Un año más llega San Canuto. La fiesta de la reivindicación de la marihuana, el
santo de los fumetas, un día de fiesta, reivindicación y lucha. El sábado 19 de
enero habrá una concentración de los amigos de María a las 20:00 horas en la plaza
de Correos de Vitoria-Gasteiz y una serie de actos festivos y llenos de buenos humos: Kalejira con Percusión, Caldito "a las finas hierbas" y
concierto posterior de Los Ajustadores en la plaza del Machete. Con motivo de esta celebración, publicamos los poemas escritos especialmente para esta ocasión por Javier Alonso Alvarado.
San Canuto 2008 en Vitoria-Gasteiz
20:00 Concentración en la plaza de Correos 20:15 Kalejira con percusión
21:30 Degustación del tradicional Caldito caliente "a las finas hierbas" 22:30
Lectura de Manifiesto contra la prohibición. 23:00 Concierto: Los
Ajustadores en la Plaza del Machete.
SONETO CANNÁBICO CON ESTRANBOTE(*) PARA GENTE
DECENTE
C añamón y temblor desconocido
A ntesala
y reflexión de las vísceras
N ube y
descanso del cuerpo caído
N íquel
ciega aleación de las fieras
A banderado
del tiempo prohibido
B arrizal
de colores y tijeras
I ris,
flor, veneno de lo prohibido
S orda
soledad de rojas panteras.
S ubid y
contemplad mi dulce ira
A rrancad
mi corazón complaciente
T ornad
el dolor, venced la mentira
I nventemos
ya la senda indolente
V adeando
ese río que delira
A hogado
en su prejuicio indecente.
M aldecidas
sean las prohibiciones
A compañadas
de hierro y sanciones
R ozaduras
de muñeca y huesos
I nfectadas
de triste intolerancia
A lada en
los charcos de la arrogancia.
Javier
A. Alvarado.
Estrambote: conjunto de versos que suelen añadirse a
alguna composición lírica determinada, especialmente en los sonetos.
TRES VIAJEROS.
C orrieron los tres compañeros de viaje
azuzando a sus caballerías pues sabían que la noche se les echaba encima y
debían llegar a Tiznit antes de que el sol se terminara de fundir por el
occidente.
A unque
a punto estuvieron de reventar a sus animales, no lograron su propósito y
cuando quisieron entrar e la ciudad se encontraron con la inexpugnable puerta
de acceso cerrada.
N egado
el permiso de entrada, el corazón de los tres hombres se revolvió entre culpas
y deseos.
N inguno
podía irse, que el desierto es más infinito que cualquier anhelo, pero sus
reacciones, cebadas en sus vivires dispares, se enseñaron rápido bajo el
crepúsculo.
A l
cristiano enseguida le traicionó el aguardiente que llevaba consumido durante
la jornada, y preso de ira, desenvainando su espada, comenzó a golpear el
inmenso portón pidiendo, inútilmente, que se les permitiera entrar.
B
aduhar, el egipcio, atemperado e indolente como el opio que consumía
diariamente, tranquilizó a su acompañante y propuso, al no hacer demasiado
frío, dormir extramuros y esperar al día siguiente para poder entrar en la
ciudad.
I
nquieto e indignado, el tercer viajero, después de fumar una buena pipa de
hachis, mirando a sus acompañantes les dijo a gritos lleno de excitación:
“¿estáis locos? Vamos y entremos ahora mismo por el ojo de la cerradura…”
S
ólamente sabemos a ciencia cierta el enunciado de esta célebre historia, mas
después de unos años, pude escuchar a un ciego cantor de Marrakesch relatar el
final de aquel acontecido: según parece los tres viajeros lograron su propósito
colándose por aquel breve hueco, pero, una vez dentro, nadie pudo verlos y
ofrecerles la obligada hospitalidad…
Javier
A.Alvarado.
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