Estas pasadas navidades, en Dudas Navideñas,
escribía contra el abuso argumental de eso que los posmodernos llaman Teoría
del Caos; que no es otra cosa que la vulgarización interesada de una hipótesis
matemática que en su inmensa mayoría no entienden. Ahora, en estas fechas santas, me negué a seguir el rito del sacrificio
vacacional (1), y por falta de ganas (léase plata), me quedé a defender la plaza. Ya sabéis que en estos casos me suele dar por pensar, y si
entonces el abuso navideño me llevó a repensar el caos, ahora la santa soledad
me enredó con la continua repetición cíclica de las cosas.
Andaba yo últimamente mosqueado con eso de los
ciclos, pero lo dejaba estar; al fin y al cabo hay tantos motivos de enfado
en estos tiempos, que si atendiéramos a todos nos convertiríamos en el gruñón
deprimente que reivindica Rafael Sánchez Ferlosio: Y vendrán años más malos
y nos harán más ciegos.
Fue entonces cuando pude escuchar al ministro
Rubalcaba diciendo que nos esperaba un ciclo largo de la actividad de
ETA y ya no pude más.
Cierto es que millones de personas en todo el mundo
piensan que la vida no es sino una continua repetición cíclica de las
cosas: la creencia en la reencarnación, las religiones naturales... y
seguramente algo de razón llevan en lo que dicen.
No tengo más que ver el trigo verde desde mi ventana
para apostar a que todos los años la madre naturaleza se renovará cíclicamente;
aunque últimamente juraría, y ya sé que se trata de un juramento con escaso
valor estadístico, que el ciclo se acorta y la primavera llega cada vez antes.
Y ahí voy, porque escucho la teoría de que el
cambio climático es un proceso cíclico que se da cada cierto tiempo en el
planeta; y oigo siempre recurrir al ejemplo de las glaciaciones, que son
conocidas y nos pillan relativamente cerca en el tiempo, para demostrarlo.
El argumento se utiliza para explicar que las cosas
son así por su propia esencia natural y que la acción del hombre poco puede
hacer para cambiarlas o para
provocarlas. Una especie de determinismo cosmológico que se esgrime para
despotricar contra los ecologistas que argumentan lo contrario.
Nadie puede negar que se producen los ciclos
climáticos; pero eso, desde luego, no implica que lo que ahora sucede sea
producto de un ciclo natural inevitable. En todo caso, por las dudas, mejor intervenir y, de paso,
conseguir un mundo en el que se pueda vivir,
para todas... digo yo.
Porque no me negaréis que, aun sin cambio climático,
la situación de crisis ecológica es palpable y global; sin ciclos que
valgan para explicarla. A no ser que hablemos de los ciclos económicos...
Y ahí quería llegar yo, porque ahora resulta que
entramos en un ciclo recesivo del capitalismo y ¡¡venga¡¡ todos a joderse
que es lo que toca.
Como si la crisis económica fuera producto de un
demiurgo inevitable, en este caso las fluctuaciones del mercado, que de la
misma forma que el clima, actúa ajeno a las intervenciones humanas.
Se plantea la duda de si estamos ante una perturbación
coyuntural, más o menos larga, o ante una crisis estructural del sistema capitalista, que lo llevará por fin a su destrucción, y la
discusión, como en el caso del cambio climático, se queda muchas veces en lo
académico.
Claro que al señor que pierde su trabajo, o le suben la
hipoteca, no le importa demasiado semejante debate, y probablemente sería más
sensato buscarle soluciones que enredarse en discusiones bizantinas.
Y ahí vamos, porque un sistema que tiene crisis
cíclicas con consecuencias tan terribles como hambrunas, guerras y otros
desastres... pues parece que no acaba de gustarnos y lo lógico sería cambiarlo.
No se trata entonces de saber si son galgos o podencos, parece más bien que el
lobo feroz acabará con el rebaño, y también con los pastos, si no ponemos
remedio urgente al asunto.
En resumen que eso del ciclismo (y no me
refiero, claro, al que practicaba con denuedo la fiera navarra) no es sino un
camelo para endilgarnos ruedas de molino y tenernos calladitos sin decir nada
cuando el tomate no sabe a tomate o la hipoteca sube y sube... hasta que el cambio
de ciclo lo impida.
¿Y Rubalcaba?
Vaya carota, que diría Don Mateo. Ahora
resulta que estamos ante un ciclo largo del terrorismo, que gana así la
categoría de catástrofe natural o crisis económica cíclica. Quitándose
de encima sus responsabilidades como gobernante en el fracaso del proceso de
paz. Y convirtiendo, como de tapadillo,
el conflicto vasco en una especie de monzón, o ciclón, que de vez
en cuando inunda las costas.
(1) Retazos de La Red; El viaje
sin objeto, turismo en el Alto Imperio. Página 74.
Isaac Zubia.
Maeztu. 23 de marzo de 2008.
|