| EL ESTADO COMO AMENAZA PERMANENTE DEL HOMBRE |
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| Escrito por Doris Ensinger | |
| viernes, 04 de julio de 2008 | |
En este texto, Doris Ensinger nos presenta la novela escrita por Jann Marc Rouillan Paul de Épinettes o la mixomatosis
panóptica (ed. Pepitas de Calabaza), una descarnada denuncia del actual sistema penitenciario inspirado en experiencias vividas y personajes reales. En él, se cuenta la
trepidante historia de Paul de Épinettes, llamado así por el barrio parisino de
Épinettes, donde, después de la Segunda Guerra Mundial, se
construyó una «célebre» cárcel de menores. Robos, atracos, amistad, camaradería,
amor y traición urden esta historia que bosqueja el ascenso y la caída de la
vida en rebeldía. Jann-Marc Rouillan (antes Jean-Marc) nació en 1952 en
Auch (Francia). Su activismo le ha llevado a pasar media vida en la cárcel, por
lo que conoce de primera mano todo aquello de lo que habla en este libro. En la
actualidad cumple el régimen de semilibertad y trabaja en la editorial
marsellesa Agone.
EL ESTADO COMO AMENAZA PERMANENTE DEL HOMBRE O ¡PRESOS A LA CALLE!
Presentación del libro Paul de Épinettes o la mixomatosis panóptica de Jann-Marc Rouillan Traducción* de Enrique AldaPepitas de calabaza ed. & Llaüt
Cuando me puse a trabajar en la presentación de este libro, aún sin saber qué iba a decir, empecé a poner un poco de orden en el desorden en mi mesa mientras se abría el ordenador. De repente, tenía en mis manos dos hojitas arrancadas hace tiempo de una agenda y el título del texto enseguida me llamó la atención. Lo sobrevolé y pensaba: ¡ésta es la introducción para presentar el libro!
“El 13 de septiembre tuvo lugar, en la República Federal, un censo de la población; aparte de los datos habituales exigían esta vez explicaciones muy detalladas sobre las condiciones de vivienda y empresas industriales – para usos exclusivamente estadísticos, como se decía oficialmente. Para disipar la desconfianza, el presidente federal en persona tuvo que asegurar que ni la policía ni las oficinas de vivienda y hacienda tendrían acceso a las listas. ... Pero el 4 de octubre, los Ministerios de Interior y de Finanzas de Baja Sajonia decidieron utilizar los resultados del censo por razones de ahorro, como decían. Y también en los municipios del Sur de Alemania se utilizaron estas listas, a pesar de las promesas oficiales de que esto no ocurriría. Lo estremecedor de todo el asunto es que, en el fondo, nadie se indignó sobremanera. Desde el principio, la opinión pública no había esperado otra cosa. ... En efecto, es difícil imaginarse un caso que explicara de forma más clara la situación actual, ya que demuestra que el capital moral del Estado se ha agotado. La generación anterior creció todavía con la idea de que una “declaración oficial” significaba un grado máximo de confianza. Hoy, sin embargo, el primer pensamiento ante un comunicado oficial es: ¡Seguro que hay gato encerrado! ... ¿Alguien puede imaginarse aún los otros tiempos? Aquellos tiempos, cuando el Estado era una dimensión invisible del cual apenas se percataba algo porque las oficinas de vivienda, hacienda y trabajo aún no existían y los cuestionarios para el censo tampoco. Si se hubiera preguntado a un ciudadano qué era, en el fondo, el Estado, hubiera contestado seguramente que el Estado es la fuente del Derecho y el guardián del orden y de la seguridad. Mas esto era antes de 1914, al final de un período largo de paz, cuando aún se creía en el Estado de Derecho y cuando se pensaba que la tarea más importante del Estado era garantizar la libertad individual de las personas. Con la primera guerra mundial el Estado dejó de ser un Estado de Derecho para convertirse paulatinamente en un Estado de poder –en definición de la autora del texto-. La disciplina se convirtió en el fundamento de este Estado de poder. Y el ideal ya no era la libertad personal, sino la autoridad. El Estado de poder piensa en categorías de objetos, en colectivos como ejército y consumidores y no cree en el sujeto, en el individuo... Este desarrollo no ha terminado ni mucho menos con la Segunda Guerra mundial, porque ahora hemos entrado en la fase de las guerras civiles, la fase de la guerra permanente en el frente interior, y una vez más rigen la ley de la guerra y la disciplina de los Estados; disciplina máxima para salvar la libertad, así es la antítesis. Hoy en día los gobiernos parecen más bien una fuerza de ocupación, en su propio país, que intenta derrotar al adversario ideológico, al enemigo interior. Por eso, el Estado moderno ha de ser, por su misma razón de ser, un Estado de poder, y casi se podría afirmar que los partidos no son otra cosa que ejércitos para la guerra civil. Y con ello se impone la pregunta ¿qué espacio vital queda a las personas, en cuanto no sólo son ciudadanos, sino también individuos? ... La naturaleza del Estado depende de si los ciudadanos lo dominan o si éste domina a sus ciudadanos. El Estado moderno como Estado de poder representa una amenaza constante para las personas, y por ello el ciudadano de hoy debe ser opositor y debe oponer resistencia siempre y cuando el Estado viole el Derecho y no cumpla con su palabra.”
