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domingo
11. may 2008
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CONTRA LA BANALIZACIÓN DE LAS COSAS PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Juan Ibarrondo   
lunes, 28 de enero de 2008
cacatuas.jpgSe dice que un famoso escritor británico del siglo XVIII recorría el mundo diciendo que su última novela estaba basada en las maravillosas experiencias que había tenido en los lugares que iba visitando. En realidad en la novela no aparecía ninguno de aquellos sitios, pero las fuerzas vivas de las ciudades donde recalaba estaban tan orgullosas que no le daban mayor importancia al detalle. Y el escritor, mientras tanto, comía, bebía y folgaba a cuenta de los patanes. Casi tres siglos después, un conocido autor de best seller contaba en exclusiva como él no era en rigor el autor único de sus novelas. Se trataba de un trabajo en equipo, donde participaban otros escritores, psicólogos, sociólogos... que él coordinaba. Después se tamizaba el resultado a través de grupos de opinión elegidos al efecto. Sólo tras hacer esto se preparaba el lanzamiento, asunto que tenía tanta importancia, si no más, que la propia elaboración del texto, y finalmente se ponía el producto a la venta.  
                             

          
Aproximadamente por esas fechas los accionistas y ejecutivos más importantes de Hollywood se reunieron para resolver un problema que no dejaba de inquietarles. En contraste con los colegas de otras ramas de la industria, sus productos a veces no funcionaban en el mercado como debía esperarse. Algunas películas funcionaban y otras no... vaya por dios¡¡ Decidieron entonces reunir a los mejores directores, teóricos del cine, lingüistas, escritores... para pedirles que prepararan una estructura narrativa que llevada a las pantallas funcionara siempre. Los expertos así lo hicieron, y basándose en la estructura de los cuentos tradicionales, construyeron una forma infalible de contar. A partir de entonces las películas que “cuentan” se deberían atener a esa estructura.


Un poco más adelante en el tiempo, un escritor ruso metió en el ordenador las obras clásicas de los grandes autores europeos, encargó un programa a medida para escribir novelas, le dio al botón ENTER y zas¡¡ de allí salió una obra que arrasó en las librerías del país, ahora se habla de llevarla al cine.

Y es que los tiempos avanzan que es una barbaridad, como decía mi abuelo; y claro siempre hay quien no pudiéndose adaptar al cambio invoca los valores del romanticismo y la creación individual... más o menos eso nos dicen los defensores de la cultura de masas frente a los llamados elitistas de la cultura.

Al hacerlo pervierten el debate de fondo sobre qué es la cultura, el arte... y sus relaciones con la sociedad, con la política, o con el espectador o lector individual.

Umberto Eco en uno de sus ensayos más celebrados titulado Apocalípticos e Integrados
(Lumen) analizaba estas cuestiones y escribía: El primer poeta que comparó los ojos de una mujer con el mar fue un genio, el que lo hace ahora es un hortera. La creatividad tiene que ver con la diversidad, con ordenar las infinitas posibilidades de forma nueva. Y la creación siempre tiene algo de colectiva, es en realidad una interrelación entre lo individual y lo colectivo. Y huye de la repetición, es cambio por definición. Lo criticable no es el trabajo en equipo del creador, de hecho hay novelas (como la muy comentada Q) hechas por un colectivo y absolutamente originales.

Lo criticable es la infinita repetición de Monoformas en función del mercado. La imposición de personajes “fuertes” con los que podamos identificarnos, que en realidad son personajes “simples” sin matices. La perdida de la diversidad, que es esencial a la creación, en aras de la rentabilidad económica. Una cacofonía de forma y contenido que no crea, no aporta. Ése es el quid de la cuestión.

Y si de contenidos hablamos suscribo las inquietudes de Belén Gopegui cuando habla de la banalización de los contenidos en la narrativa española, que huye como del fuego de cualquier tema con olorcillo político. Este olvido de la política (entendida como el arte de relacionarnos en comunidad) y todavía más de la crítica política, unido a la imposición de formas homogéneas, da lugar a una literatura ( y un cine) bobalicona, para todos los públicos y, por tanto, para nadie en particular.

Juan Ibarrondo
 
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