|
Laura Cortés
Porque necesitamos sentirnos conectadas. Las personas no sobrevivimos aisladas. Siempre estamos insertas en un contexto y es esta inscripción la que nos da sentido.
El sujeto moderno dibujó un círculo a su alrededor. A lo que quedó dentro lo llamó "yo", y a lo que quedó fuera "el mundo". Con este círculo pretendía afirmar su autonomía, sin embargo, hoy sabemos que esa línea es de tiza y está constantemente desdibujándose porque somos interdependientes.
La cuestión es, por un lado, cuál es el sentido de algunas identificaciones (véase las marcas comerciales) y de qué forma se crea esta sensación de pertenencia y de arraigo. Supongo que habrá que estar constantemente atentas para escapar a la malsana obsesión de occidente por el "yo", y para esquivar identidades fijas y excluyentes que nos hacen estar todo el día dibujando círculos de tiza a nuestro alrededor.
Para ello probablemente la única vacuna sea la creación de redes sociales que, en estas sociedades fragmentadas, antepongan una ecología social fundada en el apoyo mútuo, sin dejar de estar atenta a los mecanismos de exclusión dentro de los propias redes.
Alicia Suso
Ya formamos parte de grupos, de forma involuntaria (soy de tal generación, o de tal barrio, o de tal familia…) aunque en algunos casos, el sentimiento de pertenencia, o la identidad con esos grupos “impuestos” sea débil.
Cada vez más, tenemos pertenencias o identidades múltiples en distintos colectivos: el trabajo, la cuadrilla, la asociación, el equipo de fútbol, el grupo de amigos de la Uni, etc.
A veces, necesitamos identificarnos con grupos sociales, con territorios, con marcas, con estéticas, para ser, para formar nuestro auto concepto en relación, o más bien, en contraposición con otros. En los grupos, independientemente de su nivel de formalización, buscamos, valoración reconocimiento, seguridad, cariño, incidir, transformar, mejorar. A veces también poder, protagonismo, satisfacer un interés…
Más allá del desarrollo individual, las personas tenemos un ámbito colectivo al que respondemos a través de estas identidades grupales. Las hay para todos los gustos.
Sejo Carrascosa
Debemos reconocernos cuando la soledad no sólo nos abruma sino que nos aisla. Ser parte de algo es ser algo más: ser parte de un todo resistente y no una unicidad frágil. Es más fácil ser parte que ser un continuo discurso sobre la fragilidad de nuestros límites.
Si partimos de la base de que es consustacial a los humanos la relacción mutua (Aristoteles: Zoon polikon), el identificarnos sería una necesidad vital.
Identificaciones hay tantas como identidades individuales. Nos construimos con muchas identidades unas inocuas, otras gratas, unas necesarias, otras puramente formales. Hay identidades que brotan, emanan sin mayores obstáculos, otras hay que buscarlas, lavarlas, pulirlas y nunca terminan de brillar a nuestro gusto. Hay identidades impuestas como un estigma, no por no ser deseadas son mas frágiles. Las hay que nos contraponen a los demás, o nos acercan. Las hay que suponen un continente, las hay que son un cerrado contenido.
La necesidad de identificarnos varía en las diferentes intersecciones de nuestra cartografía vital.
La identidad, como una manta, te arropa quitándote el frío, pero los pies se salen y nos dan datos de otra(s) temperatura(s). En verano la, manta nos agobia, nos sobra.
Lo importante, quizás, no sea qué, cómo y cuándo se es, sino quién lo dice.
|