Esta definición suprime naturalmente un elemento muy importante, porque el modelo de este edificio, el llamado Panopticon, no se ideó para cualquier edificio, sino precisamente para la construcción de fábricas, cárceles e instituciones similares. El inventor era un compatriota de George Orwell, pero no de la era del Gran Hermano, sino de mucho antes. Su nombre fue Jeremy Bentham que vivió entre 1748-1832. Unos doscientos años más tarde, Michel Foucault caracterizaba esta idea del Panopticon en su libro Vigilar y Castigar. Nacimiento de la prisión como un principio importante de orden de las sociedades que él llama sociedades disciplinarias. Marion Gräfin Dönhoff, en su artículo, ya había hecho referencia a este aspecto de la disciplina como fundamento de los Estados modernos. Un párrafo de la obra de Foucault recogida por Rouillan, dice así:
Visible: el detenido tendrá siempre ante los ojos la alargada silueta de la torre central desde la que le espían. No comprobable: el detenido no debe saber nunca que le están observando. Pero debe estar seguro de que pueden hacerlo cuando quieran.»
En el modelo panóptico aplicado a nuestras sociedades, la tierra es la zona periférica alrededor de la cual están instaladas las torres de vigilancia, es decir, los satélites que rodean nuestro planeta, complementadas por supuesto por videocámaras instaladas por doquier, algunas visibles, algunas invisibles. Están ahí, sabemos que observan todo, aunque no sabemos nunca cuáles son los datos que recogen; no podemos comprobar nada aunque intuimos que están acumulando datos, datos con los cuales construyen un perfil de nuestras costumbres, nuestros movimientos. También sabemos que pueden, si quieren, utilizar estos datos en nuestra contra.
Muchas de las cosas que se han inventado principalmente para usos militares fueron integradas después en nuestra vida diaria. Algunas nos parecen útiles, incluso indispensables para la vida moderna, pero cada vez que las utilizamos, dejamos huellas y pistas: las tarjetas de crédito nos delatan dónde compramos, qué compramos, por dónde nos movemos; email, internet y el móvil dejan huellas constantemente porque “el secreto de las comunicaciones y, en especial, de las postales, telegráficas y telefónicas” garantizado por las constituciones se viola constante y descaradamente. Suecia acaba de aprobar una ley según la cual todas las comunicaciones electrónicas y telefónicas deben ser almacenadas y pueden ser controladas sin ninguna orden judicial y sin que exista sospecha alguna contra la persona. Alemania pretende introducir ahora una tarjeta electrónica que contenga todos los datos de los asalariados y que será obligatoria para solicitar determinados préstamos como las ayudas para las familias, etc. El argumento del Ministerio de Economía para almacenar los datos de más de 40 millones de alemanes es: el ahorro. (Como vemos, los argumentos no han cambiado absolutamente nada en sesenta años para justificar las decisiones del Poder). En este caso, puede ser un ahorro para la Administración, pero el ciudadano alemán estará obligado a pagar por esta nueva tarjeta. En todo caso, la seguridad de los datos almacenados está garantizada, dice el ministro...
Doris EnsingerBarcelona, 28 de junio de 2008 * Como profesora de traducción y traductora me hubiera gustado comentar la traducción, la labor de aquella “figura invisible“ que hace un trabajo inestimable como intermediaria entre lenguas y culturas. Si no lo he hecho es porque ni la lengua de partida, ni la final son las mías.
[1] Marion Gräfin Dönhoff: Der Staat als ständige Bedrohung des Menschen. Publicado por primera vez en Die Zeit, 9 de noviembre de 1950. [2] Luis Andrés Edo: apuntes sobre la marginada sociedad carcelaria. En: Nada, Cuadernos Internacionales, Nº 2, 1979 [3] Hubertus Becker: Ritual Knast. Niederlage des Gefängnisses. Forum Verlag Leipzig, März 2008 (Necesitó más de dos años para encontrar una editorial para la publicación del libro). [4] Kurt Tucholsky: Politische Justiz. Deutsche Richter. Rororo Hamburg, 1970 [5] Freiheit statt Strafe. Plädoyers für die Abschaffung der Gefängnisse. Ed. Helmut Ortner. Fischer, Frankfurt/M., 1981 |
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