUCAULT, M., La volontà di sapere, Feltrinelli, Milán, 1997,

pág. 122 [ed. cast.: La voluntad de saber, Siglo XXI, Madrid, 1995].

[4] Ibídem, pág. 125.

[5] PALIDDA, S., Polizia postmoderna. Etnografia del nuovo controlo sociale,

Feltrinelli, Milán, 2000.

 

Índice:

Introducción:

Postfordismo y nueva economía de la pena.

José Ángel Brandariz García y Patricia Faraldo Cabana

Prólogo:

Toni Negri

Introducción.

1. Régimen disciplinario y proletariado fordista. 53

Más allá de los límites de la sociedad de control.

Economía política del control social 53

Nacimiento de la sociedad industrial y disciplinamiento del proletariado 60

Pena y subsunción real del trabajo en el capital 65

Encarcelamiento y desocupación en la época fordista 70

El límite de la economía política de la penalidad fordista 80

2. Excedencia postfordista y trabajo de la multitud. 87

Postfordismo: el régimen de la excedencia 87

La excedencia negativa 91

La excedencia positiva 97

Multitud 104

3. Gobierno de la excedencia y control de la multitud. 111

De la disciplina de la carencia al gobierno de la excedencia 111

Control como «no-saber» 119

El control de la multitud 122

El riesgo encarcelado 124

La metrópolis punitiva 134

La red enmarañada 139

Nuevas resistencias 143

Bibliografía. 151

 

 
< Anterior   Siguiente >

Arqueología Social

 
Resiste 4
 

Suscríbete

Recibirás un Boletín con nuestras recomendaciones.